sábado, 4 de octubre de 2014

Y como no sabía que era imposible, lo hizo


Trascender los propios límites, ains...

En un artículo de la revista Spirit Science, Kirsten Cowart asegura que somos seres sin límites con un infinito potencial y que, aún así, nos limitamos a nosotros mismos. Somos nosotros, al parecer, los que estorbamos nuestro propio camino hacia el cumplimiento de nuestros sueños.

Y, aunque podemos echarle la culpa a nuestros padres, maestros y otras figuras de autoridad en nuestra vida a lo largo de la infancia y juventud, la realidad es que cuando ya somos jóvenes adultos y podemos elegir otra forma de ver y de interactuar con el mundo, seguimos eligiendo el miedo en muchas ocasiones.
  
¿Seremos lo suficientemente valientes como para tirarnos de cabeza a por nuestros sueños y hacer que se cumplan? ¿Reconoceremos que podemos tener, ser y hacer cualquier cosa que queramos en esta vida (y seguramente en las otras), y que lo único que necesitamos es pedir y movernos en esa dirección? ¿O seguiremos imaginando paisajes negros y desoladores antes incluso de definir con claridad nuestro sueño matándolo antes de que nazca?

En su discurso de aceptación del doctorado Honoris Causa de la Maharishi University of Management, el actor Jim Carrey habló de este tema sorprendiendo y deleitando a todos los recién graduados, profesores e invitados al acto. 

Habló de cómo descubrió que es uno con el universo y que, sabiéndolo, todos sus límites saltaron por los aires. Aprendió que que podemos pasar nuestra vida entera imaginando fantasmas acerca de nuestro futuro o podemos entender que todo, absolutamente todo, tiene que ver con este preciso momento, ahora mismo, y con qué actitud lo afrontamos. Jim Carrey nos aconseja:


Olvídate del cómo va a ocurrir y confía
en que añadiendo energía e intención a tus objetivos
éstos se cumplirán


¿Qué objetivos y sueños son los nuestros? ¿Queremos cambiar el mundo? ¿Soñamos con viajar por todos los continentes o con ser artistas? ¿O con construir los más bellos y autosuficientes edificios jamás construídos? Quizás queremos estudiar matemáticas puras pero nos dijeron en algún momento que no valíamos para ello... 

Hay cinco cosas que podemos recordar cuando nos demos cuenta de que actuamos sintiéndonos limitados:

1. Estás conectado a todo lo que es y como parte de todo lo que existe puedes alcanzar cualquier cosa que desees o imagines en la que trabajes con empeño. 

2.  A veces, los muros de nuestra vida se elevan porque necesitamos nuevas herramientas o ingredientes. Consulta a expertos, utiliza internet; échale valor y haz preguntas claras. Encuentra nuevas herramientas y, si no existen, créalas tú. 
3. Elige el aprecio (amor) en lugar del temor cada vez que estés tomando una decisión. Aprecio sincero por  ti mismo y por todas las personas implicadas en el asunto. Aprecio sincero por todo lo existente (ya sé, ya sé...). Esfuérzate por tomar decisiones en las que, según tu criterio personal, ganéis todos los implicados (y eso no significa de ninguna de las maneras que tengas que hacer lo que digan los otros, sean implicados o no). Esto es posible si buscamos con empeño la forma de hacerlo bien a nuestro parecer. Confía en tu criterio antes que en el de otros, siempre. 
4.  Piensa "fuera de la caja" y encuentra una solución que nadie más haya intentado o encontrado antes. No tenemos que hacer las cosas de la forma en que los otros las han hecho siempre. Si hemos puesto una gran cantidad de energía y pensamiento en algo y ese algo sigue pareciendo no tener sentido, quizás tengamos que plantearnos que hay otra manera u otro camino para llevarlo a cabo. 
5. Sé consciente de y reconoce que todo el mundo tiene miedo, y que casi siempre el consejo que te ofrecen está basado en sus propios temores y no en limitaciones reales de ningún tipo (y desde luego, no tuyas). Su opinión no implica que no se pueda hacer; solo significa que ellos no han sido capaces de encontrar una manera de hacerlo con éxito.
6. Abandona la idea de perfección definitivamente o jamás darás un paso. La perfección universal no existe, y lo sabes. Ya lo hubieras descubierto, y no lo has hecho.

Recuerda: "Y como no sabía que era imposible, lo hizo"
:-D







sábado, 27 de septiembre de 2014

Nadar contra corriente es bueno... ¡solo para tus músculos!

Las cosas que más nos importan no deben depender nunca
de las cosas que nos importan menos
Goethe


Juan tenía 92 años cuando su esposa Esther, veinte años más joven que él, falleció. La muerte de Esther hizo necesario que Juan tuviera que ir a vivir a una residencia de ancianos pues el matrimonio no tenía hijos ni familia cercana.

Después de varias horas esperando en el pasillo de la residencia, a Juan se le comunicó que su habitación estaba lista. La enfermera encargada de llevarle hasta su nuevo cuarto le fue contando por el camino cómo era éste.

--¡Me encanta! --exclamó Juan con el entusiasmo de un niño de ocho años ante un nuevo juguete.

--¡Pero si aún no hemos llegado! Espere a verla... --le dijo sonriendo la enfermera.

--Eso no tiene nada que ver --replicó el anciano Juan--. La felicidad es algo que decido siempre con antelación. Si me gusta o no mi habitación no depende del color de las paredes o cómo están colocados los muebles. Depende de cómo coloco yo mi mente. ¡Y ya he decidido que me gusta mi nuevo cuarto!

La enferemera lo miró sonriendo, un poco extrañada. Pocos ancianos llegaban entusiasmados a la residencia. Observando su extrañeza, Juan le confió:

--Es una decisión que tomo cada mañana cuando me despierto. Puedo elegir entre pasarme el día en la cama enumerando las dificultades de casi todas las partes de mi cuerpo o salir de la cama y agradecer las que sí funcionan bien. Creo que cada día es un regalo para mi y, mientras sea capaz de abrir mis ojos, los enfocaré en el nuevo día y en todos los recuerdos felices que he ido almacenando a lo largo del camino...

(Anónimo)

*   *   *

Una persona como Juan es un regalo para el mundo, sin duda. 

El mayor regalo que podemos ofrecernos a nosotros mismos, a nuestra familia, amigos y al resto de la humanidad es apreciarnos lo suficiente como para decidir ser felices cada día. La gente feliz no empieza guerras. La gente feliz no hiere a otros ni abusa de ellos. La gente feliz no maltrata a aquellos sobre los que cree que tiene poder. La gente feliz no va por ahí causando dolor a troche y moche, queriendo o sin querer.

He decidido que quiero ser como el viejo Juan...

domingo, 21 de septiembre de 2014

¿Crees que ya eres todo lo inteligente que puedes?

Si no puedes enseñarlo de forma sencilla,
no lo has entendido con la suficiente claridad (Albert Einstein)

Puede que creamos que la inteligencia se nos asigna en la infancia o juventud en un porcentaje fijo e inamovible que no podremos cambiar. Pero estamos equivocados, según la ciencia, si pensamos que es así. La forma en que enfrentamos situaciones —sean éstas de poca o mucha importancia para nosotros— y lo que hacemos para alimentar nuestros cerebros pueden aumentar significativamente nuestra potencia mental. Eso afirma Jessica Stillman en su artículo de Bussiness Insider del 24 de julio.

Aumentar nuestra inteligencia no requiere, necesariamente, volver a la escuela o universidad o comprometer gran parte de nuestro tiempo y energía en el estudio de asuntos profundos y complicados.
Hace poco, un investigador en el campo de la eficiencia y perfeccionamiento personal del sitio Quora, lanzó la siguiente pregunta a la comunidad del foro: ¿Qué harías para ser un poco más inteligente cada día?

Las respuestas llovieron; desde mediadores a profesores y empresarios o estudiantes universitarios y científicos aportaron sugerencias de lo que a ellos les había sido muy útil en este sentido. ¿Cuáles de estas diez ideas podrías y querrías incorporar a tu rutina diaria?

10 pequeñas cosas que podemos hacer a diario para ser más inteligentes


  1. Escribe acerca de lo que has aprendido. Escribe unas 400 palabras cada día sobre cosas que hayas aprendido. No tiene que ser un texto largo o bonito pero reservar unos cuantos minutos para reflejar por escrito lo que hayas aprendido cada día incrementa y estimula tu poder mental, aseguran desde Biosciences Inc.
  2. Haz una lista de “completado”.Una gran parte de la inteligencia se compone de confianza y felicidad, así que estimula ambos parándote un momento y enumerando no todo lo que te queda por hacer sino todas las cosas que ya has rematado. Hacer una lista de “ya lo he hecho” te llevará a observar y ser consciente de todas las cosas que YA has conseguido.
  3. Ser más listo respecto a tu tiempo online. El tiempo que pasas navegando por la red no tiene que estar dedicado al cien por cien a chequear tu FB o mirar enternecido cientos de páginas de perritos nadadores. Internet está lleno también de recursos de aprendizaje buenísimos, como Coursera.org (cursos gratuitos, interesantísimos y de todo tipo, impartidos por universidades de todo el mundo), herramientas de construcción y aprendizaje de vocabulario en prácticamente cualquier idioma, los intrigantes TED talks... “Cambia algunos minutos de perros superdotados por algo que alimente tu mente de otra manera”, contestaron algunos de los interrogados de Quora.
  4. Practica los juegos de mesa. Ajedrez, Scrabble, jugar a los barquitos, al bridge o la continental, no importa cuál, estimula tu cerebro hasta niveles increíbles. Los juegos de mesa y los rompecabezas no son solo divertidos sino que pueden hacer mucho por tu cerebro.
  5. Lee mucho. Aunque este consejo no es sorprendente y seguro que te lo esperabas, leer es, definitivamente, esencial. En cuanto a los temas que más estimulan el cerebro, las opiniones varían y las respuestas de los encuestados iban desde desarrollar el hábito diario de leer el periódico hasta una amplia variedad de ficción y no ficción, pero todos estaban de acuerdo en que la cantidad sí importa. Lee a lo bestia.
  6. Ten amigos inteligentes. Esto puede que ser duro en ocasiones para tu estima pero tratar con amigos y compañeros muy inteligentes es una de las más rápidas maneras de aprender. “Rodéate e interacciona de forma habitual con ellos. Recuerda que tu CI es la media de las cinco personas más cercanas con las que te relacionas de forma habitual”, dice el director cuentas en el foro de Quora. “Siempre habrá gente más inteligente que tú en áreas concretas; sé humilde, recuerda que eres único y valioso, y aprende de ellos, que también lo son. Yo paso el mayor tiempo posible con mi equipo de técnicos; nunca he tenido problemas en aceptar que soy, como mucho, un programador medio y que tengo aún mucho que aprender de otros.”
  7. Tómate un descanso. Médicos, psicólogos, maestros de yoga y entrenadores mentales aconsejan siempre: “Siéntate en silencio un rato cada día”. La necesidad de un tiempo y un espacio para procesar todo lo que hemos aprendido nos exige tomarnos un respiro de la continua estimulación mental a la que, voluntaria o involuntariamenete, nos sometemos. Para tu monólogo interior durante un rato cada día sentándote en silencio y con los ojos cerrados. O piensa mientras corres o nadas.
  8. Haz cosas nuevas de forma aleatoria. En su respuesta a cuestionario de Quora, el blogero Shane Parrish (Farnam Street, interesantísimo y fascinante blog) contó que Steve Job tomó un curso de caligrafía de joven cuando, al dejar el instituto, se encontró con un montón de tiempo libre. Aparentemente, no parecía muy útil pero el futuro fundador de Apple adquirió unas habilidades de diseño en ese curso que fueron aplicadas más tarde en los primeros ordenadores Mac. Nunca sabes lo que te será útil el día de mañana, así que aprende cosas nuevas que te atraigan y no dudes de que, en su momento, encajarán de forma perfecta en tu futuro. Aunque en el momento en que lo aprendes por puro placer no le veas la utilidad... la tendrá en tu vida, sin duda.
  9. Aprende un nuevo idioma. No necesitas convertirte en un bilingüe del checo o irte a vivir a un país extranjero para aprender el idioma que hayas elegido. Puedes trabajar a tu ritmo desde la comodidad de tu escritorio y, aún así, disfrutar de esos premios en forma de majora mental. Hay muchos sitios buenos y gratuitos donde hacerlo: Livemocha o Busuu., por ejemplo. Y una vez que tengas aprendidos los mecanismos básicos de ese nuevo idioma, pásate a Memrise donde tu aprendizaje se disparará.
  10. Explícaselo a otros. "Si no puedes explicarlo de forma sencillas, no lo has entendido con suficiente claridad", decía Albert Einstein. Los encuestados de Quora están de acuerdo. Asegúrate de que has aprendido de verdad lo que crees que has aprendido y de que esa información está realmente bien asentada en tu memoria tratando de enseñárselo a otros. “Asegúrate de que puedes explicárselo a otro”, dicen desde el foro los encuestados. Y uno de los estudiantes del foro comenta: “Sea grande o peqqueño lo que aprendas, sigue con ello el tiempo suficiente como para que puedas explicárselo a un amigo. Es muy fácil aprender algo nuevo. Ser capaz de retenerlo y enseñárselo a otros es mucho más valioso. Nadie da importancia a esto, pero el papel de guía que hace el que enseña no solo lo aprovecha su alumno sino que engrandece y expande la vida del que enseña algo”.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Recupera la confianza: 6 pasos ineludibles para lograrlo

No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices
Robert L. Stevenson

No existe un solo ser humano que nazca falto de confianza o seguridad en sí mismo. No hay bebé que no haga saber con claridad lo que quiere (y eso que aún no hablan); no existe el bebé que tema que la vida le fallará; no hay ningún bebé que dé por hecho que no conseguirá lo que quiere... Y no existe, ni ha existido ni existirá ningún niño menor de cuatro años que no sepa lo que quiere en este preciso momento. Aunque no se lo diga a mamá o papá.

Cuándo perdimos esa confianza o seguridad en alcanzar nuestros objetivos o sueños es menos importante que descubrir cómo lo hicimos y muchísimo menos importante que saber cómo recuperarlas. Cómo volver a ser nosotros mismos es, ahora, lo más importante por descubrir. 

La confianza de los niños...
¿Qué podemos hacer para reconvertir esa auto-confianza bajo mínimos que mostramos con cierta frecuencia a otros mediante nuestro lenguaje no verbal, aquélla que sabíamos dejar más que clara al resto del mundo cuando aún no sabíamos ni hablar? ¿Cómo empezar de nuevo a actuar y sentirnos más como nosotros mismos de nuevo? Satisfechos. Plenos. Contentos a pesar de errores o fallos que no convertiremos automáticamente en fracasos insuperables y deprimentes.

La buena noticias es que la confianza en uno mismo es una habilidad que se puede re-aprender y alimentar ad infinitum. Como cualquier otra habilidad implica pasos y acciones específicos que hemos de practicar hasta que sean parte de nosotros mismos de nuevo.

Pero no podremos avanzar y cambiar esos hábitos de inseguridad si no los miramos de frente. La clave de cualquier cambio es el ser consciente no solo de dónde queremos estar sino ser conscientes de dónde nos encontramos en este momento. Tenemos que admitir cuál es el problema y saber cómo se manifiesta en nuestra vida. ¿Qué le están haciendo a nuestra vida en este momento los pensamientos, acciones y elecciones basados en la poca confianza que tenemos en nuestra valía personal? ¿En qué áreas de nuestra vida puede que otros nos estén percibiendo como débiles o inseguros? Sé honesto contigo mismo y admite dónde necesitas una inyección de confianza. Escríbelo y así lo verás más claro.

En el fondo, tenemos todas las respuestas que nos conciernen pero muchas veces nos dan miedo. Es como si las respuestas fueran algo misterioso y oscuro que nos amenazan con la confirmación de nuestro poco merecido lugar en el mundo o la constatación de nuestra invalidez permanente para cualquier cosa que emprendamos. Las respuestas nunca son misteriosas ni oscuras, todo lo contrario; son precisamente aclaraciones de esos pensamientos y creencias confusos y enredados que arrastramos sin saber muy bien cómo manejar. La respuesta es, precisamente, ese aclaratorio que buscamos cuando queremos emprender algo nuevo. O sea, que no vale la excusa del miedo a la claridad cuando lo que estamos es manoteando en la oscuridad. Una locura bastante más habitual de lo que creemos.

Una vez aclarado el misterio de en qué punto estamos en cuanto a la confianza que tenemos, en general, en nosotros mismos, en la vida y en nuestras posibilidades, podemos dar esos seis pasos que terminarán de rematarnos para bien. 

Encuentra el origen desde donde se disparan tus dudas acerca de tí mismo. Una vez identificado el punto o puntos en los que tu confianza hace aguas, sigue excavando e intenta averiguar el "por qué". ¿Hubo un detonante concreto --en tu infancia o en un pasado reciente-- que minó tu confianza? ¿Es todavía ese detonante una realidad objetiva en tu vida? La mayor parte de las veces es únicamente el recuerdo doloroso de un suceso lo que nos mantiene atascados en la vía del poco aprecio por nosotros mismos. Ya no existe ninguna verdad acerca de aquel evento. Y saberlo, ser consciente de ello, te pone de nuevo en tu sitio: al mando de los controles de tu vida. Porque hasta tu lógica entenderá que es muy distinto creerse indigno que serlo.

Re-evalúa la verdad presente de tu vida. Si el suceso aquél --ya antiguo por nuevo que parezca de traerlo tanto al pensamiento-- que disparó todas tus terminaciones dolorosas ya no es real ni actual, encuentra evidencias que contradigan y desautoricen el evento. ¿No has sido capaz de aprender a andar? ¿No has sido capaz de graduarte? ¿No has sido capaz de utilizar la cuchara o el bolígrafo? ¿No has sido capaz de aprender y conseguir nada de nada de nada? Y aún así... ¿qué tendría eso de indigno? A veces, muy a menudo, confundimos nuestras propias expectativas con las de padres y maestros frustrados que quieren que hagamos lo que ellos hubieran querido ser capaces de hacer y no se sintieron con las habilidades necesarias para llevarlo a cabo. Como dice mi amiga Rakel: "Consejos vendo que para mi no tengo"...

Busca auténticas situaciones positivas presentes en tu vida actual que reflejen tu verdadero nivel de valor, confianza y fuerza. Hay --porque las hay-- muchas situaciones positivas en tu vida y las descubrirás si miras con verdadera atención. Dicho de otro modo: entrena a tu mente para ver "lo bueno en el todo". Habla de tus bienes más de lo que sueles hablar de tus males, y hazlo con afabilidad y alegría, sin ser pomposo (no te hace falta presumir). Si realmente te lo propusieras, ¿acerca de qué podrías sonreír sincera y amablemente ahora mismo?

Traza un programa realista de acciones positivas. Si ves que necesitas hacer algo para mejorar algo en tí mismo, tus habilidades o conocimientos, o tu nivel de confort en tu vida en cuanto a una situación concreta, determina exactamente qué necesitas hacer y crea una lista de acciones adecuadas a ello. Puede que necesites cambiar de enfoque tu vida profesional, o sencillamente cambiar tu perspectiva respecto a ello. Puede que necesites ver a un consejero para que te ayude a deshacerte de tus heridas o inseguridades más dolorosas. Cualquier campo en el que percibas una necesidad de mejora, investiga, decide cuál es el primer paso a dar y prográmate para introducirlo en tu rutina. Luego, deja que ese primer paso lleve al segundo e incorpora este también a tu rutina. Y así hasta rematar.

Verás que, haciendo esto, automáticamente, van mejorando otros aspectos con los que tampoco estabas muy contenta. [Muchas veces, el descontento general nos hace pensar que nuestra vida es invivible por todos los problemas que nos acosan y que no sabemos resolver, dejándonos abrumar por el descontento hasta el punto en que no damos ningún paso hacia el deseado bienestar general en nuestra vida. Y todo acaba haciéndose una bola.]

Ejercita tu confianza y/o tu seguridad. Si alimentas tu confianza tus miedos difusos morirán de hambre. Practica la confianza en situaciones pequeñas y manejables actuando con seguridad --incluso si no te sientes segura. Preséntate a alguien nuevo. Rétate a hacer algo más allá de tu zona de confort... Según vayas dando pasos en este sentido y observando algún éxito en estas pequeñas situaciones te irás sintiendo más y más confiado. Tu confianza, al aumentar de forma real, te permitirá abordar situaciones cada vez más "arriesgadas" que tendrán una mayor recompensa a la larga.

Contempla el lado positivo del fallo. Henry Ford decía que el éxito es ir tropezando de fallo en fallo sin perder el entusiasmo. Solo porque hayas enfrentado muchas derrotas en tu vida no significa que hayas sido derrotado. El fallo es el condimento que le da verdadero sabor al éxito cuando finalmente se alcanza. Cada vuelta equivocada que le hayas dado a la tuerca es una parte necesaria en tu camino hacia el crecimiento y éxito seguros. Lo que aprendes de tus fallos lo puedes aplicar en tu próximo esfuerzo para aumentar las posibilidades de éxito.

Concéntrate en la colaboración y en tu aportación. En ocasiones nos quedamos estancados en nosotros mismos, dando vueltas y vueltas en círculo sin saber por dónde romperlo. Nos enfocamos demasiado en nuestras propias percepciones y no en las necesidades de otros. Esto nos hace sentir como si el mundo girase a nuestro alrededor y nos hace más conscientes acerca de todo lo "malo" que ocurre. Así que libérate de tu pensamiento en círculo y concéntrate más en la contribución o aportación que estás haciendo a otros. De esta manera te preocupas menos acerca de tus fallos y flaquezas porque todo tendrá menos que ver CONTIGO. Esto incrementará tu auto-confianza y te permitirá contribuir a la felicidad de los que te rodean. Y cuando contemples el efecto positivo que ejerces en otros serás recompensado con sentimientos amplificados de auto-confianza y seguridad.


Prestando atención a tus comportamientos de poca auto-confianza y estima no solo te abrirás a aspectos donde necesitas mejorar y reforzarte sino que también comenzarás el proceso de re-definir cómo eres percibido por otros. La confianza en uno mismo es una de las más atractivas cualidades que podemos poseer. No dejes que la tuya se mantenga bajo mínimos y te mantenga a ti por debajo de tu mejor versión de ti mismo. No tendrá ese poder si tú no se lo das.

Y recuerda: no se trata de lo inteligente seas, lo bien vestido que vayas ni lo mucho que sepas; se trata de poner manos a la obra y, con lo que ya sabes, cambiar tu vida para mejor. Haz algo hoy mismo para convertirte en la persona segura, exitosa y feliz que se esconde dentro de ti. Leer esto te habrá ayudado muy posiblemente a dar el primer paso... no te pares ahí.

Si quieres comentar algo sobre este artículo, o compartir tus pensamientos, estaré encantada de publicarlos. Por ejemplo, ¿qué te ha ayudado en tu vida a disparar tu confianza en tiempos de inseguridad?

Te deseo un feliz y confiado resto de domingo.

sábado, 30 de agosto de 2014

Las 18 trampas que pueden minar tu autoconfianza amargándote la vida

Cualquier cosa que valga la pena tener merece que se trabaje, incansable, por ella.
Andrew Carnegie, fundador de U.S. Steel Company

¿Sabías que el 93% de los mensajes reconocibles que enviamos a otros lo hacemos mediante la comunicación no verbal.
Albert Mehrabiant, autor de Silent Messages, dirigió diversos estudios sobre la comunicación no verbal. Descubrió que únicamente el 7% de cualquier mensaje hablado se transmite en palabras, el 38% a través de elementos vocales específicos (ruiditos, toses, exclamaciones, etc.) y el 55% mediante elementos no verbales (expresiones faciales, gestos, posturas, etc.). Si quitamos el 7% del mensaje transmitido a través de la palabra nos queda un 93% que hemos transmitido de otras formas no habladas...

Te has sentido alguna vez como pez fuera del agua coleteando furiosamente o quieto como un muerto, incapaz de acercarte al lugar donde quieres ir o de salir de donde estás? Tus objetivos y sueños no parecen al alcance de la mano y no estás seguro de dónde o cuándo perdiste la pista del camino... 
Crees que estás haciéndolo lo mejor posible rompiéndote el espinazo pero ese ascenso nunca se materializa. Estás más que contento con cómo discurrió tu cita del viernes pasado, creías que todo fué genial pero ella no responde a tus llamadas. Trabajas duro en una nueva idea empresarial invirtiendo una cantidad importante de tiempo, esfuerzo y energía pero por alguna razón no termina de cuajar...
Así que te pillas pensando “¿qué hay de malo en mí? ¿en qué me equivoqué? ¿no soy lo sufientemente bueno? ¿no soy lo suficientemente listo?".·
En otras ocasiones sabes que no estás en tu momento álgido pero das lo mejor de ti con la intención de cubrir los agujeros negros. Pones buena cara y esperas que nadie se dé cuenta del terror y las dudas que te asaltan.
Pero, en realidad, puede que si no has enfrentado ese terror y esas dudas y has decidido de verdad dejarlas de lado estés aún enviando señales de inseguridad a gente que puede tener algún poder de decisión a la hora de cooperar a que esos tus objetivos o sueños se hagan realidad.
Tu comportamiento, tus pensamientos y sentimientos se traducen en expresiones y señales visibles de la inseguridad que estás sintiendo en ese momento... y que los otros perciben con claridad aunque sea de forma inconsciente. No importa cuán inteligente seas o cuán ingeniosas sean tus ideas de negocio, ese chivato incontestable que es el lenguaje no verbal puede que haya sido la auténtica razón de que no hayas alcanzado el éxito en algunas de las áreas de la vida que te parecen tan esquivas.
Si vas a actuar con confianza (la sientas o no en un momento determinado) debes primero entender qué comportamientos transmiten la idea de inseguridad y poca confianza en ti mismo. Estas son algunas maneras —entre las más habituales— con las que podrías estar enviando señales que no quieres enviar:
  1. Utilizar lenguaje corporal débil: cruzar los brazos, no sonreír, mirar al suelo y/o no hacer contacto visual.
  2. Evitar la interacción con personas nuevas: siendo incapaz de iniciar nuevas conexiones o acercarte a alguien te quieres o te interesa conocer.
  3. Comunicación verbal débil: hablar en voz muy baja, terminar las frases con preguntas o sonar realmente nervioso.
  4. Vacilar al hablar en público: tanto si es en una reunión de trabajo, un encuentro social o ante una audiencia pública.
  5. Temor a probar cosas nuevas o aceptar retos: dificultad real en actuar fuera de tu zona de confort o sentirte ligeramente incómoda aun sabiendo que eso mejorará tu vida en cualquier sentido.
  6. Titubear al pedir lo que quieres o necesitas: incapacidad de expresar tus deseos con seguridad porque no te sientas merecedor de alcanzarlos.
  7. No confiar en tu propio juicio: sentir que tu capacidad de resolver problemas, tomar decisiones, iniciar ideas o actuar de forma asertiva está en entredicho o no suena tan bien como la de tus compañeros.
  8. Indecisión crónica: no confiar en tu propio juiicio lo suficienete como para comenzar a averiguar qué es lo que quieres.
  9. Dejar que otros tomen las decisiones por tí: dejar que las opiniones de otros dicten tu día a día y tu camino.
  10. Fantasear acerca de no ser lo suficientemente exitoso: sentirte intimidado cuando estás cerca de personas consideradas más exitosas o que han logrado más cosas que tú.
  11. Sentimientos de celos o resentimiento hacia las personas consideradas exitosas: proyectar tus inseguridades y anhelos con comportamientos y sentimientos negativos hacia otros.
  12. Necesidad de constante validación externa: no solo en relaciones personales sino también validación por parte de jefes, compañeros de trabajo, profesores, clientes y colegas.
  13. Miedo al rechazo: preocupación constante acerca de que otros te eviten, te ofendan o te hieran a propósito.
  14. Preocupación extrema acerca de cómo te perciben otras personas: sentirte dolorosamente tímida e incómoda acerca de tu inteligencia y/o tu apariencia.
  15. Autosabotaje consciente: crear situaciones que hacen imposible tener éxito de forma que siempre tengas una excusa para fallar o compadecerte.
  16. Estar exageradamente enfocado en tu apariencia física y en tus defectos físicos: necesidad constante de comprobar tu aspecto, compararte con otros, u obsesionarte acerca de partes de tu físico en detrimento de todo lo demás.
  17. No establecer límites con otras personas: permitir a otros que se aprovechen de ti sencillamente porque no te sientes capaz de decir “no”.
  18. Ser exageradamente servicial o complaciente: ignorando completamente tus propios valores, necesidades o deseos solo para ganarte el afecto o la aprobación de otros.
¿Puedes observar en ti mismo algunos o muchos comportamientos de estos? Si es así, quizás estés enviando señales a aquellos de tu alrededor comunicándoles de forma inconsciente que no mereces su atención o respeto, o que no eres capaz de hacerte cargo de cualquiera que sea la situación que tienes entre manos. Y si tú no muestras confianza en ti misma ante los que te rodean ellos no podrán tener mucha confianza en ti. Y todavía peor: cuando esa otra gente muestra una falta de confianza en ti esto te hará sentir aún más insegura acerca de ti misma.
Pero tranquilo, es más habitual de lo que creemos, solo que ellos saben recomponerse y mostrarse confiados porque conocen y han puesto en práctica los siete pasos necesarios para recuperar o incrementar su autoconfianza (¡y posiblemente tú también hayas dado ya alguno de estos pasos!) que la semana que viene volveré a traer a tu memoria.
Mientras tanto recuerda que eres más grande de lo que crees ahora mismo, más valioso de lo que puedas imaginar e infinitamente más capaz de lo que te permites a ti mismo creer. Y en el fondo sabes que no estoy exagerando ni esto.


¡Feliz fin de vacaciones y felicísimo regreso a casa!

domingo, 17 de agosto de 2014

La fórmula de la felicidad (I)


Dar el paso puede que no traiga la felicidad; no hacer nada al respecto no la traerá.
William James



Nivel mínimo de alegría requerido
He descubierto, a lo largo del tiempo y con algo de esfuerzo, algunas verdades absolutas que me ayudan a no perder pie en esto de la búsqueda de mi felicidad y que me empujan a actuar cuando mi alegría está por debajo del nivel mínimo que requiero.

Quizás algunas de ellas también te sirvan a ti:

  • La vida no trata de sentarse a esperar que pase la tormenta; de lo que trata la vida es de aprender a salir ahí fuera a pesar de ella esperando que el agua de mejores peras y más flores. La felicidad no es la ausencia de problemas sino la habilidad para manejar los que se me presenten. Hubiera podido disfrutar de muchos más maravillosos momentos si no hubiera permitido que mi mente se dedicara con tantísima energía a luchar con mis dudas.
  • Nunca permitiré que un mal día me haga sentir que tengo una mala vida. Un día es un día y una vida es algo mucho más serio... y más largo.
  • El resentimiento es una pérdida de tiempo de felicidad. Si lo permito, mi pasado puede robarme el presente. Puedo pasarme días, semanas, meses y años sentada a solas en un cuarto oscuro analizando una y otra vez algo que ocurrió hace años tratando de hacer encajar las piezas, intentando justificar qué podría o debería haber ocurrido en lugar de lo que ocurrió. O puedo levantarme dejando todas las piezas desparramadas en el suelo y salir a tomar el sol. Esto último es lo más sensato.
  • Hay alguien por ahí, posiblemente muy cerca, que es feliz con muchísimo menos de lo que yo tengo.
  • Siempre tengo libertad absoluta para hacer algo que me haga sentir mejor: puedo cocinar, leer, saltar, jugar al Candy Crush, escuchar a mi Elvis, o pintar. O puedo seguir sintiéndome un trapo. 
  • Si no te gusta algo, cámbialo; si no puedes cambiarlo, tíralo; si no puedes tirarlo, cambia la forma en que piensas acerca de ello. (Esta es la que más me cuesta; debe ser porque no es mía, pero es muy sensata, así que la adopté).
  • A veces necesito hacerlo solo lo mejor que pueda y dejar la perfección para otro momento. No siempre puedo ser tan dura conmigo misma; hacer lo mejor que puedo con lo que tengo en ese instante es suficiente.
  • Por el hecho de que no haya durado toda la vida no signfica que no haya valido la pena.
  • Hablar más de mis bienes que de mis males aleja a estos últimos a la velocidad del rayo. "No muere el hombre por lo que entra en su boca sino por lo que de su boca sale. Porque lo que de su boca sale de su corazón procede". Ahí queda eso (tampoco es mía).
  • Algunas personas y algunas cosas no estarán en mi vida para siempre. Hay cosas que no quiero perder a las que puede que tenga que renunciar; hay personas sin las que creía no poder vivir y que tuve que dejar marchar. Y aquí estoy, viva y coleando. Es posible que haya circunstancias y personas que llegaron a mi vida solo para hacerme más fuerte y aprender a pasar página sin perder por ello mi felicidad básica. Y mucho menos la vida.
  • Cuando tengo mejor aspecto es cuando sonrío. No hay belleza más esplendorosa que la que sale de dentro.
  • Cuanto más confío en mis propias decisiones menos necesito que otros lo hagan.


Y mi favorita absoluta:

Una actitud negativa es como una rueda pinchada; no llegaré muy lejos hasta que no la cambie. :-D

Por cierto, hace unos meses una amiga que se considera muy infeliz y de la que yo pienso que tiene una vida estupenda, me lanzó un reto: Pero ¿la felicidad no debería tener una fórmula matemática como todo? Como que sumar dos y dos dan cuatro o algo así...

Después de darle muchas vueltas a ese guante lanzado a mi amor propio, creo que la saqué:

Actitud + Intención + Confianza = Felicidad

El próximo día la explico con pelos y señales...

domingo, 3 de agosto de 2014

Prometeo Liberado



̶¡Oh éter divino, y vientos de alas rápidas, y fuentes de los ríos,
y sonrisa innumerable de las olas marinas,
y Tierra madre universal, y círculo omnividente del Sol;
yo os invoco: ved lo que, siendo dios, sufro de los dioses!
(Esquilo, Prometeo encadenado).


Mientras pongo a (¿en?) remojo con agua y aceite los tallarines de arroz para hacer un pad thai, pienso en lo que estoy leyendo ahora: Prometeo liberado, poema épico de Percy Shelley (el marido de la autora de Frankenstein) y oficialmente su obra maestra. Me está costando, eh? Edipo me resultaba más ligerito de leer...

En su obra, Shelley le da la réplica a Edipo (¡qué valiente mi Percy, por eso supongo que fue tan grande!) y a su Prometeo encadenado.

Según la obra de Edipo y la mitología griega clásica, el joven Zeus acaba de hacerse con el monte Olimpo (no sabría definir con exactitud el “acaba” en este caso) ̶ y, por consiguiente, con el mundo entero ̶ , sobre el que reinará con dureza y dicen que justicia. En un momento dado, Prometeo, también dios, rebelde, nieto del cielo y la tierra (Urano y Gea) y perteneciente a la raza de los Titanes, roba el fuego de Zeus y se lo devuelve a los humanos (a los que Zeus había robado antes).

Prometeo había creado al humano no hacía mucho tiempo (sigo sin saber definir exactamente los términos de tiempo y espacio en el mito) a base de arcilla y agua y había amado su creación hasta el punto de concederle, entre otros dones, esperanza inquebrantable y voluntad libre. Zeus no hace esperar su respuesta: envía a su hijo Hefesto acompañado de Fuerza y Violencia a encadenar a Prometeo a una montaña rocosa y escarpada situada en los confines del mundo (ahora llamados Cáucaso), un desierto jamás hollado (¿de hoyo, holla o huella?). A su pesar, Hefesto, también simpatizante de los hombres, no se atreve a contradecir a su padre (por si aca) y amarra al malhechor a la roca señalada “con grilletes irrompibles y vínculos de acero”, donde día tras día, en perpetuo lamento, Prometeo soportará que cada mañana un águila le coma el hígado. Y esto es posible porque su hígado, cada noche, se regenerará para el águila por expreso deseo de Zeus de fastidiar a nuestro titán. Hasta mucho tiempo después no nacerá su libertador: Heracle, al que hoy conocemos mejor por su nombre artístico: Hércules. Andaaaaaa... que luego digo yo que mi padre es retorcido.

Suena mi móvil. Veo que es mi amiga Marina.

De momento me quedo paralizada, sin saber qué hacer. ¿Cojo el teléfono con las manos pringadas de agua y aceite o dejo pasar la oportunidad de una buena charla? Mientras intento decidir, me entra un mensaje de Marina. Me comunica que deja las sesiones con su casi nueva coach.

Me seco las manos y la llamo.

―En seis sesiones he terminado siendo yo su coach. Casi.

―¿Cómo is dát pósibol? El mundo al revés...

No sé cómo puede degenerar una situación de esa manera, dándose la vuelta completamente. Pero ha ocurrido. Y, por lo que sé del asunto, eso le ha costado a Marina una pasta.

[Marina y yo tenemos un problema; o mejor dicho, dos: 1) somos "maricursos"  [hacemos cursos de todo, todo nos provoca curiosidad y todo lo queremos aprender]; y 2) raramente pasamos a la acción para aprovechar lo aprendido porque somos ¿perezosas? Nos sabemos las teorías de memoria; vamos, que sacaríamos un diez en infinidad de asignaturas la mar de prácticas como striptease, escritura creativa, hacer collares de cuentas, relajación y meditación oriental, occidental y de la Tierra Media, crecimiento personal y bricolage creativo (sea eso lo que sea), pulido profesional de cristales o antropología filosófica. No tenemos problema en tirar el dinero que no tenemos aprendiendo cosas que jamás haremos una vez terminado el curso.]

―Pues va y me dice que, a pesar de ser muy tímida (yo, claro), le digo cosas que la dejan fatal. Que libero a veces una energía que le afecta mucho. Especialmente cuando dice algo que a mí no me gusta... La verdad es que ahí estuvo lista porque me pasaba la mitad del tiempo pensando qué hago aquí diosmiodemivida. Juas.

―¡Ja! ¡Pero qué fuerteeeeee! 

―Bueno, ya sabes que dicen que se enseña lo que se necesita aprender...

―Pues tu coach lleva un ritmo de aprendizaje que madre mía... ¡Menuda lista! ¿De dónde sacaste esa joya?

Me dice una dirección internáutica. Me meto a curiosear mientras ella sigue contándome.

―Me la recomendaron. Me metí en su web ―que engaña― y vi que ofrecía todo lo que yo buscaba. Y en vez de eso me encontré en el patio del colegio echándole la culpa a mi infancia de mi falta de acción. Ja, ja, ja.

―Bueno, al menos no le ha echado la culpa de todo a tu madre, instándote a echarla de tu vida cinco minutos antes de que se muera. Por que eso sí que te deja con un cuerpojota inarreglable de verdad... ¡Qué fuerte!

―Siiiiii, aquí todos tenían la culpa: el patio, la monja, mi padre... Hasta la silla de mi pupitre.

―Madredediosssssss... ¿Y dónde se habrá sacado el título de coach para que no la hayan enseñado a cubrirse con la famosa “distancia terapéutica”?

―No, si no tiene el título. Ella presume de que no estudió nada, se leyó en un pis-pas el ser feliz en diez minutos y ya tiene un montón de clientes ilusos...Entre ellos yo.

―¿Me estás hablando en serio? ¡¡¡Pero si hay cursos de solo tres meses y te dan el título!!! ¿Y no tiene ninguno?

―Que no, que me lo dijo ella. Es boba, ademas. Me lo suelta a mí, que me gusta un curso más que a un tonto un lápiz. Y me lo dice como quien no quiere la cosa, en bajito, como si yo en vez de su clienta fuera su amiga a la que le suelta una pesada confidencia que no la deja dormir...

―No me lo puedo creer, Marina. Pero, desde luego, la tonta es ella, por no haber calculado que la consecuencia inmediata de su confesión sería que salieras corriendo de su vida...

―Sí, y encima ahora me siento culpable... Ains.

―¿Culpable? ―uy, esto es nuevo; rabiosa actualidad para mí.

―Sí, culpable; por haberla hecho sentir aplastada con las energías que despliego cuando no me gusta algo de lo que me dice.

―Pero...

―Mujer, si yo pienso mal de ti y tú me lo descubres y me dices que te he echado para atrás con mi negatividad, pues... Tengo mi corassssonsssito...

Me quedo sin habla.

No sé cómo puede degenerar una situación de esa manera, dándose la vuelta del revés completamente. Pero ha ocurrido. Y eso le ha costado a Marina una pasta. Intento consolarla.

―Como decía mi abuela Blasa acerca de la culpa: “¿Pecado? Pecado es robar y matar... y no siempre”. Esa mujer sí que era sensata, jamía...

―Pues sí, eso sí que es un buen consejo de coach; si es que, hija, es una tontuna pagar por esto con la cantidad de gente sensata que hay por el mundo de la que se puede aprender.

―Pensar que alguien lo está haciendo fatal contigo está bien, especialmente si es un hecho. ¿Cómo hubieras descubierto si no que te estabas gastando una pasta para nada?

―Ahí le has dado, cierto; tienes razón.

―Oyesssss... ¿Y por qué no usas tu corassssonsssito para ti antes que usarlo para otros, eh? Piensa en la posibilidad de hacerlo, anda.

―Ja, ja, ja. Tienes toda la razón. ¡Si cuatro charlas contigo me aclaran más que seis sesiones con la petarda esa! Tienes que hacerte coach. A tí se te daría que te c...., que lo sé yo.

―Vale, a la vuelta de verano nos hacemos el curso juntas. Tú también; por tu economía y eso...

―Yo no serviría para eso. Soy muy de ciencias. A mí lo no empírico...

―Que sí, ya verás. Por cierto, ¿has visto la chulada que ha puesto María Renée en su muro? ―le pregunto con tiento―. “El coraje es un amorío con lo desconocido”...

―No, no lo había visto; ja ja ja, ¡está genial! ―no entra al trapo.

―Bueno, pues a la vuelta nos hacemos otro cursito juntas. Esta vez el de coach, que nos va a venir fenomenal, ya verás...

―Vaaaaaaaaleeee.

¿Será que a Marina no le van los amoríos con lo desconocido si no los conoce antes muy bien? A mí es que esos amoríos me encantan, y no me puedo creer que a alguien no le gusten tanto como a mí. De cualquier manera, ya se ha liberado de su roca (pereza) y del águila que le comía los higadillos a cambio de un dineral (su coach intitulada). Hay gente que es así de rápida en su toma de decisiones... aunque piensen lo contrario de sí mismos.

Veo en la web de la intitulada como coach que tiene un título californiano de facilitadora. No sé lo que es eso, pero siento que cuando hay tanto intermediario entre tú y tu vida, y que esos intermediarios están peor que tú quizás es el momento de que hagamos lo que Marina: eliminar lo de en medio y entrar en nuestras circunstancias directamente a matar. Ser tu propio coach no es ninguna locura; que lo sea un desequilibrado sí lo es. Creo.Y de todas maneras, tomar las propias decisiones y empezar a actuar en consecuencia no puede ser malo. Nos podemos equivocar, claro; pero sería muy raro que por ellos nos muriéramos, nos mataran o dejara de querernos todo habitante de este planeta. Tampoco por ello nos quedaremos en la lista negra universal de "No darle jamás trabajo a esta persona en ninguna parte del mundo en ninguna profesión; es humana y mete la pata".

Si Prometeo mantuvo el tipo un tiempo [hasta que nació Hércules, creció (superando su infancia, que es un puntazo) se hizo adulto y héroe y luego lo liberó] mientras un águila le comía los higadillos a diario, estoy segura de que cualquiera de nosotros podemos también aguantar hasta que nos aburramos de que  nos coman los higadillos de la manera que sea y decidamos liberarnos de esos supuestos grilletes irrompibles y vínculos de acero. En la mayoría de las ocasiones, si no siempre, sin necesidad de ningún Hércules que valga. Vaaaaaaaleeee, ya sé que Prometeo era un dios titán.

Pero, aunque no lo creamos aún, nosotros también lo somos. 

Se vive viviendo, no consultando. Y si tenemos que consultar en alguna ocasión, hagámoslo; pero por diosssss, que nuestro Hércules tenga un título profesional adecuado.

Tiro los tallarines a la basura. No sé si se han desinflado por nuestra conversación o porque han pasado mucho tiempo de más en agua y aceite. Posiblemente por ambos motivos.

Están tan blandos que podría utilizarlos de engrudo para manualidades escolares pasándolo por la batidora. Pero esta masuja informe no serviría ni para eso: ha pasado en remojo tanto tiempo de más que se ha liberado de todo su almidón.

Pongo a remojo otra tanda; esta vez estaré al quite en cuanto a tiempos (reales y contemporáneos). Llame quien llame; quiero comer antes de las seis de la tarde.

En fin.





P.S. DAVIIIIIIIDDDDDDD: Veo que Esquilo tenía la misma afición que yo: muchas comas justo delante de la “y”... Gracias por tu comprensión y manga ancha con eso en los cursos que hacíamos Marina y yo contigo :))) [No me oye, Marina]