domingo, 22 de marzo de 2015

¿El hábito hace al monje? (I)

¿Quieres tener un gran imperio? Impera sobre ti mismo.
Publilius Syrus, poeta dramático romano 


Los hábitos, como las creencias (*), son caminos cómodos por lo trillados que controlan nuestra vida a niveles que da miedo sopesar. Un hábito es, sencillamente, algo que has hecho las veces suficientes como para que, en un momento dado, la cosa acabe por hacerse automática, sin que en ello tenga que intervenir tu voluntad, atención o empeño.

Así que, sí, en contra de la creencia popular, el hábito sí hace al monje, sí...

Siempre que le sea posible, nuestra mente convertirá un comportamiento en hábito pues con ello ahorra una energía (esfuerzo y tiempo) que, empleada en otros menesteres, nos capacitará en mayor medida para lidiar con esos otros asuntos más complicados, novedosos o urgentes de nuestro día a día. Los hábitos evitan que tengamos que esforzarnos para tomar decisiones, sopesar alternativas o tener que espolearnos a nosotros mismos para ponernos en marcha cada vez que queramos o tengamos que mover un pie.

Los hábitos nos facilitan la vida y hacen desaparecer mucha confusión diaria. Como no tenemos que pensar acerca de los muchos pasos que hay que dar para cepillarnos los dientes o ponernos un café por la mañana, podemos pensar en los problemas logísticos que nos presenta la caldera que no se enciende. De la misma manera, cuando nos sentimos preocupados o nos exigimos demasiado a nosotros mismos nuestras rutinas evitan que la ansiedad se nos vaya de las manos. Muchas de las investigaciones que se han llevado a cabo sugieren que la gente se encuentra más cómoda y con más sensación de control cuando su comportamiento se basa en cierta medida en los hábitos.

Al igual que las creencias bien arraigadas en nuestra mente, los buenos hábitos nos encaminan a una buena y cómoda vida sin que tengamos que pensar en lo que hacemos de forma consciente y aburrirnos con planificar y empeñarnos en tareas diarias que nos convienen (cepillarnos los dientes, ponernos las gafas, ir al trabajo, darle la cena al niño). Por ser trillados, los caminos por los que transitamos por hábito son comodísimos y facilísimos de seguir. No tienes más que poner un pie al comienzo de ese camino para que el camino se ande solo; te deslizas que da gusto por la senda que te ha marcado el hábito, y sin necesidad de preguntarte o planificar cómo y cuando terminará esa senda. 

De la misma forma, los malos hábitos nos amargan la vida pues nos llevan, si no andamos listos, por caminos que, antes o después, nos arrepentimos de seguir. Los malos hábitos nos llenan de frustración; nos llevan --con toda facilidad-- a comer, beber, gritar o flagelarnos más (todavía), así como a abandonar y dejar para mañana el poner en marcha nuestros buenos propósitos o propósitos que, sin duda, nos beneficiarían. Aunque, sorprendentemente, la ansiedad no nos hace necesariamente caer en los malos hábitos. Cuando estamos cansados o ansiosos volvemos a caer en nuestros hábitos, sean éstos buenos o malos.

Para bien y para mal, nuestros hábitos son el esqueleto invisible de nuestra vida diaria. Se sabe que el 40% de nuestro comportamiento se repite casi a diario, y en su mayoría lo hace en el mismo contexto. Mi porcentaje creo que es aún mayor: me despierto a la misma hora cada día (sea martes o finde); a la misma hora me preparo el primer café y lo disfruto en el mismo rincón mirando el jardín con mi primer cigarrillo mientras dejo que mis ideas vayan y vengan; me lavo la cara y vuelvo a subir al mismo rincón para leer un rato; siento el mismo placer solitario cada día a esa misma hora en que aún no se ha levantado nadie más y salgo a andar cada mañana también a la misma hora...

El hábito hace, definitivamente, al monje. Pero el monje no tiene que pasar, necesariamente, toda su vida con el mismo hábito. Por suerte, lo puede lavar, zurzir, remozar e incluso hacerse uno nuevo si el que ha llevado hasta ahora se le ha quedado pequeño, se ha roto de forma inarreglable o se ha ensuciado de forma irreparable.

Pero ¿qué ha de hacer el monje para darle un aspecto de nuevo a su hábito y, en consecuencia, tener un aspecto remozado él mismo? ¿Qué hacer para adquirir otro hábito nuevo, o todos los que quiera, y hacerse con un vestuario de lujo?

Viendo que nuestros hábitos son los que dan forma a nuestra vida diaria --en gran medida-- es posible que cambiar algunos de ellos y reforzar otros dieran a nuestra vida una forma mejor, más a nuestro gusto. La buena noticia es que los hábitos pueden cambiarse; aunque cambiarlos es simple, no es fácil hacerlo. Pero es posible, que ya es  mucho, cambiar todos los que quieras y adquirir otros nuevos.

Como toda nueva disciplina en nuestra vida, el asunto de cambiar, remozar, eliminar o adquirir hábitos requiere un proceso y unos pasos a dar. 

1) Sé consciente (aunque aún no hagas nada al respecto) de que el 92% de la gente se pasa la vida luchando contra sus malos hábitos (crítica, autoflagelo, frustración, nuevo intento rabioso) en lugar de observarlos; no estás solo en esto. Es un consuelo saber que no eres pionero en el tema :-D

2) Observa con objetividad tus hábitos --tanto los beneficiosos como los perjudiciales-- para conocerlos bien (solo venceremos al enemigo conociéndolo a fondo --y eso sirve para todo en la vida, lo sepas) y apunta, apunta y apunta cualquier pista que salte y llame tu atención. Un pequeño cuaderno dedicado exclusivamente a ello será una gran ayuda y un gran consuelo. Junto con el hábito recién descubierto, puedes apuntar en qué te consuela, conforma, alivia, machaca o flagela tu hábito.

3) Una vez bien conocido el enemigo, decide qué quieres hacer con él. Sin estrés y sin prisas (que para nada son buenas) mira a ver si te interesa cambiar, alterar o eliminar el hábito foco de tu estudio  y qué medidas concretas necesitarías tomar (y apunta todas tus conclusiones en el "diario habitual").

4) ¿Qué hábito echas de menos en tu vestidor que te vendría bien para cualquier evento? Me refiero a ese little black dress de tu fondo de armario habitual que sienta como un guante y que sirve para prácticamente cualquier ocasión (a diferencia de ese amado trapajo marrón atado a la cintura con una soga al que te aferras día y noche). 

Dedica un tiempo a observarte sin alzar el látigo ni la cruz y, sobre todo, sin dejarlos caer en tus ya enrojecidas espaldas y verás cuántas cosas descubres que podrías utilizar a tu favor en lugar de en tu contra.

Muchos --y muy a menudo-- tenemos la mala costumbre de ser nuestro peor enemigo en batallas importantes y menores, por lo que es imprescindible que nos conozcamos bien a nosotros mismos si queremos vencernos y cambiar cualquier hábito de nuestra vida. Así que, por lo menos, hagamos el esfuerzo de observar cómo y cuándo nos comportamos de la forma que sea y ver por qué lo hacemos. 

Tenemos la obligación de reconocer que merecemos al menos la misma atención y observación que ese otro peor enemigo de nuestra vida en el que no paramos de pensar y al que no paramos de desear maldades (¿nuestra suegra? ¿nuestra compañera de trabajo? ¿nuestro jefe? ¿la manía que tiene nuestro marido de traer invitados a comer sin avisar? ¿la preocupante costumbre de nuestro hijo adolescente de hacer pellas y luego negarlo?). Cuanto mejor nos conozcamos mejor nos "manejaremos" a nosotros mismos y a nuestra vida (y a los demás :-D). Puntazo.

La población mundial está divida, según Gretchen Rubin (The Happiness Project) en cuatro tipos de "habituales": los Defensores, los Inquisidores, los Complacientes y los Insurgentes (o Rebeldes).

Aunque los veremos en detalle la próxima semana, te adelanto que, a lo largo de la vida y debido a circunstancias concretas, has podido cambiar de un tipo a otro, y puedes volver a cambiarlo cuando quieras. Estudiándome a fondo descubrí que yo me autoformé como Rebelde y hace ya muchos años me convertí en Inquisidor, lo cual ha beneficiado muchísimo a mi vida y mucho a la de mis seres más cercanos. :-D

¿Tienes idea de a qué tipo de habitual perteneces tú?



(*) Una creencia es un hábito mental: un pensamiento que hemos pensado las suficientes veces como para que lo demos por verdadero y/o cierto.

domingo, 15 de marzo de 2015

El cerebro femenino: entendernos es un milagro (II)

Los hombres y las mujeres se mezclan tan bien como el aceite y el agua;
por eso hay que estar agitándolos constantemente.
Alan Alda, actor



Las hormonas pueden determinar qué le interesa hacer al cerebro. Ayudan a guiar las conductas alimenticias, sociales, sexuales y agresivas. Pueden influir en el gusto por la conversación, el flirteo, las fiestas (como anfitrión o invitado), la programación de citas y juegos infantiles, el envío de notas de agradecimiento, las caricias, la preocupación por no herir sentimientos ajenos, la competición, la masturbación y la iniciación sexual (Louann Brizendine).

Eso sí, yo no he podido averiguar qué hormona es la encargada de la plancha en nuestra vida.

Si en el cerebro de los chicos la testosterona es el rey, en el cerebro femenino la reina de los mares absoluta es el estrógeno.

Si en el cerebro masculino el área correspondiente al impulso sexual es la más desarrollada, en el cerebro de las chicas los centros de comunicación y audición son los que ocupan más espacio (justo los que se reducen en los chicos al sufrir los bombardeos de testosterona estando aún en el bombo materno).

Si el cerebro de los chicos es simple al decir de muchos (y en apariencia), el de las chicas es mucho más complejo; no lo podemos disimular y por eso, al decir de ellos, no hay quien nos entienda. El baile de hormonas alocado que se produce en el cuerpo femenino está afectado por el ciclo menstrual, cosa de la que no disfrutan los hombres. El cerebro femenino no es igual en la niñez, adolescencia, embarazo, menopausia, madurez o ancianidad, aunque parezca el mismo. Además, con la maternidad, el cerebro de las chicas cambia de forma radical y permanente.

Por supuesto, las culpables son las hormonas, así que ya no podrá nunca un hombre echarnos en cara nuestros cambios de humor, sacar la lista negra, ser puntillosas en nuestra relación o tener memoria de elefante porque la culpa verdadera de todo ello la tienen nuestras hormonas y éstas nos las impuso la naturaleza (como a ellos las suyas).

En el cuerpo de las mujeres la hormona más potente, la hormona femenina por definición, es el estrógeno, Nuestra hormona más potente, la ejecutiva, arrolladora, a veces utilitaria, a veces seductora agresiva, habita en el córtex cingulado anterior, centro encargado de nuestras toma de decisiones y contemplación de opciones. Es el centro de las preocupaciones menores (¿me pondré el rojo o el azul? ¿Qué dirá Pili del asunto? Tengo que hablarlo con mamá; o quizás mejor con mi peluquero) y está más desarrollado en las mujeres que en los hombres. Se lleva estupendamente con la dopamina, la serotonina, la acetilcolina y la norepinefrina, sustancias químicas que propician el bienestar cerebral (y, por lo tanto, la tranquilidad familiar).

El estrógeno tiene dos hermanas:

La progesterona tiene, como función principal, preparar el endometrio para la recepción e implantación del embrión y su adecuada fijación. Por este motivo, la progesterona suele permanecer en segundo plano (por suerte no estamos siempre embarazadas) aunque a veces aparece para cambiar los efectos del estrógeno de forma tormentosa. Otras veces, en cambio, actúa de agente estabilizador (¿quién la entiende?), como una "chill pill" del cerebro femenino (un Valium natural). Con este disfraz su nombre es alopregnenolona (¡qué feo!). Su habitáculo en el cerebro es la glándula pituitaria. 

La testosterona, como ya sabemos, es menor en cantidad en las chicas que en los chicos, pero eso no significa que carezcamos de ella; que nosotras, cuando queremos, también sabemos ser rápidas, enérgicas, centradas, arrolladoras, masculinas si es necesario, seductoras, vigorosas y agresivas. Y, si nos ponemos a ello, también sabemos ser insensibles y cortamos los mimos de raíz. Hombre ya, que no solo los chicos saben hacerse los duros en esta peli.

Además de su familia de sangre, el estrógeno tiene varias "mejores amigas" con las que se entiende a la perfección. Aunque cada una, por supuesto, tiene sus particularidades, estas amigas del alma se juntan cada poco tiempo para hablar de sus cosas:

La oxitocina es la gatita del grupo: mimosa, cariñosa y esponjosa encuentra su propósito último en ayudar y servir, suavizar tensiones y pacificar a quien lo necesite. Es hermana, a su vez, de la vasopresina (hormona masculina socializante) y prima hermana de la dopamina (otra pacificadora de pro).

El cortisol es la malhumorada del grupo. Siempre está estresada, abrumada, crispada; es muy sensible tanto física como emocionalmente y está perpetuamente necesitada de atención. La manipuladora de la pandilla, pero también se la quiere y se la necesita. Es la que más rápido reacciona ante las emergencias (reales e imaginarias).

La vasopresina, aunque también pertenece al grupo, es más discreta y, a menos que sea necesario, se suele mantener en segundo plano; no le gusta llamar la atención. Es sigilosa y sus energías son masculinas, sutiles y agresivas propiciando la conexión de forma activa.

La DHEA o androstenolona, llamada también hormona de la juventud, es producida de forma natural por el cerebro pero también, en caso de que no acuda a las citas de chicas, se puede producir en laboratorio a partir de ciertas sustancias que contienen el ñame silvestre y la soja (aunque atiborrarte de ambas cosas no hará que tú produzcas más). También se la llama la hormona madre, es energética en la juventud y la madurez pero desaparece en la ancianidad, mantiene la masa muscular y la energía. O sea, que a los últimos aquelarres, no asiste.

La androstenediona (qué nombres, por diossssss) se genera en los ovarios y es descarada y animada hasta que, en la menopausia, disminuye muriendo a la par que lo hacen los ovarios. Es la que anima la fiesta hasta cierto punto del tiempo y el espacio.

La alopregnenolona es hija de la progesterona pero se la admite con gusto en el grupo de mayores ya que es la que mejor sabe calmar y apaciguar a su madre. Sin ella el grupo está irritable e inquieto. Tiene poderes mágicos sedativos y tranquilizantes; neutraliza cualquier tipo de estrés y, en cuanto desaparece, todo es mal humor. Su marcha repentina de las reuniones tres o cuatro días anteriores al ciclo femenino es la clave del síndrome premenstrual.

Así pues, las diferencias cerebrales de estructura, químicas, genéticas, hormonales y funcionales entre hombres y mujeres hacen que ambos sexos tengan diferentes sensibilidades cerebrales ante el estrés y el conflicto, por ejemplo, ya que utilizan distintas áreas y circuitos cerebrales para resolver los problemas, procesar el lenguaje, experimentar y almacenar la misma emoción intensa. Las chicas pueden recordar el detalle más mínimo de su primera cita o de sus enfrentamientos más bestias con su churri mientras que sus maridos no recuerdan siquiera que eso haya sucedido. La culpa la tienen las estructuras químicas y cerebrales y no el hecho probado de que que seamos unas brujas con lista negra siempre a la mano.

Está probado científicamente que chicos y chicas tenemos el misno nivel promedio de inteligencia, pero la realidad del cerebro femenino ha sido a menudo mal interpretada por entenderse que está menos capacitado en ciertas áreas, como puedan ser las matemáticas y las ciencias; cuando la verdad verdadera es que, al llegar a la adolescencia, no existe diferencia entre hembras y machos humanos en lo tocante a sus aptitudes matemáticas y científicas.

Aunque también es verdad verdadera que en cuanto el estrógeno inunda el cerebro femenino, las chicas empiezan a concentrarse más intensamente en sus emociones y en la comunicación: hablar por teléfono y salir con las amigas. En cambio, en cuanto la testosterona inunda el cerebro masculino, los chicos se vuelven menos comunicativos (todavía) y se obsesionan con el logro de hazañas en las competiciones deportivas y con tener compañía en el asiento trasero del coche.

Por regla general, según la doctora Brizendine, cuando llega la fase en que tienen que decidir sus trayectorias profesionales, las chicas empiezan a perder interés en trabajos que requieran más tiempo a solas y menos interacción social mientras que los chicos no tienen problema en absoluto en estar solos horas y horas delante del ordenador. Por lo que el hecho de que pocas mujeres terminen dedicándose a la ciencia, por ejemplo, no tiene nada que ver con deficiencias del cerebro femenino en matemáticas.

Sin duda, el cerebro femenino tiene muchas aptitudes únicas: sobresaliente agilidad mental, habilidad para involucrarse profundamente en la amistad, capacidad casi mágica para leer las caras y el tono de voz en cuanto a emociones y estados de ánimo, y una destreza paranormal a la hora de desactivar conflictos; son talentos con los que las mujeres han nacido y que los hombres no tienen. Ellos tienen otros que están configurados por su propia realidad hormonal.

En fin, que este asunto no es tan sencillo como que ellos no escuchan y nosotras somos brujas. La cosa tiene mucha más miga, pero espero que algún día nos entendamos sin problemas...

Bastará con tener en cuenta las diferencias en momentos de riesgo extremo y darnos el alto recordándonos: "¡Cuidado, son sus hormonas!". Que hay hombres sobresalientes que lo tienen en cuenta recordando a tiempo las cualidades de ella que lo enamoraron y echando mano de su insigne paciencia en la consecución de objetivos y resolución de problemas. Nosotras podemos conseguirlo también recordando que su madre fué la primera mujer que lo amó y que es entendible que él no lo olvide a la hora de calificar nuestra tortilla de patatas o la de nuestra propia madre. Los chicos son fieles por naturaleza a esa bruja. :-D

Feliz y oxitocino-estrogénico domingo.







domingo, 8 de marzo de 2015

El cerebro masculino: entendernos es un milagro (I)


La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto,
no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.
Henry Van Dyke

Aunque hasta la octava semana de vida todos los fetos tienen circuitos cerebrales del mismo tipo (de tipo femenino, por cierto), a partir de ahí los mini testículos del feto masculino comienzan a liberar testosterona en grandísimas cantidades, hormona con la que impregnan los circuitos cerebrales y los transforman del tipo femenino en masculino.

Diferencias entre cerebros masculino y femenino
Esta es la explicación de que el centro cerebral que los entendidos denominan zona del impulso sexual dobla su tamaño en el cerebro masculino. Pero lo que no sabíamos hasta que nos lo contó la neuropsiquiatra americana Louann Brizendinne es que esa zona sexual dobla su tamaño a costa reducir el centro de comunicación y el tamaño del córtex de audición. Vamos, que se lo echan todo al hombro :-D

En el caso de las niñas la cosa es un poquito más compleja: al no verse expuestos  a semejante huracán de testosterona, en los circuitos cerebrales femeninos de la recién nacida algunas zonas son más grandes y otras más pequeñas que en el cerebro del chico. Porque no hay ninguna pérdida en su centro de comunicación ni en su córtex de audición. 
  
Aunque al nacer todos tenemos ya definido si nuestros circuitos cerebrales son masculinos o femeninos, las diferencias van aumentando y, para cuando llegamos a este mundo, la diferencia real está plenamente desarrollada, aunque no se empezará a hacer patente hasta los 4 años.

A partir de ahí, los hombres y las mujeres piensan, deciden --¡y hasta compran!-- de forma diferente. Así que, por más que nos pese, ya no podremos echarle la culpa al otro de que no nos entendemos, no escuchamos, oímos demasiado o sólo lo que queremos oír, porque es un detallito del que se ha encargado la Naturaleza y no hay más. Quizás no fue, como pensamos todos y todas, un castigo el hecho de no entendernos casi nunca sino que quizás fue un regalo; el hecho de que tengamos que esforzarnos por entender al otro desarrolla en cada persona tremendas habilidades malabares y funambulistas propias que harán de ella una persona única y singular, sin sosías posible. Mira siempre lo positivo, es mejor. 

Dice la neuropsiquiatría que las hormonas son las que manejan todas las conductas y condicionan activamente el comportamiento social y sexual  del hombre, lo impulsan a competir, a destacarse, a ganar, a explorar y a resolver problemas. Así que, siendo todo cuestión de hormonas, ¿cuáles son las que hacen que los hombres siempre lleven razón aunque no escuchen y nosotras no entendamos los mapas aunque sepamos siempre dónde está el departamento de moda en El Corte Inglés?

En los hombres, la testosterona manda, y tiene su razón de ser:  es la hormona que le da al chico su fastidiosa característica dominante y ese afán de poder tan molesto; es la que lo enfoca en modo láser hacia sus objetivos (a veces, uno de ellos eres tú) y lo impulsa a destacarse entre los otros chicos. A su vez, la testosterona hace que se genere la feromona llamada androstenediona, que es la que le da al sudor masculino ese olor caractertístico a eau sauvage y activa su conducta sexual y agresiva, empujándolo a buscar a su pareja y a encontrarla. Cuestión de olfato.

Cerebro masculino, según los cánones clásicos
Cuentan también con la vasopresina, hormona propiciadora del ritual de apareo y, ¡oh sorpresa!, también lo es de la monogamia; esta encantadora hormona estimula a los chicos de la raza humana a proteger y defender su territorio, a su mujer y a sus hijos y, junto a la testosterona, esta vasopresina exalta la masculinidad. 

La oxitocina brinda al hombre esa capacidad de empatía que las mujeres nunca encontramos en nuestro ex y hace posible que un hombre experimente amor, confianza y apego. También es la hormona que disminuye a su rival, la hormona del estrés y de la presión sanguínea. Le ayuda, además, a generar sentimientos de seguridad y la que hace que se nos queden dormidos después del coito (o sea, que esto también lo ha decidido la Naturaleza; por algo será, quizás para evitar conversaciones peligrosas en momentos vulnerables).

Nuestros chicos tienen también una SIM, como los teléfonos móviles. Es la Sustancia Inhibidora Mülleriana, culpable de la intrepidez del macho. Es la sustancia que lo libera de su parte femenina, asunto esencial para generar su impulso exploratorio.

La prolactina propicia la conducta paterna y disminuye el deseo sexual (es la que lo hace levantarse a media noche como un resorte para atender al niño con fiebre) favoreciendo el descanso de la mujer; y el cortisol es el encargado de hacer reaccionar al macho con violencia cuando se siente en peligro (especialmente en tu presencia, en la presencia de su jefe o de su madre); también es la que lo predispone a la lucha.

La dopamina funciona como vigorizante y produce un exceso de entusiasmo en el hombre, tanto en el juego sexual como en deportes de riesgo y juego brusco (a veces mezclan todo un poco).

El estrógeno, fuerte de las mujeres, es el único capaz de aumentar en el hombre el deseo de mostrar cariño a su pareja, convirtiéndolo en un ser amoroso y afectuoso.

En resumen, que el cerebro del hombre y su biología hace que viva una realidad propia, muy distinta a la femenina, que trasciende ampliamente su conducta sexual y lo convierte, además, en una máquina para encontrar soluciones.

Son tan completos que no tenemos más remedio que preguntarnos: ¿Y qué ha dejado la Naturaleza para las chicas, aparte de la imbatible habilidad de planchar?

Lo veremos la semana que viene para no liarnos. Quizás en esta semana podamos dedicar un tiempo a reflexionar sobre este asunto del cerebro masculino y esforzarnos en entender su funcionamiento.

Que la oxitocina, la prolactina y el estrógeno llene este domingo vuestros hogares.




sábado, 28 de febrero de 2015

Algunas cosas sobre el amor que quizás no sabías

Si nunca te han roto el corazón o tienes mucha suerte o estás muy solo
Anónimo

Dicen que el amor es puro, doloroso, dulce y te llena de dudas en ocasiones. Da igual el tipo de amor que sea: el verdadero amor abruma siempre. Nuestras vidas dependen de él y a menudo creemos que, si dejara de existir, el mundo se pararía. El amor es algo que perseguimos y por lo que nos esforzamos; y algo cuya ausencia lloramos cuando lo perdemos.

Hemos aprendido acerca de los procesos biológicos (ciertos y probados, por otra parte) que causan reacciones específicas; también sabemos de las influencias culturales sobre cómo comportarnos y pensar acerca del amor; aprendemos los procesos fisiológicos y psicológicos que hace que nos enamoremos de alguien. Llegamos a pensar que ya no queda sitio para el romance en un mundo explicado científicamente. Y de repente nos enamoramos --o simplemente miramos a los ojos de nuestro amad@-- y todo ese conocimiento que tenemos, toda esa teoría científica que entendemos a la perfección, desaparece. Al final decidimos que el sentimiento en sí es lo que más importa.

Arreglando mi despacho anteayer dí con una caja en la que tenía guardado el manuscrito, los tres borradores, la solicitud de ISBN, los derechos de copyright, entrevistas que hice a muchas personas conocidas o asaltadas por mí en comidas, cenas y fiestas a las que era invitada,  y varios artículos de consulta de un libro que publiqué (con nombre artístico) hace cuatro años sobre conquista y seducción, chicos, chicas y todo eso. En unos apuntes míos encontré una serie de curiosidades acerca de qué pensaban los entrevistados acerca del amor. Estuvieran enredados o no en ese momento en una relación, y fuera ésta monógama o "de prueba", con papeles o sin ellos, todas estas personas miraban con ojos soñadores al infinito cuando contestaban a mis preguntas sobre los efectos del amor en sus vidas y la importancia que tenía en ellas.

No todos lo ven de la misma manera, no en todos ellos el amor tiene los mismos efectos, pero aquí apunto algunas de esas ideas pues todos los entrevistados tuvieron algo amable que decir al respecto (incluso uno al que acababan de romperle el corazón). Ahí van por si queréis darle un pensamiento al asunto:


  • Sólo tardas 4 minutos en decidir si te gusta alguien o no, así que si quieres causarle una buena impresión a un futurible, ya sabes: solo tienes cuatro minutos para hacerlo. Y está comprobado que esto tiene mucho más que ver con el lenguaje corporal que con el verbal. Es decir, tiene más que ver con cómo dices lo que dices que con lo que dices concretamente.
  • Cuando dos personas que se quieren se miran a los ojos durante tres minutos, el ritmo cardíaco de ambos se sincroniza.
  • Enamorarse tiene efectos neurológicos parecidos a los de la cocaína; una cosa y la otra afectan al cerebro de forma similar produciendo el mismo tipo de euforia. :-D
  • Loa abrazos de 11 segundos de duración o más liberan oxitocina, la llamada hormona del amor. Ésta, según estudios serios, aparece en el cerebro, los ovarios y los testículos y alivia los dolores de cabeza de forma significativa.
  • Incluso solo mirar la fotografía de un ser querido alivia el dolor. Ya se sabía que la presencia de alguien amado mejora el estado de salud de los pacientes, pero ahora se sabe que también lo hace el mero hecho de mirar una foto de alquien a quien amas.
  • Aunque la Ley de Atracción dice que lo igual se atrae, en asuntos amorosos se ha comprobado que dos personas demasiado similares en carácter o personalidad no acabarán como pareja (a menos que se empeñen, claro). También es cierto que, en general, dos personas de atractivo físico parecido se atraerán de forma natural.
  • El corazón roto no es solo una metáfora. Hay estudios donde se prueba que acontecimientos traumáticos importantes como un divorcio, la pérdida o la separación física de un ser querido o la traición por parte de uno de ellos puede producir un dolor físico real en la zona cardíaca, y esta condición tiene nombre: Síndrome del Corazón Roto.
  • El amor romántico acaba... sólo para que empiece el amor comprometido.  Al principio de una relación romántica la pareja será muy diferente un año o año y medio más tarde. Se estima que ese amor romántico ligado a la euforia, dependencia, palmas sudorosas, mariposas en el estómago y similares solo dura entre 18 y 36 meses. Después de este tiempo comienza la fase llamada "amor comprometido".  (Hay quien aguanta el tirón y quien no lo aguanta, por supuesto).
  • La gente enamorada tienen similaridades químicas con gente que sufre de DOC (desorden obsesivo-compulsivo). Hay estudios que muestras que la gente en los primeros estadios del enamoramiento tienen niveles bajos de serotonina (hormona asociada a los sentimientos de felicidad y bienestar) y más altos niveles de cortisol (hormona asociada al estrés), que es también el estado hormonal de los obsesivos-compulsivos. Quizás esto explica por qué actuamos como actuamos cuando estamos enamorados en primera fase. 
  • Pensar en amor y sexo influye en la creatividad y en el pensamiento concreto enfocado, respectivamente.

Como ya comentaba no hace mucho no es única alternativa tener una sola pareja para toda la vida pero como dato curioso añadiré que las parejas monógamas de por vida no solo existen en el reino humano sino a todo lo largo y ancho del resto del reino animal. Por ejemplo, son monógamos  hasta que la muerte los separa los lobos, los cisnes, los buitres negros, los albatros (¿albatroses?) e incluso las termitas...

Un magnífico (y precioso) estudio que llevó a cabo la universidad norteamericana de Harvard a lo largo de 75 años ha demostrado que el amor es todo lo que de verdad importa. Las experiencias a lo largo de toda la vida de los participantes revelaron que su felicidad y su satisfacción vital siempre giró en torno al amor o la búsqueda del mismo.

¡Feliz finde!


sábado, 31 de enero de 2015

Decir sí o negarnos...

Un átomo puede cuidar de sí mismo pero los átomos son un poco como animales domésticos; uniéndose a la familia biológica del cuerpo, de alguna manera se convierten en gatos y perros amigables bajo el dominio de su amo, y acaban copiando las características
y los comportamientos de su dueño.

Jane Roberts, La naturaleza de la realidad personal


Muchos de nosotros no tenemos empacho en decir sí a los demás, sea lo que sea que nos pidan o esperen de nosotros. Pero a la hora de decirnos sí a nosotros mismos y a la vida que llevamos, afirmando así nuestra propia individualidad como personas únicas, es otro cantar. A pesar de que esta afirmación de nosotros mismos es uno de nuestros puntos más fuertes, pues con ella declaramos que nuestra vida es nuestra sea como sea que decidamos cada uno vivirla.

Por supuesto que es apropiado y conveniente decir no a ciertas experiencias, personas, temas y sucesos que nos causan profundo disgusto. Afirmar nuestra propia vida no es una aceptación pasiva de todo lo que se cruce en nuestro camino, ni mucho menos. Tampoco significa que nos crucemos de brazos pensando que no podemos hacer nada al respecto, que todo está en manos del destino (o de Dios, o del Universo, o de lo que sea que nos libere de nuestra responsabilidad hacia nosotros mismos) y que lo que tenga que ser, será.

Dice Jane Roberts que la afirmación de nosotros mismos debe basarse en la comprensión de que ninguna otra conciencia, ningún otro ser, es igual a nosotros; que nuestras aptitudes son únicas y diferentes de las de cualquier otro; ni mejores ni peores, sino las nuestras. Es la aceptación de nuestra individualidad como personas físicas, básicamente una necesidad espiritual, psicológica y biológica y que representa nuestra apreciación de la propia y singular integridad de cada uno.

Biológicamente, afirmación significa salud y eso a veces significa decir sí y otras significa decir no.

Hay gente, mucha, que aún cree que la carne es lo contrario a la espiritualidad y que, de alguna manera, por tener cuerpo debemos pagar penitencias cada X tiempo por algún pecado original que, aún siendo nuestro por especie, nunca cometimos personalmente y que, de mil maneras distintas, nos hace sentir culpables y separados, no solo de los otros sino también de nosotros mismos. Pero todo está conectado aunque nos empeñemos en lo contrario.

Como ya ha demostrado la ciencia, cada célula, cada átomo de nuestro ser físico tiene su propio nivel de conciencia individual y colectiva (como nosotros pero sin culpa) y tiende, por defecto, al bienestar... si los dejamos. Afirmando la rectitud de nuestro cuerpo ayudamos a las células y los órganos del mismo y, así, el cuerpo los tratará amablemente.

Pero ¿cómo hacer algo tan misterioso y tan difícil si ni siquiera somos conscientes de cuando un arrebato de ira o un ataque de pánico se nos va de las manos ante un suceso del que diez días después nos reímos o arrepentimos? Parece algo imposible además de alienígena. Un auténtico reto

Y hoy lo dejo aquí porque me acabo de rebanar un dedo cortando jengibre y no para de sangrar. Confiaré en la tendencia natural de mi cuerpo y sus más menudos componentes y no iré corriendo a Urgencias; me da más miedo que me cosan que cortarme.

Mientras me aprieto --y mantengo por encima de mi cabeza-- la yema de mi índice izquierdo reflexionaré sobre este asunto un poco más. Me resulta aún misterioso y chocante el estar tan directa e íntimamente relacionada con cada componente de mi body en lugar de con el "todo" al que siempre le quiero rebanar un par de kilos...

¡Feliz y saludable semana!


domingo, 18 de enero de 2015

Empezar de cero

Cuando tengamos resuelta la Teoría de Todo conoceremos la mente de Dios
Stephen Hawking


Veinte años después del revolucionario trabajo de Einstein acerca de la relatividad, el físico Niels Bohr y su protegé Werner Heisenberg dieron con otro estrafalario descubrimiento: el pensamiento afecta la materia. Definitivamente, la física clásica y elegantísima de Newton quedaba fuera de onda.

Borh y Heisenberg estudiaban las partículas subatómicas denominadas quantum (el verdadero corazón del átomo) y su comportamiento, en apariencia desconcertante, cuando se percataron de que estas partículas indivisibles no eran el pequeño y ordenado sistema de bolas de billar que todo el mundo creía sino que eran algo mucho más complicado (o simple, según se mire): estas partículas eran pequeños paquetes de posibilidad. Descubrieron, en resumen, que cada partícula subatómica, cada quantum, parecía existir no como algo sólido y estable sino como el potencial de cualquiera de sus infinitas y variadas posibilidades.

El Principio de Incertidumbre de Heisenberg estableció que no es posible calcular todas las propiedades del quantum al mismo tiempo. Por ejemplo, si registras la información acerca de dónde está un protón no puedes establecer su velocidad o trayectoria; si aciertas en el cálculo de su trayectoria, su localización exacta se te escapa. Así que, en resumen, Bohr y Heisenberg descubrieron que, ¡oh, sorpresa!, la materia física no es nada concreto todavía.


Así pues, a la luz de este nuevo punto de vista científico, resultó que la realidad estaba hecha de campos de potencialidad en lugar de sustancia sólida como se creía hasta entonces; era más una serie de bocetos o ideas sobre algo que ese algo en sí. Una partícula toma el carácter específico de una "cosa" material únicamente cuando es observada o medida. Y éste fue el verdadero meollo de este descubrimiento: que el hecho de observarlas influencia el comportamiento de la partícula. Cada vez que los científicos buscaban un electrón, éste aparecía justo donde se esperaba encontrarlo. Y no importaba si la observación o búsqueda era llevada a cabo por un científico o por un taxista; el electrón aparecía... Vaya, de repente la subjetividad se había convertido en un componente esencial en la mismísima naturaleza de la realidad.


Y la cosa no quedó ahí. La comunidad científica prosiguió con sus indagaciones a estas escalas subatómicas para encontrarse algo más adelante con que se enfrentaban a algo realmente confuso: a escalas infinitesimales existía una fuerza no se sabía de qué tipo que permanecía presente incluso a la temperatura de cero absoluto. (Por si no os impresiona lo bastante, aclaro que la temperatura de cero absoluto no es la temperatura ideal ni frío ni calor sino que es la temperatura a la que toda forma de energía conocida se esfuma.)

Así que haciendo gala de la increíble creatividad imaginativa científica llamaron a eso el campo de punto cero :-D (oficialmente, ZPF, zero-point field). En castellano también lo llaman el campo de punto nulo.

Aquí, más allá del nivel de la propia energía, existe un nivel aún más básico. A este nivel, el campo ya no sigue siendo exactamente "energía" y tampoco es un espacio vacío. Los físicos lo describieron como mejor pudieron: un campo de información. En resumen: el indiferenciado océano del que toda energía conocida parece provenir es un mar de conciencia pura del que la materia emerge apiñándose aquí y allá. Resultó que la conciencia es de lo que está hecho el universo, y que la materia y la energía son solo dos de las formas que toma la conciencia. Así, pues, resulta que de ese campo cero es de donde sale todo, pero solo saldrá lo que observemos (¿dándolo por hecho?). De ahí han salido las pirámides de Egipto, la torre Eiffel, el Empire State, el Acueducto de Segovia, el trabajo de tu vida, la casa de tus sueños, el medicamento que está curando tu artritis, la idea de tu nueva novela o pieza musical, tu pastel de limón sin gluten o el hombre de tu vida... ¿Está todo conectado? ¿Es el campo cero la mente de Dios?

Anda que si está ahí debajo todo lo que soñamos
esperando a que lo saquemos...
¿Nos está diciendo Heisenberg con su incertidumbre que tenemos acceso a ese campo cero, a ese océano de pensamiento activo y creativo que no es solo una fantasía científica, teórica e incomprobable? ¿Y si fuera verdad? ¿Y si desde ahí, desde esa incertidumbe, pudiéramos crear la vida que queremos, observándola? ¿Y si estamos utilizando el campo cero sin saberlo? Porque quizás también de ahí sale tu alegría y tu impotencia, y podrías elegir con cuál de las dos posibilidades te quedas... ¿Es el campo cero la mente de Dios... a nuestra disposición?

La física cuántica ha cambiado profundamente la perspectiva de la física clásica y está cambiando, también, nuestro concepto y visión de nosotros mismos y del mundo. Hace solo unos siglos pensábamos que la Tierra era plana, ¿no? Y ese pensamiento resultó ser un disparate.

Me encanta la idea de imaginar un campo cero (tenga el aspecto que tenga, me lo pienso inventar a mi gusto) y sacar de ahí, uno a uno, todos los asuntos y cosas que quiero ver en mi realidad física. Voy a probar.

Empezaré de cero; aprovechando que el año también está empezando me parece un buen simbolismo. A pesar de que todo esto parece difícil de aceptar, como en su día pareció todo lo que predicaba Galileo, voy a probar.

Anda que si resulta que el campo cero me vale también para ser más feliz...







sábado, 10 de enero de 2015

Felicidad nocturna: dormir bien, despertar mejor.


Pocas cosas hay que estropeen más un día que no haber pegado ojo la noche anterior...

No dormir bien o lo suficiente te hace infeliz: produce estrés, malhumor, bajo rendimiento mental y físico, agitación y ansiedad. Por mencionar solo unas cuantas.

Aunque los expertos aseguran que hay que dormir un mínimo de ocho horas seguidas, en mi caso eso no funciona. No recuerdo si alguna vez he dormido tanto del tirón pero desde que me recuerdo adulta, nunca. Y cada vez menos. Pero lo que duermo, lo descanso y no tengo problema en cuanto a energía o humor. Para mí, cinco o seis horas por la noche y veinte o treinta minutos por la tarde son suficientes horas de sueño. A veces también me quedo dormida a la hora justa de perderme el final de Velvet. Y con eso voy que chuto.

No me importa tanto el número de horas de sueño como el dormirlas bien, en profundidad. Solo así mi organismo se regenera, mi mente se calma, mis tejidos descansan y yo me renuevo entera (y rejuvenezco, juas). El dormitorio, por ello, es una importantísima pieza en nuestra vida.

La regla básica del Feng-shui del dormitorio es que la cama tenga la cabecera orientada al norte aunque en mi caso concreto esto es físicamente imposible, por lo que me he tenido que buscar otras alternativas que compensen este terrible pecado. 

Un dormitorio confortable siempre requiere de ciertos elementos que faciliten el descanso y propicien un sueño apacible y reparador. Para mí son imprescindibles: 

Una alfombra del tamaño justo para apoyar los pies descalzos al levantarme o al acostarme (no me gustan las alfombras grandes). Nada me arruina una mañana feliz o convierte en peor una mala como levantarme y, oh, sorpresa, pongo los pies en un suelo frío y duro. El primer paso del día debería ser siempre sobre una superficie amigable para nuestra piel. Nada arruina una mañana feliz -o hace peor una mala- como posar los pies al salir de la cama en un suelo duro y frío. Elije una que sea de tu gusto y del gusto de tus pies.

Un gran colchón (en todos los sentidos). Aunque tuvieras todo lo demás, si te falta esto tu dormitorio será un asco. Y, además, estará incompleto. Es la pieza fundamental, aunque no la única, para garantizarte un buen descanso. Lo que debes perseguir en un buen colchón es que te mantenga cómodo y ofrezca un fantástico apoyo a tu espalda. Sería bueno elegirlo en función de tu altura y corpulencia. Un buen colchón durará 10-15 años, y si estás pensando en ratear en su precio que sepas que un colchón barato te durará la mitad de tiempo.

La cantidad justa de almohadas y cojines. ¿Y cómo saber cuál es la ideal? Estéticamente, dicen los grandes interioristas, debería haber las suficientes como para que la cama te parezca suntuosa e invitadora cuando esté hecha... pero no tantas como para que meterte en la cama cada noche sea un problema de logística. Personalmente sólo tengo las dos almohadas gemelas con que cuenta toda cama que se precie y que uso para dormir (delgadas y firmes, nada de plumas) y una extra de látex, pequeñísima, que viaja conmigo por todo el colchón y allá donde yo viaje fuera de él. Mi cama no parece suntuosa; personalmente me desvela el hecho de pasar 10 minutos recolocando piezas antes de dormir. Según los expertos, el número ideal de piezas, entre almohadas y almohadones, es de 1-6 dependiendo del tamaño de la cama.

No Tech In Sight, como dicen los americanos. O sea, fuera aparatos de todo tipo. El dormitorio es para dormir, y no necesitas en él la Blackberry ni el portátil. Y eso también sirve para la televisión: aunque sea pequeñita la televisión te mantiene despierto hasta más tarde de lo necesario y, en consecuencia, te mantiene más tiempo en la cama por la mañana fantaseando con la idea de no levantarte para ir a trabajar. Es complicado en estos tiempos, pero te garantizo que tu tiempo de descanso mejorará en un 100 por 100 si decides seguir esta idea a rajatabla. Por experiencia te aseguro que si dejas tus i-Todos fuera del dormitorio serás más feliz.

Un lugar donde sentarse que no sea la cama. Un buen punto de asiento servirá tanto cuando no puedas permitirte caer dormido mientras lees algo, o necesites tener una conversación con tu churri que es mejor no tener en la cama. También será un buen sitio donde sentarte para calzarte o descalzarte esas botas o abrocharte las sandalias.

Una mesilla de noche bien aprovisionada. Una mesilla de noche con todo lo que necesitas es muy estética para la vista. Pero esa no es la única razón: la combinación de una botella bonita de agua, un buen libro, una planta o unas flores y una lámpara es, esencialmente, un kit de confortabilidad para los momentos posteriores o anteriores a dormir, incluso para los períodos de insomnio. Así que cuando formes tu kit-confort hazlo tuyo de verdad, no te preocupes de que parezca perfecto o elegante. Cuanto más "tú" sea ese kit mejor funcionará en su cometido: hacerte sentir cómodo.

El color de las paredes y de la ropa de cama. Neutros o claros, ligeros, los colores que evocan calma y sentimientos placenteros son los más aconsejables. En caso de papeles pintados o pintura decorativa, asegúrate de que sean motivos y colores no demasiado contrastantes entre sí. Si quieres poner energía en tu vida hazlo en otras habitaciones de la casa pero no en tu dormitorio (aunque yo desoigo esta regla y mi dormitorio está pintado del mismo color que el resto de la casa: el tono exacto de la cáscara de las mandarinas fresquísimas. El color naranja y yo tenemos una relación muy especial :-D).

Estas normas básicas te garantizarán un buen descanso cuando toque duermas las horas que duermas y, por lo tanto, aumentará tu índice de felicidad cotidiana de forma drástica.

¡Felices sueños!

lunes, 5 de enero de 2015

Listas y listas...

Curiosamente, sin embargo, las listas dan seguridad.  Somos conscientes de ello cuando escrupulosamente seguimos una receta que, en esencia, es una lista de ingredientes y acciones. Pero si le damos a esta lista demasiada importancia no dejamos espacio para la imaginación.
Jean-Claude Ellena, perfumista.


Me siento muy atraída por cualquier tipo de lista, en particular las listas de "pendiente de hacer". Pueden ser muy liberadoras pero también muy limitantes... como tantas otras cosas, dice Gretchen Rubin en su libro Happier at Home.

Y tú, ¿tienes ya preparada tu lista de Reyes para esta noche? ¿Cómo te has portado? ¿Te lo traerán todo?



De cualquier manera recuerda que, sea lo que sea, siempre podemos remadiarlo y hacerlo de otra manera la próxima vez. Tenemos una año entero para ello :-D.  Ains, qué nervios...

¡Feliz noche de Reyes!

domingo, 28 de diciembre de 2014

Año Nuevo, propósitos buenos...

No te rindas, por favor no cedas aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, 
aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo.
Porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento.
Mario Benedetti


Cada año viejo estamos dispuestos a hacer del nuevo año algo mucho mejor. Decidimos, al final de cada Diciembre, que el año que está a la vuelta de la esquina será distinto.

Revisamos nuestros buenos propósitos y redactamos mentalmente nuestra nueva lista de deseos; yo incluso la escribo. Parecen dos cosas desiguales, pero… ¿lo son?

Si las repasamos bien veremos que ambas están entrelazadas; juntas casi forman un nudo. Y además ¿casualmente? se parecen mucho –ohhhhh...– a las del año anterior.

Y así cada año de dios.

En realidad nuestros buenos propósitos se basan siempre en nuestra lista de deseos a corto y medio plazo. Por ejemplo, ese propósito anual de medio planeta de dejar de fumar –y del 1 de enero no pasa– esconde el deseo de llevar una vida más sana: evitar un enfisema o una embolia pulmonar, o dejar de ser un paria social, ése único miembro del grupo que todavía fuma y se va a la cocina en medio de la más interesante de las conversaciones. O ese otro tan popular de empezar a hacer ejercicio (más vida sana): correr, nadar o ir al gym, como llaman ahora al polideportivo del barrio.

Si nos fijamos bien, los buenos propósitos y los deseos de nuestra lista son intercambiables y reversibles, y con frecuencia son los mismos año tras año. Porque los humanos pedimos, una y otra vez, año tras año, dejar de fumar, poner orden en nuestra casa (y a ser posible en nuestra vida), escuchar más atentamente a nuestra pareja (si se decide a hablar; con suerte, ese será su propósito de este fin de año), ir en junio sin excusas a la función del niño, meditar y/o establecer media hora al día para nosotros mismos, perder esos ocho kilitos de más, salir un poco antes del despacho, cenar en familia a diario, una cita mensual a solas con nuestro cónyuge, hacernos un corte de pelo decente, divorciarnos o casarnos (de este año no pasa), aceptar lo que no podemos cambiar (y procesar de la mejor manera posible el hecho de que no podemos cambiarlo), llamar con más frecuencia a nuestros padres y hermanos, etc.

Algo no funciona y, año tras año, los buenos propósitos se quedan en propósitos y los deseos se quedan sin cumplir. ¿Qué será, será?

La razón es muy sencilla, creo: nos planteamos una idea romántica de nuestra nueva vida maravillosa... en la que pensamos sólo de vez en cuando y de forma muy vaga, sin concretar nada.

Y esa visión bucólica de nuestra vida por venir no la haremos realidad solo con pensamientos y ensoñaciones espasmódicos con los que disfrutamos un rato cada fin de semana pensando: "¿No sería maravilloso si....?", pero sin hacer nada real al respecto. No tomamos la acción necesaria porque no sabemos por dónde empezar a caminar desde donde estamos hasta esa escena maravillosa en la que sería estupendo estar, por ejemplo, pasado mañana. He descubierto que no es que no sepamos cómo llegar a donde queremos sino que no sabemos cómo hacerlo en dos días (que es lo que nos gustaría).

Creo, también, que no sabemos por dónde empezar porque no tenemos una visión clara y rotunda, casi obsesiva, de esa nueva vida feliz. Pensamos que sería maravilloso pero en realidad no nos lo creemos y, en consecuencia, no hacemos nada al respecto (o hacemos todo lo contrario a lo que aconseja el sentido común como comer o beber más o comprar mucho bonito y barato), volviendo a la "realidad" y desechando nuestra visión por imposible.

Pues hay buenas noticias: esas visiones personales no son ninguna tontería imposible sino que son reales, posibles y, cuando perseveramos, se cumplen. George Washington soñó con una Norteamérica unida, Marting Luther King con la igualdad entre blancos y negros, Mandela con una Sudáfrica libre del apartheid y Bill Gates con instalar un ordenador en cada casa del planeta... Unos han tardado más que otros en cumplirse, pero todos esos deseos y grandiosas visiones personales se cumplieron, respaldados por la confianza, la fe en sus soñadores y el trabajo de los mismos en pos de su visión.

¿No podríamos perseverar en la nuestra que, con seguridad, será más humilde que las de arriba pero no por ello menos valiosa? (al menos para nosotros, sino para el mundo entero, eh?). ¿No traerá a nuestra vida más felicidad una idea clara y firme de nuestra relación de pareja satisfactoria, los ojos brillantes de nuestros hijos al vernos entre los espectadores de su función, un cuerpo más ágil y sano, una jornada laboral menos estresante o la alegría de nuestros padres al oír nuestra voz al teléfono cuando lo que espera es publicidad de móviles? ¡Al menos tenemos garantizados los buenos ratos que pasaremos visionando esos resultados!

A los que nos cuesta perseverar, sea por descreímiento o pereza, nos hacen falta algunas ayudas extras, y es importante que las busquemos. Una de las más satisfactorias y divertidas que yo he encontrado es hacer un tablero que represente nuestra visión personal, lo que queremos que entre en nuestras vidas (sea lo que sea, es posible). Los americanos lo llaman vision board.

Es importante, al empezar, que basemos nuestras elecciones en lo que nos haga sentir más felices y más "sueltos" (¡libres?) y no en cómo pensamos que debería ser o parecer una vida ideal general. Hay que concretar y jugar a recortables nos ayuda a ver con más claridad e ir decidiendo lo que de verdad deseamos.

El método es muy sencillo:

Cárgate de revistas y folletos que tengas por casa, o mira imágenes por internet; necesitarás también unas tijeras, un pliego grande de papel (de embalar, por ejemplo) y una barra de pegamento. Pega o pincha el enorme pliego de papel en la pared, en un lugar en el que lo veas bien y a menudo (¿enfrente de tu escritorio?) porque ese es el tablero donde pegarás todos tus deseos y sueños, a todo color. En el centro de tu tablero, pega una foto tuya en la que se te vea con claridad (si estás sonriente, mejor). Cada tanto, cuando te apetezca, dedica un rato a tu tablero.

Según vayas hojeando las revista o folletos, ve recortando de ellos "estampas" de lo que represente una parte o el todo de esa visión (de momento, futura) que tienes, y ve pegándolas alrededor de tu excelsa figura en el papel de embalar, colocándolas a tu gusto, más cerca o más lejos dependiendo de la prisa que tengas por hacer realidad esa área concreta de tu visión (¿el masseratti antes que la moto, el nuevo trabajo que te apasiona antes que la casa de tus sueños, tu larga melena brillante antes que tus estilizadas caderas, o al revés?).

Si esta receta dispara tu incredulidad y tu cinismo, sepas que te entiendo perfectamente. A mí me pasó exactamente eso la primera vez que lo leí. Pero le di una oportunidad. Y resultó que funcionaba. Y aunque estoy aún algo lejos de haber cumplido todas mis visiones también es cierto que muchas de ellas se cumplieron ya.

Además, lo paso rebién eligiendo cuidadosamente las estampas (con la costumbre, te vas haciendo más selectivo) que recorto (son tantas que ya no las pego, las meto en una caja grande y las miro una y otra vez). He acabado por aceptar que algunos de esos deseos tardarán más de un mes en cumplirse y otros me sorprenden cumpliéndose en cuestión de horas. Pero antes o después, si persevero, todos llegan :-D 

Esta estrategia funciona no porque tu tablero visionario impacte por sí mismo tu realidad y tu futuro, sino porque impactan tu cerebro al seleccionar las imágenes las cuales, a su vez, quedan grabadas en tu subconsciente y lo llevarán a guiarte hacia las acciones que más ayuden a hacer realidad esa visión tuya. En resumen: este tablero visionario te ayuda a enfocarte en tu deseo, lo hace cada vez más fuerte y más posible a tus ojos (te familiarizas con él y finalmente no lo consideras algo tan lejano o imposible), casi te obsesionas con él y acabas dando por hecho que lo conseguirás. Y así será.

Mientra jugamos al visionario es importante que tengamos en cuenta: 
  • Todos tus deseos son honorables y dignos de tu atención aunque por lógica algunos querrás cumplirlos antes que otros.
  • Hay que dejar marchar lo que no funciona: no te aferres a hábitos, personas o cosas que debilitan tu visión.
  • No temas al fracaso ni te preocupes por los errores que puedas cometer (los cometerás). De esa forma te paralizarás y no harás nada en tu beneficio, todo seguirá igual y tu lista del año que viene se parecerá horrorosamente a la de éste. El éxito está construido de esos pequeños o grandes errores y si te relajas al respecto pronto aprenderás a "hacer las cosas bien". Pero bien o mal, ¡hazlo!
  • Presta atención y prioridad absolutas a lo que de verdad sea importante para ti. No tengas en cuenta las prioridades de otros a la hora de tomar decisiones sobre lo que quieres en tu vida. Relájate porque al principio puede que te cueste hacerlo así; pronto descubrirás que si perseveras en vivir tu propia vida los otros no tendrán más remedio que hacer lo propio con las suyas, y todos tan contentos.

Y con todo esto te deseo una larga lista de deseos, cumplidos y por cumplir, para 2015.

¡Felices y prósperos propósitos nuevos!

domingo, 21 de diciembre de 2014

Piedras que ponemos en nuestro camino

Las grandes decisiones de la vida tienen mucho más que ver con los instintos y otros misteriosos factores inconscientes que con la voluntad consciente y el sentido de razonabilidad. (Carl Jung)

A veces por pudor, otras por un falso sentido del deber; a veces por sentimientos de culpa y otras por inseguridad ponemos en nuestro propio camino piedras que, en apariencia, no son grandes pero nos impiden caminar hacia el lugar donde queremos ir desviándonos, a cada paso, de nuestra finalidad verdadera.

Ninguna de ellas merece nuestra preocupación; ni siquiera merecen nuestra atención. Pero hemos de ser conscientes y saber cuáles son las que más pupa nos hacen en los pies con objeto de evitarlas o darles una buena patada y apartarlas, de una vez por todas, de ese camino que queremos recorrer. Solo deshaciéndonos de ellas de forma consciente y premeditada, con la decisión y la intención de no permitir que nos entorpezca el paseo, podemos eliminarlas de forma eficaz y para siempre (o casi, que ya es mucho).

Las de apariencia insignificante y carácter tímido y modesto, son tremendamente peligrosas; para mí, las peores. Y no son muchas, pero son definitivas. Por ejemplo:

MANTENERTE apegado exclusivamente a lo que ya sabes. Cuando dejas de aprender dejas de vivir una vida con significado. Está bien jugar con ideas nuevas sin aceptarlas al cien por cien; hacerlo nos ayuda a crecer. La riqueza de la vida no viene manteniéndose en todo momento en territorio conocido, hay que poner el pie también cuando es necesario en territorio comanche. Es cuando sacas tu pie de la zona de confort y lo pones en tierra ignota cuando nos hacemos más fuertes y capaces. Tenemos que mantenernos aferrados con firmeza a nuestros valores básicos mientras que, al mismo tiempo, abrimos nuestro corazón y nuestra mente a nuevas ideas, sentimientos y experiencias. Tu perspectiva personal se hará más fuerte cuando mires desde distintas perspectivas. Encuentra formas de desafiar de forma saludable tu actual punto de vista sobre la vida, y descubrirás y experimentarás en mucha mayor medida la magia que ya contiene.

PRESTAR tu atención a la historia de los otros en vez de a la tuya propia. No te contentes con escuchar la historia de los éxitos de otros hasta el punto de que olvides tu propia historia de éxitos. Desarrolla tu propio guión y dale vida. Eres y tienes todo lo necesario para convertirte en lo que eres capaz de llegar a ser. Cuando decides tomar el control de tu historia (no la de otros, no puedes hacer eso) ocurren cosas increíbles y se dan grandes cambios para tu beneficio. Consumirás menos y crearás más. Tomar el control significa dejar de permitir que otros se ocupen de decididr lo que piensas, hablas, haces y deberías ser  Significa aprender a respetar y aplicar tus propias ideas y utilizar tu instinto para escribir tu propia historia. Si deseas que la historia de tu vida alcance nuevas cotas de satisfacción en 2015 tendrás que limpiar un camino, el tuyo propio, reducir las cargas que te aplastan y te chupan la energía y quedarte únicamente con las cosas que te proporcionan alas. Mantén tus sueños más grandes y tus mejores deseos cerca de tu corazón y dedícales tiempo cada día.

TOLERAR los mismos descontentos diarios una y otra vez. No vivas con la desilusión, vive más allá de ella. No puedes evitar lo que ya ha ocurrido pero puedes decidir que lo que ha ocurrido te haga más fuerte y tu determinación sea más firme. El viaje a la madurez emocional y espiritual requiere que revises los acontecimientos  de tu vida para encontrar la sabiduría y el propósito que contienen. Llega un momento en tu vida en que, finalmente, "lo pillas": un dïa te hartas de miedos y viejas herias y gritas basta, hasa aquí he llegado. Ese momento de "hartura" es el punto de partida hacia tu felicidad y éxito en tus propósitos. Ahora que nos acercamos al Año Nuevo, ciérrale la puerta a tu pasado y abre la de tu furuto, respira hondo, da un paso adelante y empieza a escribir un nuevo capítulo en el libro de tu vida. Escena a escena, párrafo a párrafo; cuidando la sintaxis pero sin obsesionarte con la ortografía.

MANTENERTE aferrado a esas personas que continuamente te hacen daño. En ocasiones tienes que dejar atrás a ciertas personas no porque no te importen sino porque a ellas no les importas tú. Cuando alguien te hiere una y otra vez acepta el hecho de que les importas un pimiento (aunque sea un pimiento disfrazado de buena intención).  Es un trago muy amargo de beber pero necesario. No te esfuerces por impresionarles; deja de luchar por ello ahora mismo. No malgaste ni un segundo más de tu tiempo tratando de demostrarles nada. No hay nada que tenga que ser demostrado. No actúes pensando en ellos; no les dediques ni un solo minuto en tu futuro inmediato. Crea espacio para ti mismo y dedica tu tiempo y energía en redescubrir TU salud y tu felicidad. Y mantente firme en tus objetivos y tus sueños sin dejar que otro (sea quien sea) juzque o decida si son válidos o no.

Y recuerda --si te encuentras en aprietos con cualquiera de estos asuntos-- que no estás solo. Muchos de nosotros estamos, hemos estado y estaremos alguna otra vez donde tú estás ahora: trabajando duro para sentirnos mejor, pensar con más claridad y vivir una vida libre de dolores de cabeza y de corazón...

Feliz Nochebuena y Feliz Día de Navidad. Disfruta; por el momento, eso es suficiente. Ya pensaremos más allá dentro de unos días.