lunes, 10 de noviembre de 2014

¿Es esto todo lo que hay? (II): Y Platón...


Platón dedicó su vida a un solo objetivo: ayudar a la gente a alcanzar su estado de realización personal. A día de hoy sus ideas continúan siendo relevantes, provocativas y fascinantes. Para Platón la filosofía era una herramienta que nos ayuda a cambiar el mundo.
Busto de Platón (Museo
Pio-Clementino del Vaticano)

Pero ¿cómo?
  1. Piensa más. Sólo en raras ocasiones nos tomamos el tiempo de pensar cuidadosa y lógicamente acerca de nuestras vidas y cómo enfocarlas. En ocasiones nos limitamos a seguir a lo que los griegos llamaban Doxa, o sentido común. En los 36 libros que escribió, Platón nos mostró cómo este sentido común está plagado de errores, prejuicios y superstición... El problema es que las opiniones populares nos llevan al filo de los valores equivocados. La respuesta de Platón a esto es conócete a ti mismo. Esto significa hacer una clase especial de terapia: la Filosofía. Esto significa poner tus ideas a examen más que actuar por impulso. Este tipo de examen se llama discusión socrática.
  2. Deja que tu amado te cambie. Esto suena fatal si piensas que amar significa encontrar a alguien que te quiera tal cual eres. También suena machista. O feminista, según. Pero no tiene por qué serlo... En su obra El Banquete, Platón dice que el amor verdadero es admiración. En otras palabras, la persona con la que necesitas estar debería tener grandes cualidades que tú no tengas... Estando cerca de esa persona puedes convertirte un poco como esa persona. La persona correcta para nosotros nos ayuda a crecer hacia y hasta nuestro total potencial. Para Platón, “un amante no debería de amar al otro tal y como es el otro en este momento”, sino que más bien la pareja debería de comprometerse a cultivarse mutuamente y a atravesar juntos los pasajes tormentosos que esto, inevitablemente, implica. Cada uno de ellos debería querer seducir al otro para que se convierta en una mejor versión de sí mismo.
  3. Descifrar el mensaje de la Belleza. A todos nos encantan las cosas bellas pero Platón fué el primero en preguntar: ¿Por qué nos gustan las cosas bellas? Encontró una razón fascinante: los objetos bellos nos susurran verdades importantes acerca de la buena vida. Encontramos bellas las cosas cuando sentimos en ellas cualidades que necesitamos pero que se pierden constantemente en nuestras vidas: amabilidad, armonía, equilibrio, paz y fuerza. Los objetos maravillosos, por lo tanto, tienen una función realmente importante: nos ayudan a educar nuestra alma.
  4. Reformar la sociedad. Platón pasó mucho tiempo pensando acerca de cómo el gobierno y la sociedad debería ser (idealmente). En realidad, el fué el primer pensador utopista. En este asunto, Platón se inspiró en el gran rival de Atenas, Esparta. Esta era una máquina gigantesca de fabricar grandes soldados. Todo lo que hacían los espartanos –cómo criaban a sus hijos, cómo estaba organizada su economía, a quién admiraban, cómo practicaban el sexo, lo que comían– estaba hecho a medida para conseguir ese objetivo. Y Esparta era enormemente exitosa desde un punto de vista militar.
    Pero esto no era la mayor preocupación de Platón. Él quería saber: ¿cómo podría una sociedad convertirse en una mejor productora no de poder militar sino de eudaimonia (felicidad)? ¿Cómo podría esto ayudar de forma fiable a la gente a sentirse realizada personalmente?
Así pues, quizás no sea mala idea el pasar algún rato a la semana a solas, pensando en lo que realmente deseamos en nuestra vida y en qué herramientas deberíamos utilizar para alcanzarlo. Y no cejar hasta obtener nuestras respuestas, aclarar nuestras posiciones y saber con toda la exactitud posible dónde estamos exactamente en este momento de la encrucijada...

¡Feliza semana post­-Almudena!

(Adaptación y traducción libre del artículo "4 Reasons why Plato still matters", de la página Farnam Street).

domingo, 2 de noviembre de 2014

¿Es esto todo lo que hay? (I)

Qué vida tan maravillosa tuve, ¡ojalá me hubiera dado cuenta antes!
Colette (escritora francesa r.i.p.)


¿Es esto todo lo que hay?

Si eres como el 87,9 por ciento de los humanos que en este momento habitamos en el planeta con madurez suficiente como para hacerlo, seguramente te lo has preguntado ya, al menos, 2 veces.

En momentos tanto de abrumamiento como de aburrimiento nos hemos preguntado también ¿Qué es lo que quiero de la vida?, al menos una vez. Y casi todos, la grandísima mayoría, nos hemos contestado: ser feliz. 

Nos hacemos entonces propósito de enmienda y establecemos objetivos imposibles, a cortísimo plazo, para compensar el tiempo perdido, escribiendo listas de cosas pendientes de hacer para conseguirlo. Esas listas ocupan hojas y hojas de papel con líneas y líneas de tareas que sabemos que diez personas trabajando en equipo tardarían años en llevar a cabo. Cuando nos ponemos, en un primer intento de "arreglar las cosas de una vez por todas", a trabajar en esas metas mastodónticas, todavía nos queda más clara aún que antes de hacerlo la imposibilidad de la tarea. Y no tenemos más remedio que rendirnos antes de haber dado siquiera el primer paso. Con lo que nos sentimos aún más abrumados o asustados que antes, por no hablar de la sensación de impotencia y fracaso y cobardía --nombrando solo tres-- por haber abandonado antes de empezar siquiera. Si la tarea es demasiado grande, nos abruma; si es demasiado pequeña, nos aburre...

Hay gente que sueña con salvar el mundo y piensa en escribir grandes tratados filosóficos que resolverá todos los problemas vitales y morales de la humanidad y acabará de una vez por todas con guerras, corrupción y estafas. Pero... ni siquiera ponen el lápiz sobre el papel o anotan sus ideas.

Otros sueñan con descubrir, definitivamente, el secreto único y universal de la felicidad. Pero... ni siquiera saben lo que los hace felices a ellos mismos. Ni siquiera saben que la felicidad no es su meta sino su camino, y a los cuarenta o los cincuenta descubren que nunca llegarán a ese sitio concreto de donde ya no sales. Y deciden que no vale la pena seguir buscando; que eso no existe.

Otros buscan y buscan ese secreto para sí mismos pero rechazan probar cualquier cosa, sistema, teoría o libro sosteniendo que eso no sirve; si sirviera, todo el mundo sería feliz. Y rechaza por el camino cualquier sugerencia que no esté aclamada unánimemente por la mass media o declarada oficialmente por la Conferencia de Naciones como la única vía válida  para alcanzar la felicidad para siempre jamás.

No recuerdan que cada ser es único, y lo es para todo: para vivir, desear, trabajar, disfrutar y ser feliz a su manera, propia y única, que solo le sirve a él. Que las teorías, libros, sistemas y demás te dan ideas para que encuentres tu propio camino pero no te dan nada masticado para tu particular caso.

Que eso no existe.

Porque cada uno somos lo que somos, un yo único y pecualiar que piensa con su cabeza y siente con su corazón, que no se parecen casi nada a los de casi ningún otro.

Y, aunque nos gusta ser únicos y originales, a la hora de los grandes riesgos emocionales queremos comprobar antes de arriesgarnos que una teoría haya dado resultado --oficialmente y declarado por los medios públicos del mundo entero-- a cien mil millones de personas; y si no, no voy a perder el tiempo con esa idiotez. Y como eso tampoco existe --y, olvídate, nunca existirá-- vuelven a la rueda de no lo conseguiré, esto es una estupidez, la vida es así o asá, y unos tienen mala suerte y otros nacen con una flor en el culo, son las cartas que me han tocado, y bla bla bla...

Y dejan de buscarla pensando, todavía, que es un lugar al que otros llegan pero ellos no llegarán...

Se quedan sin fuerzas y viven exhaustos, y así ¿de dónde sacas el tiempo y las ganas para disfrutar de la familia, el ocio con amigos, fomentar relaciones sociales y profesionales satisfactorias, darle tiempo a tus pasiones?

La felicidad de uno es un asunto personal serio, casi diría que el más serio de todos; el único en el mundo con el que de verdad vale la pena comprometerse a muerte, a diario y al ciento por ciento. Es inevitable que en nuestro proyecto de felicidad, tomándolo en serio, nos encontremos con la felicidad a diario al menos un rato. Y un día quizás sí nos encontremos con que ¡oh, sorpresa!, resulta que somos felices. Los tragos amargos, la pérdida de seres queridos, complicaciones profesionales... serán menos amargos y menos complicados si estamos comprometidos con nuestra felicidad. Porque tendremos formas de pasar por ellos que no impliquen quedarnos destrozados más que el tiempo justo y no media vida, nos quede de ésta lo que nos quede.

Para comprometerte de  forma seria con tu felicidad tienes que ver con otros ojos tu vida cotidiana. Porque la felicidad, la de verdad, la que vale la pena, es la de cada día y no los grandes momentos de bodas y bautizos sin lluvia y premios extraordinarios de la loto o rutilantes ascensos profesionales. Todo eso es anecdótico. Lo que de verdad importa es que cada uno de tus ratos te produzca el mayor bienestar posible dadas las circunstancias en las que te encuentres en cada momento. Y ese es trabajo tuyo, no del mundo o de tu prójimo. Que bastante tiene el mundo y tu prójimo con ocuparse de sus propios asuntos. Aunque no te lo creas.

Vale la pena que pienses en ello, le des más de una vuelta al asunto y te pongas manos a la obra. Dedícale cada día un rato a reflexionar, tranquilamente y sin agobios, al asunto de ¿Qué quiero de mi vida? ¿Cómo quiero que sea?, y hazlo teniendo en cuenta todos los aspectos, que los hay que más que pasiones tienen obsesiones y solo le dan vueltas a una cosa; y una buena vida tiene más de una cosa que vale la pena hacer buena. Y encamínate a ella. Cada día, empieza tu día con esa intención en mente.

¿Cómo puedes aprender a sentirte agradecido por todo lo que ya tienes? ¿Cómo puedes ser mejor amiga, escritor, madre o esposo? ¿Cómo puedes manejar las pequeñeces que te irritan a diario y adquirir una perspectiva más amplia y trascendente? ¿Cómo puedes ver con otros ojos tu vida cotidiana? ¿Cómo puedes mirar el lado bienhumorado que, aunque ahora mismo no lo veas, tiene cada día? ¿Cómo puedes dejar de asustarte ante las noticias de la tele o los periódicos? ¿Cómo puedes dejar de creer a pies juntillas el error absoluto que es el mundo en su conjunto, la injusticia que lo gobierna y el poco hueco que queda para ti y tus expectativas? ¿Cómo puedes apoyarte a ti mismo y a tu bienestar? ¿Crees en Dios o en un Algo más grande que tú que te apoya? Si no crees en ello, ¿con qué podrías sustituirlo para que te haga ese papel?

Cuando te sientas insatisfecho, cuando sientas que te falta algo a pesar de tener todo lo necesario para sobrevivir, recuerda lo afortunado que eres y recuerda también tu compromiso con tu felicidad, encuentra la manera de vivir el momento. Lo ajetreada que es tu vida, la cantidad de problemas que tienes en este momento, no tener un hueco ni para ir a la peluquería o al barbero no son excusas válidas para seguir siendo infeliz.

Y si las admites como tal seguirás mil años más sabiendo que tienes que ocuparte de ello en algún momento y no encontrándolo, generándote más frustración y desconsuelo. Y creyendo ilusoriamente que la felicidad llegará un día de golpe, cuando hayas acumulado el suficiente CV de trabajo duro, sacrificio, stress y desolación como para merecerlo. Como si la felicidad fuera una banda de honor a los sufridos méritos personales. Pero todo eso no tiene pinta de ser la felicidad... Creo.

Piénsalo y ponte manos a la obra. Define claramente qué es la felicidad para ti y empieza ya a dar los pasos necesarios para, cada día, conseguirla en alguna medida. Busca y aférrate al optimista que todos llevamos dentro (aunque a veces muy escondido, ¿eh?) y empieza a hacer cosas que te acerquen a ese ideal de vida feliz que descubras. Te sorprenderán los resultados.

Espera, se me olvida algo importante. Antes de tomar una decisión, has de hacerte una pregunta:

¿De verdad, sinceramente, quieres llevar una vida feliz?

Porque a lo mejor, en el fondo, no quieres...

Ya es hora de que esperes más de ti. Ya es hora de que te mires a ti mismo de otra forma, desde otra perspectiva. Y no hablo a nivel profesional, que de eso seguro que ya lo das todo. :-D

sábado, 25 de octubre de 2014

Money, money, money...

¡Hay tantas cosas más importantes que el dinero! Pero cuestan tanto...
Groucho Marx


Salud, dinero, amor... Estas son las tres cosas más importantes de la vida, aunque no necesariamente en este orden siempre. Son las tres cosas que la grandísima mayoría de los humanos buscan y esperan encontrar. Son el triángulo de la felicidad, si hacemos bien su cuadratura.

En muchas encuestas realizadas en las calles se ha preguntado a paseantes casuales cuál de estas tres es la más importante. ¿Adivinas cuál fué la respuestas en la mayoría de los casos? DINERO. Posiblemente, Rockefeller o JP Morgan no contestarían eso, pero ellos son caso aparte.

Por supuesto, todos los que respondían a las preguntas de la encuesta sabían que el dinero no puede comprar el amor o la salud; pero todos sabían también una gran verdad que comparten con Henry Ford y conmigo: el dinero no da la felicidad pero aplaca muchísimo los nervios. Además, no es ningún obstáculo serio a la felicidad; no obligatoriamente, al menos :-D.

Bueno, yo quiero probar si eso es cierto o no. Yo quiero tener todo el dinero del mundo. Y punto.

¿Y cuánto es todo el dinero del mundo? ¿Qué queremos decir con ello? Lo más interesante del asunto del dinero (interesante por lo curioso) es que, en realidad, no tenemos una idea exacta de cuánto es suficiente. No sabemos cuánto dinero necesitamos realmente porque no sabemos si existe ese punto concreto en el que podremos decir un día: "Ya tengo suficiente dinero. He conseguido todo el que necesitaba".

¿Existirá realmente ese punto? Uuuummmm... Lo dudo. Si el humano se caracteriza por algo es por seguir queriendo tener más cosas y vivir más experiencias.

Y es ley natural, así que no me siento en absoluto culpable por ello. Pero es un hecho curioso. En el instante en que conseguimos nuestro mayor deseo de ayer nace el que queremos para mañana. Y así siempre. Cuando nuestro salario sube, nuestros gastos también lo hacen (y no siempre de forma proporcionalmente sensata). Cuando alcanzamos el ascenso deseado y el consiguiente aumento de sueldo solemos estar insatisfechos (más) con lo que ya tenemos... Lo deseamos y lo odiamos, normalmente por no tenerlo. Lo tememos también, normalmente porque en algún momento de nuestra vida-esponja (infancia y adolescencia) hemos asimilado que el dinero proviene del diablo y nos hará cometer pecados indefinibles. Total, que tenemos una relación con este asunto bastante guerrera.

Hace poco leía una curiosa descripción cuántica del dinero.

Según esta teoría, debemos recordar siempre que la forma en que nos sentimos respecto al dinero en todo momento (tengamos en ese momento mucho o poco) es muy importante porque nuestros sentimientos respecto al dinero, como en todo, nos dicen si estamos en el camino de la prosperidad o estamos desbarrando. Al parecer, tan perjudicial es la creencia "el dinero no es importante" -porque lo es y tu lógica lo sabe- como "el dinero lo es todo" -porque no lo es, aunque intentes convencer a tu lógica de lo contrario- en este momento en que no puedes llamar a un fontanero en condiciones y tienes que conformarte con la chapuza que te haga ese amigo tuyo tan manitas.

El dinero sí puede llover del cielo...
Y podemos mejorar nuestros sentimientos encontradísimos con respecto al dinero recordando en todo momento en que nos venga el asunto a la cabeza que el dinero no es bueno ni malo. Es una herramienta neutra, como tantas otras. El dinero no nos puede obligar a hacer cosas diabólicas. Son nuestros deseos los que nos motivan a hacer cosas, sean diabólicas o no. Somos nosotros quienes decidimos cómo manejar nuestros dineros y qué hacer con ellos. No al revés.

Somos nosotros quienes decidimos si empleamos el dinero en pagar a un rumano para que le parta las piernas a nuestra suegra o en contratar a un escritor para que le escriba un anónimo amenazante en condiciones. También somos nosotros quienes decidimos si lo empleamos en mejorar nuestra vida: una buena casa, un buen coche, educación de nuestros hijos, practicar el diezmo, viajar en familia (o a solas :-D), visitas a museos, mejorar nuestra casa para que quede a nuestro gusto, donaciones a organizaciones de ayuda (serias), proyectos familiares de mejora de cualquier área de la vida, etc. Y ¿por qué no? Jugar a la Bolsa -con la sana intención de ganar más dinero todavía- si eres aventurero y te gustan los deportes de riesgo, especialmente en estos momentos... Todos los caprichos que nos podamos y queramos permitir que no perjudiquen a terceros son sensatos, y producen un enorme placer. 

¿Qué tiene eso de diabólico? Viéndolo así, ¿qué tiene el dinero a espuertas de malo? Nada. En absoluto. Por supuesto, esta teoría me encantó, y he decidido apropiármela.

Pero cuando más me recreaba en ella, me asaltó la duda dichosa: ¿es lícito tener y poder gastar tanto cuando otros no tienen nada o tienen tan poco? ¿No debería renunciar a mi fortuna (si es el caso) en favor de otros menos favorecidos? 

Y la teoría contestaba la pregunta con otra: Cuando ves a alguien enfermo, ¿te planteas estar dos o quince años malísimo para que el otro sane un poco o un mucho? 

O cuando tienes una maravillosa relación de pareja, ¿te planteas renunciar a ella para que la tenga tu amiga soltera?

O cuando tienes dos hijos maravillosos, ¿ofreces uno de ellos en adopción para que otro sin hijos pueda saborear esas mieles?

Uuuummm... Yo no, desde luego.

Pero cada uno ha de decidir qué hace con su fortunón. Tan cuántica y real es la energía del dinero como la de la salud y la del amor. De las tres cosas recibiremos la misma cantidad: lo que seamos capaces de aceptar. Sin culpa. Sin miedo. Sin nervios :-D.

Hay gente que se casa por amor y la hay que se casa por dinero... ¿por qué no la hay que se casa por salud? Ains, qué lío.

Volvemos al cierre del círculo infinito: lo importante es la actitud ante ello y los sentimientos que ese asunto -sea cual sea- nos provocan. Si no nos dejamos acobardar por el amor y la salud, ¿por qué hacerlo por el dinero? Todo es energía, dicen los cuánticos empíricamente; y el dinero lo es también, solo que su forma física nos produce muchos sentimientos encontrados, sobre todo si su físico es abundante y orondo.

La solución, propone esta teoría, es hacerse amigo del espíritu del dinero de forma consciente y con la intención clara y sana de atraerlo; tratarlo como a un igual, un socio al que dejas entrar en tu vida alegremente para disfrutar de su compañía y de todo lo que esta agradable compañía te reporta. De la forma que mejor te convenga y más felicidad te de sin destrozarte los nervios.

Ah, y también nos recuerda que, como energía, el dinero no proviene directamente de donde trabajas, del bolsillo de tu padre o de la loto. Estos son sólo algunos caminos que toma para venir de donde viene toda energía: el Universo. Y sus caminos, como todos sabemos, son infinitos e inescrutables. Así que "...no lo limites; deséalo alegremente, amplía tus miras y deja que fluya como quiera y desde donde quiera".

Digoooo... ¡Anda que no son buenas noticias!






sábado, 11 de octubre de 2014

La magia de la autosugestión: Afirmaciones positivas

Cada día, en todos los aspectos, mi vida va mejor y mejor
Émile Coué (1857-1926, psicólogo y farmacólogo francés)


Un lector me pregunta mi opinión sobre las afirmaciones positivas, y me pide que hable sobre ellas. Pues aquí vengo con el asunto...

No he sido nunca una devota practicante de ellas. De hecho, les tengo manía... Quizás porque como soy exagerada e impaciente para todo, el hecho de decirme --por primera y penúltima vez, en medio de un esplendoroso ataque de pánico-- que el mundo era un lugar maravilloso y seguro contradijo tan drásticamente mi lógica que me dejó frustrada, impotente y pensando que era más idiota de lo que ya pensaba que era. Ya sé que mi cabeza y mi lógica son otras, pero son las que tengo y con las que tengo que bregar. Y no convencí ni a la una ni a la otra de que el mundo era algo diferente a lo que estaban viendo en ese momento mis ojos, completamente respaldados por mi tripa encogida de miedo.

Lástima no haber oído hablar hasta años después de Émile Coué; con su forma de explicar la autosugestión y su famosa frase (la de arriba a la derecha) me hubiera ayudado a que todo fuese mucho más corto y mucho menos doloroso, al igual que ayudó a principios del siglo XX a muchísimos miles de ciudadanos del mundo entero. Pero no estaba yo para probaturas...

Émile Coué, un desconocido psicólogo y farmacéutico en su ciudad natal, Troyes, logró su renombre internacional gracias a su método de reprogramación de la mente. Durante la primera guerra mundial, y ante la ausencia de medicamentos, empleó con los heridos el método de autosugestión que había aprendido de Liebault (del que fué alumno) y que mejoró con resultados espectaculares. Los heridos mejoraban a ojos vistas, siempre y cuando repitieran la frase que les daba de forma consistente (repitiéndola a lo largo del día varias veces) y con perseverancia y convicción. La recuperación de estos hombres igualaba en calidad y tiempo a la de los heridos tratados con medicamentos.

Contariamente a lo que se creía por entonces (y por lo que aún todavía algunos creen), Coué descubrió que la imaginación dominaba a la voluntad. La fuerza de voluntad no es la fuerza invencible que parecía ser. De hecho, cuando la imaginación y la voluntad entran en conflicto es la imaginación la que sale victoriosa. Siempre. Tu mente es el escenario del crimen, ¿recuerdas? :-D

Haz la prueba: antes de hacer algo que, en apariencia, es un reto que llevarías a cabo sin mucho problema, tómate un par de días (incluso menos) repitiéndote tumbado al sol que no puedes hacerlo mientras imaginas tu esplendoroso fracaso. Verás confirmada tu afirmación y te será imposible llevarlo a cabo. En realidad, vemos confirmadas a diario nuestras afirmaciones, tanto positivas como negativas, conscientes o inconscientes: no puedo, no valgo para eso, soy demasiado mayor (o menor), siempre he sabido que no cantaba bien, con la crisis no hay trabajo, no tengo tiempo ni fuerzas, no vale la pena porque al final no saldrá... ¿Te suenan?

El perfeccionamiento y el autodominio se obtiene, según Coué, cuando la imaginación (mente consciente) ha sido dirigida y entrenada para que coincida con nuestros deseos. A menos que lo hagamos de forma inteligente, la ley del esfuerzo contrario se ocupará de que no salga bien la cosa. En su obra My method, Coué pone un ejemplo que todos conocemos en carnes propias: 

"Supongamos que un hombre que sufre de insomnio decide intentar el efecto de la autosugestión (afirmaciones positivas). A menos que haya sido antes advertido de ello, se repetirá frases de este estilo durante todo el tiempo: Dormiré bien; voy a dormir bien; puedo dormirme sin problemas... Haciendo durante ese rato esfuerzos desesperados para persuadirse y coaccionar el sueño. Esto es fatal. El propio hecho de forzar el sueño ha convertido este último en una fuerza que actúa en sentido contrario de lo que se desea, con el resultado del pobre hombre volviendo, frustrado e insomne, a la cama.

Antes de ejercer la voluntad, la imaginación debería de ser desbloqueada a nuestro favor. Dejar que la imaginación, una vez entrenada de forma que nos apoye,actúe sin forzarla. Durante esta fase deberíamos ser bastante pasivos porque, mediante procesos casi misteriosos e inexplicables, nuestro subconsciente lleva a cabo maravillosas hazañas."

Y para apoyar esto, nos recuerda el famoso experimento del que habló Pascal: "Nadie tendrá problemas para recorrer un tablón de solo veinte centímetros de ancho tendido en una calle. Pero tiende ese mismo tablón entre dos edificios de esa misma calle a la altura del octavo piso y veremos si la imaginación es o no es más poderosa que la voluntad... 

Además de haber aprendido ya todo lo que dice Coué, también he descubierto que utilizar las afirmaciones positivas de forma indiscriminada es irresponsable y frustrante. Para ser efectiva, la autosugestión ha de estar en línea con mi propia lógica personal: ha de ser coherente y práctica.

Repetirme cien mil veces por minuto que el mundo es un lugar maravilloso y seguro mientras me pilla en la calle un fuego cruzado entre bandas no me ayudará; al contrario, la clarísima incoherencia entre lo que están viendo mis ojitos y la imagen que intento forzar en mi mente me paralizará. Es momento de acción; hay que correr y buscar un portal o un árbol frondoso de enorme tronco. Y no podré correr si estoy paralizada en una playa caribeña mental. Mejor echo mano de mi coherencia inteligente y me digo: estás en problemas, Houston, pero recuerda que no muere todo humano por herida de bala; saldré de esta como sea. Mi lógica me dice que eso es posible y, aunque no crea a pies juntillas con fe ciega en el Altísimo que yo seré uno de los que se salven en esa situación, mi cerebro filtrará la información como posible y, por lo tanto, fiable (lógica) y, en apoyo a mi institnto de supervivencia, me pondrá a correr a todo lo que den mis piernas (y más). Corriendo a toda pastilla y enfocando mi aguda vista en los alrededores tengo muchas más posibilidades de encontrar ese portal o ese enorme árbol que estando tumbada mentalmente al sol, en medio del fuego cruzado de bandas físicas que, en ese momento, disparan en mi mundo personal real (o lo que sea este mundo). Ya iré al Caribe en verano... sin más presión añadida que el precio del billete.

Para salir airosa de un parto complicado nos vendrá bien respirar deprisa y pensar que no todo el mundo muere de parto; de hecho, hoy nadie lo hace. ¿Por qué voy a ser yo la excepción justo ahora? Con esa idea lógica y cierta en la cabeza, respiraré lo mejor que pueda y ayudaré a traer al mundo a esa criatura que empuja para salir; en lugar de apretar las piernas, paralizada por el miedo, impidiendo que ese mi niño siga su curso hacia este planeta. Mientras, eso sí, recito con vehemencia e incoherencia que todos los partos son siempre rápidos, seguros e indoloros, sencillos y cortos, teletransportándome a un  lugar al que en ese momento no estoy accediendo ni de blas porque ahora mismo no existe en mi mundo personal nada aparte de un quirófano y muchos nervios.

Encontrar el trabajo de mis sueños --con crisis o sin ella-- con la tripa apretada de preocupación mientras canto con forzada alegría "El mundo está lleno de puestos de trabajo como el de mis sueños" y reviso con muchísima atención las cifras de paro en aumento de todos los países del mundo no me ayudará a llegar ahí. No de inmediato ni muy pronto al menos. Falla mi lógica, se siente agredida; entra en conflicto mi imaginación (mucho más poderosa) con la voluntad de encontrar trabajo, conflicto que impedirá que mis manos redacten mi buen CV y que mis piernas me lleven a Correos a enviar 100 sobres con copia de mi currículum dentro. Paralizada por la imaginación, no tengo nada que hacer. Y todo ha ocurrido en mi mente; en un segundo me he quedado sin el trabajo de mis sueños y sin aliento.

Mi cerebro no es tonto y solo filtrará una información que, aun siendo un reto, tenga lógica parecida a lo que él considera real y objetivo. Algo incontestable como: "Hay muchas personas en el mundo que trabajan aún; y muchas de ellas trabajan en un puesto parecido al que yo deseo; hay aún empresas en el mundo que se dedican a lo que yo sé hacer y se siguen abriendo empresas nuevas; quizás no tantas como en tiempo de bonanza pero siguen creándose y necesitando mis habilidades; la gente, a pesar de la crisis, sigue cumpliendo años y jubilándose, dejando vacantes puestos que yo puedo ocupar...". Ahí sí estoy empezando a solucionar el problema. Adiós, Houston, ya no te necesito.

Pero hay que entrenar la imaginación (mente consciente) para que haga de estas habilidades algo habitual, creando así nuevos caminos neuronales que, con tiempo y diligencia, irán sustituyendo por borramiento masivo de datos los antiguos y aterradores. Y para ello hay que pasar por ejercitar esas habilidades de forma consciente y perseverante durante un tiempo. Igual que cuando aprendimos a conducir, que parecía que no teníamos manos y pies suficientes para manejar esa maldita máquina. Y hoy vamos a cualquier sitio conduciendo y silbando a la vez, parece mentira, tan contentos.

La afirmación positiva de Coué es la única, sinceramente, que utilizada y repetida a diario todo lo que puedo, nunca contradice mi lógica, impaciente y exagerada como yo. Porque, cuando me pongo a revisarla, veo que es cierto que, cada día, en la búsqueda de mi felicidad sostenible, mi vida va mejor y mejor en todos los aspectos. Algunos mejoran más rápido que otros, pero todos mejoran cada día.

Si es necesario, recuérdatelo cada día escribiendo una lista de todos los embrollos de los que has salido; todas las cosas que has rematado con éxito; todo el consuelo que has dado y recibido; todo el cariño y el apoyo que has ofrecido y te han brindado; todo el amor que has hecho efectivo de una u otra manera; toda la ayuda que has prestado y se te ha prestado; todos los títulos que has sacado; todos los aplausos, agradecimientos y palmaditas en el hombro que has recibido. En resumen: todo lo que has hecho por mejorar y crecer expandiendo tu persona a tu mejor entender. No insultes a las inteligencias humanas y divinas empeñándote en que eres menos de lo que realmente eres porque un día, ya lejano, te convencieron de lo contrario. O porque aún alguien te lo dice todavía.

Y, sobre todo, no insultes a tu propia inteligencia haciéndolo, porque esa sí que no perdona.

Y en cuanto a las afirmaciones (que ya me he desviado), lo dicho: empléalas con inteligencia y aplicando tu propia lógica; sólo de esa forma funcionan muy bien a corto, medio y largo plazo, un rato al día diciéndolas muchas veces :D. Y ya sé que es un ejemplo muy manido, pero no por ello menos cierto: poner una pegatina de una carita feliz tapando el chivato de la gasolina cuando se pone en rojo no llenará el tanque. El tanque sólo tendrá gasolina cuando tú se la pongas.

Pues lo mismo con las afirmaciones positivas.



Cada día, en todos los aspectos, mi vida va mejor y mejor.


sábado, 4 de octubre de 2014

Y como no sabía que era imposible, lo hizo


Trascender los propios límites, ains...

En un artículo de la revista Spirit Science, Kirsten Cowart asegura que somos seres sin límites con un infinito potencial y que, aún así, nos limitamos a nosotros mismos. Somos nosotros, al parecer, los que estorbamos nuestro propio camino hacia el cumplimiento de nuestros sueños.

Y, aunque podemos echarle la culpa a nuestros padres, maestros y otras figuras de autoridad en nuestra vida a lo largo de la infancia y juventud, la realidad es que cuando ya somos jóvenes adultos y podemos elegir otra forma de ver y de interactuar con el mundo, seguimos eligiendo el miedo en muchas ocasiones.
  
¿Seremos lo suficientemente valientes como para tirarnos de cabeza a por nuestros sueños y hacer que se cumplan? ¿Reconoceremos que podemos tener, ser y hacer cualquier cosa que queramos en esta vida (y seguramente en las otras), y que lo único que necesitamos es pedir y movernos en esa dirección? ¿O seguiremos imaginando paisajes negros y desoladores antes incluso de definir con claridad nuestro sueño matándolo antes de que nazca?

En su discurso de aceptación del doctorado Honoris Causa de la Maharishi University of Management, el actor Jim Carrey habló de este tema sorprendiendo y deleitando a todos los recién graduados, profesores e invitados al acto. 

Habló de cómo descubrió que es uno con el universo y que, sabiéndolo, todos sus límites saltaron por los aires. Aprendió que que podemos pasar nuestra vida entera imaginando fantasmas acerca de nuestro futuro o podemos entender que todo, absolutamente todo, tiene que ver con este preciso momento, ahora mismo, y con qué actitud lo afrontamos. Jim Carrey nos aconseja:


Olvídate del cómo va a ocurrir y confía
en que añadiendo energía e intención a tus objetivos
éstos se cumplirán


¿Qué objetivos y sueños son los nuestros? ¿Queremos cambiar el mundo? ¿Soñamos con viajar por todos los continentes o con ser artistas? ¿O con construir los más bellos y autosuficientes edificios jamás construídos? Quizás queremos estudiar matemáticas puras pero nos dijeron en algún momento que no valíamos para ello... 

Hay cinco cosas que podemos recordar cuando nos demos cuenta de que actuamos sintiéndonos limitados:

1. Estás conectado a todo lo que es y como parte de todo lo que existe puedes alcanzar cualquier cosa que desees o imagines en la que trabajes con empeño. 

2.  A veces, los muros de nuestra vida se elevan porque necesitamos nuevas herramientas o ingredientes. Consulta a expertos, utiliza internet; échale valor y haz preguntas claras. Encuentra nuevas herramientas y, si no existen, créalas tú. 
3. Elige el aprecio (amor) en lugar del temor cada vez que estés tomando una decisión. Aprecio sincero por  ti mismo y por todas las personas implicadas en el asunto. Aprecio sincero por todo lo existente (ya sé, ya sé...). Esfuérzate por tomar decisiones en las que, según tu criterio personal, ganéis todos los implicados (y eso no significa de ninguna de las maneras que tengas que hacer lo que digan los otros, sean implicados o no). Esto es posible si buscamos con empeño la forma de hacerlo bien a nuestro parecer. Confía en tu criterio antes que en el de otros, siempre. 
4.  Piensa "fuera de la caja" y encuentra una solución que nadie más haya intentado o encontrado antes. No tenemos que hacer las cosas de la forma en que los otros las han hecho siempre. Si hemos puesto una gran cantidad de energía y pensamiento en algo y ese algo sigue pareciendo no tener sentido, quizás tengamos que plantearnos que hay otra manera u otro camino para llevarlo a cabo. 
5. Sé consciente de y reconoce que todo el mundo tiene miedo, y que casi siempre el consejo que te ofrecen está basado en sus propios temores y no en limitaciones reales de ningún tipo (y desde luego, no tuyas). Su opinión no implica que no se pueda hacer; solo significa que ellos no han sido capaces de encontrar una manera de hacerlo con éxito.
6. Abandona la idea de perfección definitivamente o jamás darás un paso. La perfección universal no existe, y lo sabes. Ya lo hubieras descubierto, y no lo has hecho.

Recuerda: "Y como no sabía que era imposible, lo hizo"
:-D







sábado, 27 de septiembre de 2014

Nadar contra corriente es bueno... ¡solo para tus músculos!

Las cosas que más nos importan no deben depender nunca
de las cosas que nos importan menos
Goethe


Juan tenía 92 años cuando su esposa Esther, veinte años más joven que él, falleció. La muerte de Esther hizo necesario que Juan tuviera que ir a vivir a una residencia de ancianos pues el matrimonio no tenía hijos ni familia cercana.

Después de varias horas esperando en el pasillo de la residencia, a Juan se le comunicó que su habitación estaba lista. La enfermera encargada de llevarle hasta su nuevo cuarto le fue contando por el camino cómo era éste.

--¡Me encanta! --exclamó Juan con el entusiasmo de un niño de ocho años ante un nuevo juguete.

--¡Pero si aún no hemos llegado! Espere a verla... --le dijo sonriendo la enfermera.

--Eso no tiene nada que ver --replicó el anciano Juan--. La felicidad es algo que decido siempre con antelación. Si me gusta o no mi habitación no depende del color de las paredes o cómo están colocados los muebles. Depende de cómo coloco yo mi mente. ¡Y ya he decidido que me gusta mi nuevo cuarto!

La enferemera lo miró sonriendo, un poco extrañada. Pocos ancianos llegaban entusiasmados a la residencia. Observando su extrañeza, Juan le confió:

--Es una decisión que tomo cada mañana cuando me despierto. Puedo elegir entre pasarme el día en la cama enumerando las dificultades de casi todas las partes de mi cuerpo o salir de la cama y agradecer las que sí funcionan bien. Creo que cada día es un regalo para mi y, mientras sea capaz de abrir mis ojos, los enfocaré en el nuevo día y en todos los recuerdos felices que he ido almacenando a lo largo del camino...

(Anónimo)

*   *   *

Una persona como Juan es un regalo para el mundo, sin duda. 

El mayor regalo que podemos ofrecernos a nosotros mismos, a nuestra familia, amigos y al resto de la humanidad es apreciarnos lo suficiente como para decidir ser felices cada día. La gente feliz no empieza guerras. La gente feliz no hiere a otros ni abusa de ellos. La gente feliz no maltrata a aquellos sobre los que cree que tiene poder. La gente feliz no va por ahí causando dolor a troche y moche, queriendo o sin querer.

He decidido que quiero ser como el viejo Juan...

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿Crees que ya eres todo lo inteligente que puedes?

Si no puedes enseñarlo de forma sencilla,
no lo has entendido con la suficiente claridad (Albert Einstein)

Puede que creamos que la inteligencia se nos asigna en la infancia o juventud en un porcentaje fijo e inamovible que no podremos cambiar. Pero estamos equivocados, según la ciencia, si pensamos que es así. La forma en que enfrentamos situaciones —sean éstas de poca o mucha importancia para nosotros— y lo que hacemos para alimentar nuestros cerebros pueden aumentar significativamente nuestra potencia mental. Eso afirma Jessica Stillman en su artículo de Bussiness Insider del 24 de julio.

Aumentar nuestra inteligencia no requiere, necesariamente, volver a la escuela o universidad o comprometer gran parte de nuestro tiempo y energía en el estudio de asuntos profundos y complicados.
Hace poco, un investigador en el campo de la eficiencia y perfeccionamiento personal del sitio Quora, lanzó la siguiente pregunta a la comunidad del foro: ¿Qué harías para ser un poco más inteligente cada día?

Las respuestas llovieron; desde mediadores a profesores y empresarios o estudiantes universitarios y científicos aportaron sugerencias de lo que a ellos les había sido muy útil en este sentido. ¿Cuáles de estas diez ideas podrías y querrías incorporar a tu rutina diaria?

10 pequeñas cosas que podemos hacer a diario para ser más inteligentes


  1. Escribe acerca de lo que has aprendido. Escribe unas 400 palabras cada día sobre cosas que hayas aprendido. No tiene que ser un texto largo o bonito pero reservar unos cuantos minutos para reflejar por escrito lo que hayas aprendido cada día incrementa y estimula tu poder mental, aseguran desde Biosciences Inc.
  2. Haz una lista de “completado”.Una gran parte de la inteligencia se compone de confianza y felicidad, así que estimula ambos parándote un momento y enumerando no todo lo que te queda por hacer sino todas las cosas que ya has rematado. Hacer una lista de “ya lo he hecho” te llevará a observar y ser consciente de todas las cosas que YA has conseguido.
  3. Ser más listo respecto a tu tiempo online. El tiempo que pasas navegando por la red no tiene que estar dedicado al cien por cien a chequear tu FB o mirar enternecido cientos de páginas de perritos nadadores. Internet está lleno también de recursos de aprendizaje buenísimos, como Coursera.org (cursos gratuitos, interesantísimos y de todo tipo, impartidos por universidades de todo el mundo), herramientas de construcción y aprendizaje de vocabulario en prácticamente cualquier idioma, los intrigantes TED talks... “Cambia algunos minutos de perros superdotados por algo que alimente tu mente de otra manera”, contestaron algunos de los interrogados de Quora.
  4. Practica los juegos de mesa. Ajedrez, Scrabble, jugar a los barquitos, al bridge o la continental, no importa cuál, estimula tu cerebro hasta niveles increíbles. Los juegos de mesa y los rompecabezas no son solo divertidos sino que pueden hacer mucho por tu cerebro.
  5. Lee mucho. Aunque este consejo no es sorprendente y seguro que te lo esperabas, leer es, definitivamente, esencial. En cuanto a los temas que más estimulan el cerebro, las opiniones varían y las respuestas de los encuestados iban desde desarrollar el hábito diario de leer el periódico hasta una amplia variedad de ficción y no ficción, pero todos estaban de acuerdo en que la cantidad sí importa. Lee a lo bestia.
  6. Ten amigos inteligentes. Esto puede que ser duro en ocasiones para tu estima pero tratar con amigos y compañeros muy inteligentes es una de las más rápidas maneras de aprender. “Rodéate e interacciona de forma habitual con ellos. Recuerda que tu CI es la media de las cinco personas más cercanas con las que te relacionas de forma habitual”, dice el director cuentas en el foro de Quora. “Siempre habrá gente más inteligente que tú en áreas concretas; sé humilde, recuerda que eres único y valioso, y aprende de ellos, que también lo son. Yo paso el mayor tiempo posible con mi equipo de técnicos; nunca he tenido problemas en aceptar que soy, como mucho, un programador medio y que tengo aún mucho que aprender de otros.”
  7. Tómate un descanso. Médicos, psicólogos, maestros de yoga y entrenadores mentales aconsejan siempre: “Siéntate en silencio un rato cada día”. La necesidad de un tiempo y un espacio para procesar todo lo que hemos aprendido nos exige tomarnos un respiro de la continua estimulación mental a la que, voluntaria o involuntariamenete, nos sometemos. Para tu monólogo interior durante un rato cada día sentándote en silencio y con los ojos cerrados. O piensa mientras corres o nadas.
  8. Haz cosas nuevas de forma aleatoria. En su respuesta a cuestionario de Quora, el blogero Shane Parrish (Farnam Street, interesantísimo y fascinante blog) contó que Steve Job tomó un curso de caligrafía de joven cuando, al dejar el instituto, se encontró con un montón de tiempo libre. Aparentemente, no parecía muy útil pero el futuro fundador de Apple adquirió unas habilidades de diseño en ese curso que fueron aplicadas más tarde en los primeros ordenadores Mac. Nunca sabes lo que te será útil el día de mañana, así que aprende cosas nuevas que te atraigan y no dudes de que, en su momento, encajarán de forma perfecta en tu futuro. Aunque en el momento en que lo aprendes por puro placer no le veas la utilidad... la tendrá en tu vida, sin duda.
  9. Aprende un nuevo idioma. No necesitas convertirte en un bilingüe del checo o irte a vivir a un país extranjero para aprender el idioma que hayas elegido. Puedes trabajar a tu ritmo desde la comodidad de tu escritorio y, aún así, disfrutar de esos premios en forma de majora mental. Hay muchos sitios buenos y gratuitos donde hacerlo: Livemocha o Busuu., por ejemplo. Y una vez que tengas aprendidos los mecanismos básicos de ese nuevo idioma, pásate a Memrise donde tu aprendizaje se disparará.
  10. Explícaselo a otros. "Si no puedes explicarlo de forma sencillas, no lo has entendido con suficiente claridad", decía Albert Einstein. Los encuestados de Quora están de acuerdo. Asegúrate de que has aprendido de verdad lo que crees que has aprendido y de que esa información está realmente bien asentada en tu memoria tratando de enseñárselo a otros. “Asegúrate de que puedes explicárselo a otro”, dicen desde el foro los encuestados. Y uno de los estudiantes del foro comenta: “Sea grande o peqqueño lo que aprendas, sigue con ello el tiempo suficiente como para que puedas explicárselo a un amigo. Es muy fácil aprender algo nuevo. Ser capaz de retenerlo y enseñárselo a otros es mucho más valioso. Nadie da importancia a esto, pero el papel de guía que hace el que enseña no solo lo aprovecha su alumno sino que engrandece y expande la vida del que enseña algo”.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Recupera la confianza: 6 pasos ineludibles para lograrlo

No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices
Robert L. Stevenson

No existe un solo ser humano que nazca falto de confianza o seguridad en sí mismo. No hay bebé que no haga saber con claridad lo que quiere (y eso que aún no hablan); no existe el bebé que tema que la vida le fallará; no hay ningún bebé que dé por hecho que no conseguirá lo que quiere... Y no existe, ni ha existido ni existirá ningún niño menor de cuatro años que no sepa lo que quiere en este preciso momento. Aunque no se lo diga a mamá o papá.

Cuándo perdimos esa confianza o seguridad en alcanzar nuestros objetivos o sueños es menos importante que descubrir cómo lo hicimos y muchísimo menos importante que saber cómo recuperarlas. Cómo volver a ser nosotros mismos es, ahora, lo más importante por descubrir. 

La confianza de los niños...
¿Qué podemos hacer para reconvertir esa auto-confianza bajo mínimos que mostramos con cierta frecuencia a otros mediante nuestro lenguaje no verbal, aquélla que sabíamos dejar más que clara al resto del mundo cuando aún no sabíamos ni hablar? ¿Cómo empezar de nuevo a actuar y sentirnos más como nosotros mismos de nuevo? Satisfechos. Plenos. Contentos a pesar de errores o fallos que no convertiremos automáticamente en fracasos insuperables y deprimentes.

La buena noticias es que la confianza en uno mismo es una habilidad que se puede re-aprender y alimentar ad infinitum. Como cualquier otra habilidad implica pasos y acciones específicos que hemos de practicar hasta que sean parte de nosotros mismos de nuevo.

Pero no podremos avanzar y cambiar esos hábitos de inseguridad si no los miramos de frente. La clave de cualquier cambio es el ser consciente no solo de dónde queremos estar sino ser conscientes de dónde nos encontramos en este momento. Tenemos que admitir cuál es el problema y saber cómo se manifiesta en nuestra vida. ¿Qué le están haciendo a nuestra vida en este momento los pensamientos, acciones y elecciones basados en la poca confianza que tenemos en nuestra valía personal? ¿En qué áreas de nuestra vida puede que otros nos estén percibiendo como débiles o inseguros? Sé honesto contigo mismo y admite dónde necesitas una inyección de confianza. Escríbelo y así lo verás más claro.

En el fondo, tenemos todas las respuestas que nos conciernen pero muchas veces nos dan miedo. Es como si las respuestas fueran algo misterioso y oscuro que nos amenazan con la confirmación de nuestro poco merecido lugar en el mundo o la constatación de nuestra invalidez permanente para cualquier cosa que emprendamos. Las respuestas nunca son misteriosas ni oscuras, todo lo contrario; son precisamente aclaraciones de esos pensamientos y creencias confusos y enredados que arrastramos sin saber muy bien cómo manejar. La respuesta es, precisamente, ese aclaratorio que buscamos cuando queremos emprender algo nuevo. O sea, que no vale la excusa del miedo a la claridad cuando lo que estamos es manoteando en la oscuridad. Una locura bastante más habitual de lo que creemos.

Una vez aclarado el misterio de en qué punto estamos en cuanto a la confianza que tenemos, en general, en nosotros mismos, en la vida y en nuestras posibilidades, podemos dar esos seis pasos que terminarán de rematarnos para bien. 

Encuentra el origen desde donde se disparan tus dudas acerca de tí mismo. Una vez identificado el punto o puntos en los que tu confianza hace aguas, sigue excavando e intenta averiguar el "por qué". ¿Hubo un detonante concreto --en tu infancia o en un pasado reciente-- que minó tu confianza? ¿Es todavía ese detonante una realidad objetiva en tu vida? La mayor parte de las veces es únicamente el recuerdo doloroso de un suceso lo que nos mantiene atascados en la vía del poco aprecio por nosotros mismos. Ya no existe ninguna verdad acerca de aquel evento. Y saberlo, ser consciente de ello, te pone de nuevo en tu sitio: al mando de los controles de tu vida. Porque hasta tu lógica entenderá que es muy distinto creerse indigno que serlo.

Re-evalúa la verdad presente de tu vida. Si el suceso aquél --ya antiguo por nuevo que parezca de traerlo tanto al pensamiento-- que disparó todas tus terminaciones dolorosas ya no es real ni actual, encuentra evidencias que contradigan y desautoricen el evento. ¿No has sido capaz de aprender a andar? ¿No has sido capaz de graduarte? ¿No has sido capaz de utilizar la cuchara o el bolígrafo? ¿No has sido capaz de aprender y conseguir nada de nada de nada? Y aún así... ¿qué tendría eso de indigno? A veces, muy a menudo, confundimos nuestras propias expectativas con las de padres y maestros frustrados que quieren que hagamos lo que ellos hubieran querido ser capaces de hacer y no se sintieron con las habilidades necesarias para llevarlo a cabo. Como dice mi amiga Rakel: "Consejos vendo que para mi no tengo"...

Busca auténticas situaciones positivas presentes en tu vida actual que reflejen tu verdadero nivel de valor, confianza y fuerza. Hay --porque las hay-- muchas situaciones positivas en tu vida y las descubrirás si miras con verdadera atención. Dicho de otro modo: entrena a tu mente para ver "lo bueno en el todo". Habla de tus bienes más de lo que sueles hablar de tus males, y hazlo con afabilidad y alegría, sin ser pomposo (no te hace falta presumir). Si realmente te lo propusieras, ¿acerca de qué podrías sonreír sincera y amablemente ahora mismo?

Traza un programa realista de acciones positivas. Si ves que necesitas hacer algo para mejorar algo en tí mismo, tus habilidades o conocimientos, o tu nivel de confort en tu vida en cuanto a una situación concreta, determina exactamente qué necesitas hacer y crea una lista de acciones adecuadas a ello. Puede que necesites cambiar de enfoque tu vida profesional, o sencillamente cambiar tu perspectiva respecto a ello. Puede que necesites ver a un consejero para que te ayude a deshacerte de tus heridas o inseguridades más dolorosas. Cualquier campo en el que percibas una necesidad de mejora, investiga, decide cuál es el primer paso a dar y prográmate para introducirlo en tu rutina. Luego, deja que ese primer paso lleve al segundo e incorpora este también a tu rutina. Y así hasta rematar.

Verás que, haciendo esto, automáticamente, van mejorando otros aspectos con los que tampoco estabas muy contenta. [Muchas veces, el descontento general nos hace pensar que nuestra vida es invivible por todos los problemas que nos acosan y que no sabemos resolver, dejándonos abrumar por el descontento hasta el punto en que no damos ningún paso hacia el deseado bienestar general en nuestra vida. Y todo acaba haciéndose una bola.]

Ejercita tu confianza y/o tu seguridad. Si alimentas tu confianza tus miedos difusos morirán de hambre. Practica la confianza en situaciones pequeñas y manejables actuando con seguridad --incluso si no te sientes segura. Preséntate a alguien nuevo. Rétate a hacer algo más allá de tu zona de confort... Según vayas dando pasos en este sentido y observando algún éxito en estas pequeñas situaciones te irás sintiendo más y más confiado. Tu confianza, al aumentar de forma real, te permitirá abordar situaciones cada vez más "arriesgadas" que tendrán una mayor recompensa a la larga.

Contempla el lado positivo del fallo. Henry Ford decía que el éxito es ir tropezando de fallo en fallo sin perder el entusiasmo. Solo porque hayas enfrentado muchas derrotas en tu vida no significa que hayas sido derrotado. El fallo es el condimento que le da verdadero sabor al éxito cuando finalmente se alcanza. Cada vuelta equivocada que le hayas dado a la tuerca es una parte necesaria en tu camino hacia el crecimiento y éxito seguros. Lo que aprendes de tus fallos lo puedes aplicar en tu próximo esfuerzo para aumentar las posibilidades de éxito.

Concéntrate en la colaboración y en tu aportación. En ocasiones nos quedamos estancados en nosotros mismos, dando vueltas y vueltas en círculo sin saber por dónde romperlo. Nos enfocamos demasiado en nuestras propias percepciones y no en las necesidades de otros. Esto nos hace sentir como si el mundo girase a nuestro alrededor y nos hace más conscientes acerca de todo lo "malo" que ocurre. Así que libérate de tu pensamiento en círculo y concéntrate más en la contribución o aportación que estás haciendo a otros. De esta manera te preocupas menos acerca de tus fallos y flaquezas porque todo tendrá menos que ver CONTIGO. Esto incrementará tu auto-confianza y te permitirá contribuir a la felicidad de los que te rodean. Y cuando contemples el efecto positivo que ejerces en otros serás recompensado con sentimientos amplificados de auto-confianza y seguridad.


Prestando atención a tus comportamientos de poca auto-confianza y estima no solo te abrirás a aspectos donde necesitas mejorar y reforzarte sino que también comenzarás el proceso de re-definir cómo eres percibido por otros. La confianza en uno mismo es una de las más atractivas cualidades que podemos poseer. No dejes que la tuya se mantenga bajo mínimos y te mantenga a ti por debajo de tu mejor versión de ti mismo. No tendrá ese poder si tú no se lo das.

Y recuerda: no se trata de lo inteligente seas, lo bien vestido que vayas ni lo mucho que sepas; se trata de poner manos a la obra y, con lo que ya sabes, cambiar tu vida para mejor. Haz algo hoy mismo para convertirte en la persona segura, exitosa y feliz que se esconde dentro de ti. Leer esto te habrá ayudado muy posiblemente a dar el primer paso... no te pares ahí.

Si quieres comentar algo sobre este artículo, o compartir tus pensamientos, estaré encantada de publicarlos. Por ejemplo, ¿qué te ha ayudado en tu vida a disparar tu confianza en tiempos de inseguridad?

Te deseo un feliz y confiado resto de domingo.