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martes, 18 de agosto de 2015

Las siete vidas del gato (y mías)

El trabajo físico, más allá de ciertos límites, es una tortura atroz.
Bertrand Russell, La conquista de la felicidad


Me encanta mi vida, pero quiero tener más cosas, más experiencias, más casas, más, más... Pero me falta el tiempo y el don de la ubicuidad. En realidad, lo quiero TODO pero entiendo que tengo que ponerme un límite; por motivos prácticos más que nada.

Una de las cosas que siempre he querido tener: muchas vidas, como los gatos; entiendo que en una no me cabe todo. Y las quiero no una detrás de otra -eso, aparentemente, no está en mi mano- sino todas a la vez. Creía que eso no era posible, pero estaba equivocada.

Un día encontré la manera de vivirlas sin problemas y sin tener siquiera que molestarme en abrir un libro donde contasen la vida de otro...  Sólo tengo que cerrar los ojos y... Ahora soy un científico famoso del siglo XIX que descubrió una rarísima mariposa en la Polinesia; un cantante de rock de mediados del siglo XX, melenudo y que esnifa coca antes de salir a un iluminado escenario donde sus miles de fans gritan enloquecidos cuando aparece; el alter ego de Agatha Christie (con todas sus casas y algunas más); una escritora anónima que hereda de carambola un cottage en una isla caribeña, junto con un Cadillac dorado y una vieja bicicleta verde; una actriz inglesa de teatro de culto (signifique eso lo que signifique), un artista polifacético amancebado con una Médici (y también soy esa Médici :-D)...

*   *   *   *

Antigua y Barbuda es un país que está compuesto por treinta y siete islas, parte de las Antillas Menores, situadas entre el mar Caribe y el Océano Atlántico.

Este encantador y pequeño archipiélago, también llamado Tierra de las 365 playas, tiene una superficie total de 443 kilómetros cuadrados, y una población de 82.000 habitantes, el 90% de ellos de ascendencia africana (de cuando los esclavos fueron importados por los colonos ingleses para trabajar los campos de azúcar), con otra pequeña parte de mulatos, mestizos, raza blanca (poca) y judíos sefarditas (poquísimos). Solo sus dos islas mayores, Antigua y Barbuda, están habitadas (por humanos, que bichos hay un montón). Hay registros de haber estado habitadas ya hacia el año 2400 a.C. y sus primeros habitantes, los Siboneys (palabra arawak que significa gente de piedra) dejaron un bello legado en forma de herramientas, que fabricaron en piedra y concha. Mucho después de que los Siboneys desaparecieran (emigraron), llegaron a las islas los arawaks, amerindios provenientes de la parte sur del río Orinoco que se dedicaban al pastoreo y la agricultura. Los arawaks introdujeron en las islas, entre otros cultivos, la famosa Piña Negra de Antigua. Hacia el año  1100 a.C. muchos de los arawaks migraron y los pocos que quedaron fueron eliminados por los agresivos caribes, que conquistaron a su manera -muy bestia- casi todo el mar que hoy lleva su nombre. 

Y se quedaron con las islas. Y se comieron a unos cuantos, porque eran caníbales. ¡Hala, adiós, arawak culture! Después de tantos años, os quedáis sin casa y sin tierras... (¿Por qué todo el mundo hablará tan mal de los caribesssss?)

En su segundo viaje al Caribe, en 1493, Cristóbal Colón vio la isla principal de pasada, la bautizó con el nombre de Santa María la Antigua en honor de la milagrosa virgen sevillana y siguió su camino hacia donde fuera. Los europeos no se establecieron allí, sin embargo, hasta un siglo después debido, principalmente, a la falta de agua dulce en las islas y la determinación y la resistencia de los caribes a que les quitaran lo que ellos habían robado antes. (¡Qué tíos, oye!). Finalmente, en 1632, un grupo de ingleses provenientes de St. Kitts pudieron establecerse allí sin problemas de forma exitosa. Y en 1684, con la llegada de Lord Codrington (que da nombre a la capital de Barbuda), y de su mano, Antigua entró en la era del azúcar. Los nobles ingleses arrasaron las islas (las dos principales que dan nombre al país), repartiéndoselas entre unos cuantos y montando plantaciones de azúcar a tutiplen, con esclavos que se trajeron del norte de África para que se las cultivaran. Las islas florecieron en todos los sentidos, y los ingleses dueños de las plantaciones florecieron mucho más.

A finales del siglo XVIII, Antigua era un importante puerto estratégico así como una valiosa colonia comercial para los ingleses. En 1784, Nelson llegó a la cabeza del Escuadrón de las Islas Leeward, pero no fué muy bien recibido. Se pasó casi todo el tiempo que anduvo por allí en un cuartel que montó en su barco y, después de construir facilidades navales (con su nombre), se fue horripilado de las islas llamándolas lugar vil y asqueroso agujero, con lo que no me extraña que se pusiera a todos los isleños en su contra. Este Nelson... ¡Que poca diplomacia y qué falta de elegancia, diossssss! Además, es mentira, no hay más que mirar las fotos.

Todo se paga en esta vida y resulta que a los caribes también les llegó. Fueron eliminados en casi su totalidad  por un enemigo que no esperaban: las enfermedades europeas y africanas, la malnutrición y la esclavitud acabaron con la población nativa caribeña de estas maravillosas islas (aunque ningún científico actual se atreve a jurar que estas causas fueran la razón real de esta muerte de masas.

Se dice que los españoles no colonizaron Antigua y Barbuda por su falta de agua dulce y su sobra de caribes agresivos y caníbales. ¿Fueron unos caguetas? I wonder. Pero indudablemente perdieron su oportunidad de hacerse con unas tierras preciosas allende los mares.

En 1967, las islas se convirtieron en un Estado Asociado de la Commonwealth y en 1981 consiguieron la independencia total de los ingleses, aunque siguen perteneciendo a la asociación británica comunitaria y Elizabeth II es la primera reina de Antigua y Barbuda. Actualmente, Antigua y Barbuda viven principalísimamente del turismo, casi nada del azúcar, y algo del alquiler que les paga EE.UU. de América por mantener allí un punto militar estratégico. La lengua oficial es el inglés, aunque aún muchos nativos hablan criollo antiguo.

*   *   *   *

Y una de mis vidas, discurre en estos parajes... Concretamente en Barbuda.

"... He salido a por el correo esta mañana por pura rutina, aunque no sé para qué. Hace ya años que en el correo solo encuentro publicidad de presión --para que me cambie a otra compañía de telefonía móvil--, extractos bancarios tristísimos y algún que otro libro de Amazon que pedí anteayer.

Y a pesar de ello no desaparece, por lo visto, mi esperanza de encontrar un día un sobre de esos antiguos de Correo Aéreo, alargado y ligero, en horizontal, y bordeado de franjitas azules y rojas. Quizás llegue con un sello exótico en el que aparece un ave del paraíso de plumaje imposible y elegante pico naranja. Quizás venga de Trinidad, o de Antigua, o desde alguna otra isla que no conozco y solo puedo atinar a soñar. Quizás llegue con buenas noticias...

Un tío-abuelo del que nunca había oído hablar ha fallecido. Emigró allí en su temprana juventud y se hizo billonario con la caña de azúcar, o quizás con el ron. Le ha dejado todo a sus hijos y nietos, como es natural. Todo menos la primera casa que se construyó allí con sus primeros jornales, trabajando por cuenta ajena.

El tío-abuelo Emilio decidió instalarse en Barbuda, en la parte sur de la isla, donde empezó trabajando para un lord inglés que no atendía su patrimonio tan bien como atendía a sus amantes (entre ellos el juego y el ron). Enseguida hizo carrera y llegó a capataz, convirtiéndose en el hombre de confianza del noble.

La casa que se construyó en cuanto tuvo dos duros está a la orilla del mar (no existía entonces ninguna antipática ley de costas), la rodeó de palmeras verdes e hibiscos rojo sangre y plantó una buganvilla blanca que -según sus planes- trepó el porche con el tiempo y ahora le da sombra.

Y esa casa, me dicen unos primos que no conozco, me la ha dejado su padre a mi. Pero me la ha dejado con la condición de que pase allí al menos seis meses al año...

En la lectura del testamento, el notario me entrega tres fotos de la casa. En una de ellas se ve la casa de frente. Es una de esas casas que parecen de cuento, como las que hacen los ingleses o los suecos por Navidad, una casita de jengibre.

Es una casa de adobe (sea eso lo que sea) pintada de blanco y con el tejado rojo brillante. Tiene las ventanas y las contraventanas de madera, pintadas de naranja fuerte; la madera del porche está pintada de verde, del mismo verde casi que las hojas de la palmera que se mece con la brisa del mar y que le da sombra a la izquierda. El porche da a un jardincito donde la hierba está un poco descuidada,pero crece sana y sin calvas.

Aquí y allá matojos de flores que desconozco, de grandes pétalos y colores enredados, crecen alegremente sin fajas ni arandelas que sujeten erguidos. Entre esos ramos de flores, un caminito hecho con rodajas de árbol lleva hasta la cancela desconchada y sigue hasta el mar...

En la segunda foto que miro aparece lo que debe ser el patio de atrás. Es pequeño y alargado, y la parte que pega a la casa está techado de una especie de brezo muy oscuro y espeso (igual es brezo). Bajo el brezo, una mesa de madera grisácea y unas sillas que no conjuntan parecen esperar a alguien que se sienta allí a diario a comer o a tomar el té...

En la última foto se ve un lateral de la casa del que sale un techado como el del patio de atrás, sostenido por unos troncos que parecen de algo que no fueron palmeras. O alguien se molestó en pelarlas y pulirlas antes de convertirlas en vigas. El techado mantiene a la sombra un par de viejas bicicletas verdes y un más viejo todavía Cadillac dorado y polvoriento.

Las bicicletas tienen que ser rojas, pienso de forma automática mirando la foto. Y los Cadillacs viejos son blancos. Decido pintar las dos cosas en cuanto llegue. 

Porque desde luego que acepto mi legado y la condición que pone el tío Emilio, faltaría más.

Y antes de darme cuenta, ya he tomado posesión de mi casa de jengibre y he pintado el viejo Caddy y mis bicicletas.

Por la tarde instalo mi máquina de escribir en el porche, mirando al mar y a los matojos de flores, y me siento allí con un té helado --de hibisco--, que me acaba de preparar Sabine, mi nueva cocinera mestiza.

-El té es un obsequio de bienvenida de su vecina, la señora Elenjélen -me dice poniendo el té en la mesa.

¿Elenjélen será nombre o apellido?

Paso allí la tarde, sin pulsar ni una tecla, en el porche de mi casa de adobe (sea eso lo que sea), mirando el mar a través de mi jardín. He repintado también la vallita y la cancela de blanco, aquí me cunde mucho más el tiempo. Y mañana empezaré a pensar en plantar otra buganvilla -esta rojo fuego y de flor doble- y quizás poner un parterre de hierbas aromáticas a la puerta de la cocina..."

Paso unas tardes estupendas en el porche de mi casita en Barbuda, a las afueras de un pueblo que quizás se llame La Chantalle, o La Moyenne...

*     *     *

La ventaja de la imaginación es que me traslado de continente en cuanto lo pienso y nunca estoy cansada después del viaje: no registro los cambios horarios en el sueño ni tengo que comer a mis horas y a las del país a donde voy, inconvenientes de la vida real que siempre acaban pagando mis caderas.

En esas vidas no como ni duermo ni voy al toilet. En cuanto añoro mi loft en Nueva York o mi casa de Princes Street en Edimburgo, me puedo trasladar allí ipso facto desde Barbuda o Papeete sin necesidad de hacer reservas, preparar maletas, facturar, ser revisada de arriba abajo con aparatos que seguro emiten radiaciones malignas, renovar pasaporte cuando me viene peor, llevar agendas locas o arruinarme la vida y el bolsillo en billetes de primera clase (en mis otras vidas no existe la clase turista en ningún aspecto de mi vida). Tampoco tengo que lidiar con la adolescencia de los hijos, las fracturas de caderas de los padres ni las discusiones con uno o varios maridos. No tengo que contratar alarmas contra ladrones y asesinos porque en una de esas vidas el psicópata soy yo (siglo XVII en Edimburgo) y me las sé todas.

Este ejercicio de desbloqueo creativo (que es lo que en realidad es) te hace pasar muchísimos buenos ratos sin tener que plantearte si será bueno o malo para tus hijos, tu profesión o tu matrimonio, sin sentirte culpable por viajar siempre en primera o coleccionar viviendas como si fueran conchas marinas... Nada; en cuestión de desventajas no tiene ni una.

La imaginación al poder; no recuerdo quién lo dijo, pero ¡cuánta razón llevaba!

¿Qué otras cinco o seis vidas te gustaría vivir? Coge un papel y un boli y haz la lista. Luego, elige la que más te atraiga en ese momento y diséñala. No hay limite de dinero, tiempo, espacio, etc. Regodéate en los detalles, grandes  y pequeños, que adornan esa otra vida que estás diseñando. Busca fotos, recórtalas y haz un collage de esa vida. Vive un rato en ella de vez en cuando o a diario, como prefieras. Otra gente medita, reza, o hace yoga para recomponerse... ¿Por qué no vas tú a poder vivir en una pagoda japonesa una tarde? ¿O presentarte a un concurso de bailes de salón y ganar?

Además de egoísta soy bastante perezosa, y como vivir otras vidas mías no requiere ningún esfuerzo físico que me agote, esta actividad me encanta; estar sudorosa y sin aliento no es parte de mi felicidad. No me produce satisfacción, no me siento más realizada ni mejor persona; solo me pone de mal humor.

Y, lo mejor: este ejercicio tiene un tremendo poder terapéutico para ponerte de buen humor y alegrarte el día. Escribiendo este artículo he vuelto a sorprenderme cuando he encontrado en el buzón una carta que no era de Movistar, he sentido de nuevo la pena (muy poca) por la muerte del tío Emilio y el alegrón por la herencia ha vuelto a ser de aúpa. He vuelto a quedarme sin aliento al ver por primera vez mi casita de Barbuda desde el otro lado de la valla; de nuevo sin respiración cuando he vuelto a ver el mar desde el porche. Por no hablar del aroma del té de hibisco rojo sangre que no me he tenido que preparar yo (para variar)... Vamos, que me he quedado lista para el resto del día.

Creo que la imaginación es una herramienta fundamental en el asunto de nuestra felicidad. No solo por la posibilidad que te ofrece de vivir esas otras vidas ilusorias que te alegran el día, sino porque te brinda la oportunidad de vivir esta vida real de forma mucho más satisfactoria. Y la satisfacción es un punto básico en el esqueleto de nuestra felicidad.

Y hay muchas formas de utilizar la imaginación. No dejes de probar cuáles son las más adecuadas para ti.










sábado, 28 de febrero de 2015

Algunas cosas sobre el amor que quizás no sabías

Si nunca te han roto el corazón o tienes mucha suerte o estás muy solo
Anónimo

Dicen que el amor es puro, doloroso, dulce y te llena de dudas en ocasiones. Da igual el tipo de amor que sea: el verdadero amor abruma siempre. Nuestras vidas dependen de él y a menudo creemos que, si dejara de existir, el mundo se pararía. El amor es algo que perseguimos y por lo que nos esforzamos; y algo cuya ausencia lloramos cuando lo perdemos.

Hemos aprendido acerca de los procesos biológicos (ciertos y probados, por otra parte) que causan reacciones específicas; también sabemos de las influencias culturales sobre cómo comportarnos y pensar acerca del amor; aprendemos los procesos fisiológicos y psicológicos que hace que nos enamoremos de alguien. Llegamos a pensar que ya no queda sitio para el romance en un mundo explicado científicamente. Y de repente nos enamoramos --o simplemente miramos a los ojos de nuestro amad@-- y todo ese conocimiento que tenemos, toda esa teoría científica que entendemos a la perfección, desaparece. Al final decidimos que el sentimiento en sí es lo que más importa.

Arreglando mi despacho anteayer dí con una caja en la que tenía guardado el manuscrito, los tres borradores, la solicitud de ISBN, los derechos de copyright, entrevistas que hice a muchas personas conocidas o asaltadas por mí en comidas, cenas y fiestas a las que era invitada,  y varios artículos de consulta de un libro que publiqué (con nombre artístico) hace cuatro años sobre conquista y seducción, chicos, chicas y todo eso. En unos apuntes míos encontré una serie de curiosidades acerca de qué pensaban los entrevistados acerca del amor. Estuvieran enredados o no en ese momento en una relación, y fuera ésta monógama o "de prueba", con papeles o sin ellos, todas estas personas miraban con ojos soñadores al infinito cuando contestaban a mis preguntas sobre los efectos del amor en sus vidas y la importancia que tenía en ellas.

No todos lo ven de la misma manera, no en todos ellos el amor tiene los mismos efectos, pero aquí apunto algunas de esas ideas pues todos los entrevistados tuvieron algo amable que decir al respecto (incluso uno al que acababan de romperle el corazón). Ahí van por si queréis darle un pensamiento al asunto:


  • Sólo tardas 4 minutos en decidir si te gusta alguien o no, así que si quieres causarle una buena impresión a un futurible, ya sabes: solo tienes cuatro minutos para hacerlo. Y está comprobado que esto tiene mucho más que ver con el lenguaje corporal que con el verbal. Es decir, tiene más que ver con cómo dices lo que dices que con lo que dices concretamente.
  • Cuando dos personas que se quieren se miran a los ojos durante tres minutos, el ritmo cardíaco de ambos se sincroniza.
  • Enamorarse tiene efectos neurológicos parecidos a los de la cocaína; una cosa y la otra afectan al cerebro de forma similar produciendo el mismo tipo de euforia. :-D
  • Loa abrazos de 11 segundos de duración o más liberan oxitocina, la llamada hormona del amor. Ésta, según estudios serios, aparece en el cerebro, los ovarios y los testículos y alivia los dolores de cabeza de forma significativa.
  • Incluso solo mirar la fotografía de un ser querido alivia el dolor. Ya se sabía que la presencia de alguien amado mejora el estado de salud de los pacientes, pero ahora se sabe que también lo hace el mero hecho de mirar una foto de alquien a quien amas.
  • Aunque la Ley de Atracción dice que lo igual se atrae, en asuntos amorosos se ha comprobado que dos personas demasiado similares en carácter o personalidad no acabarán como pareja (a menos que se empeñen, claro). También es cierto que, en general, dos personas de atractivo físico parecido se atraerán de forma natural.
  • El corazón roto no es solo una metáfora. Hay estudios donde se prueba que acontecimientos traumáticos importantes como un divorcio, la pérdida o la separación física de un ser querido o la traición por parte de uno de ellos puede producir un dolor físico real en la zona cardíaca, y esta condición tiene nombre: Síndrome del Corazón Roto.
  • El amor romántico acaba... sólo para que empiece el amor comprometido.  Al principio de una relación romántica la pareja será muy diferente un año o año y medio más tarde. Se estima que ese amor romántico ligado a la euforia, dependencia, palmas sudorosas, mariposas en el estómago y similares solo dura entre 18 y 36 meses. Después de este tiempo comienza la fase llamada "amor comprometido".  (Hay quien aguanta el tirón y quien no lo aguanta, por supuesto).
  • La gente enamorada tienen similaridades químicas con gente que sufre de DOC (desorden obsesivo-compulsivo). Hay estudios que muestras que la gente en los primeros estadios del enamoramiento tienen niveles bajos de serotonina (hormona asociada a los sentimientos de felicidad y bienestar) y más altos niveles de cortisol (hormona asociada al estrés), que es también el estado hormonal de los obsesivos-compulsivos. Quizás esto explica por qué actuamos como actuamos cuando estamos enamorados en primera fase. 
  • Pensar en amor y sexo influye en la creatividad y en el pensamiento concreto enfocado, respectivamente.

Como ya comentaba no hace mucho no es única alternativa tener una sola pareja para toda la vida pero como dato curioso añadiré que las parejas monógamas de por vida no solo existen en el reino humano sino a todo lo largo y ancho del resto del reino animal. Por ejemplo, son monógamos  hasta que la muerte los separa los lobos, los cisnes, los buitres negros, los albatros (¿albatroses?) e incluso las termitas...

Un magnífico (y precioso) estudio que llevó a cabo la universidad norteamericana de Harvard a lo largo de 75 años ha demostrado que el amor es todo lo que de verdad importa. Las experiencias a lo largo de toda la vida de los participantes revelaron que su felicidad y su satisfacción vital siempre giró en torno al amor o la búsqueda del mismo.

¡Feliz finde!


domingo, 7 de septiembre de 2014

Recupera la confianza: 6 pasos ineludibles para lograrlo

No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices
Robert L. Stevenson

No existe un solo ser humano que nazca falto de confianza o seguridad en sí mismo. No hay bebé que no haga saber con claridad lo que quiere (y eso que aún no hablan); no existe el bebé que tema que la vida le fallará; no hay ningún bebé que dé por hecho que no conseguirá lo que quiere... Y no existe, ni ha existido ni existirá ningún niño menor de cuatro años que no sepa lo que quiere en este preciso momento. Aunque no se lo diga a mamá o papá.

Cuándo perdimos esa confianza o seguridad en alcanzar nuestros objetivos o sueños es menos importante que descubrir cómo lo hicimos y muchísimo menos importante que saber cómo recuperarlas. Cómo volver a ser nosotros mismos es, ahora, lo más importante por descubrir. 

La confianza de los niños...
¿Qué podemos hacer para reconvertir esa auto-confianza bajo mínimos que mostramos con cierta frecuencia a otros mediante nuestro lenguaje no verbal, aquélla que sabíamos dejar más que clara al resto del mundo cuando aún no sabíamos ni hablar? ¿Cómo empezar de nuevo a actuar y sentirnos más como nosotros mismos de nuevo? Satisfechos. Plenos. Contentos a pesar de errores o fallos que no convertiremos automáticamente en fracasos insuperables y deprimentes.

La buena noticias es que la confianza en uno mismo es una habilidad que se puede re-aprender y alimentar ad infinitum. Como cualquier otra habilidad implica pasos y acciones específicos que hemos de practicar hasta que sean parte de nosotros mismos de nuevo.

Pero no podremos avanzar y cambiar esos hábitos de inseguridad si no los miramos de frente. La clave de cualquier cambio es el ser consciente no solo de dónde queremos estar sino ser conscientes de dónde nos encontramos en este momento. Tenemos que admitir cuál es el problema y saber cómo se manifiesta en nuestra vida. ¿Qué le están haciendo a nuestra vida en este momento los pensamientos, acciones y elecciones basados en la poca confianza que tenemos en nuestra valía personal? ¿En qué áreas de nuestra vida puede que otros nos estén percibiendo como débiles o inseguros? Sé honesto contigo mismo y admite dónde necesitas una inyección de confianza. Escríbelo y así lo verás más claro.

En el fondo, tenemos todas las respuestas que nos conciernen pero muchas veces nos dan miedo. Es como si las respuestas fueran algo misterioso y oscuro que nos amenazan con la confirmación de nuestro poco merecido lugar en el mundo o la constatación de nuestra invalidez permanente para cualquier cosa que emprendamos. Las respuestas nunca son misteriosas ni oscuras, todo lo contrario; son precisamente aclaraciones de esos pensamientos y creencias confusos y enredados que arrastramos sin saber muy bien cómo manejar. La respuesta es, precisamente, ese aclaratorio que buscamos cuando queremos emprender algo nuevo. O sea, que no vale la excusa del miedo a la claridad cuando lo que estamos es manoteando en la oscuridad. Una locura bastante más habitual de lo que creemos.

Una vez aclarado el misterio de en qué punto estamos en cuanto a la confianza que tenemos, en general, en nosotros mismos, en la vida y en nuestras posibilidades, podemos dar esos seis pasos que terminarán de rematarnos para bien. 

Encuentra el origen desde donde se disparan tus dudas acerca de tí mismo. Una vez identificado el punto o puntos en los que tu confianza hace aguas, sigue excavando e intenta averiguar el "por qué". ¿Hubo un detonante concreto --en tu infancia o en un pasado reciente-- que minó tu confianza? ¿Es todavía ese detonante una realidad objetiva en tu vida? La mayor parte de las veces es únicamente el recuerdo doloroso de un suceso lo que nos mantiene atascados en la vía del poco aprecio por nosotros mismos. Ya no existe ninguna verdad acerca de aquel evento. Y saberlo, ser consciente de ello, te pone de nuevo en tu sitio: al mando de los controles de tu vida. Porque hasta tu lógica entenderá que es muy distinto creerse indigno que serlo.

Re-evalúa la verdad presente de tu vida. Si el suceso aquél --ya antiguo por nuevo que parezca de traerlo tanto al pensamiento-- que disparó todas tus terminaciones dolorosas ya no es real ni actual, encuentra evidencias que contradigan y desautoricen el evento. ¿No has sido capaz de aprender a andar? ¿No has sido capaz de graduarte? ¿No has sido capaz de utilizar la cuchara o el bolígrafo? ¿No has sido capaz de aprender y conseguir nada de nada de nada? Y aún así... ¿qué tendría eso de indigno? A veces, muy a menudo, confundimos nuestras propias expectativas con las de padres y maestros frustrados que quieren que hagamos lo que ellos hubieran querido ser capaces de hacer y no se sintieron con las habilidades necesarias para llevarlo a cabo. Como dice mi amiga Rakel: "Consejos vendo que para mi no tengo"...

Busca auténticas situaciones positivas presentes en tu vida actual que reflejen tu verdadero nivel de valor, confianza y fuerza. Hay --porque las hay-- muchas situaciones positivas en tu vida y las descubrirás si miras con verdadera atención. Dicho de otro modo: entrena a tu mente para ver "lo bueno en el todo". Habla de tus bienes más de lo que sueles hablar de tus males, y hazlo con afabilidad y alegría, sin ser pomposo (no te hace falta presumir). Si realmente te lo propusieras, ¿acerca de qué podrías sonreír sincera y amablemente ahora mismo?

Traza un programa realista de acciones positivas. Si ves que necesitas hacer algo para mejorar algo en tí mismo, tus habilidades o conocimientos, o tu nivel de confort en tu vida en cuanto a una situación concreta, determina exactamente qué necesitas hacer y crea una lista de acciones adecuadas a ello. Puede que necesites cambiar de enfoque tu vida profesional, o sencillamente cambiar tu perspectiva respecto a ello. Puede que necesites ver a un consejero para que te ayude a deshacerte de tus heridas o inseguridades más dolorosas. Cualquier campo en el que percibas una necesidad de mejora, investiga, decide cuál es el primer paso a dar y prográmate para introducirlo en tu rutina. Luego, deja que ese primer paso lleve al segundo e incorpora este también a tu rutina. Y así hasta rematar.

Verás que, haciendo esto, automáticamente, van mejorando otros aspectos con los que tampoco estabas muy contenta. [Muchas veces, el descontento general nos hace pensar que nuestra vida es invivible por todos los problemas que nos acosan y que no sabemos resolver, dejándonos abrumar por el descontento hasta el punto en que no damos ningún paso hacia el deseado bienestar general en nuestra vida. Y todo acaba haciéndose una bola.]

Ejercita tu confianza y/o tu seguridad. Si alimentas tu confianza tus miedos difusos morirán de hambre. Practica la confianza en situaciones pequeñas y manejables actuando con seguridad --incluso si no te sientes segura. Preséntate a alguien nuevo. Rétate a hacer algo más allá de tu zona de confort... Según vayas dando pasos en este sentido y observando algún éxito en estas pequeñas situaciones te irás sintiendo más y más confiado. Tu confianza, al aumentar de forma real, te permitirá abordar situaciones cada vez más "arriesgadas" que tendrán una mayor recompensa a la larga.

Contempla el lado positivo del fallo. Henry Ford decía que el éxito es ir tropezando de fallo en fallo sin perder el entusiasmo. Solo porque hayas enfrentado muchas derrotas en tu vida no significa que hayas sido derrotado. El fallo es el condimento que le da verdadero sabor al éxito cuando finalmente se alcanza. Cada vuelta equivocada que le hayas dado a la tuerca es una parte necesaria en tu camino hacia el crecimiento y éxito seguros. Lo que aprendes de tus fallos lo puedes aplicar en tu próximo esfuerzo para aumentar las posibilidades de éxito.

Concéntrate en la colaboración y en tu aportación. En ocasiones nos quedamos estancados en nosotros mismos, dando vueltas y vueltas en círculo sin saber por dónde romperlo. Nos enfocamos demasiado en nuestras propias percepciones y no en las necesidades de otros. Esto nos hace sentir como si el mundo girase a nuestro alrededor y nos hace más conscientes acerca de todo lo "malo" que ocurre. Así que libérate de tu pensamiento en círculo y concéntrate más en la contribución o aportación que estás haciendo a otros. De esta manera te preocupas menos acerca de tus fallos y flaquezas porque todo tendrá menos que ver CONTIGO. Esto incrementará tu auto-confianza y te permitirá contribuir a la felicidad de los que te rodean. Y cuando contemples el efecto positivo que ejerces en otros serás recompensado con sentimientos amplificados de auto-confianza y seguridad.


Prestando atención a tus comportamientos de poca auto-confianza y estima no solo te abrirás a aspectos donde necesitas mejorar y reforzarte sino que también comenzarás el proceso de re-definir cómo eres percibido por otros. La confianza en uno mismo es una de las más atractivas cualidades que podemos poseer. No dejes que la tuya se mantenga bajo mínimos y te mantenga a ti por debajo de tu mejor versión de ti mismo. No tendrá ese poder si tú no se lo das.

Y recuerda: no se trata de lo inteligente seas, lo bien vestido que vayas ni lo mucho que sepas; se trata de poner manos a la obra y, con lo que ya sabes, cambiar tu vida para mejor. Haz algo hoy mismo para convertirte en la persona segura, exitosa y feliz que se esconde dentro de ti. Leer esto te habrá ayudado muy posiblemente a dar el primer paso... no te pares ahí.

Si quieres comentar algo sobre este artículo, o compartir tus pensamientos, estaré encantada de publicarlos. Por ejemplo, ¿qué te ha ayudado en tu vida a disparar tu confianza en tiempos de inseguridad?

Te deseo un feliz y confiado resto de domingo.