viernes, 18 de septiembre de 2015

La fórmula de la felicidad (y II): Magia Potagia...

Para alcanzar la verdadera madurez tienes que descubrir qué es lo que más valoras. Es extraordinario descubrir cuán poca gente lo alcanza. Parecen no haberse parado nunca a considerar qué es lo que tiene valor para ellos. Malgastan grandes esfuerzos y en ocasiones hacen enormes sacrificios por valores heredados o imbuídos por otros que, en realidad, no cubren sus verdaderas necesidades. Y pierden así el auténtico significado de la vida.
(Eleanor Rooselvelt,11 Keys for a more fulfilling life)

La fórmula mágica:

Actitud + Intención + Confianza = Felicidad


La felicidad, cuando la empezamos a buscar, es un poco esquiva y puede parecer revoltosa... Dice la leyenda que, al igual que a las mujeres, no hay quien la entienda.

Y es una fama injustificada porque somos bien sencillitas: si decimos que no nos pasa nada, quiere decir que estamos echando humo; si decimos ya veremos quiere decir que ni lo sueñes; si decimos que lo pensaremos, queremos decir que sí; y si decimos que sí, queremos decir que por supuesto y de inmediato. Si una amiga nos pregunta que qué tal va con esa falda y le contestamos que tiene un color de uñas ideal queremos decir que va hecha una facha... ¿Quién no entiende eso, por diossssss? Es un lenguaje bien sencillo, solo hay que saber un poco de cálculo creativo...

Los hombres en cambio son un poco menos delicados, aunque ellos dicen que son simples: si dicen sí, están diciendo que sí; si dicen no, están diciendo que no y si les preguntas que si vas bien o si creen que estás gorda te van a decir la verdad. ¿Quién entiende eso, por diosssss? Dicen, también, que se les puede adivinar el pensamiento...

Bueno, pues la felicidad en su segunda y última fase (o sea, que le has pillado el truco y llevas carrerilla) es un poco como ellos: sí es sí y no es no. Absolutamente. Y, además, puedes adivinar perfectamente si llevas buen camino o te vas escorando hacia el lado que no te conviene.

Hay que trabajarla un poquito y estudiar las consecuencias de creer o no creer en esa verdad absoluta.

Hay que empezar por la actitud. La actitud para seducir a la felicidad es el equivalente a tu aspecto físico en tu primer y esperado encuentro romántico con alguien. Igual que un hombre nunca te mirará dos veces por mucho que pases ante él si vas hecha un trapo, o llevas cara de pena o mala hostia, la felicidad no se te acercará si se huele que andas todo el día quejándote, pensando en la mala suerte que tienes, lo triste que es tu vida o que la culpa de tu despido ha sido del jefe —que te tiene manía, por supuesto.

La felicidad nos hace ojitos a todos y siempre pero solo te perseguirá con ahínco si tú también andas por ahí buscándola con interés, recordando todos tus bienes y aceptando con paciencia y buen humor tus males, mientras trabajas para que la cosa vaya todavía mejor, deseando disfrutar de ello y estando dispuesto a no parar hasta darle caza —con ayuda o sin ella.

La actitud es la decisión que tomas alegremente de no rendirte hasta alcanzar el objetivo deseado, pase el tiempo que pase y bajo las circunstancias que te rodeen. Es saber que todo pasa y que no hay mal que cien años dure y que, si haces tu parte, serán muchos menos de cien.

La actitud es pensar en ello de forma casi obsesiva, como cuando empiezas a salir con tu novio o te dan tu primer trabajo: es probar esto y aquello y todo lo que se te ocurra para ver si esa es la manera (o una de ellas) de que se rinda y caiga a tus pies por siempre jamás. Y a diario, que ya sabemos que la felicidad hay que buscarla sin descanso para hacerla nuestra cada día. La mala noticia es que, en esto no hay vacaciones, y al mínimo descuido, tu nivel de felicidad retrocede.

Por ejemplo:

Nuestra protagonista, Elisa, acaba de pasar una mala racha y con el alivio de salir de ella vienen las ganas de volver a disfrutar. Todos están más que contentos de verla, les admira la forma en que ha salido del asunto y la han estado apoyando y vitoreando por su valor y buen hacer en un asunto tan difícil... Está muy contenta y va a una reunión de buenos amigos con una actitud sinceramente positiva, alegre y esperando lo mejor de la velada. Ha salido del túnel y no piensa volver a él.

La velada discurre de forma inmejorable, es todo agradabilísimo, cada vez más.

Hasta que alguien cuenta algo magnífico que le ha pasado; algo casi increíble. Le piden más detalles (el odioso ¡otra, otra!) y el afortunado se pone a desgranarlos para admiración y contento del grupo entero que se apiña a su alrededor. Son tantos los detalles maravillosos de lo que le ha ocurrido que nuestra Elisa piensa que qué buena suerte. Pero no se alegra mucho, no sabe por qué. Es más, cuanto más se alegran los otros y lo vitorean, más rojillo se va haciendo un pellizco que ha aparecido en su barriga sin que se diera cuenta.

El pellizco de la tripa se le va haciendo más apretado y más coloráoh según la gente vitorea y jalea a Enrique más y más... Y de repente recuerda todo por lo que ha pasado y lo que ha hecho para superarlo —y, además, los otros lo dicen. Se lo han estado diciendo durante cinco meses, ¿no? Entonces, ¿por qué ahora este mindundi de Enrique que no merece nada porque no ha hecho nada está rodeado de multitudes que lo felicitan por algo que, por porcentaje de desgracias y derecho de nacimiento, es suyo? Esto lo arreglo yo en un pispas, decide nuestra chica.

—Por cierto, yo también tengo una buena noticia: me ha dicho el médico que es muy poco probable que se me reproduzca el cáncer... —anuncia triunfante con cara de mártir agradecido.

Y, con ello, por dos segundos gloriosos, se hace de nuevo con la atención de la fiesta entera.

Todos se alegran, claro, pero nuestra chica ha planchado la fiesta; para ella misma y para todos. Porque, claro, ¿quién es el guapo que jalea al de la loto millonaria cuando tenemos aquí mismo una santa? Pensando en que puede que el año que viene se le reproduzca su enfermedad, los otros no saben qué pensar acerca de si es o no decente alegrarse tanto por una frivolidad como es un premio de diez millones de euros que le han tocado a una persona sana y alegre como ella sola...

Por ese segundo de gloria, ha perdido una noche entera de alegría. Porque lo peor de todo es que ese segundo de atención general no le ha dado lo que buscaba: la felicidad de sentirse importante. Sólo se le han ahuecado un poco las plumas durante ese momento que ha vuelto a ser rabiosa actualidad; y sólo hasta que cayó en la cuenta de que ha estropeado un buenísimo rato.

Pero si no reclamaba su posición de prota esa noche, si pierde esa ocasión, corre riesgos enormes... ¿Y si siendo feliz solo será protagonista de su propia vida y la de nadie más?¿Y si siendo feliz no vuelve a ser protagonista en la vida de los otros, ni siquiera un rato? Más vale recordarle a la gente mi existencia de vez en cuando, aún a costa de un mal rato para todos, que arriesgarme a desaparecer en la nada aunque fuera llena de felicidad, ¿no?, intenta convencerse.

Se nos olvida con excesiva frecuencia que la gente no recuerda casi nunca lo que dijimos pero recuerda siempre cómo la hicimos sentir.

Nuestra prota y sus amigos hubieran seguido felicísimos en la fiesta si, al notar el pellizco en la barriga, lo hubiera observado con interés y lo hubiera comentado de forma humorística consigo misma: Anda, mira, ahí va mi necesidad de protagonismo... A ver qué hace ahora. Mira qué interesante: mi envidia por los diez millones de la loto  de Enrique compitiendo por llevar a mi ex-cáncer a primera linea de actualidad... Y ahí hubiera quedado la cosa. Hubiera seguido la fiesta y nuestra chica hubiera disfrutado [casi] tanto como los otros festejando los millones de Enrique; y felicitándose por haberse pillado a tiempo de evitar el patinazo y la consiguiente metedura de pata para su propia felicidad.

En realidad, nuestra actitud, siendo la conveniente, está diseñada para bastarse y sobrarse en esto de procurarnos la felicidad. Y un día, si nos empeñamos, nuestra fórmula de la felicidad quedará así de simple:

Actitud + Intención + Confianza = Felicidad

Perooooo... Cuando empezamos a buscar la felicidad, nuestro cambio de actitud —que decidimos tras un segundo de revelación mística espontánea y diez años de aburrimiento y cansancio de tener mala suerte— puede que tarde un tiempo aún en asentarse de forma mas o menos definitiva, y hemos de estar alerta. Por eso necesitamos hacer un esfuerzo consciente para que la nueva actitud se quede con nosotros y no se limite a ser un episodio más de subidón bipolar en nuestra larguísima lista de “Mentiras y decepciones de mi perra vida”.

Para conseguirlo podemos dar dos pasos y afianzar esa actitud:


Establecer con la mayor claridad posible una intención al respecto. Y lo haremos con inteligencia y astucia...

Como es muy difícil establecer con claridad (y creérnoslo) la intención de Seré feliz para siempre jamás, hemos de hacerlo de forma que nuestra mente y nuestra lógica personal se lo crea. Poquito a poco, como cuando le damos las últimas cucharadas de papilla a un niño ya casi ahíto.

Puede ser algo tan humilde como: Disfrutaré hoy mi clase de francés pase lo que pase; aunque mi pronunciación no sea perfecta. Al fin y al cabo, estoy aprendiendo francés; si lo tuviese ya perfecto, no tendría que ir a clase. Me fijaré en las nuevas palabras que aprendo y la pronunciación irá mejorando inevitablemente. Esto es una verdad objetiva que nuestra mente y nuestra lógica pueden tragarse y digerir con facilidad.

Nos comprometemos a tener confianza en nosotros mismos, en la vida, en ese día y en que la profesora nativa de francés sabe lo suficiente para enseñarnos francés; al menos, algo de francés.

Aunque su método pedagógico sea terrible, sabe más francés que nosotros; eso es indudable. Eso es un hecho objetivo que nuestra mente y nuestra lógica no tienen más remedio que aceptar. Un nativo francés sabe más francés que un inglés que está aprendiendo francés. Eso no puede negarlo ni siquiera nuestra particular y susceptible lógica.

Acerca de la confianza hay mucho que decir. Es una parte de la ecuación igual de importante que la actitud y la claridad de intención. Estamos más familiarizados con la palabra que con el concepto de confianza, así que no la menosprecies: es fundamental.

Confía en tí mismo. Confía en el universo (o en la vida, o en Dios, o en Lo Que Sea que tú crees que te apoya y te sostiene). Confía en que tus elecciones y decisiones son válidas. Confía en que puedes enmendar posibles errores. Confía en que puedes ser perdonado. Confía en que puedes pasar página y dejar ir cualesquiera errores que creas o sientas que otros han cometido contigo. Tienes que convertir tu vida en algo que fluya con facilidad, a favor de la corriente, de tu corriente. Tienes que liberarte, sentirte ligero, estar dispuesto a crecer, expandirte y dejar ir todo aquello que, en forma de viejas heridas u ofensas, sientes que te mantiene parado, estancado, retrasado, paralizado; con la sensación de que no avanzas.

No podremos crear la vida que de verdad deseamos si mantenemos nuestra energía concentrada en el resentimiento, temores y rabia acerca de lo que ya pasó. Necesitamos dejar atrás (que no esconder) viejas ofensas, y hacerlo de forma consciente, sabiendo que es la manera más rápida y eficaz de poder crear la vida que de verdad queremos vivir.

Y tenemos que entender que hay gente que no tiene la inteligencia ni/o la habilidad suficientes para actuar de forma racional Y QUE ESO NO TIENE NADA QUE VER CON NOSOTROS. Por nuestro bien, y pensando egoístamente, habremos de perdonar incluso a aquellos que son dificilísimos de perdonar.


Felicidad a lo bestia. Esa es la
que perseguimos.
Hala, ya he terminado; el sermón del domingo lo he dado hoy ;-D


¡Feliz y venturoso finde!

sábado, 12 de septiembre de 2015

Cargando la bolsa del vecino

Pensamos 60.000 pensamientos al día. ¿Malgastas 59.999 de ellos en pensar de forma negativa, improductiva, autoflagelante?

No necesitamos estar entre rejas para ser prisioneros.

Podemos ser prisioneros de nuestras propias creencias, pensamientos, elecciones e ideas. Así es como un número inimaginable de personas inteligentes malgastan la mayor parte de sus vidas. Triste pero cierto.

También es duro de admitir que esa es la forma en que hemos estado haciendo las cosas a lo largo de los últimos diez o doce años (o más), y que esa forma de hacerlas es lo que nos mantiene atascados, frustrados e infelices. Si te preguntabas el por qué de tu infelicidad, ésa es la respuesta. Has estado pensando y eligiendo en contra de ti mismo...

No te ha roto el corazón el suspenso; no te ha roto el corazón tu [aparentemente] alma gemela; no te ha roto el corazón tu jefe ignorándote en ese posible ascenso... El corazón te lo ha roto, y lo rompe siempre, tu forma de plantearte respuestas de la forma equivocada: negatividad y dudas acerca de tu validez personal o de tu capacidad. O el no querer hacerlo de otra manera.

Incluso si estás en general cómodo con tu forma de vida actual, da un repaso a lo que sigue. Vale la pena tomarse unos minutos para averiguar si alguno(s) de estos puntos te están manteniendo donde no quieres estar e impidiendo que desarrolles todo tu potencial. O, si no todo, al menos la cantidad de potencial que sí quisieras desarrollar...  ;-D

Abandona tus creencias limitadoras acerca de lo que puedes o no puedes hacer, acerca de lo posible y de lo imposible. De ahora en adelante no vas a permitirte seguir en el lugar equivocado a causa de creencias y pensamientos que no te ayudan ni son tuyos. Si te atascas, al menos que sea haciendo todo lo posible por desatascarte.

Recuerda que una creencia no es una idea que sostienes en mente, sino que es esa idea la que sostiene tu mente. Para bien y/o para mal.

Como digo tan a menudo como me atrevo, nunca existirá el momento perfecto para perseguir nuestros sueños y objetivos; nunca nos sentiremos preparados al cien por cien y nunca nos caerá del cielo la felicidad de golpe mientras miramos las nubes. El único momento perfecto de verdad para cualquier cosa es éste, AHORA; no existe otro. Ayer ya es tarde y mañana es demasiado pronto todavía...

Tienes que encontrar el granito de mostaza necesario cada día, y lo tienes que encontrar ahora mismo para escribir ese mail, solicitar ese puesto, enviar ese CV, hacer esa llamada, acercarte a esa persona que te interesa...

La fe significa vivir con cierta incertidumbre mientras confías en la vida y en ti mismo, permitiendo que tu intuición te guíe a través de tu camino cuando éste parece desaparecer en la oscuridad. Y permitiendo que "Dios te ampare".

Igual ocurre con cualquier otra carretera: el hecho de que no esté alumbrada con farolas de cien mil vatios no significa que la carretera haya desaparecido justo cuando vas a pasar tú. Está ahí, y lo sabes; y enciendes los faros o una linterna y sigues andando en la [casi] seguridad de que la carretera está ahí. No aparcas el coche en la cuneta y decides esperar hasta que amanezaca al día siguiente. Sería absurdo, ¿no? Pues igual. Lo más que puede ocurrir en la oscuridad [y eso si te dedicas a manotear y pierdes el norte a causa del miedo y los nervios] es que te equivoques de camino y tengas que rehacerlo de otra manera o por otro sitio. Pero NUNCA, recuérdalo, NUNCA llegas a los confines del planeta y te caes y te caes por el borde al vacío... 

Vamos a hacer deberes, como los niños; estas son dos ideas [vamos a ir pasito a pasito] que, si las aplicas, te ayudarán:

  • Alguien [padres, maestros, amigos] que te importaba mucho estableció, en algún momento pasado, lo que tú eras y merecías, y tú aceptaste esa elección como verdad única e incontestable. Y hoy la sigues eligiendo y aceptando como tal cada día.
¿Qué ocurriría si, solo por hoy, eligieras creer que tienes suficiente, eres suficiente y que has llegado lo suficientemente lejos como para merecer una vida a tu gusto? ¿Qué ocurriría si, sólo por hoy, eligieras creer que has hecho un buen trabajo? ¿Y qué ocurriría si mañana por la mañana eliges creer todo eso otra vez?

Has estado muy ocupado tratando de satisfacer las expectativas de otros, muy probablemente de ése o ésos que te dijeron o te mostraron sin palabras que no valías o no eras lo suficiente (no sabemos para qué porque nunca se explican con claridad). Y, haciéndolo, no has arreglado nada: ni están contentos contigo ni tú eres feliz con la situación. Lo sepas: nunca, nunca, cubrirás las expectativas de otros; aunque te digan lo contrario, nunca estarán satisfechos contigo porque sus expectativas no se basan en tus capacidades o incapaciadades ni en su deseo de lo mejor para tí. Sus expectativas siempre, siempre, se basan en sus propias frustraciones y contrariedades.

  • Hemos vivido la vida de otros, no la nuestra propia. Hemos vivido la vida de acuerdo a lo que otros [padres, maestros, enemigos y amigos, gobierno) piensan que es lo mejor para nosotros... Al igual que ellos vivieron la suya de acuerdo a lo que deseaban sus padres para ellos, ahora se lo cobran exigiendo lo mismo de nosotros. Ellos ignoraron sus intuiciones y su propia voz interior y quieren que hagas lo mismo: se lo debes. Así que lo absurdo es que, en lugar de vivir nuestra propia vida, vivimos la vida ideal de la generación anterior... sin sentirla nuestra nunca (porque no lo es, aceptémoslo). Y haciéndolo así, por lógica, perdemos el control de nuestra propia vida porque ya no sabemos ni siquiera cuál es. Olvidamos qué es lo que nos hace felices, qué es lo que queremos, qué es lo que necesitamos y, con el tiempo, nos olvidamos de nosotros mismos.

Tenemos solo una vida nuestra aquí y ahora (ya nos ocuparemos de la próxima cuando llegue y ya nos ocupamos de la anterior si la tuvimos). Tenemos que vivirla nosotros y, sobre todo, no dejar que las opiniones de ningún otro, nos distraiga de nuestra verdad: sueños, objetivos y momentos y experiencias que conforman la vida que realmente queremos (y podemos) vivir.

Así, además de sentirnos bien (fallemos o no en cien puntos del camino), dejaremos de quejarnos continuamente de no sabemos exactamente qué, de sentirnos medio deprimidos o a medio gas, de magnificar los obstáculos y de perder energía en lugar de acumularla más y más. En una palabra: dejaremos de estar agotados aunque nos sintamos aterrados de tanto en tanto al salir de nuestra zona de confort, y ni nos plantearemos dejar de dar el paso que queremos dar poniendo como excusa el miedo a "¿Y si no...?"

Pues si no, no; lo hacemos de otra manera, y otra y otra hasta que . ¿Y si sí...?

Y santas pascuas.


viernes, 4 de septiembre de 2015

Relaciones 2: Yo, Mi, Me, Minimalismo

No soy perfecta, pero tampoco soy imperfecta.
Sencillamente, estoy sin terminar...


No creo que sobre nada en el Universo ni creo que nada se pierda o se malgaste en él. Todo y todos tenemos nuestro papel en este mundo (y probablemente en algún otro), y me conviene creérmelo; así que me lo creo.

Aunque me cueste entender el papel cósmico de las cucarachas y las ratas en el planeta (o en cualquier otro lado), sé que lo tienen. De momento, el hecho de que se coman parte de la basura que genero yo ya es un puntazo. Otra cosa es que prefiera que la basura se la comiese una máquina invisible, no ruidosa, que no ocupase la mitad de mi cocina y que entrara en funcionamiento en el mismo instante en que la genero; pero, bueno, todo llegará... Mira, es un buen aparato para poner en una de mis siete vidas paralelas, ahora que lo pienso.

Desde hace años, a mi vuelta de las vacaciones de verano de San José, decido que de esta vez no pasa el que ponga en orden total mi hogar madrileño. En la casa donde veraneo no falta nada, pero no sobra ni un vaso. Tiene lo justo, está despejada la mires por donde la mires, abierta, luminosa, aireada aunque no abras la ventana. Hasta lo que yo llamo mi plantación tiene las medidas justas para no dar la lata, tres o cuatro metros  de larga por 50 centímetros de ancha. Una fila de losetas pegada a la valla del patio que sustituimos por tierra abonada y rellené plantando mogollón de buganvillas, tres hibiscus y, en la esquina, un limonero lunero que, este año por primera vez, ha dado ya sus frutos: unos racimos de limones verdes a los que cuando me vine anteayer aún era imposible hincarles el diente.

Es el jardín ideal porque me lleva exactamente diez minutos al día cuidarlo. En realidad ni eso porque abro la manguera, la coloco al pie del limonero y, cuando hace charco allí, la voy corriendo a lo largo de la plantación mientras hago picatostes o frío un huevo. Lo suficiente como para tener la sensación no solo de que tengo un jardín sino la más satisfactoria aún sensación de que es obra mía y lo sigue siendo.

Inevitablemente, a mi vuelta a Madrid la comparación de casas y jardines me produce un estado de ansia tal por el orden, por los espacios despejados y por lo justo y necesario que me pongo a ello de inmediato. Hasta el momento, no ha dado resultado, aunque el año pasado conseguí adecentar mi despacho y ya podemos entrar en él sin pisar nada que no sea suelo.

Pero casi enseguida, ocurre una cosa curiosa: ahora que está tan de moda ser minimalista, yo me vuelvo maximalista... La mitad de mis deseos se contradicen con la otra mitad: cuanto más me empeño en ordenar, dar y tirar, más crece todo a mi alrededor, un jardín esplendoroso de deseos cumplidos sin orden ni concierto.

Quizás esto sea una bendición y lo estoy mirando desde la perspectiva equivocada. Quizás lo que deba ordenar sean mis deseos...

Ahora que tengo hechas las paces conmigo misma y honro todos mis deseos como si fueran honorables, creo que esto ha empezado a írseme de las manos, al menos en el tema doméstico.

En cada vida tengo, al menos, dos casas: una en la que vivo y otra en la que veraneo, faltaría más. Y en algunas de ellas, sencillamente, colecciono casas. Repito que lo quiero todo. Bueno, lo único que no quiero en ninguna de mis vidas es un barco en propiedad. Es algo tan estresante manejar tripulaciones...

Pero parece que las ansias de orden me persiguen hasta en sueños. Debe de haber algo que sigue ahí en el fondo insistiendo en el minimalismo y todo lo que eso conlleva; todo eso que, de momento, no tengo ni soy. No solo quiero esta vida que me encanta, sino que quiero también esas siete vidas de gata total en Barbuda, Edimburgo y Polinesia descubriendo mariposas y todas las otras.

Y lo noto porque, justo antes de meterme en faena y disfrutar de la vida que elija vivir ese rato una tarde cualquiera, me precipito sin remedio a preparar el escenario. Y en todas mis vidas probables, sin excepción,  me ocupo de que la casa esté perfecta y totalmente amueblada, adornada, equipada, sin hormigas ni cucarachas, sin polvo, sin cajas amontonadas en el cuartillo de la esquina, sin mosquitos-tigre (ni siquiera los consiento en la Polinesia), sin alfombras ni cortinas (aparecería inevitablemente la odiosa aspiradora); y todo, absolutamente todo en todas esas mis vidas paralelas, es AUTOLIMPIABLE y AUTOPLANCHABLE. Hasta que no he conseguido meterme en ese escenario perfecto, no empiezo de verdad a disfrutar mi otra vida de gata.

Lo que más odio de las tareas domésticas es, sin ninguna duda, recoger la mesa y sacar el lavavajillas, así que esa máquina infernal no existe en ninguna de mis otras vidas. No lo hará al menos hasta que mi imaginación sea capaz de crear el lavavajillas AUTOSACABLE, pero de momento el invento está en sus inicios más burdos: veo platos volando desde el aparato hasta los armarios de la cocina (perfectamente ordenados y sin mácula) y mi fe en los milagros aquí falla. Porque en lugar de ver reposadamente cómo toda la vajilla se auto-coloca en su lugar sin mi intervención, lo que me veo es corriendo por toda mi cocina polinesia intentando evitar que esos malditos platos me den en la cabeza. Y no he podido aún imaginar una escena menos estresante para ese tonto asunto diario de la limpieza y recogida de platos y vasos. De momento, no como ni bebo en casa en ninguna de esas vidas, a excepción de mi té de hibisco en el porche de Barbuda, que mi Sabine hace desaparecer por arte de magia en cuanto lo he terminado. Quizás deba llevarme a Sabine a mis otras vidas...


Si solo de pensar en el asunto de sacar el friegaplatos (asunto que es materia de negociación casi a diario con mi hija menor) me produce ese estado de ansiedad en una vida ¿vale la pena que me empeñe en el maximalismo llevado a su cumbre? No, y es por eso que mis vidas paralelas cumplen una función perfecta en mi tendencia a quererlo y tenerlo todo: como no es físico (aunque sí real, eh?) lo puedo manejar con facilidad y, sobre todo, no me lía la vida (más todavía), lo que es muy de agradecer.

Por otro lado, tengo tendencias reales al minimalismo en mi vida diaria y las cumplo de forma satisfactoria en mis vidas paralelas. Eso es un hecho.


El asunto es ahora, ¿cómo traer ese minimalismo tan bien imaginado en Barbuda o New York (un loft diáfano) a mi casa y mi vida de Madrid?

El firme propósito de este otoño -de nuevo- es el orden en casa. Pero este año hay una diferencia fundamental: va ser verdad, un hecho y una realidad como en mis otras vidas, porque ¡ya he descubierto la forma de llevarlo a cabo!.... :-D


sábado, 29 de agosto de 2015

Cómo ser feliz ahora mismo: algunas instrucciones sensatas.

El verdadero secreto de la felicidad depende de tomar
un interés genuino en todos los detalles de tu vida diaria.
William Morris



Cómo ser feliz ahora, y a ser posible para siempre, es la búsqueda universal, el santo grial que todos andamos persiguiendo. Lo que se puede afirmar que es el objetivo común a todos los humanos. Y, mira por dónde, puede que encontrarlo sea mucho más sencillo de lo que piensas.

Gabrielle Bernstein es una joven coach, autora y conferenciante norteamericana que habla, vive y actúa para ser más feliz. Aunque ella lo hace desde el punto de vista metafísico que enseña el libro “Un Curso de Milagros” todo lo que dice es muy sensato y sirve para cualquiera, sea ese cualquiera buscador espiritual o no, sea o no sea creyente en cualquiera de las múltiples religiones que existen a todo lo largo y ancho de este mundo. Para que nos sirva este camino que propone Gabrielle sólo tenemos que tener en común una cosa con el resto de los interesados: querer ser feliz y estar buscando cómo conseguirlo de forma sostenida y sostenible.

Los seis principios básicos que ella propone para la consecución de una alegría ―o felicidad― sostenible son muy sencillos, de los que ya hemos hablado y posiblemente seguiremos hablando con diferentes palabras. Y son éstos:

  • Sé amable contigo mismo. “En muchas ocasiones el más intimidatorio de los matones de tu vida eres tú mismo”, dice Bernstein. “Cada pensamiento es una afirmación siempre, ya sea una que te eleva y te anima o una que te golpea derribándote. Tus pensamientos hablan más alto que las palabras, y deberías usarlos sabiamente". ¿Y qué es lo más importante que debemos vigilar y/o evitar? Los pensamientos negativos que te repites una y otra vez en tu cabeza; esa historia de desastres y posibles horrores, fracasos y desengaños que te cuentas a diario, a veces incluso sin ser consciente de ellos. Cambia la historia en tu cabeza y cambiará la historia de tu vida. Piensa en lo que quieres, deseas, amas, te gusta, te da placer. Desecha el resto sin contemplaciones. 
  • Deja de aferrarte a la televisión como si fuera un salvavidas. Podemos malgastar horas pegados a la tele, sin enterarnos realmente de lo que pasa en ella, en lugar de utilizar ese tiempo en proyectos creativos. Bernstein sugiere tomarse un respiro sin televisión y reemplazarlo con algo más inspirador. “Ve a dar paseos por tu barrio, escribe en tu diario, lee un nuevo libro o intenta establecer una rutina de ejercicio que te motive”. El propósito de este punto: recuperar esas horas perdidas tirado frente a la tele o el ordenador y sentirte estimulado de otras maneras más inspiradoras, de forma que al final te sientas feliz y más satisfecha haciendo cosas que te están beneficiando también a largo plazo. “Las aficiones creativas te sacan de tus patrones diarios y encienden tu espíritu interior que es, por naturaleza, juguetón y curioso”, explica Bernstein. Y continúa diciendo: “Te sorprenderá que el tiempo que pases creativamente eleva tu nivel de felicidad y te da más energía para las otras áreas de tu vida”. (Y a pesar de todo, te diré que muchos de mis ratos felicísimos son los que paso ante la tele, con mis hijas, viendo Love Actually, Muerte en el Paraíso o las películas de misterio de los domingos por la tarde.... ¡todas seguidas! Que tampoco hay que exagerar... :-D. Pero eso sí: elige cuidadosamente lo que ves). 
  • Haz que el tiempo sea tuyo. “En lugar de leer tu email mientras estás en la mani-pedi, escucha una meditación guiada o prueba una técnica fácil de respiración relajante: “Inhala durante cinco segundos, retén tu respiración durante cinco segundos y exhala durante cinco segundos”. Esta técnica de respiración te hace bajar el ritmo y centrarte, que es lo que en realidad te importa. O puedes incluso usar ese tiempo en escribir tus pensamientos o sueños, pero no lo utilices para crear tus listas de cosas pendientes de hacer. :-) 
  • Comienza tu día de forma positiva. ¿Y esto qué no significa?. Tirarte al móvil nada más levantarte. Ya que la mayoría de nosotros utilizamos nuestro móvil como despertador, es muy fácil deslizarse a Twitter, Facebook o Instagram tan pronto como abrimos los ojos. . “Establece al menos un minuto de quietud nada más despertar y recita una afirmación positiva (un deseo, una intención, un agradecimiento…) como por ejemplo hoy voy a respetarme a mí mismo”, nos sugiere Bernstein, que ha creado una aplicación de despertador para móviles, Spirit Junkie. La idea es simple pero poderosa, al decir de esta joven feliz. “Cada mañana, cuando tu alarma del móvil suene, un mensaje positivo mío aparecerá en tu pantalla, de manera que puedas empezar tu día con una actitud confiada”. Siempre es mejor desintoxicarte a primera hora, antes de que el caos inunde tu día. 
  • Ten una cita contigo mismo una vez a la semana (y esto lo aconsejan todos los buscadores de felicidad, inspiración y calma). Es un hábito poderoso que te conviene crear a principios de año, ya que te compromete a dedicarte a ti mismo tiempo de gran calidad. En ese tiempo tuyo haz lo que de verdad te guste y te haga feliz; de esta manera, te sentirás cuidado y atendido de forma regular . Ya sea una clase de yoga, visitar el museo de tu pueblo o ciudad, un taller de arte, una buena comida en tu café favorito, un paseo por el parque escuchando tu música preferida o ir al cine sin compañía. Una cita contigo mismo te dará una sorprendente recarga de energía positiva y te hará sentir muy bien. 
  • Di no con amor, nos aconseja. “Es muy fácil dejarse atrapar por un comportamiento que complazca a otros, lo que inevitablemente acaba en un estallido de malestar resentido contigo mismo y con el prójimo. Pero si comienzas a decir no de forma amable desde el principio, eso lo cambia todo. ¿Qué significa decir no con amor? “En lugar de sentirte frustrado y enfadarte por no poder hacerlo todo, explica por qué esa tarea en particular es demasiado para ti. De esa manera, tú y la otra persona creáis un diálogo y la culpa desaparece de la ecuación (al menos la tuya, que es la que te importa). “Confía en que cuanto más honres tus propias necesidades, más energía tendrás para apoyar a otros”, nos asegura Gabrielle. 
Yo a este último punto lo llamo mantener abierto el corazón de par en par mientras cierras la puerta con firmeza.

Y no olvides mi receta básica favorita: Cada día, haz algo por tí mismo, algo por tu casa y algo por otro (no necesariamente lo que te pidan :-D).

Créeme, da resultado.

¡¡¡Feliz finde!!!




viernes, 21 de agosto de 2015

La felicidad como energía sostenible

No importan los años de tu vida; importa la vida de tus años
(Anónimo. Creo.)


Para mí, el éxito es disfrutar saludablemente de tu vida, haciendo lo que te dé la gana lo mejor que sepas, con pasión y convicción, en la certeza de que todo lo bueno que esperas llega (salgas o no en las páginas económicas y de sociedad de prensas verdes o amarillas), incluidos los millones y la buena salud si estas cosas están entre tus objetivos "de corazón" (muchas veces creemos que queremos algo pero no es así; lo que deseamos es la sensación que creemos que todo eso nos proporcionaría).

Fotografía de Rober Garrido Vázquez
Aclarado esto, seguimos a lo nuestro: la felicidad, ah ah ah ah. Que te recuerdo no es un destino definitivo donde te quedas a vivir un día determinado sino un objetivo y, a la vez, el camino de por vida que has decidido seguir para llegar al objetivo. Juas.


* * *


La energía sostenible es aquella capaz de satisfacer las necesidades presentes de nuestra sociedad sin comprometer los recursos y capacidades de las futuras generaciones. Esta energía está compuesta (otra vez la ecuación) de varias energías limpias alternativas como son la energía solar, térmica, hidroeléctrica, solar fotovoltaica, eólica, geotérmica, bioenergía, energía de fusión y otras más que no sé pronunciar).

Para llegar a una economía sostenible -energéticamente hablando- no tenemos más remedio que seguir un camino sensato: una reducción real del consumo de energía manteniendo los mismos servicios energéticos que ya tenemos,  y en el que la calidad de vida ha de ser la misma o mayor de la que ya disfrutamos. La contaminación debe reducirse así como el precio que pagamos por la energía que utilizamos, y la vida de los recursos disponibles ha de alargarse reduciendo, en el camino, el conflicto que todo este lío pudiera provocar. Complicado, pero posible.

Como particulares, podemos empujar el avance hacia ese objetivo utilizando las técnicas de eficiencia energética que están en nuestra mano (y Dios quiera que los gobiernos hagan su parte, amén), técnicas que deberían ser integradas en la sociedad la cual, de ningún modo, debería sufrir declives no razonables de los recursos o estabilidad social ni permitir daños significativos a los sistemas naturales. O sea, todo lo que todavía no estamos haciendo (aunque ya lo vemos como algo muy romántico, y eso es un paso :-D). 

Muchos hemos empezado a, por ejemplo, ahorrar en electricidad en casa y en la oficina porque nos parece un escándalo el incremento salvaje (más del 40%) que ha sufrido nuestra factura en los últimos años (justo ahora que nos viene refatal por la crisis... Sigue todo conectado). Tenemos al alcance de la mano información y consejos para que podamos reducir esa factura, por ejemplo, tomando medidas caseras de ahorro muy efectivas (utilizar bombillas de bajo consumo y reguladores de intensidad de luz en lugar de las bombillas incandescentes y los interruptores normalitos de toda la vida; apagar las luces en las habitaciones vacías; configurar nuestros televisores y ordenadores con la opción de bajo consumo; elegir electrodomésticos etiquetados como energía AAA o por lo menos A+, que son los más eficientes gastando menos; cambiando nuestra tarifa eléctrica ordinaria por una nocturna, etc.). 

Para mejorar nuestra calidad de vida y la vida de nuestro planeta (que supongo está pensando seriamente en divorciarse de nosotros y entonces ya nada estaría conectado) podemos dar unos cuantos y no tan complicados pasos, casi todos gratis y todos ellos beneficiosos. Se trata, sencillamente, de prestar atención y cambiar algunos de nuestros hábitos (no es tan terrible poner el lavaplatos a las once de la noche o la calefacción a 20-21 grados en vez de a 40, lo juro). 

* * *

La felicidad es otra energía sostenible capaz de satisfacer nuestras más básicas necesidades y cumplir nuestras más locas expectativas en cuanto a tener una buena vida. Además, es una energía muy agradecida pues nos sostiene en un punto perfecto de salud, contento y actitud sensata (no sé por qué los pesimistas se han apropiado la idea de ser los únicos realistas del planeta). ¿Por qué va a ser más verdad una catástrofe (un divorcio, una pérdida de trabajo, que tu caballo se rompa una pata) que un cambio? El divorcio puede significar tu libertad o que encuentres a un ovejero sueco; una pérdida de trabajo puede significar la oportunidad de hacer lo que siempre quisiste hacer, y que tu caballo se rompa una pata puede significar que no tengas que ir a la guerra porque exigen que vayas con caballo y sin él no vales para luchar :-D. Todo depende del punto de vista, en realidad. 

Una actitud negativa es también energía, sin duda, pero de la que merma tus recursos y los malgasta: se los come sin renovarlos, te mantiene en vilo sin necesidad real de ello, perjudica la salud (el estrés agudo provoca un sinnúmero de siniestros personales y laborales), te hace criticón y te pone a la defensiva sin haber sufrido ataque alguno, siempre piensas que alguien te debe algo (normalmente, el mundo entero) y, con ello, te sientes indefenso, frustrado y de mala hostia. Es muy difícil vivir feliz pensando que el mundo está equivocado, y saber que no va a adoptar tu sensato punto de vista puede provocar mucha frustración y desencanto en la especie elegida.

La mala noticia es que el mundo es como es y seguirá girando contigo o sin ti, te guste o no esta espeluznante e insensata idea. 

La sostenibilidad de tu alegría, como la de cualquier otra energía, pasa también por elegir un camino sensato; hacer algunos cambios en tus rutinas y adquirir nuevos hábitos (los que te convengan y convenzan). Pongo aquí una lista de algunas propuestas -unas propias y otras ajenas- que te servirán al menos para encontrar las tuyas, al estilo de: "Uy, pues a mi no me gusta nada bailar, prefiero hornear pan"... 
  • Pasear media hora sola por la playa o por tu barrio prestando atención a lo que ves (te sorprenderá lo que hay) 
  • Ducharte a oscuras (experiencia inenarrable; no lo hagas si tienes bañera de esas que escurren) 
  • Escribir sobre cinco vidas distintas que escogerías si te dieran a elegir (con todo detalle) 
  • Observar a la gente e inventarte la historia de sus vidas (esta es buenísima) 
  • Andar descalza por la playa 
  • Bailar a solas música loca 
  • Apuntar durante un mes -cada día- todo lo que has hecho bien (crea adicción) 
  • Cantar cuando no te oye nadie (o a salvo con seres de tu total confianza, que suelen cantar igual de mal que tú). Con micrófono :-D (espero cada año con ansia la Nochevieja por el karaoke familiar) 
  • Comer chocolate sin culpa (máximo una tableta; recuerda que luego eso se posa elegantemente en tus caderas) 
  • Leer (si te gusta) un día entero sin parar, tumbada en el sofá (en invierno, tapada con tu manta favorita) 
  • Cocinar (si te gusta) un plato difícil; puede que te salga bien, ¡qué intriga! 
  • Poner en orden (¡por fin!) tu álbum de fotos 
  • Una clase de italiano en el ordenador con Duolingo (aplicación de Google) pronunciando las palabras que te enseñan en voz alta (esta es genial) 
  • Un baño de espuma y aceite (aunque sea de oliva) 
  • Una charla con un/a buen amigo/a ante los restos de un buen postre 
  • Aprender algo nuevo (interesante, claro) 
  • Evocar momentos divertidos o felices (mientras colocas las fotos, por ejemplo) 
  • Leer con tus hijos Manolito Gafotas en voz alta (la risa está garantizada) 
  • Pescar salmón en Yemen y luego soltar el pez (sin ahumarlo). 
  • Haz acto de presencia - escucha - procura reír.
Y hay muchas más, pero aquí no caben.

La idea es que, quizás por comparación, se te ocurran otras técnicas particulares. Deja el ordenador y haz tu lista ahora. Luego, deja la lista y empieza a probar.

¡Feliz viernes!

Recordatorio del día: La mejor manera de vengarte de tu enemigo es vivir la mar de bien.

martes, 18 de agosto de 2015

Las siete vidas del gato (y mías)

El trabajo físico, más allá de ciertos límites, es una tortura atroz.
Bertrand Russell, La conquista de la felicidad


Me encanta mi vida, pero quiero tener más cosas, más experiencias, más casas, más, más... Pero me falta el tiempo y el don de la ubicuidad. En realidad, lo quiero TODO pero entiendo que tengo que ponerme un límite; por motivos prácticos más que nada.

Una de las cosas que siempre he querido tener: muchas vidas, como los gatos; entiendo que en una no me cabe todo. Y las quiero no una detrás de otra -eso, aparentemente, no está en mi mano- sino todas a la vez. Creía que eso no era posible, pero estaba equivocada.

Un día encontré la manera de vivirlas sin problemas y sin tener siquiera que molestarme en abrir un libro donde contasen la vida de otro...  Sólo tengo que cerrar los ojos y... Ahora soy un científico famoso del siglo XIX que descubrió una rarísima mariposa en la Polinesia; un cantante de rock de mediados del siglo XX, melenudo y que esnifa coca antes de salir a un iluminado escenario donde sus miles de fans gritan enloquecidos cuando aparece; el alter ego de Agatha Christie (con todas sus casas y algunas más); una escritora anónima que hereda de carambola un cottage en una isla caribeña, junto con un Cadillac dorado y una vieja bicicleta verde; una actriz inglesa de teatro de culto (signifique eso lo que signifique), un artista polifacético amancebado con una Médici (y también soy esa Médici :-D)...

*   *   *   *

Antigua y Barbuda es un país que está compuesto por treinta y siete islas, parte de las Antillas Menores, situadas entre el mar Caribe y el Océano Atlántico.

Este encantador y pequeño archipiélago, también llamado Tierra de las 365 playas, tiene una superficie total de 443 kilómetros cuadrados, y una población de 82.000 habitantes, el 90% de ellos de ascendencia africana (de cuando los esclavos fueron importados por los colonos ingleses para trabajar los campos de azúcar), con otra pequeña parte de mulatos, mestizos, raza blanca (poca) y judíos sefarditas (poquísimos). Solo sus dos islas mayores, Antigua y Barbuda, están habitadas (por humanos, que bichos hay un montón). Hay registros de haber estado habitadas ya hacia el año 2400 a.C. y sus primeros habitantes, los Siboneys (palabra arawak que significa gente de piedra) dejaron un bello legado en forma de herramientas, que fabricaron en piedra y concha. Mucho después de que los Siboneys desaparecieran (emigraron), llegaron a las islas los arawaks, amerindios provenientes de la parte sur del río Orinoco que se dedicaban al pastoreo y la agricultura. Los arawaks introdujeron en las islas, entre otros cultivos, la famosa Piña Negra de Antigua. Hacia el año  1100 a.C. muchos de los arawaks migraron y los pocos que quedaron fueron eliminados por los agresivos caribes, que conquistaron a su manera -muy bestia- casi todo el mar que hoy lleva su nombre. 

Y se quedaron con las islas. Y se comieron a unos cuantos, porque eran caníbales. ¡Hala, adiós, arawak culture! Después de tantos años, os quedáis sin casa y sin tierras... (¿Por qué todo el mundo hablará tan mal de los caribesssss?)

En su segundo viaje al Caribe, en 1493, Cristóbal Colón vio la isla principal de pasada, la bautizó con el nombre de Santa María la Antigua en honor de la milagrosa virgen sevillana y siguió su camino hacia donde fuera. Los europeos no se establecieron allí, sin embargo, hasta un siglo después debido, principalmente, a la falta de agua dulce en las islas y la determinación y la resistencia de los caribes a que les quitaran lo que ellos habían robado antes. (¡Qué tíos, oye!). Finalmente, en 1632, un grupo de ingleses provenientes de St. Kitts pudieron establecerse allí sin problemas de forma exitosa. Y en 1684, con la llegada de Lord Codrington (que da nombre a la capital de Barbuda), y de su mano, Antigua entró en la era del azúcar. Los nobles ingleses arrasaron las islas (las dos principales que dan nombre al país), repartiéndoselas entre unos cuantos y montando plantaciones de azúcar a tutiplen, con esclavos que se trajeron del norte de África para que se las cultivaran. Las islas florecieron en todos los sentidos, y los ingleses dueños de las plantaciones florecieron mucho más.

A finales del siglo XVIII, Antigua era un importante puerto estratégico así como una valiosa colonia comercial para los ingleses. En 1784, Nelson llegó a la cabeza del Escuadrón de las Islas Leeward, pero no fué muy bien recibido. Se pasó casi todo el tiempo que anduvo por allí en un cuartel que montó en su barco y, después de construir facilidades navales (con su nombre), se fue horripilado de las islas llamándolas lugar vil y asqueroso agujero, con lo que no me extraña que se pusiera a todos los isleños en su contra. Este Nelson... ¡Que poca diplomacia y qué falta de elegancia, diossssss! Además, es mentira, no hay más que mirar las fotos.

Todo se paga en esta vida y resulta que a los caribes también les llegó. Fueron eliminados en casi su totalidad  por un enemigo que no esperaban: las enfermedades europeas y africanas, la malnutrición y la esclavitud acabaron con la población nativa caribeña de estas maravillosas islas (aunque ningún científico actual se atreve a jurar que estas causas fueran la razón real de esta muerte de masas.

Se dice que los españoles no colonizaron Antigua y Barbuda por su falta de agua dulce y su sobra de caribes agresivos y caníbales. ¿Fueron unos caguetas? I wonder. Pero indudablemente perdieron su oportunidad de hacerse con unas tierras preciosas allende los mares.

En 1967, las islas se convirtieron en un Estado Asociado de la Commonwealth y en 1981 consiguieron la independencia total de los ingleses, aunque siguen perteneciendo a la asociación británica comunitaria y Elizabeth II es la primera reina de Antigua y Barbuda. Actualmente, Antigua y Barbuda viven principalísimamente del turismo, casi nada del azúcar, y algo del alquiler que les paga EE.UU. de América por mantener allí un punto militar estratégico. La lengua oficial es el inglés, aunque aún muchos nativos hablan criollo antiguo.

*   *   *   *

Y una de mis vidas, discurre en estos parajes... Concretamente en Barbuda.

"... He salido a por el correo esta mañana por pura rutina, aunque no sé para qué. Hace ya años que en el correo solo encuentro publicidad de presión --para que me cambie a otra compañía de telefonía móvil--, extractos bancarios tristísimos y algún que otro libro de Amazon que pedí anteayer.

Y a pesar de ello no desaparece, por lo visto, mi esperanza de encontrar un día un sobre de esos antiguos de Correo Aéreo, alargado y ligero, en horizontal, y bordeado de franjitas azules y rojas. Quizás llegue con un sello exótico en el que aparece un ave del paraíso de plumaje imposible y elegante pico naranja. Quizás venga de Trinidad, o de Antigua, o desde alguna otra isla que no conozco y solo puedo atinar a soñar. Quizás llegue con buenas noticias...

Un tío-abuelo del que nunca había oído hablar ha fallecido. Emigró allí en su temprana juventud y se hizo billonario con la caña de azúcar, o quizás con el ron. Le ha dejado todo a sus hijos y nietos, como es natural. Todo menos la primera casa que se construyó allí con sus primeros jornales, trabajando por cuenta ajena.

El tío-abuelo Emilio decidió instalarse en Barbuda, en la parte sur de la isla, donde empezó trabajando para un lord inglés que no atendía su patrimonio tan bien como atendía a sus amantes (entre ellos el juego y el ron). Enseguida hizo carrera y llegó a capataz, convirtiéndose en el hombre de confianza del noble.

La casa que se construyó en cuanto tuvo dos duros está a la orilla del mar (no existía entonces ninguna antipática ley de costas), la rodeó de palmeras verdes e hibiscos rojo sangre y plantó una buganvilla blanca que -según sus planes- trepó el porche con el tiempo y ahora le da sombra.

Y esa casa, me dicen unos primos que no conozco, me la ha dejado su padre a mi. Pero me la ha dejado con la condición de que pase allí al menos seis meses al año...

En la lectura del testamento, el notario me entrega tres fotos de la casa. En una de ellas se ve la casa de frente. Es una de esas casas que parecen de cuento, como las que hacen los ingleses o los suecos por Navidad, una casita de jengibre.

Es una casa de adobe (sea eso lo que sea) pintada de blanco y con el tejado rojo brillante. Tiene las ventanas y las contraventanas de madera, pintadas de naranja fuerte; la madera del porche está pintada de verde, del mismo verde casi que las hojas de la palmera que se mece con la brisa del mar y que le da sombra a la izquierda. El porche da a un jardincito donde la hierba está un poco descuidada,pero crece sana y sin calvas.

Aquí y allá matojos de flores que desconozco, de grandes pétalos y colores enredados, crecen alegremente sin fajas ni arandelas que sujeten erguidos. Entre esos ramos de flores, un caminito hecho con rodajas de árbol lleva hasta la cancela desconchada y sigue hasta el mar...

En la segunda foto que miro aparece lo que debe ser el patio de atrás. Es pequeño y alargado, y la parte que pega a la casa está techado de una especie de brezo muy oscuro y espeso (igual es brezo). Bajo el brezo, una mesa de madera grisácea y unas sillas que no conjuntan parecen esperar a alguien que se sienta allí a diario a comer o a tomar el té...

En la última foto se ve un lateral de la casa del que sale un techado como el del patio de atrás, sostenido por unos troncos que parecen de algo que no fueron palmeras. O alguien se molestó en pelarlas y pulirlas antes de convertirlas en vigas. El techado mantiene a la sombra un par de viejas bicicletas verdes y un más viejo todavía Cadillac dorado y polvoriento.

Las bicicletas tienen que ser rojas, pienso de forma automática mirando la foto. Y los Cadillacs viejos son blancos. Decido pintar las dos cosas en cuanto llegue. 

Porque desde luego que acepto mi legado y la condición que pone el tío Emilio, faltaría más.

Y antes de darme cuenta, ya he tomado posesión de mi casa de jengibre y he pintado el viejo Caddy y mis bicicletas.

Por la tarde instalo mi máquina de escribir en el porche, mirando al mar y a los matojos de flores, y me siento allí con un té helado --de hibisco--, que me acaba de preparar Sabine, mi nueva cocinera mestiza.

-El té es un obsequio de bienvenida de su vecina, la señora Elenjélen -me dice poniendo el té en la mesa.

¿Elenjélen será nombre o apellido?

Paso allí la tarde, sin pulsar ni una tecla, en el porche de mi casa de adobe (sea eso lo que sea), mirando el mar a través de mi jardín. He repintado también la vallita y la cancela de blanco, aquí me cunde mucho más el tiempo. Y mañana empezaré a pensar en plantar otra buganvilla -esta rojo fuego y de flor doble- y quizás poner un parterre de hierbas aromáticas a la puerta de la cocina..."

Paso unas tardes estupendas en el porche de mi casita en Barbuda, a las afueras de un pueblo que quizás se llame La Chantalle, o La Moyenne...

*     *     *

La ventaja de la imaginación es que me traslado de continente en cuanto lo pienso y nunca estoy cansada después del viaje: no registro los cambios horarios en el sueño ni tengo que comer a mis horas y a las del país a donde voy, inconvenientes de la vida real que siempre acaban pagando mis caderas.

En esas vidas no como ni duermo ni voy al toilet. En cuanto añoro mi loft en Nueva York o mi casa de Princes Street en Edimburgo, me puedo trasladar allí ipso facto desde Barbuda o Papeete sin necesidad de hacer reservas, preparar maletas, facturar, ser revisada de arriba abajo con aparatos que seguro emiten radiaciones malignas, renovar pasaporte cuando me viene peor, llevar agendas locas o arruinarme la vida y el bolsillo en billetes de primera clase (en mis otras vidas no existe la clase turista en ningún aspecto de mi vida). Tampoco tengo que lidiar con la adolescencia de los hijos, las fracturas de caderas de los padres ni las discusiones con uno o varios maridos. No tengo que contratar alarmas contra ladrones y asesinos porque en una de esas vidas el psicópata soy yo (siglo XVII en Edimburgo) y me las sé todas.

Este ejercicio de desbloqueo creativo (que es lo que en realidad es) te hace pasar muchísimos buenos ratos sin tener que plantearte si será bueno o malo para tus hijos, tu profesión o tu matrimonio, sin sentirte culpable por viajar siempre en primera o coleccionar viviendas como si fueran conchas marinas... Nada; en cuestión de desventajas no tiene ni una.

La imaginación al poder; no recuerdo quién lo dijo, pero ¡cuánta razón llevaba!

¿Qué otras cinco o seis vidas te gustaría vivir? Coge un papel y un boli y haz la lista. Luego, elige la que más te atraiga en ese momento y diséñala. No hay limite de dinero, tiempo, espacio, etc. Regodéate en los detalles, grandes  y pequeños, que adornan esa otra vida que estás diseñando. Busca fotos, recórtalas y haz un collage de esa vida. Vive un rato en ella de vez en cuando o a diario, como prefieras. Otra gente medita, reza, o hace yoga para recomponerse... ¿Por qué no vas tú a poder vivir en una pagoda japonesa una tarde? ¿O presentarte a un concurso de bailes de salón y ganar?

Además de egoísta soy bastante perezosa, y como vivir otras vidas mías no requiere ningún esfuerzo físico que me agote, esta actividad me encanta; estar sudorosa y sin aliento no es parte de mi felicidad. No me produce satisfacción, no me siento más realizada ni mejor persona; solo me pone de mal humor.

Y, lo mejor: este ejercicio tiene un tremendo poder terapéutico para ponerte de buen humor y alegrarte el día. Escribiendo este artículo he vuelto a sorprenderme cuando he encontrado en el buzón una carta que no era de Movistar, he sentido de nuevo la pena (muy poca) por la muerte del tío Emilio y el alegrón por la herencia ha vuelto a ser de aúpa. He vuelto a quedarme sin aliento al ver por primera vez mi casita de Barbuda desde el otro lado de la valla; de nuevo sin respiración cuando he vuelto a ver el mar desde el porche. Por no hablar del aroma del té de hibisco rojo sangre que no me he tenido que preparar yo (para variar)... Vamos, que me he quedado lista para el resto del día.

Creo que la imaginación es una herramienta fundamental en el asunto de nuestra felicidad. No solo por la posibilidad que te ofrece de vivir esas otras vidas ilusorias que te alegran el día, sino porque te brinda la oportunidad de vivir esta vida real de forma mucho más satisfactoria. Y la satisfacción es un punto básico en el esqueleto de nuestra felicidad.

Y hay muchas formas de utilizar la imaginación. No dejes de probar cuáles son las más adecuadas para ti.










viernes, 14 de agosto de 2015

Piense y hágase rico

Se ha extraído mucho más oro de los pensamientos de los hombres
que de la tierra (Napoleón Hill)


Nacido en 1883 en una cabaña a la orilla del River Pound (Virginia, USA) en la más tristísima pobreza, a los diez años perdió a su madre y dos años después su padre volvió a casarse. Se convirtió entonces en un chico furioso y muy rebelde pero llegó a ser un hombre increíble. Está considerado a día de hoy como el personaje más influyente de la historia en haber llevado a cientos de miles de personas al éxito personal y financiero.

Napoleón Hill comenzó a escribir a los trece años para pequeños periódicos locales de su zona y con esos escasos ingresos se pagó los estudios de derecho; trabajó como periodista y abogado de éxito y todavía joven llegó a convertirse en el hombre más amado y respetado de todos los autores motivacionales de su época. Luchando contra todo tipo de desventajas y presiones, Hill dedicó más de 25 años de su vida a definir las razones por las que tanta gente fallaba a la hora de alcanzar el verdadero éxito financiero y la felicidad en sus vidas. Su filosofía, plasmada en su libro Piense y hágase rico ha ayudado a millones de personas y ha sido fundamental en las vidas de mucha gente de éxito. Sus 87 años de vida -desde los 13, todos ellos en activo- son considerados como los más fructíferos de toda la historia moderna.

Su vida cambió para mejor todavía cuando tuvo la oportunidad única de entrevistar al magnate del acero Andrew Carnegie (sí, sí, el del famoso Carnegie Hall neoyorkino y fundador de la U.S. Steel Company) quien, al ver el despabile de Hill, quiso llevar a cabo una idea que le rondaba la cabeza desde hacía tiempo: Mr. Carnegie encargó a Hill que entrevistara a los 500 hombres más ricos de Norteamérica con el objeto de encontrar una fórmula del éxito que pudiera ser utilizada con efectividad por cualquier persona corriente y moliente. Pasmado por la propuesta, Hill cuenta que se asustó viéndose todas las pegas y obstáculos del asunto encima en una sola visión negrísima y... dijo que sí, que aceptaba el encargo.

Napoleón Hill entrevistó a todos los millonarios de Norteamérica conocidos por aquél entonces en el mundo de las finanzas y a otros hombres de éxito en otros y variados campos. Entre esos quinientos entrevistó a Thomas Edison (bombilla eléctrica, fonógrafo y miles de inventos más), Alexander Graham Bell (teléfono), Henry Ford (¿quién no lo conoce?), Elmer Gates (la espuma extinguefuegos y experto en el comportamiento de la mente), Charles Schwab (presidente a los 35 años de la U.S. Steel de Carnegie), Theodore Roosevelt (presidente del que luego fué asesor), George Eastman (fotografía), Woodrow Wilson (otro presi al que asesoró), John D. Rockefeller, F. Woolworth (grandes almacenes)... Y tras veinte años de entrevistar, clasificar, ordenar y sacar conclusiones publicó la fórmula del éxito en el libro Piense y hágase rico que, de inmediato, arrasó en ventas y le hizo multimillonario. Aún hoy el libro se sigue reeditando y publicando y tenemos la fórmula mágica para lograr cualquier cosa que deseemos en cualquier área de nuestra vida al alcance de la mano. Otro camino que lleva a Roma.

Los puntos básicos de su filosofía, probada y comprobada en sí mismo y en otros muchos son:
  • Todos los hombres a los que entrevistó Napoleón Hill tenían una cosa en común: antes de su éxito, estos personajes pensaban ya en sí mismos como poseedores de aquello que deseaban tan ardientemente conseguir ser, hacer o tener (en este caso concreto, dinerales a espuertas).
  • Todos se ceñían con firmeza a su objetivo y la persistencia era un mandato sine qua non.
  • Ninguno consideró nunca sus fracasos y/o errores como algo importante; para ellos era algo temporal, y había que cambiar de perspectiva, nunca de objetivo. Y todos aseguraron a Hill que la mejor forma de fracasar es creer en la posibilidad de fracasar.
  • Henry Ford le reveló un secreto: "Si cree que puede conseguirlo, tiene razón; si cree que  no puede hacerlo, también la tiene". Al parecer el éxito tiene un sentido del humor bastante peculiar y algo negro, y los aparentes fracasos son la semilla de los grandes éxitos... aunque al principio no lo parezcan ni de blas.
  • Ninguno de estos hombres sobresalientes se dejaron seducir por críticas ajenas (provinieran de familiares o desconocidos), intentos de soborno, chantajes, internamiento en psiquiátricos (los hubo por parte de familias del personaje en muchos casos), pues se guiaban exclusivamente por su sueño y/objetivo confiando exclusivamente en sí mismos y en que lo conseguirían antes o después (con la ayuda de Dios o sin ella :-D).
  • Casi el 98% de ellos fueron honestos consigo mismos en sus tratos con los demás y en los negocios (al menos, al principio :-), sin romper su propia ética en ningún momento. Según Napoleón Hill la deshonestidad es una vía directa y segura al fracaso antes o después. Ya lo leímos en la explicación de la Ley de Atracción de Abraham-Hicks: Un viaje accidentado nunca tiene un final feliz :-D.
  • El éxito a cualquier nivel tampoco requiere de estudios en escuelas de renombre (Edison fué a la escuela de su pueblo durante solo tres meses en su vida), ni enchufes, apadrinamientos, conexiones con el poder ni apellidos prestigiosos. El verdadero éxito sólo requiere un deseo bestia de algo concreto, que perseguirás con ahínco inquebrantable mientras llevas orejeras que no te dejarán ver otra cosa que tu objetivo final como deseo cumplido... hasta que lo cumplas, tardes lo que tardes en hacerlo.
  • No importa de qué tipo sea el objetivo: financiero, profesional, ser madre, cantante de blues, tener la plantación de mangos más productiva del Caribe o... tu propia felicidad.
De todos los puntos que ordenó y clasificó Hill como principalísimos en su filosofía, señaló dos fundamentales: el deseo ardiente de conseguirlo y la perseverancia. Y justo cuando yo me preguntaba si con eso se nace o se hace (porque en perseverancia no soy maestra), llego al punto de su libro en que resume los

Cuatro pasos muy sencillos hacia la perseverancia
  1. Un propósito definido y apoyado por el ardiente deseo de cumplirlo.
  2. Un plan definido expresado por acciones continuas (grandes o pequeñas pero sostenidas) hacia el objetivo.
  3. Ser irreductible en el propósito de alejar de nosotros todas las posibles influencias negativas, incluyendo sugerencias debilitantes y malajes por parte de parientes, amigos, conocidos y desconocidos o supuestos entendidos en el tema.
  4. Una alianza amistosa con una o más personas que nos estimulen a seguir adelante con el plan o propósito que tenemos en mente.
Hill consideraba que estos cuatro pasos son esenciales para alcanzar el éxito en cualquier área de la vida, y no hay más secreto. Declara que todo el propósito de los principios de su filosofía del éxito es capacitar a cualquier persona para dar esos pasos hasta que los mismos constituyan un hábito, una forma automática de pensar y actuar.

Ya vamos viendo que antiguos y modernos, herméticos o no, todos los gurús del éxito y la felicidad dicen lo mismo: el protagonista de la película eres tú; tú eres el guionista, el productor ejecutivo, el cámara, el director de casting encargado de escoger a los personajes secundarios; incluso el encargado de vestuario y ambientación de tu película eres tú.

¡Qué responsabilidad! ¿Querremos asumir ese costo y esfuerzo para alcanzar ese sueño que casi no nos deja dormir? ¿O elegiremos la vía cómoda y nos dejaremos arrastrar a la callada desesperación en la que se vive tan ricamente?

En fin, hay mucho que pensar. Sobre todo si queremos ser felices... y/o millonarios.

:-D :-D :-D

P.S. No olvidemos que cualquier deseo de nuestro corazón nos honra y nos hace crecer.