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viernes, 21 de agosto de 2015

La felicidad como energía sostenible

No importan los años de tu vida; importa la vida de tus años
(Anónimo. Creo.)


Para mí, el éxito es disfrutar saludablemente de tu vida, haciendo lo que te dé la gana lo mejor que sepas, con pasión y convicción, en la certeza de que todo lo bueno que esperas llega (salgas o no en las páginas económicas y de sociedad de prensas verdes o amarillas), incluidos los millones y la buena salud si estas cosas están entre tus objetivos "de corazón" (muchas veces creemos que queremos algo pero no es así; lo que deseamos es la sensación que creemos que todo eso nos proporcionaría).

Fotografía de Rober Garrido Vázquez
Aclarado esto, seguimos a lo nuestro: la felicidad, ah ah ah ah. Que te recuerdo no es un destino definitivo donde te quedas a vivir un día determinado sino un objetivo y, a la vez, el camino de por vida que has decidido seguir para llegar al objetivo. Juas.


* * *


La energía sostenible es aquella capaz de satisfacer las necesidades presentes de nuestra sociedad sin comprometer los recursos y capacidades de las futuras generaciones. Esta energía está compuesta (otra vez la ecuación) de varias energías limpias alternativas como son la energía solar, térmica, hidroeléctrica, solar fotovoltaica, eólica, geotérmica, bioenergía, energía de fusión y otras más que no sé pronunciar).

Para llegar a una economía sostenible -energéticamente hablando- no tenemos más remedio que seguir un camino sensato: una reducción real del consumo de energía manteniendo los mismos servicios energéticos que ya tenemos,  y en el que la calidad de vida ha de ser la misma o mayor de la que ya disfrutamos. La contaminación debe reducirse así como el precio que pagamos por la energía que utilizamos, y la vida de los recursos disponibles ha de alargarse reduciendo, en el camino, el conflicto que todo este lío pudiera provocar. Complicado, pero posible.

Como particulares, podemos empujar el avance hacia ese objetivo utilizando las técnicas de eficiencia energética que están en nuestra mano (y Dios quiera que los gobiernos hagan su parte, amén), técnicas que deberían ser integradas en la sociedad la cual, de ningún modo, debería sufrir declives no razonables de los recursos o estabilidad social ni permitir daños significativos a los sistemas naturales. O sea, todo lo que todavía no estamos haciendo (aunque ya lo vemos como algo muy romántico, y eso es un paso :-D). 

Muchos hemos empezado a, por ejemplo, ahorrar en electricidad en casa y en la oficina porque nos parece un escándalo el incremento salvaje (más del 40%) que ha sufrido nuestra factura en los últimos años (justo ahora que nos viene refatal por la crisis... Sigue todo conectado). Tenemos al alcance de la mano información y consejos para que podamos reducir esa factura, por ejemplo, tomando medidas caseras de ahorro muy efectivas (utilizar bombillas de bajo consumo y reguladores de intensidad de luz en lugar de las bombillas incandescentes y los interruptores normalitos de toda la vida; apagar las luces en las habitaciones vacías; configurar nuestros televisores y ordenadores con la opción de bajo consumo; elegir electrodomésticos etiquetados como energía AAA o por lo menos A+, que son los más eficientes gastando menos; cambiando nuestra tarifa eléctrica ordinaria por una nocturna, etc.). 

Para mejorar nuestra calidad de vida y la vida de nuestro planeta (que supongo está pensando seriamente en divorciarse de nosotros y entonces ya nada estaría conectado) podemos dar unos cuantos y no tan complicados pasos, casi todos gratis y todos ellos beneficiosos. Se trata, sencillamente, de prestar atención y cambiar algunos de nuestros hábitos (no es tan terrible poner el lavaplatos a las once de la noche o la calefacción a 20-21 grados en vez de a 40, lo juro). 

* * *

La felicidad es otra energía sostenible capaz de satisfacer nuestras más básicas necesidades y cumplir nuestras más locas expectativas en cuanto a tener una buena vida. Además, es una energía muy agradecida pues nos sostiene en un punto perfecto de salud, contento y actitud sensata (no sé por qué los pesimistas se han apropiado la idea de ser los únicos realistas del planeta). ¿Por qué va a ser más verdad una catástrofe (un divorcio, una pérdida de trabajo, que tu caballo se rompa una pata) que un cambio? El divorcio puede significar tu libertad o que encuentres a un ovejero sueco; una pérdida de trabajo puede significar la oportunidad de hacer lo que siempre quisiste hacer, y que tu caballo se rompa una pata puede significar que no tengas que ir a la guerra porque exigen que vayas con caballo y sin él no vales para luchar :-D. Todo depende del punto de vista, en realidad. 

Una actitud negativa es también energía, sin duda, pero de la que merma tus recursos y los malgasta: se los come sin renovarlos, te mantiene en vilo sin necesidad real de ello, perjudica la salud (el estrés agudo provoca un sinnúmero de siniestros personales y laborales), te hace criticón y te pone a la defensiva sin haber sufrido ataque alguno, siempre piensas que alguien te debe algo (normalmente, el mundo entero) y, con ello, te sientes indefenso, frustrado y de mala hostia. Es muy difícil vivir feliz pensando que el mundo está equivocado, y saber que no va a adoptar tu sensato punto de vista puede provocar mucha frustración y desencanto en la especie elegida.

La mala noticia es que el mundo es como es y seguirá girando contigo o sin ti, te guste o no esta espeluznante e insensata idea. 

La sostenibilidad de tu alegría, como la de cualquier otra energía, pasa también por elegir un camino sensato; hacer algunos cambios en tus rutinas y adquirir nuevos hábitos (los que te convengan y convenzan). Pongo aquí una lista de algunas propuestas -unas propias y otras ajenas- que te servirán al menos para encontrar las tuyas, al estilo de: "Uy, pues a mi no me gusta nada bailar, prefiero hornear pan"... 
  • Pasear media hora sola por la playa o por tu barrio prestando atención a lo que ves (te sorprenderá lo que hay) 
  • Ducharte a oscuras (experiencia inenarrable; no lo hagas si tienes bañera de esas que escurren) 
  • Escribir sobre cinco vidas distintas que escogerías si te dieran a elegir (con todo detalle) 
  • Observar a la gente e inventarte la historia de sus vidas (esta es buenísima) 
  • Andar descalza por la playa 
  • Bailar a solas música loca 
  • Apuntar durante un mes -cada día- todo lo que has hecho bien (crea adicción) 
  • Cantar cuando no te oye nadie (o a salvo con seres de tu total confianza, que suelen cantar igual de mal que tú). Con micrófono :-D (espero cada año con ansia la Nochevieja por el karaoke familiar) 
  • Comer chocolate sin culpa (máximo una tableta; recuerda que luego eso se posa elegantemente en tus caderas) 
  • Leer (si te gusta) un día entero sin parar, tumbada en el sofá (en invierno, tapada con tu manta favorita) 
  • Cocinar (si te gusta) un plato difícil; puede que te salga bien, ¡qué intriga! 
  • Poner en orden (¡por fin!) tu álbum de fotos 
  • Una clase de italiano en el ordenador con Duolingo (aplicación de Google) pronunciando las palabras que te enseñan en voz alta (esta es genial) 
  • Un baño de espuma y aceite (aunque sea de oliva) 
  • Una charla con un/a buen amigo/a ante los restos de un buen postre 
  • Aprender algo nuevo (interesante, claro) 
  • Evocar momentos divertidos o felices (mientras colocas las fotos, por ejemplo) 
  • Leer con tus hijos Manolito Gafotas en voz alta (la risa está garantizada) 
  • Pescar salmón en Yemen y luego soltar el pez (sin ahumarlo). 
  • Haz acto de presencia - escucha - procura reír.
Y hay muchas más, pero aquí no caben.

La idea es que, quizás por comparación, se te ocurran otras técnicas particulares. Deja el ordenador y haz tu lista ahora. Luego, deja la lista y empieza a probar.

¡Feliz viernes!

Recordatorio del día: La mejor manera de vengarte de tu enemigo es vivir la mar de bien.

domingo, 26 de abril de 2015

El mito de la felicidad, o la felicidad del mito, de ser uno mismo (II)

No malgastes tu vida tratando de impresionar a otros;
si has de malgastarla, hazlo tratanto de impresionarte a ti mismo.


Merecemos ser felices; merecemos vivir una vida que nos excite o, al menos, que nos interese un poco. Cuando dejamos que las opiniones de otros importen más que las nuestras, cuando esas opiniones ajenas se convierten en certezas propias, nos encontramos en un lugar en el que nuestras expectativas acerca de cómo vivir nuestra vida se emborronan hasta que acaban por desaparecer.
Demasiado a menudo, y en aras de la paz familiar o por aguantar el tirón cuando otro está pasando un mal rato o por inseguridad personal o por cualquier otro motivo que no es nuestro, jugamos al trueque. El hoy por ti, mañana por mí se convierte en la única alternativa; nos ofrecemos en sacrificio esperando que mañana lo haga el otro por nosotros (y lo mejor de este juego es que sabemos de antemano que el otro no lo hará). Nos hemos puesto la máscara de santidad, con corona y todo. Y cuando llega nuestro momento el otro no cumple sino que, inexplicablemente, espera que seas tú quien vuelva a hacerlo. Juas, como diría mi amiga Rakel.
Pero no estamos en este mundo para vivir conforme a lo que otros quieren, creen o desean, ni para que otros hagan lo que nosotros creemos, deseamos o pensamos. Estamos aquí para vivir a nuestra única y particular manera en pos de nuestro propio éxito, signifique eso lo que signifique para cada uno. Para mi el éxito no es otra cosa que comer las perdices que yo misma he perseguido, cazado y guisado; otro no lo hará por mi, aunque yo antes le haya cocinado un faisán mil y una veces.
La verdadera fuerza no está en nuestros músculos sino en nuestro espíritu (o alma, si lo llamamos así), nuestra voluntad y nuestro respeto por nosotros mismos; nuestra fuerza está en nuestra fe y nuestra confianza en quiénes somos y en nuestra voluntad de actuar de acuerdo a esa creencia. Tenemos que decidir en este instante no volver a suplicar el amor, la atención y el respeto de otros y actuar de forma que nos ofrezcamos ese amor, atención y respeto a nosotros mismos. Y que los otros arreen con los suyos. 
Tenemos que atrevernos a ser nosotros mismos (y averiguar qué es eso), seguir nuestras propias intuiciones y deseos respecto a la vida que queremos vivir. Por muy extraño o aterrador que pueda parecer o resultar (y lo parecerá al principio, créeme) nos merecemos hacer ese esfuerzo por nosotros, esfuerzo que siempre, siempre acaba resultando bien a la larga, a la corta y a la de enmedio. Es importante ser amable con los demás, pero es más importante aún ser amable con uno mismo.
Es imperativo que dejemos de compararnos con lo que otros son o han conseguido porque eso no tiene nada que ver con nosotros. Amar y respetar a otros significa dejar que los otros sean lo que son y permitirles seguir su propio camino a su aire. Y lo mismo mismito sirve para nosotros.
Pero, ¿cómo conseguirlo? Bueno, hay algunas ideas básicas que podemos contemplar: no esperes que otros te respeten más de lo que tú te respetas. No esperes que otros encajen en tu idea de lo que ellos deberían ser. No esperes que otros te adivinen el pensamiento. Deja de esperar y necesitar gustarle a todo el mundo (no ocurrirá; a ti tampoco te gusta el mundo entero). Deja de esperar y necesitar que los otros cambien repentina y  milagrosamente (esto tampoco ocurrirá). Deja de esperar que el otro esté siempre contento para tu alivio pero no permitas que su angustia, insatisfacción, frustraciones y malhumor marquen tu camino.
¿Y cómo amar y respetar a otros sin dejarnos pisar los juanetes? I wondered. 
Me costó tiempo, esfuerzo y una gran dosis de buena voluntad llegar a la amable conclusión de que todo el mundo está luchando su propia batalla, al igual que yo. En ocasiones, y aunque no lo parezca, se sienten desolados, aislados y  aterrados, al igual que yo. Con frecuencia se hacen los fuertes mientras les tiemblan las piernas, al igual que yo.
Y aún así, me sonríen cuando me venden la barra de pan...
Sé que cada sonrisa y cada signo de fuerza esconde una lucha interior tan compleja y singular como la mía propia. Cuando caemos en esa cuenta, no nos cuesta la vida ser amable con los otros --incluso más de lo necesario a veces-- porque apoyar, compartir y contribuir a la felicidad de otros es uno de los mayores premios, según todas las estadísticas; si lo permitimos, tendremos la oportunidad de hacerle a otro el camino de su vida un poco más fácil porque todos compartimos los mismos sueños, necesidades gemelas y dudas parecidas.
Una vez que vemos esto con más claridad, el mundo se convierte en un lugar más amigable; un lugar en el que podremos quitarnos la máscara y sin pudor decirle al otro mirándolo a la cara: "en este momento me siento perdido". Y es muy posible que el otro asienta con la cabeza y nos diga "yo también". Porque perseguir nuestra felicidad no nos hace felices cada minuto de nuestros días; y eso es perfectamente válido. Salimos adelante. Y los otros también, sin que tengamos que dejar nuestra vida para vivir la de otro.
Seguir nuestro propio camino y mantenernos fieles a nuestros singulares deseos y propósitos puede que nos cree muchas antipatías y menos invitaciones a fiestas pero nos brindará nuestra admiración por nosotros mismos y unas relaciones sanas (aunque quizás escasas :-D). Y eso vale un potosí.
¿No piamos siempre por tener el control de nuestras vidas? Pues eso...



domingo, 2 de noviembre de 2014

¿Es esto todo lo que hay? (I)

Qué vida tan maravillosa tuve, ¡ojalá me hubiera dado cuenta antes!
Colette (escritora francesa r.i.p.)


¿Es esto todo lo que hay?

Si eres como el 87,9 por ciento de los humanos que en este momento habitamos en el planeta con madurez suficiente como para hacerlo, seguramente te lo has preguntado ya, al menos, 2 veces.

En momentos tanto de abrumamiento como de aburrimiento nos hemos preguntado también ¿Qué es lo que quiero de la vida?, al menos una vez. Y casi todos, la grandísima mayoría, nos hemos contestado: ser feliz. 

Nos hacemos entonces propósito de enmienda y establecemos objetivos imposibles, a cortísimo plazo, para compensar el tiempo perdido, escribiendo listas de cosas pendientes de hacer para conseguirlo. Esas listas ocupan hojas y hojas de papel con líneas y líneas de tareas que sabemos que diez personas trabajando en equipo tardarían años en llevar a cabo. Cuando nos ponemos, en un primer intento de "arreglar las cosas de una vez por todas", a trabajar en esas metas mastodónticas, todavía nos queda más clara aún que antes de hacerlo la imposibilidad de la tarea. Y no tenemos más remedio que rendirnos antes de haber dado siquiera el primer paso. Con lo que nos sentimos aún más abrumados o asustados que antes, por no hablar de la sensación de impotencia y fracaso y cobardía --nombrando solo tres-- por haber abandonado antes de empezar siquiera. Si la tarea es demasiado grande, nos abruma; si es demasiado pequeña, nos aburre...

Hay gente que sueña con salvar el mundo y piensa en escribir grandes tratados filosóficos que resolverá todos los problemas vitales y morales de la humanidad y acabará de una vez por todas con guerras, corrupción y estafas. Pero... ni siquiera ponen el lápiz sobre el papel o anotan sus ideas.

Otros sueñan con descubrir, definitivamente, el secreto único y universal de la felicidad. Pero... ni siquiera saben lo que los hace felices a ellos mismos. Ni siquiera saben que la felicidad no es su meta sino su camino, y a los cuarenta o los cincuenta descubren que nunca llegarán a ese sitio concreto de donde ya no sales. Y deciden que no vale la pena seguir buscando; que eso no existe.

Otros buscan y buscan ese secreto para sí mismos pero rechazan probar cualquier cosa, sistema, teoría o libro sosteniendo que eso no sirve; si sirviera, todo el mundo sería feliz. Y rechaza por el camino cualquier sugerencia que no esté aclamada unánimemente por la mass media o declarada oficialmente por la Conferencia de Naciones como la única vía válida  para alcanzar la felicidad para siempre jamás.

No recuerdan que cada ser es único, y lo es para todo: para vivir, desear, trabajar, disfrutar y ser feliz a su manera, propia y única, que solo le sirve a él. Que las teorías, libros, sistemas y demás te dan ideas para que encuentres tu propio camino pero no te dan nada masticado para tu particular caso.

Que eso no existe.

Porque cada uno somos lo que somos, un yo único y pecualiar que piensa con su cabeza y siente con su corazón, que no se parecen casi nada a los de casi ningún otro.

Y, aunque nos gusta ser únicos y originales, a la hora de los grandes riesgos emocionales queremos comprobar antes de arriesgarnos que una teoría haya dado resultado --oficialmente y declarado por los medios públicos del mundo entero-- a cien mil millones de personas; y si no, no voy a perder el tiempo con esa idiotez. Y como eso tampoco existe --y, olvídate, nunca existirá-- vuelven a la rueda de no lo conseguiré, esto es una estupidez, la vida es así o asá, y unos tienen mala suerte y otros nacen con una flor en el culo, son las cartas que me han tocado, y bla bla bla...

Y dejan de buscarla pensando, todavía, que es un lugar al que otros llegan pero ellos no llegarán...

Se quedan sin fuerzas y viven exhaustos, y así ¿de dónde sacas el tiempo y las ganas para disfrutar de la familia, el ocio con amigos, fomentar relaciones sociales y profesionales satisfactorias, darle tiempo a tus pasiones?

La felicidad de uno es un asunto personal serio, casi diría que el más serio de todos; el único en el mundo con el que de verdad vale la pena comprometerse a muerte, a diario y al ciento por ciento. Es inevitable que en nuestro proyecto de felicidad, tomándolo en serio, nos encontremos con la felicidad a diario al menos un rato. Y un día quizás sí nos encontremos con que ¡oh, sorpresa!, resulta que somos felices. Los tragos amargos, la pérdida de seres queridos, complicaciones profesionales... serán menos amargos y menos complicados si estamos comprometidos con nuestra felicidad. Porque tendremos formas de pasar por ellos que no impliquen quedarnos destrozados más que el tiempo justo y no media vida, nos quede de ésta lo que nos quede.

Para comprometerte de  forma seria con tu felicidad tienes que ver con otros ojos tu vida cotidiana. Porque la felicidad, la de verdad, la que vale la pena, es la de cada día y no los grandes momentos de bodas y bautizos sin lluvia y premios extraordinarios de la loto o rutilantes ascensos profesionales. Todo eso es anecdótico. Lo que de verdad importa es que cada uno de tus ratos te produzca el mayor bienestar posible dadas las circunstancias en las que te encuentres en cada momento. Y ese es trabajo tuyo, no del mundo o de tu prójimo. Que bastante tiene el mundo y tu prójimo con ocuparse de sus propios asuntos. Aunque no te lo creas.

Vale la pena que pienses en ello, le des más de una vuelta al asunto y te pongas manos a la obra. Dedícale cada día un rato a reflexionar, tranquilamente y sin agobios, al asunto de ¿Qué quiero de mi vida? ¿Cómo quiero que sea?, y hazlo teniendo en cuenta todos los aspectos, que los hay que más que pasiones tienen obsesiones y solo le dan vueltas a una cosa; y una buena vida tiene más de una cosa que vale la pena hacer buena. Y encamínate a ella. Cada día, empieza tu día con esa intención en mente.

¿Cómo puedes aprender a sentirte agradecido por todo lo que ya tienes? ¿Cómo puedes ser mejor amiga, escritor, madre o esposo? ¿Cómo puedes manejar las pequeñeces que te irritan a diario y adquirir una perspectiva más amplia y trascendente? ¿Cómo puedes ver con otros ojos tu vida cotidiana? ¿Cómo puedes mirar el lado bienhumorado que, aunque ahora mismo no lo veas, tiene cada día? ¿Cómo puedes dejar de asustarte ante las noticias de la tele o los periódicos? ¿Cómo puedes dejar de creer a pies juntillas el error absoluto que es el mundo en su conjunto, la injusticia que lo gobierna y el poco hueco que queda para ti y tus expectativas? ¿Cómo puedes apoyarte a ti mismo y a tu bienestar? ¿Crees en Dios o en un Algo más grande que tú que te apoya? Si no crees en ello, ¿con qué podrías sustituirlo para que te haga ese papel?

Cuando te sientas insatisfecho, cuando sientas que te falta algo a pesar de tener todo lo necesario para sobrevivir, recuerda lo afortunado que eres y recuerda también tu compromiso con tu felicidad, encuentra la manera de vivir el momento. Lo ajetreada que es tu vida, la cantidad de problemas que tienes en este momento, no tener un hueco ni para ir a la peluquería o al barbero no son excusas válidas para seguir siendo infeliz.

Y si las admites como tal seguirás mil años más sabiendo que tienes que ocuparte de ello en algún momento y no encontrándolo, generándote más frustración y desconsuelo. Y creyendo ilusoriamente que la felicidad llegará un día de golpe, cuando hayas acumulado el suficiente CV de trabajo duro, sacrificio, stress y desolación como para merecerlo. Como si la felicidad fuera una banda de honor a los sufridos méritos personales. Pero todo eso no tiene pinta de ser la felicidad... Creo.

Piénsalo y ponte manos a la obra. Define claramente qué es la felicidad para ti y empieza ya a dar los pasos necesarios para, cada día, conseguirla en alguna medida. Busca y aférrate al optimista que todos llevamos dentro (aunque a veces muy escondido, ¿eh?) y empieza a hacer cosas que te acerquen a ese ideal de vida feliz que descubras. Te sorprenderán los resultados.

Espera, se me olvida algo importante. Antes de tomar una decisión, has de hacerte una pregunta:

¿De verdad, sinceramente, quieres llevar una vida feliz?

Porque a lo mejor, en el fondo, no quieres...

Ya es hora de que esperes más de ti. Ya es hora de que te mires a ti mismo de otra forma, desde otra perspectiva. Y no hablo a nivel profesional, que de eso seguro que ya lo das todo. :-D

lunes, 28 de julio de 2014

Peleas, caminos y eso



El más importante descubrimiento de mi generación es el de que un ser humano puede cambiar su vida
cambiando su actitud mental.  (William James)


Si estás peleando con lo que sea, recuerda que otros muchos también lo estamos haciendo. Muchos, pero muchos de nosotros estamos justo donde tú te encuentras en estos momentos: trabajando duro para sentirnos mejor, pensar con más claridad y mantener nuestras vidas en marcha.

Durante esta semana reflexiona sobre ello. Quizás sea consuelo de tontos pero, como digo siempre, es consuelo al fin. Yo es que prefiero pasar por tonta que ser desgraciada pero única, ¿tú no? Así me siento menos sola en mi pesar XD...

Alguien ha pasado ya por ahí y finalmente ha llegado a destino. Muchos otros han estado ahí, bien atascados,... y lo han conseguido. Otros tantísimos siguen ahí... y lo conseguirán. Y tú y yo nos veremos otras veces en la misma disyuntiva: ¿sigo o tiro la toalla? 


Sigue. Piensa que para tirar la toalla siempre estamos a tiempo, ¿por qué precipitarnos? :-)

Recuerda el hábito diario que aumenta tu satisfacción y la sostiene, y practícalo:

  • Haz hoy algo por ti mismo
  • Haz hoy algo por tu casa
  • Haz hoy algo por otro

Ya sé, ya sé... Lo he dicho ya cuarenta veces, pero es que eso DA FELICIDAD. Es una verdad empírica (sea eso lo que sea XD).

Hay otras cosas que también puedes hacer para acumular pequeñas satisfacciones y orgullos personales día a día. Hoy se me ocurre esta:

Gasta a manos llenas todo el dinero que quieras, pero no tires ni un céntimo.


A veces no gastamos ni un euro pero acabamos despilfarrando cien. Cuando compramos cualquier cosa que no nos produce verdadera satisfacción y lo hacemos sin sentir especial alegría, estamos despilfarrando. Cuando nos privamos de comprar algo que nos podemos permitir sin problemas y que nos produciría verdadera alegría pero creemos que una cosa así "no está bien", también estamos despilfarrando: estamos tirando a la basura una oportunidad de sentirnos bien. 

Y disfruta de cualquier segundo que te de alegría, diversión, vértigo, tristeza, rabia o indignación. Eso es vivir. El nirvana, como también he dicho ya mil veces, no existe y no existirá jamás. Va contra todas las leyes humanas y divinas que se basan en el deseo y la consecución de más y más y más. Así es como se expande nuestro universo todo.

Así que desea, imagina, persigue y... remata. Lo estás haciendo bien, ni lo dudes. 

De esta forma construimos nuestro curriculum vitae y ampliamos nuestro curriculum felicitatis: viviendo bien, a nuestra propia imagen y semejanza.

Ni más ni menos.

¡Feliz semana!

P.S. Para obtener lo que verdaderamente deseas (por ejemplo, sentirte más que bien) hazte estas cuatro preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué no? ¿Por qué no yo? ¿Por qué no ahora?

Y contéstatelas. A corazón abierto.










domingo, 13 de julio de 2014

Placeres sencillos que no cuestan dinero

La felicidad es el espacio que hay entre dónde estás y dónde quieres estar.
Solo tienes que tomar una decisión: recorrer ese tramo haciéndolo cada vez más corto.

La vida está llena de placeres sencillos que nos ocurren de cuando en cuando. Son regalos inesperados que cada uno celebramos a nuestra propia y única manera. Pero podemos buscarlos a propósito y los encontraremos prestando atención.

La felicidad se elige; no es un accidente, una racha de buena suerte o algo que te regalan el día de tu cumpleaños. Si verdaderamente deseas ser feliz, lo eliges y haces lo necesario para alcanzarlo cada día. Cada minuto.

Y este deseo y necesidad de encontrar la alegría nos convierte en detectives y meticulosos observadores que se dedican a buscar cosas, personas, situaciones y actividades que nos la brinden. 

Cuando voy a fiestas o reuniones me pongo pesada y hablo y pregunto sobre la felicidad, a todo el que se deja. Con más frecuencia de la que espero consigo que la gente opine sobre el tema y casi todos, antes o después, me confiesan que los verdaderos placeres de su vida son gratis. Luego, me cantan voluntariamente una lista de ellos, con los ojos brillantes y una vaga sonrisa en la boca. Algunas personas se saben de memoria hasta treinta de sus placeres favoritos y los recitan sin respirar.

He coleccionado estos placeres como tesoros, y hacen una larguísima lista en mi cuaderno de notas.

Aquí os paso algunos, por si queréis echarles una ojeada y ver si podrían formar parte de vuestros favoritos... o ya lo hacen. Pensad en ellos con fruición y, aunque no sean vuestros, los disfrutaréis. 

  • Dormir al lado de la persona que amas.
  • Reír con tantas ganas que ni siquiera haces ruido.
  • El momento en que entiendes algo que no conseguías entender.
  • Un abrazo de tu hijo recién bañado.
  • Canciones que te hacen volver a un gran momento de tu vida.
  • Cuando oyes a alguien accidentalmente hablar bien de ti.
  • Despertar y caer en la cuenta de que ya es fin de semana... y volver a acurrucarte.
  • El momento agridulce e inevitable en que acabas un libro que no querías terminar.
  • Cuando un grupo de amigos se ríen con ganas de tu chiste estrella... por centésima vez.
  • Ese día en que te sientes atractivo o tienes el pelo justo como querías.
  • Un olor especial que te trae un recuerdo especial.
  • El primer chapuzon del año en el mar, a solas y muy temprano.
  • Volver a dormir en tu propia cama después de haber estado fuera dos o tres semanas.
  • Cuando alguien te dice "sí" (y esperabas que te dijera "no").
  • Acariciar a tu gato.
  • Un paseo a solas por la mañana temprano.
  • El silencio repentino que se hace en tu coche cuando atraviesas un puente un día de lluvia torrencial.
  • Cuando tu padre, finalmente, te confiesa en tu 40 cumpleaños que los Reyes Magos son los padres.
  • Cuando te das cuenta de que has estado sonriendo todo el rato mientras hablabas por teléfono.
  • Hacer la foto perfecta.
  • Un cumplido inesperado de alguien inesperado.
  • Escuchar el latido del corazón de otro.
  • Ser el siguiente de la lista o de la cola.
  • Un paseo en bicicleta a dos. 
  • Cuando triunfas en algo en lo que alguien te había dicho que no conseguirías.
  • Escuchar una canción nueva que te encanta y luego descargarla y escucharla una y otra vez.
  • Tachar cosas de tu lista de "Pendientes".
  • Darle a alguien una noticia realmente buena para él (o ella).
  • Quedarte dormido leyendo a la hora de la siesta en fin de semana.
  • Leer un día entero tirado en el sofá, bajo una manta, mientras fuera llueve o nieva.
  • El contacto visual imprevisto con un desconocido.
  • Una comida de amigas (de las de verdad).
  • Meterte en una bañera llena de agua caliente cuando llegas de la calle con frío.
  • Esa gente que te hace sonreír solo con pensar en ella.
  • Un buen abrazo espontáneo.
  • Estar en la playa de noche.
  • Tener una segunda oportunidad.
  • Las mariposas en el estómago cuando comienzas una nueva relación romántica.
  • Una relación honesta. Sin secretos. Sin mentiras.
  • Cuando tu compañero de piso se va fuera el fin de semana y lo tienes entero para ti.
  • Sacar un 10 en lo que sea.
  • Acertar el 100% de las respuestas en un programa que sigues en la tele.
  • Enamorarte de alguien.
  • Ver arcoiris a través del agua de la manguera cuando riegas el jardín o el patio.
  • Cuando el semáforo se pone en verde justo cuando estás llegando a él.

Y ahora te toca: ¿cuáles son tus placeres sencillos favoritos? Haz tu lista y tira de ella en caso de emergencia. En momentos bajos, es un arma estupenda para recuperar el aliento.

Te deseo un inesperado y felicísimo domingo.

domingo, 6 de julio de 2014

Pinto, pinto, gorgorito...

Las decisiones importantes siempre me provocan sueño,
quizás porque sé que tendré que tomarlas por instinto,
aunque los otros siempre me dicen que he de tomarlas reflexionando.
Lillian Hellman


Nunca he visto clara la relación reflexionar-inteligencia, o reflexión-madurez, o reflexionar-tener-éxito-seguro. Es más, en muchas ocasiones en que he reflexionado más de una tarde sobre la toma de una decisión he acabado con una lista de ventajas de dos líneas y una lista de desventajas de cincuenta renglones... Y no he hecho nada al respecto, o he tomado la que me parecía más segura y que resultó ser la equivocada. Como consecuencia, lo único que cambiaba en mi vida era mi desesperación y malestar, que crecían proporcionalmente al rato que pasaba contemplando en mi imaginación todas las aterradoras posibilidades de cualquiera de las alternativas.

Un día llegué a la conclusión de que morir de terror cada vez que pensaba en la posibilidad de un cambio importante en mi vida era muchísimo peor que aterrarme únicamente en el momento del cambio real. Sigo viva  y contenta. (Y eso no significa que no haya metido la pata, pero no he vuelto a sufrir esas repetidas agonías interminables. Me he recompuesto y he seguido adelante echando mano de la resiliencia humana que todos llevamos incorporada en mayor o menor grado).

Siempre sabemos lo que tenemos que hacer. Aunque nos resistamos a hacerlo.

Cinco segundos antes de que se nos plantee cualquier dilema sabemos cuál es la elección correcta, pero hemos aprendido a no fiarnos de nuestra intuición, de la inteligencia natural (y animal) que traemos de fábrica y que hemos dejado de lado, despectivamente, como "cosas de mujeres".

Dejando de lado nuestra inteligencia intuitiva hemos perdido no solo las mujeres -en el intento de que no traten despectivamente nuestro supuesto intelecto cultivado-; los hombres han perdido, y mucho, porque ellos también traen esa inteligencia de fábrica y la niegan setenta veces siete, no vaya a ser que los tomen (y tachen) de nenazas... A pesar de que esa inteligencia es la que les permitió salir por patas de las fauces de un león, de probar a ver qué pasaba si se frotaban dos piedras, o un chico con una chica, sacarle punta a un palo largo y lanzarlo al corazón del enemigo, etc.

El humano tiende a buscar su lugar en el mundo y a establecerse. Excepto para las personas aventureras y necesitadas de cambios continuos y excitantes, para el resto de los humanos la tendencia es hallar nuestro propio "cuartel general de operaciones" desde el que movernos todo lo que queramos y al que luego poder volver (si queremos).

Pero, pero, pero... Cuando mantenernos en un mismo lugar afecta continuamente nuestra salud y nuestra felicidad, debemos mirar de cerca el por qué real de mantenernos donde estamos a cualquier precio.

La vida es un perpetuo acto de equilibrio entre guardar y tirar, agarrar y dejar ir, quedarnos donde estamos y mudarnos a otro lugar (sea éste físico, mental, emocional o todos a la vez). Y para ello nos esforzamos sinceramente en hacer las elecciones correctas para nosotros. Pero... ¿cómo sabemos cuándo es realmente el momento de dar un paso hacia adelante en nuestro camino? ¿O hacia la izquierda o derecha?

Una gran parte de nuestras relaciones, trabajos e incluso las ciudades donde vivimos tienen fechas de caducidad. Algunas veces nos quedamos donde estamos -aún sabiendo que ya es hora de moverse- por temor a no ser capaces de adaptarnos a los cambios necesarios que implicarían tomar otro camino hacia unlugar mejor. Por desgracia, es muy popular y siempre damos por cierto el dicho de más vale pájaro en mano que ciento volando y, en consecuencia, el resultado sigue siendo el mismo: más dolor, más frustración y... arrepentimiento.

Aunque la regla general es que si algo te da mucho la lata es hora de cambio y que el primer pensamiento es el que vale, si tienes una cierta tendencia al perfeccionismo y deseas un mínimo de seguridad de que el resultado será el adecuado, hay maneras de corroborar lo que nos dice nuestra intuición.

Tenemos una mente consciente que nos ayuda a resolver de forma eficaz, desde nuestra propia lógica (que es la importante para nosotros), lo que nos dice nuestra sabia intuición. Sólo tenemos que hacernos un par de reflexiones y tomaremos las decisiones correcta para nosotros: 

¿Son nuestras dudas las que nos están forzando a quedarnos donde estamos (y como estamos)? El hecho de que tengamos miedo al cambio no significa que estemos en peligro; solo significa que tememos el cambio, salir de nuestra zona de confort (tan de moda ahora) y no saber el resultado final en este mismo instante. El hecho de que temas fracasar o fallar no significa que lo vayas a hacer; solo significa que temes meter la pata. Mira más allá de tus dudas y miedos; a pesar de lo que te cueste salir adelante, nunca tires la toalla contigo mismo, nunca. Eres más valiente de lo que crees, más fuerte de lo que pareces, más hábil de lo que piensas y dos veces más capaz de lo que nunca hayas imaginado. Y eso es una verdad incontestable (pero el temor te hace sentir vulnerable, débil y torpe; por eso el miedo paraliza siempre).

¿Están el resentimiento o la envidia jugando sucio con nosotros? El resentimiento aparece cuando sentimos que el mundo, la vida, o los otros nos deben algo y no nos lo dan. Por otro lado, el perdón (a nosotros mismo o a otros) aparece cuando tenemos la suficiente confianza como para utilizar nuestras piernas y dar un paso adelante. Para dar ese paso debemos saber por qué sentimos de la forma que sentimos en este momento, aceptarlo y dejarlo ir; ya no necesitamos ese rencor o envidia. Tenemos nuestra propia vida que vivir; no la entorpezcamos pensando en la vida de otros. Dejemos atrás el pasado después de haberlo aceptado, que ya pasó. Dejémoslo ir y empujemos a nuestro espíritu hacia adelante reclamando nuestros sueños y estableciendo nuestras buenas intenciones de forma clara y decidida sabiendo que son buenas.

¿Hacemos lo que hacemos basándonos con frecuencia en las expectativas de otros? Merecemos ser felices por el mero hecho de ser y estar vivos; no necesitamos más laudes que esos. Merecemos vivir una vida que nos provoque sentimientos de curiosidad, excitación, pasión, alegría, vértigo y satisfacción. No podemos permitir que las opiniones de otros nos hagan olvidar eso. Si padres o maestros, o amigos o conocidos nos dijeron que no valíamos, que no llegaríamos, que la vida es un difícil valle de lágrimas que atravesar, tenemos que reconocer que eso no es cierto y dejar de ponernos obstáculos. Ellos no van a vivir nuestra vida así que tendremos que hacer lo necesario para vivirla nosotros de la manera más feliz según los deseos de nuestro corazón y no según los deseos de las mentes temerosas de otros. No estamos en este mundo para cumplir las expectativas de los demás y no debemos sentir que otros están en nuestra vida para cumplir las nuestras; es una carga demasiado pesada. No debemos nada a nadie y nadie nos debe nada. De hecho, cuanto más apruebes las decisiones que tomas acerca de tu propia vida, menos aprobación necesitas de cualquier otro.

¿Al sopesar nuestra toma de decisión somos más conscientes de los contras que de los pros? ¡Cuidado! Eso es peligroso. Todo tiene sus pros y sus contras y, si me dieran a elegir, me empeñaría en ver más los pros porque los contras tienen unos efectos secundarios devastadores: me llenan de miedo y me paralizan, me impiden ver las enormes posibilidades de la alternativa que estoy contemplando (son siempre muchas y buenas), hacen que no vea salida airosa posible de la situación y son los causantes de que, una vez tomada la decisión desde ese punto de vista, me arrepienta casi inmediatamente de lo que he elegido, llenándome de rencor hacia mí misma y causándome mucho más dolor del que conlleva per se una elección difícil...

Esas dudas, temores, resentimiento y envidias posiblemente vengan de un pasado al que aún estamos atados. No dejemos que nuestro pasado (que ya está pasado) dicte quiénes somos hoy; y el hoy es parte de quiénes seremos mañana, cuando ese hoy ya sea pasado también. No tenemos otra manera de saber lo que vendrá mañana más que soñándolo y trabajando por ello. Sin arrepentimientos, sin mirar atrás; sencillamente viviendo y yendo hacia adelante. Y eso es precisamente lo que hace que la vida sea, si así lo decidimos, un viaje excitante y valioso.

No te apegues a personas que no quieran estar contigo, a circunstancias que no sean las tuyas. Lo único que verdaderamente es valioso en nuestra vida son las personas que sabes (porque siempre lo sabes) que están contigo en los tiempos difíciles y que se ríen contigo cuando esos tiempos difíciles han pasado y las circunstancias que te dan verdadera alegría (y no solo ausencia de temor, como puedan ser los retos que te planteas y que deseas pero temes). El miedo solo se supera enfrentándolo. Y el nirvana para siempre jamás no existe, porque tus deseos y anhelos siempre serán más y más y siempre te producirán cierto vértigo al principio. Es ley de vida.

Así que para evitar el quedarte en situaciones tóxicas que ya no deseas pregúntate si algo de lo que has leído más arriba es aplicable a la toma de tus decisiones. Consulta con la almohada, como decían nuestras abuelas, y tendrás la respuesta.

Y, sea la que sea la decisión que tomes, una vez tomada deja de pensar si habrás hecho bien o no, qué habría sido de ti si hubieras tomado la otra, etc... Responsabilízate de ella y actúa de la mejor manera que puedas (la que te de más alegría y satisfacción dadas las circunstancias) recordando que siempre, siempre, puedes tomar otra decisión diferente en el momento en que lo desees y volver a cambiar tus circunstancias. Nada tiene que ser para siempre (y casi nunca lo es).

Aunque esto sea consuelo de tontos es consuelo al fin: ten por seguro que todos estamos en lo mismo, que todos pasamos por donde tú estás pasando ahora, que todos hemos sentido el mismo vértigo y nos hemos visto en la misma disyuntiva. Y seguimos vivos. :-D

Nadie ha muerto, que se sepa, por tomar una decisión (aparte de la de pegarse un tiro o no hacerlo); nadie ha sido condenado a perpetuidad a no volver a ser feliz por tomar una decisión; nadie ha perdido nada irreparable para siempre jamás por tomar una decisión. Todo es reparable, sustituíble y remediable. Todo.

Recuerda siempre: si no se hubieran tomado decisiones "arriesgadas", el hombre no andaría erguido; no existiría el fuego ni las pirámides de Egipto; no tendríamos agua corriente ni luz eléctrica; no se hubiera descubierto ningún nuevo mundo y no existirían las competiciones de salto con pértiga ni los puentes de Segovia y Brooklyn.

Y eso sería una lástima.

domingo, 29 de junio de 2014

Dos cosas que la gente feliz no hace nunca

La felicidad no es algo que puedas posponer para un futuro, es algo que has de diseñar y disfrutar en el presente, cada día.

La gente feliz pasa tiempo, de forma consciente hasta que se vuelve automático, haciendo un montón de cosas que aumentan aún más esa felicidad. Cosas como cuidarse, alimentar sus relaciones importantes, practicar la amabilidad, cultivar el optimisto, expresar gratitud, comprometerse con sus propios objetivos,, saborear los pequeños placeres de la vida...

Y nunca hacen cosas que menoscaban esa felicidad, y por ello NUNCA:
SE OCUPAN de los asuntos de otros. Tenemos que olvidarnos de lo que otros andan haciendo o diciendo. Hay que dejar de mirar y sopesar dónde están situados los demás y qué tienen. Nadie lo está haciendo mejor que nosotros porque nadie puede hacerlo mejor que nosotros. Tú estás recorriendo tu propio camino, y yo el mío. Muchas veces, la razón por la que nos sentimos inseguros es porque comparamos nuestra situación privada con la imagen que dan los otros públicamente. Escuchamos el ruido exterior en lugar de nuestra propia voz, así que dejar de compararte! Ignora las distracciones; escucha tu propia voz interior (todos tenemos una, lo juro). Ocúpate de tus propios asuntos. 

Mantén tus deseos más queridos y tus objetivos más grandes cerca de tu corazón y dedícales tiempo cada día. No tengas miedo de andar solo, y no te asustes si lo disfrutas. No dejes que la ignorancia, amor por el drama o la negatividad de cualquier otro te impidan ser la mejor y más feliz versión de ti mismo cada día. Haz en todo momento lo que tú sabes de corazón que es lo correcto y adecuado para TI. Porque cuando nos enfocamos en un trabajo significativo para nosotros y estamos en línea con nosotros mismos, nada ni nadie puede hacerte temblar o asustarte. 

Y cuando digo trabajo significativo me estoy refiriendo a cualquier actividad, mental física o espiritual, que te sirva de apoyo, alegría, te de seguridad y acabe por convencerte no solo de que tus sueños son posibles sino de que mereces que se te cumplan. No dejes que otro estropee eso. ¿No buscamos el tener control sobre nuestra vida como posesos? Pues esa es la única manera: controlándola nosotros, no dejando que la opinión de cualquier otro te haga vacilar (incluídos cónyuges egoístas, padres exigentes, hijos adolescentes, jefes impacientes o gatos malhumorados). Está muy bien pedir opinión si deseas tener otro punto de vista sobre algo concrto, pero no tienes obligación de seguirla solo por haberla pedido.

BUSCAR LA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS y tu validación a través de ellos es un trabajo de amor perdido. Nunca conseguirás que el resto del mundo, todos a una, piense que eres la octava maravilla ni el no va más. Cada uno tiene sus propósitos, por fortuna, y los tuyos les importan cero, también por fortuna. Otros lo han intentado, incluso han muerto intentándolo. Sin resultado.

Cuando tú estás contento siendo simplemente tú mismo, sin comparaciones ni competiciones con otros para impresionarlos o impresionarte a ti mismo, todo el mundo te respeta. Y más importante aún: te respetas tú mismo que, al fin y al cabo, es lo que importa.

¿De qué forma dejas que los otros te definan? ¿Que harías de forma diferente si supieras que nadie te juzgaría nunca, bajo ninguna circunstancia ni apariencia?

La realidad es que nadie tiene el derecho a juzgarte. La gente puede oír tus historias, puede pensar lo que quiera, tener las fantasías que prefieran respecto a ti, pero ni están en tu cabeza ni en tu corazón, así que no tienen todos los datos para opinar. No dejes que lo hagan, no dejes que lo que ellos crean de ti sea tu verdad porque no lo es bajo ninguna circunstancia. Sólo tu sabes lo que hay dentro de verdad, solo tú conoces tus sueños y los motivos por los que esos sueños se convirtieron en tuyos. Respétalos y no dejes que otros los pisoteen con un comentario descuidado o en un momento de mala uva, por una rabia que no es tuya. Ellos no están viviendo tu vida.

Céntrate y enfócate en cómo te sientes en cada momento y respeta esos sentimientos sin luchar contra ellos. Si los dejas en paz, se irán; si les haces la guerra, crecerán. Todo aquello en lo que piensas se hace más grande, así que es mejor que decidamos en cada momento qué es lo que queremos que crezca en nuestra vida.

Céntrate y sigue andando por el camino que mejor se adapte a tus pies. No hay nada como eso.

Ahora es tu turno:

¿Que NO deberías hacer si tuvieras el deseo desesperado de ser feliz?