sábado, 30 de agosto de 2014

Las 18 trampas que pueden minar tu autoconfianza amargándote la vida

Cualquier cosa que valga la pena tener merece que se trabaje, incansable, por ella.
Andrew Carnegie, fundador de U.S. Steel Company

¿Sabías que el 93% de los mensajes reconocibles que enviamos a otros lo hacemos mediante la comunicación no verbal.
Albert Mehrabiant, autor de Silent Messages, dirigió diversos estudios sobre la comunicación no verbal. Descubrió que únicamente el 7% de cualquier mensaje hablado se transmite en palabras, el 38% a través de elementos vocales específicos (ruiditos, toses, exclamaciones, etc.) y el 55% mediante elementos no verbales (expresiones faciales, gestos, posturas, etc.). Si quitamos el 7% del mensaje transmitido a través de la palabra nos queda un 93% que hemos transmitido de otras formas no habladas...

Te has sentido alguna vez como pez fuera del agua coleteando furiosamente o quieto como un muerto, incapaz de acercarte al lugar donde quieres ir o de salir de donde estás? Tus objetivos y sueños no parecen al alcance de la mano y no estás seguro de dónde o cuándo perdiste la pista del camino... 
Crees que estás haciéndolo lo mejor posible rompiéndote el espinazo pero ese ascenso nunca se materializa. Estás más que contento con cómo discurrió tu cita del viernes pasado, creías que todo fué genial pero ella no responde a tus llamadas. Trabajas duro en una nueva idea empresarial invirtiendo una cantidad importante de tiempo, esfuerzo y energía pero por alguna razón no termina de cuajar...
Así que te pillas pensando “¿qué hay de malo en mí? ¿en qué me equivoqué? ¿no soy lo sufientemente bueno? ¿no soy lo suficientemente listo?".·
En otras ocasiones sabes que no estás en tu momento álgido pero das lo mejor de ti con la intención de cubrir los agujeros negros. Pones buena cara y esperas que nadie se dé cuenta del terror y las dudas que te asaltan.
Pero, en realidad, puede que si no has enfrentado ese terror y esas dudas y has decidido de verdad dejarlas de lado estés aún enviando señales de inseguridad a gente que puede tener algún poder de decisión a la hora de cooperar a que esos tus objetivos o sueños se hagan realidad.
Tu comportamiento, tus pensamientos y sentimientos se traducen en expresiones y señales visibles de la inseguridad que estás sintiendo en ese momento... y que los otros perciben con claridad aunque sea de forma inconsciente. No importa cuán inteligente seas o cuán ingeniosas sean tus ideas de negocio, ese chivato incontestable que es el lenguaje no verbal puede que haya sido la auténtica razón de que no hayas alcanzado el éxito en algunas de las áreas de la vida que te parecen tan esquivas.
Si vas a actuar con confianza (la sientas o no en un momento determinado) debes primero entender qué comportamientos transmiten la idea de inseguridad y poca confianza en ti mismo. Estas son algunas maneras —entre las más habituales— con las que podrías estar enviando señales que no quieres enviar:
  1. Utilizar lenguaje corporal débil: cruzar los brazos, no sonreír, mirar al suelo y/o no hacer contacto visual.
  2. Evitar la interacción con personas nuevas: siendo incapaz de iniciar nuevas conexiones o acercarte a alguien te quieres o te interesa conocer.
  3. Comunicación verbal débil: hablar en voz muy baja, terminar las frases con preguntas o sonar realmente nervioso.
  4. Vacilar al hablar en público: tanto si es en una reunión de trabajo, un encuentro social o ante una audiencia pública.
  5. Temor a probar cosas nuevas o aceptar retos: dificultad real en actuar fuera de tu zona de confort o sentirte ligeramente incómoda aun sabiendo que eso mejorará tu vida en cualquier sentido.
  6. Titubear al pedir lo que quieres o necesitas: incapacidad de expresar tus deseos con seguridad porque no te sientas merecedor de alcanzarlos.
  7. No confiar en tu propio juicio: sentir que tu capacidad de resolver problemas, tomar decisiones, iniciar ideas o actuar de forma asertiva está en entredicho o no suena tan bien como la de tus compañeros.
  8. Indecisión crónica: no confiar en tu propio juiicio lo suficienete como para comenzar a averiguar qué es lo que quieres.
  9. Dejar que otros tomen las decisiones por tí: dejar que las opiniones de otros dicten tu día a día y tu camino.
  10. Fantasear acerca de no ser lo suficientemente exitoso: sentirte intimidado cuando estás cerca de personas consideradas más exitosas o que han logrado más cosas que tú.
  11. Sentimientos de celos o resentimiento hacia las personas consideradas exitosas: proyectar tus inseguridades y anhelos con comportamientos y sentimientos negativos hacia otros.
  12. Necesidad de constante validación externa: no solo en relaciones personales sino también validación por parte de jefes, compañeros de trabajo, profesores, clientes y colegas.
  13. Miedo al rechazo: preocupación constante acerca de que otros te eviten, te ofendan o te hieran a propósito.
  14. Preocupación extrema acerca de cómo te perciben otras personas: sentirte dolorosamente tímida e incómoda acerca de tu inteligencia y/o tu apariencia.
  15. Autosabotaje consciente: crear situaciones que hacen imposible tener éxito de forma que siempre tengas una excusa para fallar o compadecerte.
  16. Estar exageradamente enfocado en tu apariencia física y en tus defectos físicos: necesidad constante de comprobar tu aspecto, compararte con otros, u obsesionarte acerca de partes de tu físico en detrimento de todo lo demás.
  17. No establecer límites con otras personas: permitir a otros que se aprovechen de ti sencillamente porque no te sientes capaz de decir “no”.
  18. Ser exageradamente servicial o complaciente: ignorando completamente tus propios valores, necesidades o deseos solo para ganarte el afecto o la aprobación de otros.
¿Puedes observar en ti mismo algunos o muchos comportamientos de estos? Si es así, quizás estés enviando señales a aquellos de tu alrededor comunicándoles de forma inconsciente que no mereces su atención o respeto, o que no eres capaz de hacerte cargo de cualquiera que sea la situación que tienes entre manos. Y si tú no muestras confianza en ti misma ante los que te rodean ellos no podrán tener mucha confianza en ti. Y todavía peor: cuando esa otra gente muestra una falta de confianza en ti esto te hará sentir aún más insegura acerca de ti misma.
Pero tranquilo, es más habitual de lo que creemos, solo que ellos saben recomponerse y mostrarse confiados porque conocen y han puesto en práctica los siete pasos necesarios para recuperar o incrementar su autoconfianza (¡y posiblemente tú también hayas dado ya alguno de estos pasos!) que la semana que viene volveré a traer a tu memoria.
Mientras tanto recuerda que eres más grande de lo que crees ahora mismo, más valioso de lo que puedas imaginar e infinitamente más capaz de lo que te permites a ti mismo creer. Y en el fondo sabes que no estoy exagerando ni esto.


¡Feliz fin de vacaciones y felicísimo regreso a casa!

domingo, 17 de agosto de 2014

La fórmula de la felicidad (I)


Dar el paso puede que no traiga la felicidad; no hacer nada al respecto no la traerá.
William James



Nivel mínimo de alegría requerido
He descubierto, a lo largo del tiempo y con algo de esfuerzo, algunas verdades absolutas que me ayudan a no perder pie en esto de la búsqueda de mi felicidad y que me empujan a actuar cuando mi alegría está por debajo del nivel mínimo que requiero.

Quizás algunas de ellas también te sirvan a ti:

  • La vida no trata de sentarse a esperar que pase la tormenta; de lo que trata la vida es de aprender a salir ahí fuera a pesar de ella esperando que el agua de mejores peras y más flores. La felicidad no es la ausencia de problemas sino la habilidad para manejar los que se me presenten. Hubiera podido disfrutar de muchos más maravillosos momentos si no hubiera permitido que mi mente se dedicara con tantísima energía a luchar con mis dudas.
  • Nunca permitiré que un mal día me haga sentir que tengo una mala vida. Un día es un día y una vida es algo mucho más serio... y más largo.
  • El resentimiento es una pérdida de tiempo de felicidad. Si lo permito, mi pasado puede robarme el presente. Puedo pasarme días, semanas, meses y años sentada a solas en un cuarto oscuro analizando una y otra vez algo que ocurrió hace años tratando de hacer encajar las piezas, intentando justificar qué podría o debería haber ocurrido en lugar de lo que ocurrió. O puedo levantarme dejando todas las piezas desparramadas en el suelo y salir a tomar el sol. Esto último es lo más sensato.
  • Hay alguien por ahí, posiblemente muy cerca, que es feliz con muchísimo menos de lo que yo tengo.
  • Siempre tengo libertad absoluta para hacer algo que me haga sentir mejor: puedo cocinar, leer, saltar, jugar al Candy Crush, escuchar a mi Elvis, o pintar. O puedo seguir sintiéndome un trapo. 
  • Si no te gusta algo, cámbialo; si no puedes cambiarlo, tíralo; si no puedes tirarlo, cambia la forma en que piensas acerca de ello. (Esta es la que más me cuesta; debe ser porque no es mía, pero es muy sensata, así que la adopté).
  • A veces necesito hacerlo solo lo mejor que pueda y dejar la perfección para otro momento. No siempre puedo ser tan dura conmigo misma; hacer lo mejor que puedo con lo que tengo en ese instante es suficiente.
  • Por el hecho de que no haya durado toda la vida no signfica que no haya valido la pena.
  • Hablar más de mis bienes que de mis males aleja a estos últimos a la velocidad del rayo. "No muere el hombre por lo que entra en su boca sino por lo que de su boca sale. Porque lo que de su boca sale de su corazón procede". Ahí queda eso (tampoco es mía).
  • Algunas personas y algunas cosas no estarán en mi vida para siempre. Hay cosas que no quiero perder a las que puede que tenga que renunciar; hay personas sin las que creía no poder vivir y que tuve que dejar marchar. Y aquí estoy, viva y coleando. Es posible que haya circunstancias y personas que llegaron a mi vida solo para hacerme más fuerte y aprender a pasar página sin perder por ello mi felicidad básica. Y mucho menos la vida.
  • Cuando tengo mejor aspecto es cuando sonrío. No hay belleza más esplendorosa que la que sale de dentro.
  • Cuanto más confío en mis propias decisiones menos necesito que otros lo hagan.


Y mi favorita absoluta:

Una actitud negativa es como una rueda pinchada; no llegaré muy lejos hasta que no la cambie. :-D

Por cierto, hace unos meses una amiga que se considera muy infeliz y de la que yo pienso que tiene una vida estupenda, me lanzó un reto: Pero ¿la felicidad no debería tener una fórmula matemática como todo? Como que sumar dos y dos dan cuatro o algo así...

Después de darle muchas vueltas a ese guante lanzado a mi amor propio, creo que la saqué:

Actitud + Intención + Confianza = Felicidad

El próximo día la explico con pelos y señales...

domingo, 3 de agosto de 2014

Prometeo Liberado



̶¡Oh éter divino, y vientos de alas rápidas, y fuentes de los ríos,
y sonrisa innumerable de las olas marinas,
y Tierra madre universal, y círculo omnividente del Sol;
yo os invoco: ved lo que, siendo dios, sufro de los dioses!
(Esquilo, Prometeo encadenado).


Mientras pongo a (¿en?) remojo con agua y aceite los tallarines de arroz para hacer un pad thai, pienso en lo que estoy leyendo ahora: Prometeo liberado, poema épico de Percy Shelley (el marido de la autora de Frankenstein) y oficialmente su obra maestra. Me está costando, eh? Edipo me resultaba más ligerito de leer...

En su obra, Shelley le da la réplica a Edipo (¡qué valiente mi Percy, por eso supongo que fue tan grande!) y a su Prometeo encadenado.

Según la obra de Edipo y la mitología griega clásica, el joven Zeus acaba de hacerse con el monte Olimpo (no sabría definir con exactitud el “acaba” en este caso) ̶ y, por consiguiente, con el mundo entero ̶ , sobre el que reinará con dureza y dicen que justicia. En un momento dado, Prometeo, también dios, rebelde, nieto del cielo y la tierra (Urano y Gea) y perteneciente a la raza de los Titanes, roba el fuego de Zeus y se lo devuelve a los humanos (a los que Zeus había robado antes).

Prometeo había creado al humano no hacía mucho tiempo (sigo sin saber definir exactamente los términos de tiempo y espacio en el mito) a base de arcilla y agua y había amado su creación hasta el punto de concederle, entre otros dones, esperanza inquebrantable y voluntad libre. Zeus no hace esperar su respuesta: envía a su hijo Hefesto acompañado de Fuerza y Violencia a encadenar a Prometeo a una montaña rocosa y escarpada situada en los confines del mundo (ahora llamados Cáucaso), un desierto jamás hollado (¿de hoyo, holla o huella?). A su pesar, Hefesto, también simpatizante de los hombres, no se atreve a contradecir a su padre (por si aca) y amarra al malhechor a la roca señalada “con grilletes irrompibles y vínculos de acero”, donde día tras día, en perpetuo lamento, Prometeo soportará que cada mañana un águila le coma el hígado. Y esto es posible porque su hígado, cada noche, se regenerará para el águila por expreso deseo de Zeus de fastidiar a nuestro titán. Hasta mucho tiempo después no nacerá su libertador: Heracle, al que hoy conocemos mejor por su nombre artístico: Hércules. Andaaaaaa... que luego digo yo que mi padre es retorcido.

Suena mi móvil. Veo que es mi amiga Marina.

De momento me quedo paralizada, sin saber qué hacer. ¿Cojo el teléfono con las manos pringadas de agua y aceite o dejo pasar la oportunidad de una buena charla? Mientras intento decidir, me entra un mensaje de Marina. Me comunica que deja las sesiones con su casi nueva coach.

Me seco las manos y la llamo.

―En seis sesiones he terminado siendo yo su coach. Casi.

―¿Cómo is dát pósibol? El mundo al revés...

No sé cómo puede degenerar una situación de esa manera, dándose la vuelta completamente. Pero ha ocurrido. Y, por lo que sé del asunto, eso le ha costado a Marina una pasta.

[Marina y yo tenemos un problema; o mejor dicho, dos: 1) somos "maricursos"  [hacemos cursos de todo, todo nos provoca curiosidad y todo lo queremos aprender]; y 2) raramente pasamos a la acción para aprovechar lo aprendido porque somos ¿perezosas? Nos sabemos las teorías de memoria; vamos, que sacaríamos un diez en infinidad de asignaturas la mar de prácticas como striptease, escritura creativa, hacer collares de cuentas, relajación y meditación oriental, occidental y de la Tierra Media, crecimiento personal y bricolage creativo (sea eso lo que sea), pulido profesional de cristales o antropología filosófica. No tenemos problema en tirar el dinero que no tenemos aprendiendo cosas que jamás haremos una vez terminado el curso.]

―Pues va y me dice que, a pesar de ser muy tímida (yo, claro), le digo cosas que la dejan fatal. Que libero a veces una energía que le afecta mucho. Especialmente cuando dice algo que a mí no me gusta... La verdad es que ahí estuvo lista porque me pasaba la mitad del tiempo pensando qué hago aquí diosmiodemivida. Juas.

―¡Ja! ¡Pero qué fuerteeeeee! 

―Bueno, ya sabes que dicen que se enseña lo que se necesita aprender...

―Pues tu coach lleva un ritmo de aprendizaje que madre mía... ¡Menuda lista! ¿De dónde sacaste esa joya?

Me dice una dirección internáutica. Me meto a curiosear mientras ella sigue contándome.

―Me la recomendaron. Me metí en su web ―que engaña― y vi que ofrecía todo lo que yo buscaba. Y en vez de eso me encontré en el patio del colegio echándole la culpa a mi infancia de mi falta de acción. Ja, ja, ja.

―Bueno, al menos no le ha echado la culpa de todo a tu madre, instándote a echarla de tu vida cinco minutos antes de que se muera. Por que eso sí que te deja con un cuerpojota inarreglable de verdad... ¡Qué fuerte!

―Siiiiii, aquí todos tenían la culpa: el patio, la monja, mi padre... Hasta la silla de mi pupitre.

―Madredediosssssss... ¿Y dónde se habrá sacado el título de coach para que no la hayan enseñado a cubrirse con la famosa “distancia terapéutica”?

―No, si no tiene el título. Ella presume de que no estudió nada, se leyó en un pis-pas el ser feliz en diez minutos y ya tiene un montón de clientes ilusos...Entre ellos yo.

―¿Me estás hablando en serio? ¡¡¡Pero si hay cursos de solo tres meses y te dan el título!!! ¿Y no tiene ninguno?

―Que no, que me lo dijo ella. Es boba, ademas. Me lo suelta a mí, que me gusta un curso más que a un tonto un lápiz. Y me lo dice como quien no quiere la cosa, en bajito, como si yo en vez de su clienta fuera su amiga a la que le suelta una pesada confidencia que no la deja dormir...

―No me lo puedo creer, Marina. Pero, desde luego, la tonta es ella, por no haber calculado que la consecuencia inmediata de su confesión sería que salieras corriendo de su vida...

―Sí, y encima ahora me siento culpable... Ains.

―¿Culpable? ―uy, esto es nuevo; rabiosa actualidad para mí.

―Sí, culpable; por haberla hecho sentir aplastada con las energías que despliego cuando no me gusta algo de lo que me dice.

―Pero...

―Mujer, si yo pienso mal de ti y tú me lo descubres y me dices que te he echado para atrás con mi negatividad, pues... Tengo mi corassssonsssito...

Me quedo sin habla.

No sé cómo puede degenerar una situación de esa manera, dándose la vuelta del revés completamente. Pero ha ocurrido. Y eso le ha costado a Marina una pasta. Intento consolarla.

―Como decía mi abuela Blasa acerca de la culpa: “¿Pecado? Pecado es robar y matar... y no siempre”. Esa mujer sí que era sensata, jamía...

―Pues sí, eso sí que es un buen consejo de coach; si es que, hija, es una tontuna pagar por esto con la cantidad de gente sensata que hay por el mundo de la que se puede aprender.

―Pensar que alguien lo está haciendo fatal contigo está bien, especialmente si es un hecho. ¿Cómo hubieras descubierto si no que te estabas gastando una pasta para nada?

―Ahí le has dado, cierto; tienes razón.

―Oyesssss... ¿Y por qué no usas tu corassssonsssito para ti antes que usarlo para otros, eh? Piensa en la posibilidad de hacerlo, anda.

―Ja, ja, ja. Tienes toda la razón. ¡Si cuatro charlas contigo me aclaran más que seis sesiones con la petarda esa! Tienes que hacerte coach. A tí se te daría que te c...., que lo sé yo.

―Vale, a la vuelta de verano nos hacemos el curso juntas. Tú también; por tu economía y eso...

―Yo no serviría para eso. Soy muy de ciencias. A mí lo no empírico...

―Que sí, ya verás. Por cierto, ¿has visto la chulada que ha puesto María Renée en su muro? ―le pregunto con tiento―. “El coraje es un amorío con lo desconocido”...

―No, no lo había visto; ja ja ja, ¡está genial! ―no entra al trapo.

―Bueno, pues a la vuelta nos hacemos otro cursito juntas. Esta vez el de coach, que nos va a venir fenomenal, ya verás...

―Vaaaaaaaaleeee.

¿Será que a Marina no le van los amoríos con lo desconocido si no los conoce antes muy bien? A mí es que esos amoríos me encantan, y no me puedo creer que a alguien no le gusten tanto como a mí. De cualquier manera, ya se ha liberado de su roca (pereza) y del águila que le comía los higadillos a cambio de un dineral (su coach intitulada). Hay gente que es así de rápida en su toma de decisiones... aunque piensen lo contrario de sí mismos.

Veo en la web de la intitulada como coach que tiene un título californiano de facilitadora. No sé lo que es eso, pero siento que cuando hay tanto intermediario entre tú y tu vida, y que esos intermediarios están peor que tú quizás es el momento de que hagamos lo que Marina: eliminar lo de en medio y entrar en nuestras circunstancias directamente a matar. Ser tu propio coach no es ninguna locura; que lo sea un desequilibrado sí lo es. Creo.Y de todas maneras, tomar las propias decisiones y empezar a actuar en consecuencia no puede ser malo. Nos podemos equivocar, claro; pero sería muy raro que por ellos nos muriéramos, nos mataran o dejara de querernos todo habitante de este planeta. Tampoco por ello nos quedaremos en la lista negra universal de "No darle jamás trabajo a esta persona en ninguna parte del mundo en ninguna profesión; es humana y mete la pata".

Si Prometeo mantuvo el tipo un tiempo [hasta que nació Hércules, creció (superando su infancia, que es un puntazo) se hizo adulto y héroe y luego lo liberó] mientras un águila le comía los higadillos a diario, estoy segura de que cualquiera de nosotros podemos también aguantar hasta que nos aburramos de que  nos coman los higadillos de la manera que sea y decidamos liberarnos de esos supuestos grilletes irrompibles y vínculos de acero. En la mayoría de las ocasiones, si no siempre, sin necesidad de ningún Hércules que valga. Vaaaaaaaleeee, ya sé que Prometeo era un dios titán.

Pero, aunque no lo creamos aún, nosotros también lo somos. 

Se vive viviendo, no consultando. Y si tenemos que consultar en alguna ocasión, hagámoslo; pero por diosssss, que nuestro Hércules tenga un título profesional adecuado.

Tiro los tallarines a la basura. No sé si se han desinflado por nuestra conversación o porque han pasado mucho tiempo de más en agua y aceite. Posiblemente por ambos motivos.

Están tan blandos que podría utilizarlos de engrudo para manualidades escolares pasándolo por la batidora. Pero esta masuja informe no serviría ni para eso: ha pasado en remojo tanto tiempo de más que se ha liberado de todo su almidón.

Pongo a remojo otra tanda; esta vez estaré al quite en cuanto a tiempos (reales y contemporáneos). Llame quien llame; quiero comer antes de las seis de la tarde.

En fin.





P.S. DAVIIIIIIIDDDDDDD: Veo que Esquilo tenía la misma afición que yo: muchas comas justo delante de la “y”... Gracias por tu comprensión y manga ancha con eso en los cursos que hacíamos Marina y yo contigo :))) [No me oye, Marina]

lunes, 28 de julio de 2014

Peleas, caminos y eso



El más importante descubrimiento de mi generación es el de que un ser humano puede cambiar su vida
cambiando su actitud mental.  (William James)


Si estás peleando con lo que sea, recuerda que otros muchos también lo estamos haciendo. Muchos, pero muchos de nosotros estamos justo donde tú te encuentras en estos momentos: trabajando duro para sentirnos mejor, pensar con más claridad y mantener nuestras vidas en marcha.

Durante esta semana reflexiona sobre ello. Quizás sea consuelo de tontos pero, como digo siempre, es consuelo al fin. Yo es que prefiero pasar por tonta que ser desgraciada pero única, ¿tú no? Así me siento menos sola en mi pesar XD...

Alguien ha pasado ya por ahí y finalmente ha llegado a destino. Muchos otros han estado ahí, bien atascados,... y lo han conseguido. Otros tantísimos siguen ahí... y lo conseguirán. Y tú y yo nos veremos otras veces en la misma disyuntiva: ¿sigo o tiro la toalla? 


Sigue. Piensa que para tirar la toalla siempre estamos a tiempo, ¿por qué precipitarnos? :-)

Recuerda el hábito diario que aumenta tu satisfacción y la sostiene, y practícalo:

  • Haz hoy algo por ti mismo
  • Haz hoy algo por tu casa
  • Haz hoy algo por otro

Ya sé, ya sé... Lo he dicho ya cuarenta veces, pero es que eso DA FELICIDAD. Es una verdad empírica (sea eso lo que sea XD).

Hay otras cosas que también puedes hacer para acumular pequeñas satisfacciones y orgullos personales día a día. Hoy se me ocurre esta:

Gasta a manos llenas todo el dinero que quieras, pero no tires ni un céntimo.


A veces no gastamos ni un euro pero acabamos despilfarrando cien. Cuando compramos cualquier cosa que no nos produce verdadera satisfacción y lo hacemos sin sentir especial alegría, estamos despilfarrando. Cuando nos privamos de comprar algo que nos podemos permitir sin problemas y que nos produciría verdadera alegría pero creemos que una cosa así "no está bien", también estamos despilfarrando: estamos tirando a la basura una oportunidad de sentirnos bien. 

Y disfruta de cualquier segundo que te de alegría, diversión, vértigo, tristeza, rabia o indignación. Eso es vivir. El nirvana, como también he dicho ya mil veces, no existe y no existirá jamás. Va contra todas las leyes humanas y divinas que se basan en el deseo y la consecución de más y más y más. Así es como se expande nuestro universo todo.

Así que desea, imagina, persigue y... remata. Lo estás haciendo bien, ni lo dudes. 

De esta forma construimos nuestro curriculum vitae y ampliamos nuestro curriculum felicitatis: viviendo bien, a nuestra propia imagen y semejanza.

Ni más ni menos.

¡Feliz semana!

P.S. Para obtener lo que verdaderamente deseas (por ejemplo, sentirte más que bien) hazte estas cuatro preguntas: ¿Por qué? ¿Por qué no? ¿Por qué no yo? ¿Por qué no ahora?

Y contéstatelas. A corazón abierto.










domingo, 20 de julio de 2014

¿Verdad o mentira?

En este mundo cruel nada es verdad ni es mentira;
todo depende del color del cristal con que se mira.
Dicho popular


Una creencia no es más que un pensamiento que pensamos cien mil veces y, a base de repeticiones, se convierten en certezas para nosotros. Lo que no significa que sean verdades absolutas; de hecho, la mayor parte de nuestras creencias son mentiras, objetivamente hablando.

Nuestras creencias rigen nuestra vida. Queramos o no, nos guste o no, la ciencia ha demostrado que nuestro cuerpo y nuestro cerebro obedecen a nuestra voluntad consciente y nuestra mente es la vía. La mente consciente es la que da por válidas o no las afirmaciones que generan la observación de nuestro entorno y lo que sentimos hacia lo que percibimos en él. (Léete el Principio de Incetidumbre de Heisenberg, es interesantísimo).

Es la mente consciente el filtro que deja pasar o no a nuestro inconsciente lo que decidimos creer (porque siempre lo decidimos nosotros, sea a través de la curiosidad, el miedo, la conveniencia, o nuestra perseverancia). Y, una vez en el inconsciente, se convierten en esas creencias que, de forma automática, si las dejamos, dirigen nuestros pensamientos y actos que luego generan nuestras experiencias.

Y esto vale tanto para las creencias que llamamos positivas (las que nos apoyan y nos dan energía) como para las negativas (las que llenan nuestra imaginación de obstáculos, errores y horrores).

Los pensamientos se piensan solos; vienen y van a su aire, pasan por nuestra cabeza (o por donde sea que pasen) sin más propósito que lucirse y presentarnos propuestas y alternativas. Pero no tienen el poder de quedarse enganchados para siempre jamás a nosotros. Ese poder lo tenemos solo nosotros: enganchar el pensamiento que sea y quedárnoslo para darle forma, color, sentimiento y recrearnos en él dándole detalles a nuestro gusto.

Así pues, la buena noticia es que, como podemos elegir los pensamientos a los que quedarnos enganchados, las creencias (pensamientos que hemos repetido una y mil veces hasta que se hacen automáticos en nos) se pueden cambiar. Ningún niño nace pesimista ni resignado, aceptando su destino sin saber cuál es... Sólo hay que oír los gritos que pegan cuando tienen hambre, sueño o están mojados para darse cuenta del auténtico carácter de un bebé.

Una forma sencilla de hacernos con el control de nuestros pensamientos es ser conscientes del pensamiento negro en cuanto llega y pararnos para decir: "Ya sé lo que no quiero. ¿Qué es lo que quiero en realidad acerca de este asunto?". Y verbalizarlo claramente, en voz alta, de pensamiento o utilizando nuestra increíble capacidad para imaginar lo que de verdad deseamos. Y si el pensamiento que pillamos en un momento dado es alegre, divertido o amable, pararnos a hacerle fiestas y pensar "¡¡¡Síiiiiiiii, esto es lo que quiero!!!" es también una magnífica idea.

Normalmente, lo que deseamos de verdad en el aspecto que sea es justo lo contrario de lo que estábamos pensando en el momento de pillarnos in fraganti con una idea negra entre las manos. Así que es fácil. Haciendo esto una y otra vez, llega un momento en que los pensamientos negros pasan de largo sin dejarnos paralizados de miedo y nos permitimos a nosotros mismos avanzar en la dirección que realmente deseamos. Doy fe.

Pero muchos somos perezosos mentalmente, y además ilusos. Creemos que un día nos caerá del cielo ese momento en que no aparecerá ningún pensamiento que nos atormente y ya no volverá a ocurrir. Y esperamos -y esto es lo mejor de todo- no tener que poner nada de nuestra parte para que eso ocurra.

Falso. Falsísimo.

Llevamos tanto tiempo sosteniendo y observando deleitados esos pensamientos machacadores que se nos ha grabado una creencia que solo podemos modificar o eliminar de forma consciente, prestando atención. Pero vale la pena.

Tenemos un arma increíble para ayudarnos en esto: nuestra imaginación. Lo que de verdad nos diferencia de los animales es que nosotros podemos recordar el pasado, imaginar el futuro y destrozarnos el presente si no empleamos nuestra imaginación a nuestro favor. Lo que hasta ahora nos decían sin más explicaciones y sonaba misterioso de "ser consciente de uno mismo" es solo eso; y no hay ningún misterio.

Nuestros temores no se cumplirán a menos que nos regodeemos en ellos una y otra vez. Nuestros verdaderos deseos no se cumplirán a menos que nos regodeemos en ellos una y otra vez.

Ahora que en verano tenemos más tiempo y por lo general estamos más libres de estrés, prisas y carreras a colegios o despachos, aprovechemos los ratitos de playa y siesta para empezar a ser conscientes de lo que nos pasa por la cabeza, cuestionarlo, y rechazarlo o aceptarlo, según convenga a nuestra felicidad. Si nos ejercitamos en ello notaremos taaaaaaaannnnta diferencia a la vuelta de las vacaciones que nos parecerá absurdo no haberlo hecho veinte años antes. Prometido.

Las creencias más falsas de todas en cuanto a conseguir llevar una vida feliz:

No puedo
Me es imposible evitarlo
No sé
No tengo imaginación (¡esta es estupenda!)
No me lo permiten mis circunstancias (o padres, maestros, cónyuges, jefes...)

Las creencias que sí son verdades:

Puedo
Es posible cambiar
Sí sé
Tengo mucha imaginación
Lo haré

Lo único que tenemos que plantearnos, y ser sinceros con nosotros mismos, es:

¿Verdaderamente quiero conseguirlo y estoy dispuesto a hacer el esfuerzo que requiera?.YA estás haciendo muchísimo esfuerzo y gastando mucha energía en no hacerlo, así que la energía la tienes y el esfuerzo está a tu disposición y sabes cómo emplearlo; piensa en ello.

¿Estoy dispuesto a emplear mi imaginación para cambiar lo necesario y conseguir lo que de verdad deseo?. YA estás empleando la mucha imaginación que tienes en destrozar tu sueño, así que la imaginación la tienes. Empléala al revés.  XD

¿Lo haré?

Una vez hayamos decidido que sí, que cambiaremos nuestro tren pensante porque sí nos compensa, sólo tenemos que enfocarnos en el resultado de lo que queremos obtener. Visualíza ese resultado, no te permitas durante el rato que dediques a ello pensamientos contradictorios, haz como si te lo creyeras durante cinco o diez minutos (no más), créetelo durante ese ratito... y luego vuelve a tus quehaceres.

Si quieres convencerte a ti mismo a más velocidad de tu nuevo yo, da algún paso físico que apoye la nueva creencia o el nuevo hábito que quieres crear para que se quede en tu vida. Por ejemplo, si crees que eres tímido, te sientes solo o poco valioso, sonríe cada día a alguien y dile algo amable, sea conocido o no. Si crees que eres debilucho físicamente, haz veinte flexiones en algún momento del día. Si crees que jamás saldrás de la pobreza triste que invade tu vida y tu casa, compra algo un poquito más caro de lo que te permitirías normalmente pagar por eso mismo en versión bazar chino. Si te sientes solo y poco querido, pasa un ratito con alguien que sepas sin ninguna duda que te quiere (todos tenemos a alguien, no pongas excusas, estáte en guardia acerca de tus vergüenzas mal entendidas).

Y hazlo con la intención consciente de que estás creando tu nuevo y verdadero yo. Pronto verás que es más fácil de lo que te parecía (siempre lo es; todo) y también muy pronto verás que lo haces de corazón y que buscas oportunidades para hacerlo más a menudo.

Nunca se pierde nada siendo optimista, deseando y esperando triunfar en lo que soñamos; siendo pesimista perdemos con absoluta seguridad la oportunidad de conseguirlo. El optimismo da la energía necesaria para acometer cualquier cosa; el pesimismo nos roba el 99% de la energía y nos deja la justa para no hacer nada.

¿Nos vamos a dejar acojonar por dos o tres pensamientos que ya sabemos que no son verdades absolutas? ¿De verdad? ¡Venga ya!




domingo, 13 de julio de 2014

Placeres sencillos que no cuestan dinero

La felicidad es el espacio que hay entre dónde estás y dónde quieres estar.
Solo tienes que tomar una decisión: recorrer ese tramo haciéndolo cada vez más corto.

La vida está llena de placeres sencillos que nos ocurren de cuando en cuando. Son regalos inesperados que cada uno celebramos a nuestra propia y única manera. Pero podemos buscarlos a propósito y los encontraremos prestando atención.

La felicidad se elige; no es un accidente, una racha de buena suerte o algo que te regalan el día de tu cumpleaños. Si verdaderamente deseas ser feliz, lo eliges y haces lo necesario para alcanzarlo cada día. Cada minuto.

Y este deseo y necesidad de encontrar la alegría nos convierte en detectives y meticulosos observadores que se dedican a buscar cosas, personas, situaciones y actividades que nos la brinden. 

Cuando voy a fiestas o reuniones me pongo pesada y hablo y pregunto sobre la felicidad, a todo el que se deja. Con más frecuencia de la que espero consigo que la gente opine sobre el tema y casi todos, antes o después, me confiesan que los verdaderos placeres de su vida son gratis. Luego, me cantan voluntariamente una lista de ellos, con los ojos brillantes y una vaga sonrisa en la boca. Algunas personas se saben de memoria hasta treinta de sus placeres favoritos y los recitan sin respirar.

He coleccionado estos placeres como tesoros, y hacen una larguísima lista en mi cuaderno de notas.

Aquí os paso algunos, por si queréis echarles una ojeada y ver si podrían formar parte de vuestros favoritos... o ya lo hacen. Pensad en ellos con fruición y, aunque no sean vuestros, los disfrutaréis. 

  • Dormir al lado de la persona que amas.
  • Reír con tantas ganas que ni siquiera haces ruido.
  • El momento en que entiendes algo que no conseguías entender.
  • Un abrazo de tu hijo recién bañado.
  • Canciones que te hacen volver a un gran momento de tu vida.
  • Cuando oyes a alguien accidentalmente hablar bien de ti.
  • Despertar y caer en la cuenta de que ya es fin de semana... y volver a acurrucarte.
  • El momento agridulce e inevitable en que acabas un libro que no querías terminar.
  • Cuando un grupo de amigos se ríen con ganas de tu chiste estrella... por centésima vez.
  • Ese día en que te sientes atractivo o tienes el pelo justo como querías.
  • Un olor especial que te trae un recuerdo especial.
  • El primer chapuzon del año en el mar, a solas y muy temprano.
  • Volver a dormir en tu propia cama después de haber estado fuera dos o tres semanas.
  • Cuando alguien te dice "sí" (y esperabas que te dijera "no").
  • Acariciar a tu gato.
  • Un paseo a solas por la mañana temprano.
  • El silencio repentino que se hace en tu coche cuando atraviesas un puente un día de lluvia torrencial.
  • Cuando tu padre, finalmente, te confiesa en tu 40 cumpleaños que los Reyes Magos son los padres.
  • Cuando te das cuenta de que has estado sonriendo todo el rato mientras hablabas por teléfono.
  • Hacer la foto perfecta.
  • Un cumplido inesperado de alguien inesperado.
  • Escuchar el latido del corazón de otro.
  • Ser el siguiente de la lista o de la cola.
  • Un paseo en bicicleta a dos. 
  • Cuando triunfas en algo en lo que alguien te había dicho que no conseguirías.
  • Escuchar una canción nueva que te encanta y luego descargarla y escucharla una y otra vez.
  • Tachar cosas de tu lista de "Pendientes".
  • Darle a alguien una noticia realmente buena para él (o ella).
  • Quedarte dormido leyendo a la hora de la siesta en fin de semana.
  • Leer un día entero tirado en el sofá, bajo una manta, mientras fuera llueve o nieva.
  • El contacto visual imprevisto con un desconocido.
  • Una comida de amigas (de las de verdad).
  • Meterte en una bañera llena de agua caliente cuando llegas de la calle con frío.
  • Esa gente que te hace sonreír solo con pensar en ella.
  • Un buen abrazo espontáneo.
  • Estar en la playa de noche.
  • Tener una segunda oportunidad.
  • Las mariposas en el estómago cuando comienzas una nueva relación romántica.
  • Una relación honesta. Sin secretos. Sin mentiras.
  • Cuando tu compañero de piso se va fuera el fin de semana y lo tienes entero para ti.
  • Sacar un 10 en lo que sea.
  • Acertar el 100% de las respuestas en un programa que sigues en la tele.
  • Enamorarte de alguien.
  • Ver arcoiris a través del agua de la manguera cuando riegas el jardín o el patio.
  • Cuando el semáforo se pone en verde justo cuando estás llegando a él.

Y ahora te toca: ¿cuáles son tus placeres sencillos favoritos? Haz tu lista y tira de ella en caso de emergencia. En momentos bajos, es un arma estupenda para recuperar el aliento.

Te deseo un inesperado y felicísimo domingo.

domingo, 6 de julio de 2014

Pinto, pinto, gorgorito...

Las decisiones importantes siempre me provocan sueño,
quizás porque sé que tendré que tomarlas por instinto,
aunque los otros siempre me dicen que he de tomarlas reflexionando.
Lillian Hellman


Nunca he visto clara la relación reflexionar-inteligencia, o reflexión-madurez, o reflexionar-tener-éxito-seguro. Es más, en muchas ocasiones en que he reflexionado más de una tarde sobre la toma de una decisión he acabado con una lista de ventajas de dos líneas y una lista de desventajas de cincuenta renglones... Y no he hecho nada al respecto, o he tomado la que me parecía más segura y que resultó ser la equivocada. Como consecuencia, lo único que cambiaba en mi vida era mi desesperación y malestar, que crecían proporcionalmente al rato que pasaba contemplando en mi imaginación todas las aterradoras posibilidades de cualquiera de las alternativas.

Un día llegué a la conclusión de que morir de terror cada vez que pensaba en la posibilidad de un cambio importante en mi vida era muchísimo peor que aterrarme únicamente en el momento del cambio real. Sigo viva  y contenta. (Y eso no significa que no haya metido la pata, pero no he vuelto a sufrir esas repetidas agonías interminables. Me he recompuesto y he seguido adelante echando mano de la resiliencia humana que todos llevamos incorporada en mayor o menor grado).

Siempre sabemos lo que tenemos que hacer. Aunque nos resistamos a hacerlo.

Cinco segundos antes de que se nos plantee cualquier dilema sabemos cuál es la elección correcta, pero hemos aprendido a no fiarnos de nuestra intuición, de la inteligencia natural (y animal) que traemos de fábrica y que hemos dejado de lado, despectivamente, como "cosas de mujeres".

Dejando de lado nuestra inteligencia intuitiva hemos perdido no solo las mujeres -en el intento de que no traten despectivamente nuestro supuesto intelecto cultivado-; los hombres han perdido, y mucho, porque ellos también traen esa inteligencia de fábrica y la niegan setenta veces siete, no vaya a ser que los tomen (y tachen) de nenazas... A pesar de que esa inteligencia es la que les permitió salir por patas de las fauces de un león, de probar a ver qué pasaba si se frotaban dos piedras, o un chico con una chica, sacarle punta a un palo largo y lanzarlo al corazón del enemigo, etc.

El humano tiende a buscar su lugar en el mundo y a establecerse. Excepto para las personas aventureras y necesitadas de cambios continuos y excitantes, para el resto de los humanos la tendencia es hallar nuestro propio "cuartel general de operaciones" desde el que movernos todo lo que queramos y al que luego poder volver (si queremos).

Pero, pero, pero... Cuando mantenernos en un mismo lugar afecta continuamente nuestra salud y nuestra felicidad, debemos mirar de cerca el por qué real de mantenernos donde estamos a cualquier precio.

La vida es un perpetuo acto de equilibrio entre guardar y tirar, agarrar y dejar ir, quedarnos donde estamos y mudarnos a otro lugar (sea éste físico, mental, emocional o todos a la vez). Y para ello nos esforzamos sinceramente en hacer las elecciones correctas para nosotros. Pero... ¿cómo sabemos cuándo es realmente el momento de dar un paso hacia adelante en nuestro camino? ¿O hacia la izquierda o derecha?

Una gran parte de nuestras relaciones, trabajos e incluso las ciudades donde vivimos tienen fechas de caducidad. Algunas veces nos quedamos donde estamos -aún sabiendo que ya es hora de moverse- por temor a no ser capaces de adaptarnos a los cambios necesarios que implicarían tomar otro camino hacia unlugar mejor. Por desgracia, es muy popular y siempre damos por cierto el dicho de más vale pájaro en mano que ciento volando y, en consecuencia, el resultado sigue siendo el mismo: más dolor, más frustración y... arrepentimiento.

Aunque la regla general es que si algo te da mucho la lata es hora de cambio y que el primer pensamiento es el que vale, si tienes una cierta tendencia al perfeccionismo y deseas un mínimo de seguridad de que el resultado será el adecuado, hay maneras de corroborar lo que nos dice nuestra intuición.

Tenemos una mente consciente que nos ayuda a resolver de forma eficaz, desde nuestra propia lógica (que es la importante para nosotros), lo que nos dice nuestra sabia intuición. Sólo tenemos que hacernos un par de reflexiones y tomaremos las decisiones correcta para nosotros: 

¿Son nuestras dudas las que nos están forzando a quedarnos donde estamos (y como estamos)? El hecho de que tengamos miedo al cambio no significa que estemos en peligro; solo significa que tememos el cambio, salir de nuestra zona de confort (tan de moda ahora) y no saber el resultado final en este mismo instante. El hecho de que temas fracasar o fallar no significa que lo vayas a hacer; solo significa que temes meter la pata. Mira más allá de tus dudas y miedos; a pesar de lo que te cueste salir adelante, nunca tires la toalla contigo mismo, nunca. Eres más valiente de lo que crees, más fuerte de lo que pareces, más hábil de lo que piensas y dos veces más capaz de lo que nunca hayas imaginado. Y eso es una verdad incontestable (pero el temor te hace sentir vulnerable, débil y torpe; por eso el miedo paraliza siempre).

¿Están el resentimiento o la envidia jugando sucio con nosotros? El resentimiento aparece cuando sentimos que el mundo, la vida, o los otros nos deben algo y no nos lo dan. Por otro lado, el perdón (a nosotros mismo o a otros) aparece cuando tenemos la suficiente confianza como para utilizar nuestras piernas y dar un paso adelante. Para dar ese paso debemos saber por qué sentimos de la forma que sentimos en este momento, aceptarlo y dejarlo ir; ya no necesitamos ese rencor o envidia. Tenemos nuestra propia vida que vivir; no la entorpezcamos pensando en la vida de otros. Dejemos atrás el pasado después de haberlo aceptado, que ya pasó. Dejémoslo ir y empujemos a nuestro espíritu hacia adelante reclamando nuestros sueños y estableciendo nuestras buenas intenciones de forma clara y decidida sabiendo que son buenas.

¿Hacemos lo que hacemos basándonos con frecuencia en las expectativas de otros? Merecemos ser felices por el mero hecho de ser y estar vivos; no necesitamos más laudes que esos. Merecemos vivir una vida que nos provoque sentimientos de curiosidad, excitación, pasión, alegría, vértigo y satisfacción. No podemos permitir que las opiniones de otros nos hagan olvidar eso. Si padres o maestros, o amigos o conocidos nos dijeron que no valíamos, que no llegaríamos, que la vida es un difícil valle de lágrimas que atravesar, tenemos que reconocer que eso no es cierto y dejar de ponernos obstáculos. Ellos no van a vivir nuestra vida así que tendremos que hacer lo necesario para vivirla nosotros de la manera más feliz según los deseos de nuestro corazón y no según los deseos de las mentes temerosas de otros. No estamos en este mundo para cumplir las expectativas de los demás y no debemos sentir que otros están en nuestra vida para cumplir las nuestras; es una carga demasiado pesada. No debemos nada a nadie y nadie nos debe nada. De hecho, cuanto más apruebes las decisiones que tomas acerca de tu propia vida, menos aprobación necesitas de cualquier otro.

¿Al sopesar nuestra toma de decisión somos más conscientes de los contras que de los pros? ¡Cuidado! Eso es peligroso. Todo tiene sus pros y sus contras y, si me dieran a elegir, me empeñaría en ver más los pros porque los contras tienen unos efectos secundarios devastadores: me llenan de miedo y me paralizan, me impiden ver las enormes posibilidades de la alternativa que estoy contemplando (son siempre muchas y buenas), hacen que no vea salida airosa posible de la situación y son los causantes de que, una vez tomada la decisión desde ese punto de vista, me arrepienta casi inmediatamente de lo que he elegido, llenándome de rencor hacia mí misma y causándome mucho más dolor del que conlleva per se una elección difícil...

Esas dudas, temores, resentimiento y envidias posiblemente vengan de un pasado al que aún estamos atados. No dejemos que nuestro pasado (que ya está pasado) dicte quiénes somos hoy; y el hoy es parte de quiénes seremos mañana, cuando ese hoy ya sea pasado también. No tenemos otra manera de saber lo que vendrá mañana más que soñándolo y trabajando por ello. Sin arrepentimientos, sin mirar atrás; sencillamente viviendo y yendo hacia adelante. Y eso es precisamente lo que hace que la vida sea, si así lo decidimos, un viaje excitante y valioso.

No te apegues a personas que no quieran estar contigo, a circunstancias que no sean las tuyas. Lo único que verdaderamente es valioso en nuestra vida son las personas que sabes (porque siempre lo sabes) que están contigo en los tiempos difíciles y que se ríen contigo cuando esos tiempos difíciles han pasado y las circunstancias que te dan verdadera alegría (y no solo ausencia de temor, como puedan ser los retos que te planteas y que deseas pero temes). El miedo solo se supera enfrentándolo. Y el nirvana para siempre jamás no existe, porque tus deseos y anhelos siempre serán más y más y siempre te producirán cierto vértigo al principio. Es ley de vida.

Así que para evitar el quedarte en situaciones tóxicas que ya no deseas pregúntate si algo de lo que has leído más arriba es aplicable a la toma de tus decisiones. Consulta con la almohada, como decían nuestras abuelas, y tendrás la respuesta.

Y, sea la que sea la decisión que tomes, una vez tomada deja de pensar si habrás hecho bien o no, qué habría sido de ti si hubieras tomado la otra, etc... Responsabilízate de ella y actúa de la mejor manera que puedas (la que te de más alegría y satisfacción dadas las circunstancias) recordando que siempre, siempre, puedes tomar otra decisión diferente en el momento en que lo desees y volver a cambiar tus circunstancias. Nada tiene que ser para siempre (y casi nunca lo es).

Aunque esto sea consuelo de tontos es consuelo al fin: ten por seguro que todos estamos en lo mismo, que todos pasamos por donde tú estás pasando ahora, que todos hemos sentido el mismo vértigo y nos hemos visto en la misma disyuntiva. Y seguimos vivos. :-D

Nadie ha muerto, que se sepa, por tomar una decisión (aparte de la de pegarse un tiro o no hacerlo); nadie ha sido condenado a perpetuidad a no volver a ser feliz por tomar una decisión; nadie ha perdido nada irreparable para siempre jamás por tomar una decisión. Todo es reparable, sustituíble y remediable. Todo.

Recuerda siempre: si no se hubieran tomado decisiones "arriesgadas", el hombre no andaría erguido; no existiría el fuego ni las pirámides de Egipto; no tendríamos agua corriente ni luz eléctrica; no se hubiera descubierto ningún nuevo mundo y no existirían las competiciones de salto con pértiga ni los puentes de Segovia y Brooklyn.

Y eso sería una lástima.

domingo, 29 de junio de 2014

Dos cosas que la gente feliz no hace nunca

La felicidad no es algo que puedas posponer para un futuro, es algo que has de diseñar y disfrutar en el presente, cada día.

La gente feliz pasa tiempo, de forma consciente hasta que se vuelve automático, haciendo un montón de cosas que aumentan aún más esa felicidad. Cosas como cuidarse, alimentar sus relaciones importantes, practicar la amabilidad, cultivar el optimisto, expresar gratitud, comprometerse con sus propios objetivos,, saborear los pequeños placeres de la vida...

Y nunca hacen cosas que menoscaban esa felicidad, y por ello NUNCA:
SE OCUPAN de los asuntos de otros. Tenemos que olvidarnos de lo que otros andan haciendo o diciendo. Hay que dejar de mirar y sopesar dónde están situados los demás y qué tienen. Nadie lo está haciendo mejor que nosotros porque nadie puede hacerlo mejor que nosotros. Tú estás recorriendo tu propio camino, y yo el mío. Muchas veces, la razón por la que nos sentimos inseguros es porque comparamos nuestra situación privada con la imagen que dan los otros públicamente. Escuchamos el ruido exterior en lugar de nuestra propia voz, así que dejar de compararte! Ignora las distracciones; escucha tu propia voz interior (todos tenemos una, lo juro). Ocúpate de tus propios asuntos. 

Mantén tus deseos más queridos y tus objetivos más grandes cerca de tu corazón y dedícales tiempo cada día. No tengas miedo de andar solo, y no te asustes si lo disfrutas. No dejes que la ignorancia, amor por el drama o la negatividad de cualquier otro te impidan ser la mejor y más feliz versión de ti mismo cada día. Haz en todo momento lo que tú sabes de corazón que es lo correcto y adecuado para TI. Porque cuando nos enfocamos en un trabajo significativo para nosotros y estamos en línea con nosotros mismos, nada ni nadie puede hacerte temblar o asustarte. 

Y cuando digo trabajo significativo me estoy refiriendo a cualquier actividad, mental física o espiritual, que te sirva de apoyo, alegría, te de seguridad y acabe por convencerte no solo de que tus sueños son posibles sino de que mereces que se te cumplan. No dejes que otro estropee eso. ¿No buscamos el tener control sobre nuestra vida como posesos? Pues esa es la única manera: controlándola nosotros, no dejando que la opinión de cualquier otro te haga vacilar (incluídos cónyuges egoístas, padres exigentes, hijos adolescentes, jefes impacientes o gatos malhumorados). Está muy bien pedir opinión si deseas tener otro punto de vista sobre algo concrto, pero no tienes obligación de seguirla solo por haberla pedido.

BUSCAR LA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS y tu validación a través de ellos es un trabajo de amor perdido. Nunca conseguirás que el resto del mundo, todos a una, piense que eres la octava maravilla ni el no va más. Cada uno tiene sus propósitos, por fortuna, y los tuyos les importan cero, también por fortuna. Otros lo han intentado, incluso han muerto intentándolo. Sin resultado.

Cuando tú estás contento siendo simplemente tú mismo, sin comparaciones ni competiciones con otros para impresionarlos o impresionarte a ti mismo, todo el mundo te respeta. Y más importante aún: te respetas tú mismo que, al fin y al cabo, es lo que importa.

¿De qué forma dejas que los otros te definan? ¿Que harías de forma diferente si supieras que nadie te juzgaría nunca, bajo ninguna circunstancia ni apariencia?

La realidad es que nadie tiene el derecho a juzgarte. La gente puede oír tus historias, puede pensar lo que quiera, tener las fantasías que prefieran respecto a ti, pero ni están en tu cabeza ni en tu corazón, así que no tienen todos los datos para opinar. No dejes que lo hagan, no dejes que lo que ellos crean de ti sea tu verdad porque no lo es bajo ninguna circunstancia. Sólo tu sabes lo que hay dentro de verdad, solo tú conoces tus sueños y los motivos por los que esos sueños se convirtieron en tuyos. Respétalos y no dejes que otros los pisoteen con un comentario descuidado o en un momento de mala uva, por una rabia que no es tuya. Ellos no están viviendo tu vida.

Céntrate y enfócate en cómo te sientes en cada momento y respeta esos sentimientos sin luchar contra ellos. Si los dejas en paz, se irán; si les haces la guerra, crecerán. Todo aquello en lo que piensas se hace más grande, así que es mejor que decidamos en cada momento qué es lo que queremos que crezca en nuestra vida.

Céntrate y sigue andando por el camino que mejor se adapte a tus pies. No hay nada como eso.

Ahora es tu turno:

¿Que NO deberías hacer si tuvieras el deseo desesperado de ser feliz?