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martes, 18 de agosto de 2015

Las siete vidas del gato (y mías)

El trabajo físico, más allá de ciertos límites, es una tortura atroz.
Bertrand Russell, La conquista de la felicidad


Me encanta mi vida, pero quiero tener más cosas, más experiencias, más casas, más, más... Pero me falta el tiempo y el don de la ubicuidad. En realidad, lo quiero TODO pero entiendo que tengo que ponerme un límite; por motivos prácticos más que nada.

Una de las cosas que siempre he querido tener: muchas vidas, como los gatos; entiendo que en una no me cabe todo. Y las quiero no una detrás de otra -eso, aparentemente, no está en mi mano- sino todas a la vez. Creía que eso no era posible, pero estaba equivocada.

Un día encontré la manera de vivirlas sin problemas y sin tener siquiera que molestarme en abrir un libro donde contasen la vida de otro...  Sólo tengo que cerrar los ojos y... Ahora soy un científico famoso del siglo XIX que descubrió una rarísima mariposa en la Polinesia; un cantante de rock de mediados del siglo XX, melenudo y que esnifa coca antes de salir a un iluminado escenario donde sus miles de fans gritan enloquecidos cuando aparece; el alter ego de Agatha Christie (con todas sus casas y algunas más); una escritora anónima que hereda de carambola un cottage en una isla caribeña, junto con un Cadillac dorado y una vieja bicicleta verde; una actriz inglesa de teatro de culto (signifique eso lo que signifique), un artista polifacético amancebado con una Médici (y también soy esa Médici :-D)...

*   *   *   *

Antigua y Barbuda es un país que está compuesto por treinta y siete islas, parte de las Antillas Menores, situadas entre el mar Caribe y el Océano Atlántico.

Este encantador y pequeño archipiélago, también llamado Tierra de las 365 playas, tiene una superficie total de 443 kilómetros cuadrados, y una población de 82.000 habitantes, el 90% de ellos de ascendencia africana (de cuando los esclavos fueron importados por los colonos ingleses para trabajar los campos de azúcar), con otra pequeña parte de mulatos, mestizos, raza blanca (poca) y judíos sefarditas (poquísimos). Solo sus dos islas mayores, Antigua y Barbuda, están habitadas (por humanos, que bichos hay un montón). Hay registros de haber estado habitadas ya hacia el año 2400 a.C. y sus primeros habitantes, los Siboneys (palabra arawak que significa gente de piedra) dejaron un bello legado en forma de herramientas, que fabricaron en piedra y concha. Mucho después de que los Siboneys desaparecieran (emigraron), llegaron a las islas los arawaks, amerindios provenientes de la parte sur del río Orinoco que se dedicaban al pastoreo y la agricultura. Los arawaks introdujeron en las islas, entre otros cultivos, la famosa Piña Negra de Antigua. Hacia el año  1100 a.C. muchos de los arawaks migraron y los pocos que quedaron fueron eliminados por los agresivos caribes, que conquistaron a su manera -muy bestia- casi todo el mar que hoy lleva su nombre. 

Y se quedaron con las islas. Y se comieron a unos cuantos, porque eran caníbales. ¡Hala, adiós, arawak culture! Después de tantos años, os quedáis sin casa y sin tierras... (¿Por qué todo el mundo hablará tan mal de los caribesssss?)

En su segundo viaje al Caribe, en 1493, Cristóbal Colón vio la isla principal de pasada, la bautizó con el nombre de Santa María la Antigua en honor de la milagrosa virgen sevillana y siguió su camino hacia donde fuera. Los europeos no se establecieron allí, sin embargo, hasta un siglo después debido, principalmente, a la falta de agua dulce en las islas y la determinación y la resistencia de los caribes a que les quitaran lo que ellos habían robado antes. (¡Qué tíos, oye!). Finalmente, en 1632, un grupo de ingleses provenientes de St. Kitts pudieron establecerse allí sin problemas de forma exitosa. Y en 1684, con la llegada de Lord Codrington (que da nombre a la capital de Barbuda), y de su mano, Antigua entró en la era del azúcar. Los nobles ingleses arrasaron las islas (las dos principales que dan nombre al país), repartiéndoselas entre unos cuantos y montando plantaciones de azúcar a tutiplen, con esclavos que se trajeron del norte de África para que se las cultivaran. Las islas florecieron en todos los sentidos, y los ingleses dueños de las plantaciones florecieron mucho más.

A finales del siglo XVIII, Antigua era un importante puerto estratégico así como una valiosa colonia comercial para los ingleses. En 1784, Nelson llegó a la cabeza del Escuadrón de las Islas Leeward, pero no fué muy bien recibido. Se pasó casi todo el tiempo que anduvo por allí en un cuartel que montó en su barco y, después de construir facilidades navales (con su nombre), se fue horripilado de las islas llamándolas lugar vil y asqueroso agujero, con lo que no me extraña que se pusiera a todos los isleños en su contra. Este Nelson... ¡Que poca diplomacia y qué falta de elegancia, diossssss! Además, es mentira, no hay más que mirar las fotos.

Todo se paga en esta vida y resulta que a los caribes también les llegó. Fueron eliminados en casi su totalidad  por un enemigo que no esperaban: las enfermedades europeas y africanas, la malnutrición y la esclavitud acabaron con la población nativa caribeña de estas maravillosas islas (aunque ningún científico actual se atreve a jurar que estas causas fueran la razón real de esta muerte de masas.

Se dice que los españoles no colonizaron Antigua y Barbuda por su falta de agua dulce y su sobra de caribes agresivos y caníbales. ¿Fueron unos caguetas? I wonder. Pero indudablemente perdieron su oportunidad de hacerse con unas tierras preciosas allende los mares.

En 1967, las islas se convirtieron en un Estado Asociado de la Commonwealth y en 1981 consiguieron la independencia total de los ingleses, aunque siguen perteneciendo a la asociación británica comunitaria y Elizabeth II es la primera reina de Antigua y Barbuda. Actualmente, Antigua y Barbuda viven principalísimamente del turismo, casi nada del azúcar, y algo del alquiler que les paga EE.UU. de América por mantener allí un punto militar estratégico. La lengua oficial es el inglés, aunque aún muchos nativos hablan criollo antiguo.

*   *   *   *

Y una de mis vidas, discurre en estos parajes... Concretamente en Barbuda.

"... He salido a por el correo esta mañana por pura rutina, aunque no sé para qué. Hace ya años que en el correo solo encuentro publicidad de presión --para que me cambie a otra compañía de telefonía móvil--, extractos bancarios tristísimos y algún que otro libro de Amazon que pedí anteayer.

Y a pesar de ello no desaparece, por lo visto, mi esperanza de encontrar un día un sobre de esos antiguos de Correo Aéreo, alargado y ligero, en horizontal, y bordeado de franjitas azules y rojas. Quizás llegue con un sello exótico en el que aparece un ave del paraíso de plumaje imposible y elegante pico naranja. Quizás venga de Trinidad, o de Antigua, o desde alguna otra isla que no conozco y solo puedo atinar a soñar. Quizás llegue con buenas noticias...

Un tío-abuelo del que nunca había oído hablar ha fallecido. Emigró allí en su temprana juventud y se hizo billonario con la caña de azúcar, o quizás con el ron. Le ha dejado todo a sus hijos y nietos, como es natural. Todo menos la primera casa que se construyó allí con sus primeros jornales, trabajando por cuenta ajena.

El tío-abuelo Emilio decidió instalarse en Barbuda, en la parte sur de la isla, donde empezó trabajando para un lord inglés que no atendía su patrimonio tan bien como atendía a sus amantes (entre ellos el juego y el ron). Enseguida hizo carrera y llegó a capataz, convirtiéndose en el hombre de confianza del noble.

La casa que se construyó en cuanto tuvo dos duros está a la orilla del mar (no existía entonces ninguna antipática ley de costas), la rodeó de palmeras verdes e hibiscos rojo sangre y plantó una buganvilla blanca que -según sus planes- trepó el porche con el tiempo y ahora le da sombra.

Y esa casa, me dicen unos primos que no conozco, me la ha dejado su padre a mi. Pero me la ha dejado con la condición de que pase allí al menos seis meses al año...

En la lectura del testamento, el notario me entrega tres fotos de la casa. En una de ellas se ve la casa de frente. Es una de esas casas que parecen de cuento, como las que hacen los ingleses o los suecos por Navidad, una casita de jengibre.

Es una casa de adobe (sea eso lo que sea) pintada de blanco y con el tejado rojo brillante. Tiene las ventanas y las contraventanas de madera, pintadas de naranja fuerte; la madera del porche está pintada de verde, del mismo verde casi que las hojas de la palmera que se mece con la brisa del mar y que le da sombra a la izquierda. El porche da a un jardincito donde la hierba está un poco descuidada,pero crece sana y sin calvas.

Aquí y allá matojos de flores que desconozco, de grandes pétalos y colores enredados, crecen alegremente sin fajas ni arandelas que sujeten erguidos. Entre esos ramos de flores, un caminito hecho con rodajas de árbol lleva hasta la cancela desconchada y sigue hasta el mar...

En la segunda foto que miro aparece lo que debe ser el patio de atrás. Es pequeño y alargado, y la parte que pega a la casa está techado de una especie de brezo muy oscuro y espeso (igual es brezo). Bajo el brezo, una mesa de madera grisácea y unas sillas que no conjuntan parecen esperar a alguien que se sienta allí a diario a comer o a tomar el té...

En la última foto se ve un lateral de la casa del que sale un techado como el del patio de atrás, sostenido por unos troncos que parecen de algo que no fueron palmeras. O alguien se molestó en pelarlas y pulirlas antes de convertirlas en vigas. El techado mantiene a la sombra un par de viejas bicicletas verdes y un más viejo todavía Cadillac dorado y polvoriento.

Las bicicletas tienen que ser rojas, pienso de forma automática mirando la foto. Y los Cadillacs viejos son blancos. Decido pintar las dos cosas en cuanto llegue. 

Porque desde luego que acepto mi legado y la condición que pone el tío Emilio, faltaría más.

Y antes de darme cuenta, ya he tomado posesión de mi casa de jengibre y he pintado el viejo Caddy y mis bicicletas.

Por la tarde instalo mi máquina de escribir en el porche, mirando al mar y a los matojos de flores, y me siento allí con un té helado --de hibisco--, que me acaba de preparar Sabine, mi nueva cocinera mestiza.

-El té es un obsequio de bienvenida de su vecina, la señora Elenjélen -me dice poniendo el té en la mesa.

¿Elenjélen será nombre o apellido?

Paso allí la tarde, sin pulsar ni una tecla, en el porche de mi casa de adobe (sea eso lo que sea), mirando el mar a través de mi jardín. He repintado también la vallita y la cancela de blanco, aquí me cunde mucho más el tiempo. Y mañana empezaré a pensar en plantar otra buganvilla -esta rojo fuego y de flor doble- y quizás poner un parterre de hierbas aromáticas a la puerta de la cocina..."

Paso unas tardes estupendas en el porche de mi casita en Barbuda, a las afueras de un pueblo que quizás se llame La Chantalle, o La Moyenne...

*     *     *

La ventaja de la imaginación es que me traslado de continente en cuanto lo pienso y nunca estoy cansada después del viaje: no registro los cambios horarios en el sueño ni tengo que comer a mis horas y a las del país a donde voy, inconvenientes de la vida real que siempre acaban pagando mis caderas.

En esas vidas no como ni duermo ni voy al toilet. En cuanto añoro mi loft en Nueva York o mi casa de Princes Street en Edimburgo, me puedo trasladar allí ipso facto desde Barbuda o Papeete sin necesidad de hacer reservas, preparar maletas, facturar, ser revisada de arriba abajo con aparatos que seguro emiten radiaciones malignas, renovar pasaporte cuando me viene peor, llevar agendas locas o arruinarme la vida y el bolsillo en billetes de primera clase (en mis otras vidas no existe la clase turista en ningún aspecto de mi vida). Tampoco tengo que lidiar con la adolescencia de los hijos, las fracturas de caderas de los padres ni las discusiones con uno o varios maridos. No tengo que contratar alarmas contra ladrones y asesinos porque en una de esas vidas el psicópata soy yo (siglo XVII en Edimburgo) y me las sé todas.

Este ejercicio de desbloqueo creativo (que es lo que en realidad es) te hace pasar muchísimos buenos ratos sin tener que plantearte si será bueno o malo para tus hijos, tu profesión o tu matrimonio, sin sentirte culpable por viajar siempre en primera o coleccionar viviendas como si fueran conchas marinas... Nada; en cuestión de desventajas no tiene ni una.

La imaginación al poder; no recuerdo quién lo dijo, pero ¡cuánta razón llevaba!

¿Qué otras cinco o seis vidas te gustaría vivir? Coge un papel y un boli y haz la lista. Luego, elige la que más te atraiga en ese momento y diséñala. No hay limite de dinero, tiempo, espacio, etc. Regodéate en los detalles, grandes  y pequeños, que adornan esa otra vida que estás diseñando. Busca fotos, recórtalas y haz un collage de esa vida. Vive un rato en ella de vez en cuando o a diario, como prefieras. Otra gente medita, reza, o hace yoga para recomponerse... ¿Por qué no vas tú a poder vivir en una pagoda japonesa una tarde? ¿O presentarte a un concurso de bailes de salón y ganar?

Además de egoísta soy bastante perezosa, y como vivir otras vidas mías no requiere ningún esfuerzo físico que me agote, esta actividad me encanta; estar sudorosa y sin aliento no es parte de mi felicidad. No me produce satisfacción, no me siento más realizada ni mejor persona; solo me pone de mal humor.

Y, lo mejor: este ejercicio tiene un tremendo poder terapéutico para ponerte de buen humor y alegrarte el día. Escribiendo este artículo he vuelto a sorprenderme cuando he encontrado en el buzón una carta que no era de Movistar, he sentido de nuevo la pena (muy poca) por la muerte del tío Emilio y el alegrón por la herencia ha vuelto a ser de aúpa. He vuelto a quedarme sin aliento al ver por primera vez mi casita de Barbuda desde el otro lado de la valla; de nuevo sin respiración cuando he vuelto a ver el mar desde el porche. Por no hablar del aroma del té de hibisco rojo sangre que no me he tenido que preparar yo (para variar)... Vamos, que me he quedado lista para el resto del día.

Creo que la imaginación es una herramienta fundamental en el asunto de nuestra felicidad. No solo por la posibilidad que te ofrece de vivir esas otras vidas ilusorias que te alegran el día, sino porque te brinda la oportunidad de vivir esta vida real de forma mucho más satisfactoria. Y la satisfacción es un punto básico en el esqueleto de nuestra felicidad.

Y hay muchas formas de utilizar la imaginación. No dejes de probar cuáles son las más adecuadas para ti.










domingo, 8 de marzo de 2015

El cerebro masculino: entendernos es un milagro (I)


La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto,
no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.
Henry Van Dyke

Aunque hasta la octava semana de vida todos los fetos tienen circuitos cerebrales del mismo tipo (de tipo femenino, por cierto), a partir de ahí los mini testículos del feto masculino comienzan a liberar testosterona en grandísimas cantidades, hormona con la que impregnan los circuitos cerebrales y los transforman del tipo femenino en masculino.

Diferencias entre cerebros masculino y femenino
Esta es la explicación de que el centro cerebral que los entendidos denominan zona del impulso sexual dobla su tamaño en el cerebro masculino. Pero lo que no sabíamos hasta que nos lo contó la neuropsiquiatra americana Louann Brizendinne es que esa zona sexual dobla su tamaño a costa reducir el centro de comunicación y el tamaño del córtex de audición. Vamos, que se lo echan todo al hombro :-D

En el caso de las niñas la cosa es un poquito más compleja: al no verse expuestos  a semejante huracán de testosterona, en los circuitos cerebrales femeninos de la recién nacida algunas zonas son más grandes y otras más pequeñas que en el cerebro del chico. Porque no hay ninguna pérdida en su centro de comunicación ni en su córtex de audición. 
  
Aunque al nacer todos tenemos ya definido si nuestros circuitos cerebrales son masculinos o femeninos, las diferencias van aumentando y, para cuando llegamos a este mundo, la diferencia real está plenamente desarrollada, aunque no se empezará a hacer patente hasta los 4 años.

A partir de ahí, los hombres y las mujeres piensan, deciden --¡y hasta compran!-- de forma diferente. Así que, por más que nos pese, ya no podremos echarle la culpa al otro de que no nos entendemos, no escuchamos, oímos demasiado o sólo lo que queremos oír, porque es un detallito del que se ha encargado la Naturaleza y no hay más. Quizás no fue, como pensamos todos y todas, un castigo el hecho de no entendernos casi nunca sino que quizás fue un regalo; el hecho de que tengamos que esforzarnos por entender al otro desarrolla en cada persona tremendas habilidades malabares y funambulistas propias que harán de ella una persona única y singular, sin sosías posible. Mira siempre lo positivo, es mejor. 

Dice la neuropsiquiatría que las hormonas son las que manejan todas las conductas y condicionan activamente el comportamiento social y sexual  del hombre, lo impulsan a competir, a destacarse, a ganar, a explorar y a resolver problemas. Así que, siendo todo cuestión de hormonas, ¿cuáles son las que hacen que los hombres siempre lleven razón aunque no escuchen y nosotras no entendamos los mapas aunque sepamos siempre dónde está el departamento de moda en El Corte Inglés?

En los hombres, la testosterona manda, y tiene su razón de ser:  es la hormona que le da al chico su fastidiosa característica dominante y ese afán de poder tan molesto; es la que lo enfoca en modo láser hacia sus objetivos (a veces, uno de ellos eres tú) y lo impulsa a destacarse entre los otros chicos. A su vez, la testosterona hace que se genere la feromona llamada androstenediona, que es la que le da al sudor masculino ese olor caractertístico a eau sauvage y activa su conducta sexual y agresiva, empujándolo a buscar a su pareja y a encontrarla. Cuestión de olfato.

Cerebro masculino, según los cánones clásicos
Cuentan también con la vasopresina, hormona propiciadora del ritual de apareo y, ¡oh sorpresa!, también lo es de la monogamia; esta encantadora hormona estimula a los chicos de la raza humana a proteger y defender su territorio, a su mujer y a sus hijos y, junto a la testosterona, esta vasopresina exalta la masculinidad. 

La oxitocina brinda al hombre esa capacidad de empatía que las mujeres nunca encontramos en nuestro ex y hace posible que un hombre experimente amor, confianza y apego. También es la hormona que disminuye a su rival, la hormona del estrés y de la presión sanguínea. Le ayuda, además, a generar sentimientos de seguridad y la que hace que se nos queden dormidos después del coito (o sea, que esto también lo ha decidido la Naturaleza; por algo será, quizás para evitar conversaciones peligrosas en momentos vulnerables).

Nuestros chicos tienen también una SIM, como los teléfonos móviles. Es la Sustancia Inhibidora Mülleriana, culpable de la intrepidez del macho. Es la sustancia que lo libera de su parte femenina, asunto esencial para generar su impulso exploratorio.

La prolactina propicia la conducta paterna y disminuye el deseo sexual (es la que lo hace levantarse a media noche como un resorte para atender al niño con fiebre) favoreciendo el descanso de la mujer; y el cortisol es el encargado de hacer reaccionar al macho con violencia cuando se siente en peligro (especialmente en tu presencia, en la presencia de su jefe o de su madre); también es la que lo predispone a la lucha.

La dopamina funciona como vigorizante y produce un exceso de entusiasmo en el hombre, tanto en el juego sexual como en deportes de riesgo y juego brusco (a veces mezclan todo un poco).

El estrógeno, fuerte de las mujeres, es el único capaz de aumentar en el hombre el deseo de mostrar cariño a su pareja, convirtiéndolo en un ser amoroso y afectuoso.

En resumen, que el cerebro del hombre y su biología hace que viva una realidad propia, muy distinta a la femenina, que trasciende ampliamente su conducta sexual y lo convierte, además, en una máquina para encontrar soluciones.

Son tan completos que no tenemos más remedio que preguntarnos: ¿Y qué ha dejado la Naturaleza para las chicas, aparte de la imbatible habilidad de planchar?

Lo veremos la semana que viene para no liarnos. Quizás en esta semana podamos dedicar un tiempo a reflexionar sobre este asunto del cerebro masculino y esforzarnos en entender su funcionamiento.

Que la oxitocina, la prolactina y el estrógeno llene este domingo vuestros hogares.




domingo, 21 de septiembre de 2014

¿Crees que ya eres todo lo inteligente que puedes?

Si no puedes enseñarlo de forma sencilla,
no lo has entendido con la suficiente claridad (Albert Einstein)

Puede que creamos que la inteligencia se nos asigna en la infancia o juventud en un porcentaje fijo e inamovible que no podremos cambiar. Pero estamos equivocados, según la ciencia, si pensamos que es así. La forma en que enfrentamos situaciones —sean éstas de poca o mucha importancia para nosotros— y lo que hacemos para alimentar nuestros cerebros pueden aumentar significativamente nuestra potencia mental. Eso afirma Jessica Stillman en su artículo de Bussiness Insider del 24 de julio.

Aumentar nuestra inteligencia no requiere, necesariamente, volver a la escuela o universidad o comprometer gran parte de nuestro tiempo y energía en el estudio de asuntos profundos y complicados.
Hace poco, un investigador en el campo de la eficiencia y perfeccionamiento personal del sitio Quora, lanzó la siguiente pregunta a la comunidad del foro: ¿Qué harías para ser un poco más inteligente cada día?

Las respuestas llovieron; desde mediadores a profesores y empresarios o estudiantes universitarios y científicos aportaron sugerencias de lo que a ellos les había sido muy útil en este sentido. ¿Cuáles de estas diez ideas podrías y querrías incorporar a tu rutina diaria?

10 pequeñas cosas que podemos hacer a diario para ser más inteligentes


  1. Escribe acerca de lo que has aprendido. Escribe unas 400 palabras cada día sobre cosas que hayas aprendido. No tiene que ser un texto largo o bonito pero reservar unos cuantos minutos para reflejar por escrito lo que hayas aprendido cada día incrementa y estimula tu poder mental, aseguran desde Biosciences Inc.
  2. Haz una lista de “completado”.Una gran parte de la inteligencia se compone de confianza y felicidad, así que estimula ambos parándote un momento y enumerando no todo lo que te queda por hacer sino todas las cosas que ya has rematado. Hacer una lista de “ya lo he hecho” te llevará a observar y ser consciente de todas las cosas que YA has conseguido.
  3. Ser más listo respecto a tu tiempo online. El tiempo que pasas navegando por la red no tiene que estar dedicado al cien por cien a chequear tu FB o mirar enternecido cientos de páginas de perritos nadadores. Internet está lleno también de recursos de aprendizaje buenísimos, como Coursera.org (cursos gratuitos, interesantísimos y de todo tipo, impartidos por universidades de todo el mundo), herramientas de construcción y aprendizaje de vocabulario en prácticamente cualquier idioma, los intrigantes TED talks... “Cambia algunos minutos de perros superdotados por algo que alimente tu mente de otra manera”, contestaron algunos de los interrogados de Quora.
  4. Practica los juegos de mesa. Ajedrez, Scrabble, jugar a los barquitos, al bridge o la continental, no importa cuál, estimula tu cerebro hasta niveles increíbles. Los juegos de mesa y los rompecabezas no son solo divertidos sino que pueden hacer mucho por tu cerebro.
  5. Lee mucho. Aunque este consejo no es sorprendente y seguro que te lo esperabas, leer es, definitivamente, esencial. En cuanto a los temas que más estimulan el cerebro, las opiniones varían y las respuestas de los encuestados iban desde desarrollar el hábito diario de leer el periódico hasta una amplia variedad de ficción y no ficción, pero todos estaban de acuerdo en que la cantidad sí importa. Lee a lo bestia.
  6. Ten amigos inteligentes. Esto puede que ser duro en ocasiones para tu estima pero tratar con amigos y compañeros muy inteligentes es una de las más rápidas maneras de aprender. “Rodéate e interacciona de forma habitual con ellos. Recuerda que tu CI es la media de las cinco personas más cercanas con las que te relacionas de forma habitual”, dice el director cuentas en el foro de Quora. “Siempre habrá gente más inteligente que tú en áreas concretas; sé humilde, recuerda que eres único y valioso, y aprende de ellos, que también lo son. Yo paso el mayor tiempo posible con mi equipo de técnicos; nunca he tenido problemas en aceptar que soy, como mucho, un programador medio y que tengo aún mucho que aprender de otros.”
  7. Tómate un descanso. Médicos, psicólogos, maestros de yoga y entrenadores mentales aconsejan siempre: “Siéntate en silencio un rato cada día”. La necesidad de un tiempo y un espacio para procesar todo lo que hemos aprendido nos exige tomarnos un respiro de la continua estimulación mental a la que, voluntaria o involuntariamenete, nos sometemos. Para tu monólogo interior durante un rato cada día sentándote en silencio y con los ojos cerrados. O piensa mientras corres o nadas.
  8. Haz cosas nuevas de forma aleatoria. En su respuesta a cuestionario de Quora, el blogero Shane Parrish (Farnam Street, interesantísimo y fascinante blog) contó que Steve Job tomó un curso de caligrafía de joven cuando, al dejar el instituto, se encontró con un montón de tiempo libre. Aparentemente, no parecía muy útil pero el futuro fundador de Apple adquirió unas habilidades de diseño en ese curso que fueron aplicadas más tarde en los primeros ordenadores Mac. Nunca sabes lo que te será útil el día de mañana, así que aprende cosas nuevas que te atraigan y no dudes de que, en su momento, encajarán de forma perfecta en tu futuro. Aunque en el momento en que lo aprendes por puro placer no le veas la utilidad... la tendrá en tu vida, sin duda.
  9. Aprende un nuevo idioma. No necesitas convertirte en un bilingüe del checo o irte a vivir a un país extranjero para aprender el idioma que hayas elegido. Puedes trabajar a tu ritmo desde la comodidad de tu escritorio y, aún así, disfrutar de esos premios en forma de majora mental. Hay muchos sitios buenos y gratuitos donde hacerlo: Livemocha o Busuu., por ejemplo. Y una vez que tengas aprendidos los mecanismos básicos de ese nuevo idioma, pásate a Memrise donde tu aprendizaje se disparará.
  10. Explícaselo a otros. "Si no puedes explicarlo de forma sencillas, no lo has entendido con suficiente claridad", decía Albert Einstein. Los encuestados de Quora están de acuerdo. Asegúrate de que has aprendido de verdad lo que crees que has aprendido y de que esa información está realmente bien asentada en tu memoria tratando de enseñárselo a otros. “Asegúrate de que puedes explicárselo a otro”, dicen desde el foro los encuestados. Y uno de los estudiantes del foro comenta: “Sea grande o peqqueño lo que aprendas, sigue con ello el tiempo suficiente como para que puedas explicárselo a un amigo. Es muy fácil aprender algo nuevo. Ser capaz de retenerlo y enseñárselo a otros es mucho más valioso. Nadie da importancia a esto, pero el papel de guía que hace el que enseña no solo lo aprovecha su alumno sino que engrandece y expande la vida del que enseña algo”.