sábado, 25 de octubre de 2014

Money, money, money...

¡Hay tantas cosas más importantes que el dinero! Pero cuestan tanto...
Groucho Marx


Salud, dinero, amor... Estas son las tres cosas más importantes de la vida, aunque no necesariamente en este orden siempre. Son las tres cosas que la grandísima mayoría de los humanos buscan y esperan encontrar. Son el triángulo de la felicidad, si hacemos bien su cuadratura.

En muchas encuestas realizadas en las calles se ha preguntado a paseantes casuales cuál de estas tres es la más importante. ¿Adivinas cuál fué la respuestas en la mayoría de los casos? DINERO. Posiblemente, Rockefeller o JP Morgan no contestarían eso, pero ellos son caso aparte.

Por supuesto, todos los que respondían a las preguntas de la encuesta sabían que el dinero no puede comprar el amor o la salud; pero todos sabían también una gran verdad que comparten con Henry Ford y conmigo: el dinero no da la felicidad pero aplaca muchísimo los nervios. Además, no es ningún obstáculo serio a la felicidad; no obligatoriamente, al menos :-D.

Bueno, yo quiero probar si eso es cierto o no. Yo quiero tener todo el dinero del mundo. Y punto.

¿Y cuánto es todo el dinero del mundo? ¿Qué queremos decir con ello? Lo más interesante del asunto del dinero (interesante por lo curioso) es que, en realidad, no tenemos una idea exacta de cuánto es suficiente. No sabemos cuánto dinero necesitamos realmente porque no sabemos si existe ese punto concreto en el que podremos decir un día: "Ya tengo suficiente dinero. He conseguido todo el que necesitaba".

¿Existirá realmente ese punto? Uuuummmm... Lo dudo. Si el humano se caracteriza por algo es por seguir queriendo tener más cosas y vivir más experiencias.

Y es ley natural, así que no me siento en absoluto culpable por ello. Pero es un hecho curioso. En el instante en que conseguimos nuestro mayor deseo de ayer nace el que queremos para mañana. Y así siempre. Cuando nuestro salario sube, nuestros gastos también lo hacen (y no siempre de forma proporcionalmente sensata). Cuando alcanzamos el ascenso deseado y el consiguiente aumento de sueldo solemos estar insatisfechos (más) con lo que ya tenemos... Lo deseamos y lo odiamos, normalmente por no tenerlo. Lo tememos también, normalmente porque en algún momento de nuestra vida-esponja (infancia y adolescencia) hemos asimilado que el dinero proviene del diablo y nos hará cometer pecados indefinibles. Total, que tenemos una relación con este asunto bastante guerrera.

Hace poco leía una curiosa descripción cuántica del dinero.

Según esta teoría, debemos recordar siempre que la forma en que nos sentimos respecto al dinero en todo momento (tengamos en ese momento mucho o poco) es muy importante porque nuestros sentimientos respecto al dinero, como en todo, nos dicen si estamos en el camino de la prosperidad o estamos desbarrando. Al parecer, tan perjudicial es la creencia "el dinero no es importante" -porque lo es y tu lógica lo sabe- como "el dinero lo es todo" -porque no lo es, aunque intentes convencer a tu lógica de lo contrario- en este momento en que no puedes llamar a un fontanero en condiciones y tienes que conformarte con la chapuza que te haga ese amigo tuyo tan manitas.

El dinero sí puede llover del cielo...
Y podemos mejorar nuestros sentimientos encontradísimos con respecto al dinero recordando en todo momento en que nos venga el asunto a la cabeza que el dinero no es bueno ni malo. Es una herramienta neutra, como tantas otras. El dinero no nos puede obligar a hacer cosas diabólicas. Son nuestros deseos los que nos motivan a hacer cosas, sean diabólicas o no. Somos nosotros quienes decidimos cómo manejar nuestros dineros y qué hacer con ellos. No al revés.

Somos nosotros quienes decidimos si empleamos el dinero en pagar a un rumano para que le parta las piernas a nuestra suegra o en contratar a un escritor para que le escriba un anónimo amenazante en condiciones. También somos nosotros quienes decidimos si lo empleamos en mejorar nuestra vida: una buena casa, un buen coche, educación de nuestros hijos, practicar el diezmo, viajar en familia (o a solas :-D), visitas a museos, mejorar nuestra casa para que quede a nuestro gusto, donaciones a organizaciones de ayuda (serias), proyectos familiares de mejora de cualquier área de la vida, etc. Y ¿por qué no? Jugar a la Bolsa -con la sana intención de ganar más dinero todavía- si eres aventurero y te gustan los deportes de riesgo, especialmente en estos momentos... Todos los caprichos que nos podamos y queramos permitir que no perjudiquen a terceros son sensatos, y producen un enorme placer. 

¿Qué tiene eso de diabólico? Viéndolo así, ¿qué tiene el dinero a espuertas de malo? Nada. En absoluto. Por supuesto, esta teoría me encantó, y he decidido apropiármela.

Pero cuando más me recreaba en ella, me asaltó la duda dichosa: ¿es lícito tener y poder gastar tanto cuando otros no tienen nada o tienen tan poco? ¿No debería renunciar a mi fortuna (si es el caso) en favor de otros menos favorecidos? 

Y la teoría contestaba la pregunta con otra: Cuando ves a alguien enfermo, ¿te planteas estar dos o quince años malísimo para que el otro sane un poco o un mucho? 

O cuando tienes una maravillosa relación de pareja, ¿te planteas renunciar a ella para que la tenga tu amiga soltera?

O cuando tienes dos hijos maravillosos, ¿ofreces uno de ellos en adopción para que otro sin hijos pueda saborear esas mieles?

Uuuummm... Yo no, desde luego.

Pero cada uno ha de decidir qué hace con su fortunón. Tan cuántica y real es la energía del dinero como la de la salud y la del amor. De las tres cosas recibiremos la misma cantidad: lo que seamos capaces de aceptar. Sin culpa. Sin miedo. Sin nervios :-D.

Hay gente que se casa por amor y la hay que se casa por dinero... ¿por qué no la hay que se casa por salud? Ains, qué lío.

Volvemos al cierre del círculo infinito: lo importante es la actitud ante ello y los sentimientos que ese asunto -sea cual sea- nos provocan. Si no nos dejamos acobardar por el amor y la salud, ¿por qué hacerlo por el dinero? Todo es energía, dicen los cuánticos empíricamente; y el dinero lo es también, solo que su forma física nos produce muchos sentimientos encontrados, sobre todo si su físico es abundante y orondo.

La solución, propone esta teoría, es hacerse amigo del espíritu del dinero de forma consciente y con la intención clara y sana de atraerlo; tratarlo como a un igual, un socio al que dejas entrar en tu vida alegremente para disfrutar de su compañía y de todo lo que esta agradable compañía te reporta. De la forma que mejor te convenga y más felicidad te de sin destrozarte los nervios.

Ah, y también nos recuerda que, como energía, el dinero no proviene directamente de donde trabajas, del bolsillo de tu padre o de la loto. Estos son sólo algunos caminos que toma para venir de donde viene toda energía: el Universo. Y sus caminos, como todos sabemos, son infinitos e inescrutables. Así que "...no lo limites; deséalo alegremente, amplía tus miras y deja que fluya como quiera y desde donde quiera".

Digoooo... ¡Anda que no son buenas noticias!






sábado, 11 de octubre de 2014

La magia de la autosugestión: Afirmaciones positivas

Cada día, en todos los aspectos, mi vida va mejor y mejor
Émile Coué (1857-1926, psicólogo y farmacólogo francés)


Un lector me pregunta mi opinión sobre las afirmaciones positivas, y me pide que hable sobre ellas. Pues aquí vengo con el asunto...

No he sido nunca una devota practicante de ellas. De hecho, les tengo manía... Quizás porque como soy exagerada e impaciente para todo, el hecho de decirme --por primera y penúltima vez, en medio de un esplendoroso ataque de pánico-- que el mundo era un lugar maravilloso y seguro contradijo tan drásticamente mi lógica que me dejó frustrada, impotente y pensando que era más idiota de lo que ya pensaba que era. Ya sé que mi cabeza y mi lógica son otras, pero son las que tengo y con las que tengo que bregar. Y no convencí ni a la una ni a la otra de que el mundo era algo diferente a lo que estaban viendo en ese momento mis ojos, completamente respaldados por mi tripa encogida de miedo.

Lástima no haber oído hablar hasta años después de Émile Coué; con su forma de explicar la autosugestión y su famosa frase (la de arriba a la derecha) me hubiera ayudado a que todo fuese mucho más corto y mucho menos doloroso, al igual que ayudó a principios del siglo XX a muchísimos miles de ciudadanos del mundo entero. Pero no estaba yo para probaturas...

Émile Coué, un desconocido psicólogo y farmacéutico en su ciudad natal, Troyes, logró su renombre internacional gracias a su método de reprogramación de la mente. Durante la primera guerra mundial, y ante la ausencia de medicamentos, empleó con los heridos el método de autosugestión que había aprendido de Liebault (del que fué alumno) y que mejoró con resultados espectaculares. Los heridos mejoraban a ojos vistas, siempre y cuando repitieran la frase que les daba de forma consistente (repitiéndola a lo largo del día varias veces) y con perseverancia y convicción. La recuperación de estos hombres igualaba en calidad y tiempo a la de los heridos tratados con medicamentos.

Contariamente a lo que se creía por entonces (y por lo que aún todavía algunos creen), Coué descubrió que la imaginación dominaba a la voluntad. La fuerza de voluntad no es la fuerza invencible que parecía ser. De hecho, cuando la imaginación y la voluntad entran en conflicto es la imaginación la que sale victoriosa. Siempre. Tu mente es el escenario del crimen, ¿recuerdas? :-D

Haz la prueba: antes de hacer algo que, en apariencia, es un reto que llevarías a cabo sin mucho problema, tómate un par de días (incluso menos) repitiéndote tumbado al sol que no puedes hacerlo mientras imaginas tu esplendoroso fracaso. Verás confirmada tu afirmación y te será imposible llevarlo a cabo. En realidad, vemos confirmadas a diario nuestras afirmaciones, tanto positivas como negativas, conscientes o inconscientes: no puedo, no valgo para eso, soy demasiado mayor (o menor), siempre he sabido que no cantaba bien, con la crisis no hay trabajo, no tengo tiempo ni fuerzas, no vale la pena porque al final no saldrá... ¿Te suenan?

El perfeccionamiento y el autodominio se obtiene, según Coué, cuando la imaginación (mente consciente) ha sido dirigida y entrenada para que coincida con nuestros deseos. A menos que lo hagamos de forma inteligente, la ley del esfuerzo contrario se ocupará de que no salga bien la cosa. En su obra My method, Coué pone un ejemplo que todos conocemos en carnes propias: 

"Supongamos que un hombre que sufre de insomnio decide intentar el efecto de la autosugestión (afirmaciones positivas). A menos que haya sido antes advertido de ello, se repetirá frases de este estilo durante todo el tiempo: Dormiré bien; voy a dormir bien; puedo dormirme sin problemas... Haciendo durante ese rato esfuerzos desesperados para persuadirse y coaccionar el sueño. Esto es fatal. El propio hecho de forzar el sueño ha convertido este último en una fuerza que actúa en sentido contrario de lo que se desea, con el resultado del pobre hombre volviendo, frustrado e insomne, a la cama.

Antes de ejercer la voluntad, la imaginación debería de ser desbloqueada a nuestro favor. Dejar que la imaginación, una vez entrenada de forma que nos apoye,actúe sin forzarla. Durante esta fase deberíamos ser bastante pasivos porque, mediante procesos casi misteriosos e inexplicables, nuestro subconsciente lleva a cabo maravillosas hazañas."

Y para apoyar esto, nos recuerda el famoso experimento del que habló Pascal: "Nadie tendrá problemas para recorrer un tablón de solo veinte centímetros de ancho tendido en una calle. Pero tiende ese mismo tablón entre dos edificios de esa misma calle a la altura del octavo piso y veremos si la imaginación es o no es más poderosa que la voluntad... 

Además de haber aprendido ya todo lo que dice Coué, también he descubierto que utilizar las afirmaciones positivas de forma indiscriminada es irresponsable y frustrante. Para ser efectiva, la autosugestión ha de estar en línea con mi propia lógica personal: ha de ser coherente y práctica.

Repetirme cien mil veces por minuto que el mundo es un lugar maravilloso y seguro mientras me pilla en la calle un fuego cruzado entre bandas no me ayudará; al contrario, la clarísima incoherencia entre lo que están viendo mis ojitos y la imagen que intento forzar en mi mente me paralizará. Es momento de acción; hay que correr y buscar un portal o un árbol frondoso de enorme tronco. Y no podré correr si estoy paralizada en una playa caribeña mental. Mejor echo mano de mi coherencia inteligente y me digo: estás en problemas, Houston, pero recuerda que no muere todo humano por herida de bala; saldré de esta como sea. Mi lógica me dice que eso es posible y, aunque no crea a pies juntillas con fe ciega en el Altísimo que yo seré uno de los que se salven en esa situación, mi cerebro filtrará la información como posible y, por lo tanto, fiable (lógica) y, en apoyo a mi institnto de supervivencia, me pondrá a correr a todo lo que den mis piernas (y más). Corriendo a toda pastilla y enfocando mi aguda vista en los alrededores tengo muchas más posibilidades de encontrar ese portal o ese enorme árbol que estando tumbada mentalmente al sol, en medio del fuego cruzado de bandas físicas que, en ese momento, disparan en mi mundo personal real (o lo que sea este mundo). Ya iré al Caribe en verano... sin más presión añadida que el precio del billete.

Para salir airosa de un parto complicado nos vendrá bien respirar deprisa y pensar que no todo el mundo muere de parto; de hecho, hoy nadie lo hace. ¿Por qué voy a ser yo la excepción justo ahora? Con esa idea lógica y cierta en la cabeza, respiraré lo mejor que pueda y ayudaré a traer al mundo a esa criatura que empuja para salir; en lugar de apretar las piernas, paralizada por el miedo, impidiendo que ese mi niño siga su curso hacia este planeta. Mientras, eso sí, recito con vehemencia e incoherencia que todos los partos son siempre rápidos, seguros e indoloros, sencillos y cortos, teletransportándome a un  lugar al que en ese momento no estoy accediendo ni de blas porque ahora mismo no existe en mi mundo personal nada aparte de un quirófano y muchos nervios.

Encontrar el trabajo de mis sueños --con crisis o sin ella-- con la tripa apretada de preocupación mientras canto con forzada alegría "El mundo está lleno de puestos de trabajo como el de mis sueños" y reviso con muchísima atención las cifras de paro en aumento de todos los países del mundo no me ayudará a llegar ahí. No de inmediato ni muy pronto al menos. Falla mi lógica, se siente agredida; entra en conflicto mi imaginación (mucho más poderosa) con la voluntad de encontrar trabajo, conflicto que impedirá que mis manos redacten mi buen CV y que mis piernas me lleven a Correos a enviar 100 sobres con copia de mi currículum dentro. Paralizada por la imaginación, no tengo nada que hacer. Y todo ha ocurrido en mi mente; en un segundo me he quedado sin el trabajo de mis sueños y sin aliento.

Mi cerebro no es tonto y solo filtrará una información que, aun siendo un reto, tenga lógica parecida a lo que él considera real y objetivo. Algo incontestable como: "Hay muchas personas en el mundo que trabajan aún; y muchas de ellas trabajan en un puesto parecido al que yo deseo; hay aún empresas en el mundo que se dedican a lo que yo sé hacer y se siguen abriendo empresas nuevas; quizás no tantas como en tiempo de bonanza pero siguen creándose y necesitando mis habilidades; la gente, a pesar de la crisis, sigue cumpliendo años y jubilándose, dejando vacantes puestos que yo puedo ocupar...". Ahí sí estoy empezando a solucionar el problema. Adiós, Houston, ya no te necesito.

Pero hay que entrenar la imaginación (mente consciente) para que haga de estas habilidades algo habitual, creando así nuevos caminos neuronales que, con tiempo y diligencia, irán sustituyendo por borramiento masivo de datos los antiguos y aterradores. Y para ello hay que pasar por ejercitar esas habilidades de forma consciente y perseverante durante un tiempo. Igual que cuando aprendimos a conducir, que parecía que no teníamos manos y pies suficientes para manejar esa maldita máquina. Y hoy vamos a cualquier sitio conduciendo y silbando a la vez, parece mentira, tan contentos.

La afirmación positiva de Coué es la única, sinceramente, que utilizada y repetida a diario todo lo que puedo, nunca contradice mi lógica, impaciente y exagerada como yo. Porque, cuando me pongo a revisarla, veo que es cierto que, cada día, en la búsqueda de mi felicidad sostenible, mi vida va mejor y mejor en todos los aspectos. Algunos mejoran más rápido que otros, pero todos mejoran cada día.

Si es necesario, recuérdatelo cada día escribiendo una lista de todos los embrollos de los que has salido; todas las cosas que has rematado con éxito; todo el consuelo que has dado y recibido; todo el cariño y el apoyo que has ofrecido y te han brindado; todo el amor que has hecho efectivo de una u otra manera; toda la ayuda que has prestado y se te ha prestado; todos los títulos que has sacado; todos los aplausos, agradecimientos y palmaditas en el hombro que has recibido. En resumen: todo lo que has hecho por mejorar y crecer expandiendo tu persona a tu mejor entender. No insultes a las inteligencias humanas y divinas empeñándote en que eres menos de lo que realmente eres porque un día, ya lejano, te convencieron de lo contrario. O porque aún alguien te lo dice todavía.

Y, sobre todo, no insultes a tu propia inteligencia haciéndolo, porque esa sí que no perdona.

Y en cuanto a las afirmaciones (que ya me he desviado), lo dicho: empléalas con inteligencia y aplicando tu propia lógica; sólo de esa forma funcionan muy bien a corto, medio y largo plazo, un rato al día diciéndolas muchas veces :D. Y ya sé que es un ejemplo muy manido, pero no por ello menos cierto: poner una pegatina de una carita feliz tapando el chivato de la gasolina cuando se pone en rojo no llenará el tanque. El tanque sólo tendrá gasolina cuando tú se la pongas.

Pues lo mismo con las afirmaciones positivas.



Cada día, en todos los aspectos, mi vida va mejor y mejor.


sábado, 4 de octubre de 2014

Y como no sabía que era imposible, lo hizo


Trascender los propios límites, ains...

En un artículo de la revista Spirit Science, Kirsten Cowart asegura que somos seres sin límites con un infinito potencial y que, aún así, nos limitamos a nosotros mismos. Somos nosotros, al parecer, los que estorbamos nuestro propio camino hacia el cumplimiento de nuestros sueños.

Y, aunque podemos echarle la culpa a nuestros padres, maestros y otras figuras de autoridad en nuestra vida a lo largo de la infancia y juventud, la realidad es que cuando ya somos jóvenes adultos y podemos elegir otra forma de ver y de interactuar con el mundo, seguimos eligiendo el miedo en muchas ocasiones.
  
¿Seremos lo suficientemente valientes como para tirarnos de cabeza a por nuestros sueños y hacer que se cumplan? ¿Reconoceremos que podemos tener, ser y hacer cualquier cosa que queramos en esta vida (y seguramente en las otras), y que lo único que necesitamos es pedir y movernos en esa dirección? ¿O seguiremos imaginando paisajes negros y desoladores antes incluso de definir con claridad nuestro sueño matándolo antes de que nazca?

En su discurso de aceptación del doctorado Honoris Causa de la Maharishi University of Management, el actor Jim Carrey habló de este tema sorprendiendo y deleitando a todos los recién graduados, profesores e invitados al acto. 

Habló de cómo descubrió que es uno con el universo y que, sabiéndolo, todos sus límites saltaron por los aires. Aprendió que que podemos pasar nuestra vida entera imaginando fantasmas acerca de nuestro futuro o podemos entender que todo, absolutamente todo, tiene que ver con este preciso momento, ahora mismo, y con qué actitud lo afrontamos. Jim Carrey nos aconseja:


Olvídate del cómo va a ocurrir y confía
en que añadiendo energía e intención a tus objetivos
éstos se cumplirán


¿Qué objetivos y sueños son los nuestros? ¿Queremos cambiar el mundo? ¿Soñamos con viajar por todos los continentes o con ser artistas? ¿O con construir los más bellos y autosuficientes edificios jamás construídos? Quizás queremos estudiar matemáticas puras pero nos dijeron en algún momento que no valíamos para ello... 

Hay cinco cosas que podemos recordar cuando nos demos cuenta de que actuamos sintiéndonos limitados:

1. Estás conectado a todo lo que es y como parte de todo lo que existe puedes alcanzar cualquier cosa que desees o imagines en la que trabajes con empeño. 

2.  A veces, los muros de nuestra vida se elevan porque necesitamos nuevas herramientas o ingredientes. Consulta a expertos, utiliza internet; échale valor y haz preguntas claras. Encuentra nuevas herramientas y, si no existen, créalas tú. 
3. Elige el aprecio (amor) en lugar del temor cada vez que estés tomando una decisión. Aprecio sincero por  ti mismo y por todas las personas implicadas en el asunto. Aprecio sincero por todo lo existente (ya sé, ya sé...). Esfuérzate por tomar decisiones en las que, según tu criterio personal, ganéis todos los implicados (y eso no significa de ninguna de las maneras que tengas que hacer lo que digan los otros, sean implicados o no). Esto es posible si buscamos con empeño la forma de hacerlo bien a nuestro parecer. Confía en tu criterio antes que en el de otros, siempre. 
4.  Piensa "fuera de la caja" y encuentra una solución que nadie más haya intentado o encontrado antes. No tenemos que hacer las cosas de la forma en que los otros las han hecho siempre. Si hemos puesto una gran cantidad de energía y pensamiento en algo y ese algo sigue pareciendo no tener sentido, quizás tengamos que plantearnos que hay otra manera u otro camino para llevarlo a cabo. 
5. Sé consciente de y reconoce que todo el mundo tiene miedo, y que casi siempre el consejo que te ofrecen está basado en sus propios temores y no en limitaciones reales de ningún tipo (y desde luego, no tuyas). Su opinión no implica que no se pueda hacer; solo significa que ellos no han sido capaces de encontrar una manera de hacerlo con éxito.
6. Abandona la idea de perfección definitivamente o jamás darás un paso. La perfección universal no existe, y lo sabes. Ya lo hubieras descubierto, y no lo has hecho.

Recuerda: "Y como no sabía que era imposible, lo hizo"
:-D







sábado, 27 de septiembre de 2014

Nadar contra corriente es bueno... ¡solo para tus músculos!

Las cosas que más nos importan no deben depender nunca
de las cosas que nos importan menos
Goethe


Juan tenía 92 años cuando su esposa Esther, veinte años más joven que él, falleció. La muerte de Esther hizo necesario que Juan tuviera que ir a vivir a una residencia de ancianos pues el matrimonio no tenía hijos ni familia cercana.

Después de varias horas esperando en el pasillo de la residencia, a Juan se le comunicó que su habitación estaba lista. La enfermera encargada de llevarle hasta su nuevo cuarto le fue contando por el camino cómo era éste.

--¡Me encanta! --exclamó Juan con el entusiasmo de un niño de ocho años ante un nuevo juguete.

--¡Pero si aún no hemos llegado! Espere a verla... --le dijo sonriendo la enfermera.

--Eso no tiene nada que ver --replicó el anciano Juan--. La felicidad es algo que decido siempre con antelación. Si me gusta o no mi habitación no depende del color de las paredes o cómo están colocados los muebles. Depende de cómo coloco yo mi mente. ¡Y ya he decidido que me gusta mi nuevo cuarto!

La enferemera lo miró sonriendo, un poco extrañada. Pocos ancianos llegaban entusiasmados a la residencia. Observando su extrañeza, Juan le confió:

--Es una decisión que tomo cada mañana cuando me despierto. Puedo elegir entre pasarme el día en la cama enumerando las dificultades de casi todas las partes de mi cuerpo o salir de la cama y agradecer las que sí funcionan bien. Creo que cada día es un regalo para mi y, mientras sea capaz de abrir mis ojos, los enfocaré en el nuevo día y en todos los recuerdos felices que he ido almacenando a lo largo del camino...

(Anónimo)

*   *   *

Una persona como Juan es un regalo para el mundo, sin duda. 

El mayor regalo que podemos ofrecernos a nosotros mismos, a nuestra familia, amigos y al resto de la humanidad es apreciarnos lo suficiente como para decidir ser felices cada día. La gente feliz no empieza guerras. La gente feliz no hiere a otros ni abusa de ellos. La gente feliz no maltrata a aquellos sobre los que cree que tiene poder. La gente feliz no va por ahí causando dolor a troche y moche, queriendo o sin querer.

He decidido que quiero ser como el viejo Juan...

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿Crees que ya eres todo lo inteligente que puedes?

Si no puedes enseñarlo de forma sencilla,
no lo has entendido con la suficiente claridad (Albert Einstein)

Puede que creamos que la inteligencia se nos asigna en la infancia o juventud en un porcentaje fijo e inamovible que no podremos cambiar. Pero estamos equivocados, según la ciencia, si pensamos que es así. La forma en que enfrentamos situaciones —sean éstas de poca o mucha importancia para nosotros— y lo que hacemos para alimentar nuestros cerebros pueden aumentar significativamente nuestra potencia mental. Eso afirma Jessica Stillman en su artículo de Bussiness Insider del 24 de julio.

Aumentar nuestra inteligencia no requiere, necesariamente, volver a la escuela o universidad o comprometer gran parte de nuestro tiempo y energía en el estudio de asuntos profundos y complicados.
Hace poco, un investigador en el campo de la eficiencia y perfeccionamiento personal del sitio Quora, lanzó la siguiente pregunta a la comunidad del foro: ¿Qué harías para ser un poco más inteligente cada día?

Las respuestas llovieron; desde mediadores a profesores y empresarios o estudiantes universitarios y científicos aportaron sugerencias de lo que a ellos les había sido muy útil en este sentido. ¿Cuáles de estas diez ideas podrías y querrías incorporar a tu rutina diaria?

10 pequeñas cosas que podemos hacer a diario para ser más inteligentes


  1. Escribe acerca de lo que has aprendido. Escribe unas 400 palabras cada día sobre cosas que hayas aprendido. No tiene que ser un texto largo o bonito pero reservar unos cuantos minutos para reflejar por escrito lo que hayas aprendido cada día incrementa y estimula tu poder mental, aseguran desde Biosciences Inc.
  2. Haz una lista de “completado”.Una gran parte de la inteligencia se compone de confianza y felicidad, así que estimula ambos parándote un momento y enumerando no todo lo que te queda por hacer sino todas las cosas que ya has rematado. Hacer una lista de “ya lo he hecho” te llevará a observar y ser consciente de todas las cosas que YA has conseguido.
  3. Ser más listo respecto a tu tiempo online. El tiempo que pasas navegando por la red no tiene que estar dedicado al cien por cien a chequear tu FB o mirar enternecido cientos de páginas de perritos nadadores. Internet está lleno también de recursos de aprendizaje buenísimos, como Coursera.org (cursos gratuitos, interesantísimos y de todo tipo, impartidos por universidades de todo el mundo), herramientas de construcción y aprendizaje de vocabulario en prácticamente cualquier idioma, los intrigantes TED talks... “Cambia algunos minutos de perros superdotados por algo que alimente tu mente de otra manera”, contestaron algunos de los interrogados de Quora.
  4. Practica los juegos de mesa. Ajedrez, Scrabble, jugar a los barquitos, al bridge o la continental, no importa cuál, estimula tu cerebro hasta niveles increíbles. Los juegos de mesa y los rompecabezas no son solo divertidos sino que pueden hacer mucho por tu cerebro.
  5. Lee mucho. Aunque este consejo no es sorprendente y seguro que te lo esperabas, leer es, definitivamente, esencial. En cuanto a los temas que más estimulan el cerebro, las opiniones varían y las respuestas de los encuestados iban desde desarrollar el hábito diario de leer el periódico hasta una amplia variedad de ficción y no ficción, pero todos estaban de acuerdo en que la cantidad sí importa. Lee a lo bestia.
  6. Ten amigos inteligentes. Esto puede que ser duro en ocasiones para tu estima pero tratar con amigos y compañeros muy inteligentes es una de las más rápidas maneras de aprender. “Rodéate e interacciona de forma habitual con ellos. Recuerda que tu CI es la media de las cinco personas más cercanas con las que te relacionas de forma habitual”, dice el director cuentas en el foro de Quora. “Siempre habrá gente más inteligente que tú en áreas concretas; sé humilde, recuerda que eres único y valioso, y aprende de ellos, que también lo son. Yo paso el mayor tiempo posible con mi equipo de técnicos; nunca he tenido problemas en aceptar que soy, como mucho, un programador medio y que tengo aún mucho que aprender de otros.”
  7. Tómate un descanso. Médicos, psicólogos, maestros de yoga y entrenadores mentales aconsejan siempre: “Siéntate en silencio un rato cada día”. La necesidad de un tiempo y un espacio para procesar todo lo que hemos aprendido nos exige tomarnos un respiro de la continua estimulación mental a la que, voluntaria o involuntariamenete, nos sometemos. Para tu monólogo interior durante un rato cada día sentándote en silencio y con los ojos cerrados. O piensa mientras corres o nadas.
  8. Haz cosas nuevas de forma aleatoria. En su respuesta a cuestionario de Quora, el blogero Shane Parrish (Farnam Street, interesantísimo y fascinante blog) contó que Steve Job tomó un curso de caligrafía de joven cuando, al dejar el instituto, se encontró con un montón de tiempo libre. Aparentemente, no parecía muy útil pero el futuro fundador de Apple adquirió unas habilidades de diseño en ese curso que fueron aplicadas más tarde en los primeros ordenadores Mac. Nunca sabes lo que te será útil el día de mañana, así que aprende cosas nuevas que te atraigan y no dudes de que, en su momento, encajarán de forma perfecta en tu futuro. Aunque en el momento en que lo aprendes por puro placer no le veas la utilidad... la tendrá en tu vida, sin duda.
  9. Aprende un nuevo idioma. No necesitas convertirte en un bilingüe del checo o irte a vivir a un país extranjero para aprender el idioma que hayas elegido. Puedes trabajar a tu ritmo desde la comodidad de tu escritorio y, aún así, disfrutar de esos premios en forma de majora mental. Hay muchos sitios buenos y gratuitos donde hacerlo: Livemocha o Busuu., por ejemplo. Y una vez que tengas aprendidos los mecanismos básicos de ese nuevo idioma, pásate a Memrise donde tu aprendizaje se disparará.
  10. Explícaselo a otros. "Si no puedes explicarlo de forma sencillas, no lo has entendido con suficiente claridad", decía Albert Einstein. Los encuestados de Quora están de acuerdo. Asegúrate de que has aprendido de verdad lo que crees que has aprendido y de que esa información está realmente bien asentada en tu memoria tratando de enseñárselo a otros. “Asegúrate de que puedes explicárselo a otro”, dicen desde el foro los encuestados. Y uno de los estudiantes del foro comenta: “Sea grande o peqqueño lo que aprendas, sigue con ello el tiempo suficiente como para que puedas explicárselo a un amigo. Es muy fácil aprender algo nuevo. Ser capaz de retenerlo y enseñárselo a otros es mucho más valioso. Nadie da importancia a esto, pero el papel de guía que hace el que enseña no solo lo aprovecha su alumno sino que engrandece y expande la vida del que enseña algo”.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Recupera la confianza: 6 pasos ineludibles para lograrlo

No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices
Robert L. Stevenson

No existe un solo ser humano que nazca falto de confianza o seguridad en sí mismo. No hay bebé que no haga saber con claridad lo que quiere (y eso que aún no hablan); no existe el bebé que tema que la vida le fallará; no hay ningún bebé que dé por hecho que no conseguirá lo que quiere... Y no existe, ni ha existido ni existirá ningún niño menor de cuatro años que no sepa lo que quiere en este preciso momento. Aunque no se lo diga a mamá o papá.

Cuándo perdimos esa confianza o seguridad en alcanzar nuestros objetivos o sueños es menos importante que descubrir cómo lo hicimos y muchísimo menos importante que saber cómo recuperarlas. Cómo volver a ser nosotros mismos es, ahora, lo más importante por descubrir. 

La confianza de los niños...
¿Qué podemos hacer para reconvertir esa auto-confianza bajo mínimos que mostramos con cierta frecuencia a otros mediante nuestro lenguaje no verbal, aquélla que sabíamos dejar más que clara al resto del mundo cuando aún no sabíamos ni hablar? ¿Cómo empezar de nuevo a actuar y sentirnos más como nosotros mismos de nuevo? Satisfechos. Plenos. Contentos a pesar de errores o fallos que no convertiremos automáticamente en fracasos insuperables y deprimentes.

La buena noticias es que la confianza en uno mismo es una habilidad que se puede re-aprender y alimentar ad infinitum. Como cualquier otra habilidad implica pasos y acciones específicos que hemos de practicar hasta que sean parte de nosotros mismos de nuevo.

Pero no podremos avanzar y cambiar esos hábitos de inseguridad si no los miramos de frente. La clave de cualquier cambio es el ser consciente no solo de dónde queremos estar sino ser conscientes de dónde nos encontramos en este momento. Tenemos que admitir cuál es el problema y saber cómo se manifiesta en nuestra vida. ¿Qué le están haciendo a nuestra vida en este momento los pensamientos, acciones y elecciones basados en la poca confianza que tenemos en nuestra valía personal? ¿En qué áreas de nuestra vida puede que otros nos estén percibiendo como débiles o inseguros? Sé honesto contigo mismo y admite dónde necesitas una inyección de confianza. Escríbelo y así lo verás más claro.

En el fondo, tenemos todas las respuestas que nos conciernen pero muchas veces nos dan miedo. Es como si las respuestas fueran algo misterioso y oscuro que nos amenazan con la confirmación de nuestro poco merecido lugar en el mundo o la constatación de nuestra invalidez permanente para cualquier cosa que emprendamos. Las respuestas nunca son misteriosas ni oscuras, todo lo contrario; son precisamente aclaraciones de esos pensamientos y creencias confusos y enredados que arrastramos sin saber muy bien cómo manejar. La respuesta es, precisamente, ese aclaratorio que buscamos cuando queremos emprender algo nuevo. O sea, que no vale la excusa del miedo a la claridad cuando lo que estamos es manoteando en la oscuridad. Una locura bastante más habitual de lo que creemos.

Una vez aclarado el misterio de en qué punto estamos en cuanto a la confianza que tenemos, en general, en nosotros mismos, en la vida y en nuestras posibilidades, podemos dar esos seis pasos que terminarán de rematarnos para bien. 

Encuentra el origen desde donde se disparan tus dudas acerca de tí mismo. Una vez identificado el punto o puntos en los que tu confianza hace aguas, sigue excavando e intenta averiguar el "por qué". ¿Hubo un detonante concreto --en tu infancia o en un pasado reciente-- que minó tu confianza? ¿Es todavía ese detonante una realidad objetiva en tu vida? La mayor parte de las veces es únicamente el recuerdo doloroso de un suceso lo que nos mantiene atascados en la vía del poco aprecio por nosotros mismos. Ya no existe ninguna verdad acerca de aquel evento. Y saberlo, ser consciente de ello, te pone de nuevo en tu sitio: al mando de los controles de tu vida. Porque hasta tu lógica entenderá que es muy distinto creerse indigno que serlo.

Re-evalúa la verdad presente de tu vida. Si el suceso aquél --ya antiguo por nuevo que parezca de traerlo tanto al pensamiento-- que disparó todas tus terminaciones dolorosas ya no es real ni actual, encuentra evidencias que contradigan y desautoricen el evento. ¿No has sido capaz de aprender a andar? ¿No has sido capaz de graduarte? ¿No has sido capaz de utilizar la cuchara o el bolígrafo? ¿No has sido capaz de aprender y conseguir nada de nada de nada? Y aún así... ¿qué tendría eso de indigno? A veces, muy a menudo, confundimos nuestras propias expectativas con las de padres y maestros frustrados que quieren que hagamos lo que ellos hubieran querido ser capaces de hacer y no se sintieron con las habilidades necesarias para llevarlo a cabo. Como dice mi amiga Rakel: "Consejos vendo que para mi no tengo"...

Busca auténticas situaciones positivas presentes en tu vida actual que reflejen tu verdadero nivel de valor, confianza y fuerza. Hay --porque las hay-- muchas situaciones positivas en tu vida y las descubrirás si miras con verdadera atención. Dicho de otro modo: entrena a tu mente para ver "lo bueno en el todo". Habla de tus bienes más de lo que sueles hablar de tus males, y hazlo con afabilidad y alegría, sin ser pomposo (no te hace falta presumir). Si realmente te lo propusieras, ¿acerca de qué podrías sonreír sincera y amablemente ahora mismo?

Traza un programa realista de acciones positivas. Si ves que necesitas hacer algo para mejorar algo en tí mismo, tus habilidades o conocimientos, o tu nivel de confort en tu vida en cuanto a una situación concreta, determina exactamente qué necesitas hacer y crea una lista de acciones adecuadas a ello. Puede que necesites cambiar de enfoque tu vida profesional, o sencillamente cambiar tu perspectiva respecto a ello. Puede que necesites ver a un consejero para que te ayude a deshacerte de tus heridas o inseguridades más dolorosas. Cualquier campo en el que percibas una necesidad de mejora, investiga, decide cuál es el primer paso a dar y prográmate para introducirlo en tu rutina. Luego, deja que ese primer paso lleve al segundo e incorpora este también a tu rutina. Y así hasta rematar.

Verás que, haciendo esto, automáticamente, van mejorando otros aspectos con los que tampoco estabas muy contenta. [Muchas veces, el descontento general nos hace pensar que nuestra vida es invivible por todos los problemas que nos acosan y que no sabemos resolver, dejándonos abrumar por el descontento hasta el punto en que no damos ningún paso hacia el deseado bienestar general en nuestra vida. Y todo acaba haciéndose una bola.]

Ejercita tu confianza y/o tu seguridad. Si alimentas tu confianza tus miedos difusos morirán de hambre. Practica la confianza en situaciones pequeñas y manejables actuando con seguridad --incluso si no te sientes segura. Preséntate a alguien nuevo. Rétate a hacer algo más allá de tu zona de confort... Según vayas dando pasos en este sentido y observando algún éxito en estas pequeñas situaciones te irás sintiendo más y más confiado. Tu confianza, al aumentar de forma real, te permitirá abordar situaciones cada vez más "arriesgadas" que tendrán una mayor recompensa a la larga.

Contempla el lado positivo del fallo. Henry Ford decía que el éxito es ir tropezando de fallo en fallo sin perder el entusiasmo. Solo porque hayas enfrentado muchas derrotas en tu vida no significa que hayas sido derrotado. El fallo es el condimento que le da verdadero sabor al éxito cuando finalmente se alcanza. Cada vuelta equivocada que le hayas dado a la tuerca es una parte necesaria en tu camino hacia el crecimiento y éxito seguros. Lo que aprendes de tus fallos lo puedes aplicar en tu próximo esfuerzo para aumentar las posibilidades de éxito.

Concéntrate en la colaboración y en tu aportación. En ocasiones nos quedamos estancados en nosotros mismos, dando vueltas y vueltas en círculo sin saber por dónde romperlo. Nos enfocamos demasiado en nuestras propias percepciones y no en las necesidades de otros. Esto nos hace sentir como si el mundo girase a nuestro alrededor y nos hace más conscientes acerca de todo lo "malo" que ocurre. Así que libérate de tu pensamiento en círculo y concéntrate más en la contribución o aportación que estás haciendo a otros. De esta manera te preocupas menos acerca de tus fallos y flaquezas porque todo tendrá menos que ver CONTIGO. Esto incrementará tu auto-confianza y te permitirá contribuir a la felicidad de los que te rodean. Y cuando contemples el efecto positivo que ejerces en otros serás recompensado con sentimientos amplificados de auto-confianza y seguridad.


Prestando atención a tus comportamientos de poca auto-confianza y estima no solo te abrirás a aspectos donde necesitas mejorar y reforzarte sino que también comenzarás el proceso de re-definir cómo eres percibido por otros. La confianza en uno mismo es una de las más atractivas cualidades que podemos poseer. No dejes que la tuya se mantenga bajo mínimos y te mantenga a ti por debajo de tu mejor versión de ti mismo. No tendrá ese poder si tú no se lo das.

Y recuerda: no se trata de lo inteligente seas, lo bien vestido que vayas ni lo mucho que sepas; se trata de poner manos a la obra y, con lo que ya sabes, cambiar tu vida para mejor. Haz algo hoy mismo para convertirte en la persona segura, exitosa y feliz que se esconde dentro de ti. Leer esto te habrá ayudado muy posiblemente a dar el primer paso... no te pares ahí.

Si quieres comentar algo sobre este artículo, o compartir tus pensamientos, estaré encantada de publicarlos. Por ejemplo, ¿qué te ha ayudado en tu vida a disparar tu confianza en tiempos de inseguridad?

Te deseo un feliz y confiado resto de domingo.

sábado, 30 de agosto de 2014

Las 18 trampas que pueden minar tu autoconfianza amargándote la vida

Cualquier cosa que valga la pena tener merece que se trabaje, incansable, por ella.
Andrew Carnegie, fundador de U.S. Steel Company

¿Sabías que el 93% de los mensajes reconocibles que enviamos a otros lo hacemos mediante la comunicación no verbal.
Albert Mehrabiant, autor de Silent Messages, dirigió diversos estudios sobre la comunicación no verbal. Descubrió que únicamente el 7% de cualquier mensaje hablado se transmite en palabras, el 38% a través de elementos vocales específicos (ruiditos, toses, exclamaciones, etc.) y el 55% mediante elementos no verbales (expresiones faciales, gestos, posturas, etc.). Si quitamos el 7% del mensaje transmitido a través de la palabra nos queda un 93% que hemos transmitido de otras formas no habladas...

Te has sentido alguna vez como pez fuera del agua coleteando furiosamente o quieto como un muerto, incapaz de acercarte al lugar donde quieres ir o de salir de donde estás? Tus objetivos y sueños no parecen al alcance de la mano y no estás seguro de dónde o cuándo perdiste la pista del camino... 
Crees que estás haciéndolo lo mejor posible rompiéndote el espinazo pero ese ascenso nunca se materializa. Estás más que contento con cómo discurrió tu cita del viernes pasado, creías que todo fué genial pero ella no responde a tus llamadas. Trabajas duro en una nueva idea empresarial invirtiendo una cantidad importante de tiempo, esfuerzo y energía pero por alguna razón no termina de cuajar...
Así que te pillas pensando “¿qué hay de malo en mí? ¿en qué me equivoqué? ¿no soy lo sufientemente bueno? ¿no soy lo suficientemente listo?".·
En otras ocasiones sabes que no estás en tu momento álgido pero das lo mejor de ti con la intención de cubrir los agujeros negros. Pones buena cara y esperas que nadie se dé cuenta del terror y las dudas que te asaltan.
Pero, en realidad, puede que si no has enfrentado ese terror y esas dudas y has decidido de verdad dejarlas de lado estés aún enviando señales de inseguridad a gente que puede tener algún poder de decisión a la hora de cooperar a que esos tus objetivos o sueños se hagan realidad.
Tu comportamiento, tus pensamientos y sentimientos se traducen en expresiones y señales visibles de la inseguridad que estás sintiendo en ese momento... y que los otros perciben con claridad aunque sea de forma inconsciente. No importa cuán inteligente seas o cuán ingeniosas sean tus ideas de negocio, ese chivato incontestable que es el lenguaje no verbal puede que haya sido la auténtica razón de que no hayas alcanzado el éxito en algunas de las áreas de la vida que te parecen tan esquivas.
Si vas a actuar con confianza (la sientas o no en un momento determinado) debes primero entender qué comportamientos transmiten la idea de inseguridad y poca confianza en ti mismo. Estas son algunas maneras —entre las más habituales— con las que podrías estar enviando señales que no quieres enviar:
  1. Utilizar lenguaje corporal débil: cruzar los brazos, no sonreír, mirar al suelo y/o no hacer contacto visual.
  2. Evitar la interacción con personas nuevas: siendo incapaz de iniciar nuevas conexiones o acercarte a alguien te quieres o te interesa conocer.
  3. Comunicación verbal débil: hablar en voz muy baja, terminar las frases con preguntas o sonar realmente nervioso.
  4. Vacilar al hablar en público: tanto si es en una reunión de trabajo, un encuentro social o ante una audiencia pública.
  5. Temor a probar cosas nuevas o aceptar retos: dificultad real en actuar fuera de tu zona de confort o sentirte ligeramente incómoda aun sabiendo que eso mejorará tu vida en cualquier sentido.
  6. Titubear al pedir lo que quieres o necesitas: incapacidad de expresar tus deseos con seguridad porque no te sientas merecedor de alcanzarlos.
  7. No confiar en tu propio juicio: sentir que tu capacidad de resolver problemas, tomar decisiones, iniciar ideas o actuar de forma asertiva está en entredicho o no suena tan bien como la de tus compañeros.
  8. Indecisión crónica: no confiar en tu propio juiicio lo suficienete como para comenzar a averiguar qué es lo que quieres.
  9. Dejar que otros tomen las decisiones por tí: dejar que las opiniones de otros dicten tu día a día y tu camino.
  10. Fantasear acerca de no ser lo suficientemente exitoso: sentirte intimidado cuando estás cerca de personas consideradas más exitosas o que han logrado más cosas que tú.
  11. Sentimientos de celos o resentimiento hacia las personas consideradas exitosas: proyectar tus inseguridades y anhelos con comportamientos y sentimientos negativos hacia otros.
  12. Necesidad de constante validación externa: no solo en relaciones personales sino también validación por parte de jefes, compañeros de trabajo, profesores, clientes y colegas.
  13. Miedo al rechazo: preocupación constante acerca de que otros te eviten, te ofendan o te hieran a propósito.
  14. Preocupación extrema acerca de cómo te perciben otras personas: sentirte dolorosamente tímida e incómoda acerca de tu inteligencia y/o tu apariencia.
  15. Autosabotaje consciente: crear situaciones que hacen imposible tener éxito de forma que siempre tengas una excusa para fallar o compadecerte.
  16. Estar exageradamente enfocado en tu apariencia física y en tus defectos físicos: necesidad constante de comprobar tu aspecto, compararte con otros, u obsesionarte acerca de partes de tu físico en detrimento de todo lo demás.
  17. No establecer límites con otras personas: permitir a otros que se aprovechen de ti sencillamente porque no te sientes capaz de decir “no”.
  18. Ser exageradamente servicial o complaciente: ignorando completamente tus propios valores, necesidades o deseos solo para ganarte el afecto o la aprobación de otros.
¿Puedes observar en ti mismo algunos o muchos comportamientos de estos? Si es así, quizás estés enviando señales a aquellos de tu alrededor comunicándoles de forma inconsciente que no mereces su atención o respeto, o que no eres capaz de hacerte cargo de cualquiera que sea la situación que tienes entre manos. Y si tú no muestras confianza en ti misma ante los que te rodean ellos no podrán tener mucha confianza en ti. Y todavía peor: cuando esa otra gente muestra una falta de confianza en ti esto te hará sentir aún más insegura acerca de ti misma.
Pero tranquilo, es más habitual de lo que creemos, solo que ellos saben recomponerse y mostrarse confiados porque conocen y han puesto en práctica los siete pasos necesarios para recuperar o incrementar su autoconfianza (¡y posiblemente tú también hayas dado ya alguno de estos pasos!) que la semana que viene volveré a traer a tu memoria.
Mientras tanto recuerda que eres más grande de lo que crees ahora mismo, más valioso de lo que puedas imaginar e infinitamente más capaz de lo que te permites a ti mismo creer. Y en el fondo sabes que no estoy exagerando ni esto.


¡Feliz fin de vacaciones y felicísimo regreso a casa!

domingo, 17 de agosto de 2014

La fórmula de la felicidad (I)


Dar el paso puede que no traiga la felicidad; no hacer nada al respecto no la traerá.
William James



Nivel mínimo de alegría requerido
He descubierto, a lo largo del tiempo y con algo de esfuerzo, algunas verdades absolutas que me ayudan a no perder pie en esto de la búsqueda de mi felicidad y que me empujan a actuar cuando mi alegría está por debajo del nivel mínimo que requiero.

Quizás algunas de ellas también te sirvan a ti:

  • La vida no trata de sentarse a esperar que pase la tormenta; de lo que trata la vida es de aprender a salir ahí fuera a pesar de ella esperando que el agua de mejores peras y más flores. La felicidad no es la ausencia de problemas sino la habilidad para manejar los que se me presenten. Hubiera podido disfrutar de muchos más maravillosos momentos si no hubiera permitido que mi mente se dedicara con tantísima energía a luchar con mis dudas.
  • Nunca permitiré que un mal día me haga sentir que tengo una mala vida. Un día es un día y una vida es algo mucho más serio... y más largo.
  • El resentimiento es una pérdida de tiempo de felicidad. Si lo permito, mi pasado puede robarme el presente. Puedo pasarme días, semanas, meses y años sentada a solas en un cuarto oscuro analizando una y otra vez algo que ocurrió hace años tratando de hacer encajar las piezas, intentando justificar qué podría o debería haber ocurrido en lugar de lo que ocurrió. O puedo levantarme dejando todas las piezas desparramadas en el suelo y salir a tomar el sol. Esto último es lo más sensato.
  • Hay alguien por ahí, posiblemente muy cerca, que es feliz con muchísimo menos de lo que yo tengo.
  • Siempre tengo libertad absoluta para hacer algo que me haga sentir mejor: puedo cocinar, leer, saltar, jugar al Candy Crush, escuchar a mi Elvis, o pintar. O puedo seguir sintiéndome un trapo. 
  • Si no te gusta algo, cámbialo; si no puedes cambiarlo, tíralo; si no puedes tirarlo, cambia la forma en que piensas acerca de ello. (Esta es la que más me cuesta; debe ser porque no es mía, pero es muy sensata, así que la adopté).
  • A veces necesito hacerlo solo lo mejor que pueda y dejar la perfección para otro momento. No siempre puedo ser tan dura conmigo misma; hacer lo mejor que puedo con lo que tengo en ese instante es suficiente.
  • Por el hecho de que no haya durado toda la vida no signfica que no haya valido la pena.
  • Hablar más de mis bienes que de mis males aleja a estos últimos a la velocidad del rayo. "No muere el hombre por lo que entra en su boca sino por lo que de su boca sale. Porque lo que de su boca sale de su corazón procede". Ahí queda eso (tampoco es mía).
  • Algunas personas y algunas cosas no estarán en mi vida para siempre. Hay cosas que no quiero perder a las que puede que tenga que renunciar; hay personas sin las que creía no poder vivir y que tuve que dejar marchar. Y aquí estoy, viva y coleando. Es posible que haya circunstancias y personas que llegaron a mi vida solo para hacerme más fuerte y aprender a pasar página sin perder por ello mi felicidad básica. Y mucho menos la vida.
  • Cuando tengo mejor aspecto es cuando sonrío. No hay belleza más esplendorosa que la que sale de dentro.
  • Cuanto más confío en mis propias decisiones menos necesito que otros lo hagan.


Y mi favorita absoluta:

Una actitud negativa es como una rueda pinchada; no llegaré muy lejos hasta que no la cambie. :-D

Por cierto, hace unos meses una amiga que se considera muy infeliz y de la que yo pienso que tiene una vida estupenda, me lanzó un reto: Pero ¿la felicidad no debería tener una fórmula matemática como todo? Como que sumar dos y dos dan cuatro o algo así...

Después de darle muchas vueltas a ese guante lanzado a mi amor propio, creo que la saqué:

Actitud + Intención + Confianza = Felicidad

El próximo día la explico con pelos y señales...