lunes, 27 de enero de 2014

Objetivos... ¿te rompen la cabeza y te quitan el sueño?

¡Qué vida tan maravillosa tuve!
Ojalá me hubiera dado cuenta antes.
Collette.

Un día dejaré de alisarme el pelo, no andaré en todo momento en zapatillas de deporte y no comeré lo mismo a diario. Me acordaré del cumpleaños de mis amigos, aprenderé photoshop, no dejaré que mis hijos vean la tele mientras desayunan (o cenan) y leeré finalmente a Shakespeare. Reiré más, pasaré más tiempo divirtiéndome, haré ejercicio tres veces por semana, seré más amable, visitaré una vez al mes un museo y no conduciré con la cabeza en otro lado...

Si has pensado en todos estos objetivos de forma imprecisa, como lo hemos hecho todos, y luego te flagelas porque no te pones a ello, te gustará saber que hay solución. Y no es tan difícil como parece. Basta concretar, como decía el otro día, y tener claro el objetivo y sus beneficios. Pero, además, ésto se puede hacer con facilidad y comodidad...

*****

Una mañana lluviosa de abril de hace unos años, mientras se dirigía al otro lado de su ciudad -Nueva York-,  Gretchen Rubin fué atacada por la pregunta: "¿Qué es lo que quiero de la vida?". Y la respuesta fué tan imprecisa como contundente: "Quiero ser feliz"...

No era infeliz. De hecho, tenía muchas cosas para ser feliz: estaba casada con el amor de su vida, tenía dos hijas preciosas y encantadoras, trabajaba en lo que le gustaba (era escritora y antes había sido abogada), vivía en Nueva York -su ciudad favorita de todo el mundo-. Tenía una relación magnífica con sus padres, hermana y suegros, estrecha de verdad. Gozaba de salud, tenía buenos amigos y no necesitaba teñirse el pelo... Pero nunca había pensado en qué cosas la hacían feliz o en cómo serlo mas.

Pero, ¿es esto todo lo que hay?, se preguntó. Y la respuesta que le llegó fue: "Sí, así es". 

Y decidió que no sería así. ¿Cómo podría aprender a ser más feliz, consciente y consistentemente más feliz?

Mientras el autobús avanzaba hacia su destino, se dijo que tenía que ocuparse de ello. En cuanto tuviera un poco de tiempo libre empezaría un plan de felicidad...

No encontraba el momento, eso era lo malo.

Pero un día cayó en la cuenta de dos cosas: 1) No era tan feliz como podría y debería; y 2) su vida no iba a cambiar a no ser que la cambiara ella.

Recuerdo mi momento "Ajá!" con un encogimiento de estómago. Porque ese momento es lo mejor y lo peor que te puede pasar nunca. Lo mejor, porque es la revelación más importante de tu vida; y lo peor porque una vez que caes en ello ya no hay marcha atrás. Y tienes que ponerte a trabajar en el objetivo: ser feliz (y si no lo haces, eres un poco menos feliz todavía que antes del "¡ajá!", y eso da muchísima lata, como ya os he contado. Requiere mucha investigación, como sabéis).

De todo su magnífico proyecto de felicidad, el descubrimiento más importante de Gretchen Rubin para mi gusto fue la serie de trucos que descubrió para cumplir sus objetivos. Sirven para trabajar con y alcanzar cualquier objetivo, incluidos los de ser feliz o manejar un país con eficacia. Son sencillos y manejables, nada angustiosos y gratis. Y ahí van:

  • Pon por escrito tu objetivo
  • Haz una larga lista de cosas-a-hacer para alcanzar tu objetivo (de este modo te regalas a ti mismo  una sensación de progreso según vas tachando los pasos dados hacia tu objetivo).
  • Divide la tarea principal en tareas menores y más manejables, y comienza por las más fáciles. Si continuamente nos fijamos en las tareas que podemos llevar a cabo, pronto descubriremos qué pocas son las que no podemos hacer.
  • Ponte una fecha límite para cada una de las tareas.
  • No tires la toalla si algo interfiere en esa fecha límite; vuelve a ponerla.
  • Pide consejo y apoyo a la gente que sepas que puede ayudarte en los pasos que estás dando. 
  • Familiarízate con el trabajo de otros, así no tendrás que reinventar el fuego. Pero huye de los que te digan que es imposible, difícil o incluso "algo complicado".
  • A veces ayuda mantener el bastión bajo, de forma que no te preocupe el hecho de cometer errores. Y a veces ayuda mantener el bastión alto, de forma que no tengas excusa para...
  • No dejes que lo perfecto sea enemigo de lo bueno: siempre, siempre es mejor hacer algo de forma imperfecta que no hacer nada a la perfección (de esto ya hemos hablado :-D).
  • Recuerda siempre que un objetivo cumplido, por pequeño que sea, es una de las grandes satisfacciones de la vida. ¡Aunque lo hayas cumplido regular! :-D
  • La perfección es el enemigo; ponle un puente de plata.

Piensa siempre en lo que tienes que hacer como algo sencillo, y se convertirá en sencillo. (Émile Coué)





domingo, 29 de diciembre de 2013

Año Nuevo: Lista de deseos y buenos propósitos

Considero más valiente al que conquista sus deseos
que al que conquista a sus enemigos,
ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.
Aristóteles


Cada año viejo estamos dispuestos -o casi- a hacer del nuevo año algo mucho mejor. Decidimos, cada final de Diciembre, que el próximo año será distinto.

Revisamos nuestros buenos propósitos y redactamos mentalmente nuestra nueva lista de deseos; yo incluso la escribo. Parecen dos cosas desiguales, pero ¿lo son?

Si las repasamos bien veremos que ambas están entrelazadas de forma muy estrecha. Y, además, casualmente se parecen mucho, pero mucho -ohhhhh...- a las del año anterior. Y así cada año de dios.

En realidad nuestro buenos propósitos se basan, siempre, en nuestra lista de deseos a corto y medio lazo. Por ejemplo, ese propósito anual de medio planeta de dejar de fumar -y del 1 de enero no pasa- esconde el deseo de llevar una vida más sana, física o social: evitar un enfisema o una embolia pulmonar, o dejar de ser un paria social, ése único miembro del grupo que todavía fuma y se va a la cocina en medio de la más interesante de las conversaciones. O ese otro tan popular de empezar a hacer ejercicio (más vida sana): correr, nadar o ir al gym, como llaman ahora al polideportivo del barrio.

Si nos fijamos bien, los buenos propósitos y los deseos de nuestra lista son intercambiables y reversibles, y con frecuencia son los mismos año tras año. Porque los humanos pedimos, una y otra vez, año tras año, dejar de fumar, poner orden en nuestra casa (y a ser posible en nuestra vida), escuchar más atentamente a nuestra pareja (si se decide a hablar; con suerte, ese será su propósito de este fin de año), ir en junio sin excusas a la función de fin de curso del niño, meditar y/o establecer media hora al día para nosotros mismos, perder esos ocho kilitos de más, salir un poco antes del despacho, cenar en familia a diario, una cita mensual a solas con nuestro cónyuge, hacernos un corte de pelo decente, divorciarnos o casarnos (de este año no pasa), aceptar lo que no podemos cambiar (y procesar de la mejor manera posible el hecho de que no podemos cambiarlo), llamar con más frecuencia a nuestros padres y hermanos, etc.

Algo no funciona, año tras año, y los buenos propósitos se quedan en propósitos y los deseos se quedan sin cumplir. ¿Qué será, será?

He descubierto la razón, y es muy sencilla: nos planteamos una idea romántica de nuestra nueva vida maravillosa... en la que pensamos sólo de vez en cuando y de forma muy vaga, sin concretar.

Y esa visión bucólica de nuestra vida por venir no la haremos realidad solo con pensamientos y ensoñaciones espasmódicos con los que disfrutamos un rato cada fin de semana, pensando: "¿No sería maravilloso si....?", pero sin hacer nada REAL al respecto. No tomamos la acción necesaria porque no sabemos por dónde empezar a caminar desde donde estamos hasta esa escena maravillosa en la que sería estupendo estar, por ejemplo, el martes que viene.

Creo que no sabemos por dónde empezar porque no tenemos una visión clara y rotunda, casi obsesiva, de esa nueva vida feliz. Sencillamente pensamos que sería maravilloso, pero en realidad no nos lo creemos y, en consecuencia, no hacemos nada al respecto (o hacemos todo lo contrario a lo que aconseja el sentido común, como por ejemplo comer más o comprar mucho bonito y barato), volviendo a la realidad y desechando nuestra visión por imposible.

Pues hay buenas noticias: esas visiones personales no son ninguna tontería imposible, sino que son reales, posibles y, cuando perseveramos, se cumplen. George Washington soñó con una Norteamérica unida, Marting Luther King con la igualdad entre blancos y negros, Mandela con una Sudáfrica libre del apartheid y Bill Gates con un ordenador en cada casa del planeta... Unos han tardado más que otros en cumplirse, pero todos esos deseos y grandiosas visiones personales se cumplieron, respaldados por la confianza, la fe de sus soñadores y el trabajo de los mismos en pos de su visión.

¿No podríamos perseverar en la nuestra que, con seguridad, será más humilde que las de arriba pero no por ello menos valiosa? (al menos para nosotros, sino para el mundo entero, eh?). ¿No traerá a nuestra vida más felicidad una idea firme y enfocada de nuestra relación de pareja satisfactoria, los ojos brillantes de nuestros hijos al vernos entre los espectadores de su función, un cuerpo más ágil y sano, una jornada laboral menos estresante o la alegría de nuestros padres al oír nuestra voz al teléfono cuando lo que espera es publicidad de móviles? ¡Al menos tenemos garantizados los buenos ratos que pasaremos visionando esos resultados!

A los que nos cuesta perseverar, sea por descreímiento o pereza, nos hacen falta algunas ayudas extras, y es importante que las busquemos. Una de las más satisfactorias y divertidas que yo he encontrado es hacer un tablero que represente nuestra visión personal, lo que queremos que entre en nuestras vidas (sea lo que sea, es posible). Los americanos lo llaman vision board.

Es importante, al empezar, que basemos nuestras elecciones en lo que nos haga sentir más felices y más "sueltos" (¡libres?) y no en cómo pensamos que debería ser o parecer una vida ideal general. Hay que concretar.

Cárgate de revistas y folletos que tengas por casa, o mira imágenes por internet; necesitarás también unas tijeras, un pliego grande de papel (de embalar, por ejemplo) y una barra de pegamento. Pega o pincha el enorme pliego de papel en la pared, en un lugar en el que lo veas bien y a menudo (¿enfrente de tu escritorio?), porque ese es tu tablero donde pegarás todos tus deseos y sueños, a todo color. En el centro de tu tablero, pega una foto tuya en la que se te vea con claridad. Cada tanto, cuando te apetezca, dedica un rato a tu tablero.

Según vayas hojeando las revista o folletos, ve recortando de ellos "estampas" de lo que represente una parte o el todo de esa visión (de momento, futura) que tienes, y ve pegándolas alrededor de tu excelsa figura en el papel de embalar, colocándolas a tu gusto, más cerca o más lejos dependiendo de la prisa que tengas por hacer realidad esa área concreta de tu visión (¿el masseratti antes que la moto, el nuevo trabajo que te apasiona antes que la casa de tus sueños, o al revés?).

Si esta receta dispara tu incredulidad y tu cinismo, te entiendo perfectamente. A mí me pasó exactamente eso la primera vez que lo leí. Pero, le di una oportunidad. Y resultó que funcionaba. Y aunque estoy aún algo lejos de haber cumplido todas mis visiones, también es cierto que muchas de ellas se cumplieron ya.

Además, lo paso rebién eligiendo cuidadosamente las estampas (con la costumbre, te vas haciendo más selectivo) que recorto (son tantas que ya no las pego, las meto en una caja grande y las miro una y otra vez). He acabado por aceptar que algunos de esos deseos tardan más de un mes en cumplirse :-D... pero llegan. 

Esta estrategia funciona no porque tu tablero visionario impacte por sí mismo tu realidad y tu futuro, sino porque impactan tu cerebro al seleccionar las imágenes, las que a su vez quedan grabadas en tu subconsciente y lo llevarán a guiarte hacia las acciones que más ayuden a hacer realidad esa visión tuya. En resumen: este tablero visionario te ayuda a enfocarte en tu deseo, lo hace cada vez más fuerte y más posible a tus ojos (te familiarizas con él y finalmente no lo consideras algo tan lejano o imposible), casi te obsesionas con él y acabas dando por hecho que lo conseguirás. Y así será.

Mientra jugamos al visionario, es importante que tengamos en cuenta tres cosas:

1.- Hay que dejar marchar lo que no funciona: no te aferres a hábitos, personas o cosas que debilitan tu visión.

2.- No temas al fracaso ni te preocupes por los errores que puedas cometer (los cometerás). De esa forma te paralizarás y no harás nada en tu beneficio, todo seguirá igual y tu lista del año que viene ser parecerá horrorosamente a la de este. El éxito está construido de esos pequeños o grandes errores, y si te relajas al respecto pronto aprenderás a "hacer las cosas bien". Bien o mal, hazlo!

3.- Presta atención y prioridad absoluta a lo que de verdad sea importante para ti. No tengas en cuenta las prioridades de otros a la hora de tomar decisiones sobre lo que quieres en tu vida. Relájate porque al principio puede que te cueste hacerlo así, pero pronto descubrirás que si vives tu propia vida los otros no tendrán más remedio que hacer lo propio con las suyas, y todos tan contentos. Los códigos de alerta máxima de otros no son prioritarios para ti. Nunca. Y no estoy hablando de elegir entre emergencias médicas de hijos o padres ancianos o irte al gym, o de irte a cenar con las chicas si tu cónyuge necesita hacerte una consulta vital. Esos son códigos de alerta máxima compartidos...

Y con todo esto te deseo una larga lista de deseos, cumplidos y por cumplir, para 2014.

¡Felices y prósperos propósitos nuevos!

domingo, 22 de diciembre de 2013

Jingle Bells, Jingle Bells....

La Navidad no es un momento ni una estación,
sino un estado de la mente.  (Calvin Coolidge)


Época complicada, eh?

Y muy especial. Algunos temen la Navidad, otros la odian, definitivamente; y muchos, muchos más, la amamos y esperamos de esta época, cada año, que se cumplan esos deseos, materiales y no materiales, que llevamos tiempo anhelando...

Según estudios sociológicos variados, al entrar en fechas navideñas, nuestra mente hace un click, a veces de forma inesperada, y nuestros sentimientos -durante esta época- se transforman en deseos universales de paz y alegría, y esas mismas expectativas hacen que nuestra actitud, a lo largo de estos días, se conviertan en un paréntesis de anhelos generosos y sinceros de bien común y felicidad universal.

Además de nuestros deseos de salud para nuestros seres queridos que no la tengan en ese momento en su punto más álgido (la petición con más votos) deseamos con todo nuestro corazón que los hambrientos no lo estén, que paren las guerras, que se arreglen los problemas familiares y -en contra de todo lo que creemos el resto del año- pensamos que todo eso es posible y, además, que se puede arreglar durante estos días.

Todos sabemos que no todo se arregla todas las Navidades, ni para nuestros seres queridos ni para la totalidad de la Humanidad, pero lo importante de estas fechas es ese sentimiento de bien común y deseos de felicidad para todos porque esa actitud, la fuerza de ese anhelo, asegura que muchos de esos deseos, muchos, sí se cumplirán este año.

La nostalgia, que no la tristeza, también es un sentimiento navideño, y hace años que dejó de asustarme. Tenemos derecho a ello, nuestro corazón echa de menos a los que ya no están; recordamos la euforia de estos días en nuestra infancia y procuramos ofrecérsela a nuestros hijos; cocinamos con pasión esas comidas festivas que compartimos con nuestras familias o amigos; hacemos largas cartas a los Reyes Magos, en las que aún pedimos que tengan pan y alegría aquellos que no los tienen aún y pedimos por nuestros padres y nuestros hijos, y pedimos consuelo para aquellos que pasan su primera Navidad sin sus parejas, sin un hijo o sin un padre o madre.

También es un buen momento para aceptar y dejar de luchas contra lo que hemos perdido y que sabemos que ya no volverá, y seguir adelante alegremente en la seguridad de que quedan muchas personas y muchas cosas que llegarán a nuestras vidas compensando, en parte, nuestras pérdidas.

Ahora mismo hay gente que dedica estos días a apoyar a hijos que tienen un progenitor enfermo (tengo una amiga gigante que se ha llevado a su casa a su ex marido enfermo para que sus hijas puedan pasar con él sus últimas Navidades); gente que está consolando a personas que han perdido a un ser querido y muy cercano; gente que está cocinando para algún pariente o amigo menos favorecido...

Pero al final el aire festivo es contagioso y puede con todo y, al menos durante unos minutos, si dejamos esa puerta abierta, sentiremos ese espíritu navideño que invade todo el planeta (la Navidad es una época alegre y de expectativas para el 97,3% de la raza humana, lo creas o no). Dejémonos arrastrar por él.

Tanta energía aunada en tantos puntos del globo tiene tal fuerza que podría iluminar (gratis) cualquier país del mundo durante todo el mes de Diciembre. ¿No es una locura que, cuando acaban las Navidades, dejemos -por desidia o falta de tiempo, tanto da- que todo eso se apague?

Decía Harlan Miller que ojalá el espíritu de la Navidad pudiera ser embotellado y decidiéramos abrir un bote de Navidad cada mes del año... 

Hagamos con alegría y agradecimiento nuestras listas de deseos, cocinemos para los nuestros con la intención de darles un festín.  Pongamos música y cantemos villancicos. Brindemos con champán por nuestras bendiciones. Pasemos ratos de sofá y manta viendo pelis navideñas en la tele en compañía de nuestros hijos. Salgamos a pasear al frío, hagamos nuestras compras con sensatez y reverencia. Y hagamos que estos días sean memorables por un sinfín de motivos, que existen y que agradeceremos al recordar.

Y deseemos que todos y cada uno de los niños, mujeres y hombres que pisan en este momento el planeta pueda sentir alegría durante estos días. No podemos dar de comer ni podemos cobijar personalmente a todos y cada uno de nuestros congéneres, pero sí podemos ofrecer a quien corresponda el agradecimiento que sentimos por nuestros privilegios, disfrutándolos sin culpa. Podemos donar todo aquello que no utilizamos. Podemos regalar parte de nuestro tiempo en comedores sociales o residencias de ancianos. Podemos cocinar para algún familiar o conocido que se encuentre en situación precaria, ya sea de salud, económica o con falta de ánimo.

Aunque no es obligatorio ni motivo de culpa el no hacerlo, es una opción que está ahí y podemos elegir.

Recuerdo mi comida con la psicóloga Encarna Nouvilas. Recuerdo en cómo me insistía  en que uno de los procuradores más efectivos de felicidad para el ser humano es dedicar tiempo y alegría a algo más grande que tú, a algo más allá de tu propio ombligo.

Estoy por creerla. Y creo que estos días de buenos propósitos y anhelos festivos podría ser un buen momento -quizás el mejor- para darle una vuelta a esa posibilidad.

¡Felicísima Navidad a todos!

lunes, 2 de diciembre de 2013

Comer, comer, comer...

Hay tanto placer en preparar y compartir una buena comida...
Ard Bia Cookbook

Como he decidido llegar a Navidad con un par de kilos menos para no salir de ella con cuatro kilos más, no dejo de pensar en la comida.
Ard Bia at Nimmo´s

Desde que hace unos días, durante mi estancia en Altea y Cartagena, tomé la decisión de bajar esos kilitos, he hecho tres cursos de cocina (ninguno light), no paro de leer y releer mis amadísimos libros sobre el asunto de los comeres y cocino de forma furibunda y entusiasta cosas llenas de mantequilla, nata (light, eso sí), harina, rellenos variados, fritos y rebozados...

No sé si os pasa lo mismo pero es empezar a sopesar la idea de ponerme a dieta y me aparece de inmediato un letrero -luminoso- en la mente que dice: COMER, COMER, COMER.

Así que es posible que durante un tiempo parlotee sobre uno de los mayores placeres de la vida, uno de esos que me producen contento de verdad: cocinar.

*     *     *

Hasta donde alcanza mi memoria, siempre me ha gustado cocinar. A excepción de esa temporada en que los hijos solo quieren macarrones con tomate y filetes empanados, que para mi fué de frustración y desgana, siempre he disfrutado entre los fogones.

Para inspirarme, empiezo por repasar mis libros de recetas. Tengo una buena colección de ellos pero mi absoluto favorito desde mi último cumple el pasado enero es el que me regaló mi hija mayor con motivo de tan importante evento: Ard Bia Cookbook: Morning, Lunchtime, Afternoon, Evening, After Dinner & Pantry, reza el título.

Desde hace tres años, mi hija mayor vive en Galway, una preciosa ciudad costera irlandesa, donde imparte clases en el máster de interpretación de la Universidad Nacional de Irlanda. Ard Bia at Nimmos es uno de sus restaurantes favoritos. Es una encantadora mezcla de pub irlandés y restaurante, pegado al Spanish Arch al borde urbano del Atlántico. Allí me llevó un día mi hija a desayunar y me enamoré también del sitio. (Y de su roibos con miel, aunque no me gusta la miel).

Y el Ard Bia Cookbook es su libro de recetas. En él encuentro todo lo que tienen en su carta, cualquier receta de sus desayunos, su platos fuertes, las salsas y siropes con que riegan o acompañan sus panes o sus ensaladas, sus Patrick´s potatos (ñam, ñam) y una información detallada sobre especias conocidas y no tan conocidas que es una delicia repasar y en la que me entretengo más de la cuenta.

Total, que cada vez que voy a buscar una receta, me repaso el libro entero porque entre las fotos, la información que da sobre alguno de los ingredientes, el comentario personal de la autora sobre la receta o la pequeña historia que te cuenta para convertirte a la bonanza de la ecología en la alimentación, te dan las dos de la tarde y al final tienes que hacer deprisa y corriendo lo de siempre...

Como hoy que, después de haber descubierto que el cardamomo es un arbusto de hasta 4 metros, que su mayor productor mundial actual es Guatemala, que es digestivo, carminativo y templador de nervios, tengo que ponerme a hacer los filetes rebozados de mi suegra. Desde que los probé hace ya muuuuuchos años, jamás he vuelto a empanar un filete.


FILETES REBOZADOS DE ROSARIO:

-Filetes finos (de ternera, cinta de lomo o pollo)
-Harina fina de trigo
-1 ó 2 Huevos batidos con (o sin) perejil picado.
-Aceite, sal, pimienta

  1. Salpimentar los filetes (poca pimienta). 
  2. Pasarlos por harina, y sacudir el exceso.
  3. Pasarlos por el huevo y freír en aceite bien caliente (que no humee, un poco menos), dorando por los dos lados.


Servir con ensalada y patatas fritas.
Chuparte los dedos y querer repetir. (Pero no quedan)

Después de probar los filetes rebozados de Rosario, nunca volví a empanar una carne. Rebozados salen jugosos y muchos más tiernos que envueltos en pan. La próxima vez querrás hacer más de los necesarios: dejarás los que sobren en la encimera de la cocina y, a lo largo de la tarde, irán desapareciendo -miseriosamente- por trozos. Cuando vayas a picar tú un trocito, ya no habrá. Tienes que espabilar.

Un consejo útil: La próxima vez que los hagas, deja unas tijeras de cocina en la bandeja de los filetes que sobraron; los cortarán en lugar de arancarles trozos, con lo que el aspecto de las sobras será menos horrible. Y acuérdate de guardar uno de los filetes sobrantes en tu armario. Bajo llave. ¡Seguro que ahí no los encontrarán!




sábado, 9 de noviembre de 2013

Un tratamiento eficaz

Si el loco persistiese en su locura se volvería sabio.
William Blake

Cuando terminó de rellenarla de nata montada y cubrirla sin orden ni concierto con unos ramitos de grosellas rojas y muchas fresas laminadas, colocó la tarta en la encimera y la observó. Era perfecta. Otra vez. Acto seguido la metió en la nevera, con cuidado, al lado de la tarta de cerezas caramelizadas. Cerró la puerta y observcó a través del cristal su obra: 11 tartas. Todas rojas. Como la sangre de su corazón destrozado.

Se sentó y se puso a llorar desconsolada. 

Y  Y  Y

¿Cuántas tartas ha hecho este martes?
Once... contesta avergonzada e incómoda.
Pero... ¡eso está muy bien! exclama alegremente la psiquiatra. Por lo que veo en mis notas, la semana pasada hizo diecinueve. Y la anterior, veintitsiete... Avanza usted muy bien. Ocho tartas menos cada semana.
Pero, doctora, ¿quién se va a comer tanta tarta? La residencia de ancianos a donde enviaba mis excesos resposteros ya me ha comunicado que los viejos están empezando a sufrir de sobrepeso y niveles elevados de azúcar, y los geriatras están preocupados...
No importa; si sigue a este ritmo, la semana que viene estará usted curada... ¡curada! El sobrepeso y el azúcar de los viejos de la residencia a usted plin. la doctora parecía eufórica con la marcha de los acontecimientos. ¡Que espabilen sus geriatras!
Pero... tamaña falta de empatía de la doctora le inquietaba.

No hay peros. Hágame caso: yo soy la médico, ¿no? El próximo miércoles habrá hecho solo tres tartas y estará curada. Tres es un número de tartas razonable. Y, entonces, ¡se acabó!

Bueno, es que hay algo nuevo que no le he comentado...
¿Y es...? la psiquiatra tomaba notas con frenesí.
Este martes, todas las tartas han sido rojas...
¿Y?
Bueno, ¿no le parece raro?
¿Se lo parece a usted?
Pues sí. Parece otro síntoma de mi enfermedad, ¿no?
¿Es la primera vez que ocurre? Quiero decir, ¿las tartas de la semana pasada eran todas azules o verdes? ¿Y las de la semana anterior amarillas?
No, señora. Eran variadas en tamaño, forma y color...
Y esta semana han salido todas rojas... ¿correcto?
Sí. Del mismo color, tamaño y forma. Y eso me preocupa, sinceramente.
De qué forma son las de esta semana, redondas, cuadradas...? -seguía escribiendo aprisa, sin levantar la vista del cuaderno.
Tienen forma de corazón  eplicó ella enrojeciendo. 
La doctora pega un bote en la silla. Esta vez deja de escribir y mira a su paciente con pasmo maravillado.
Pero... ¡eso es fantástico!. Es ab-so-lu-ta-men-te maravilloso, ¿no se da usted cuenta del significado? 
Creo que no...
Corazón, rojo sangre... ¿No lo ve? Está sacando toda su pena por la marcha de sus hijas de casa (que al parecer es lo natural, aunque usted y yo sabemos que no lo es). Pero ¿no lo ve? Ahora todo son corazones rojos en su cocina, ahora todo está bien. Me reitero en lo dicho: ¡la semana que viene estará curada!
Bien, si usted lo dice....
Lo digo. Otras madres, ante la marcha de casa de los hijos, pierden la cabeza de verdad: se apuntan al club de tenis o de golf (deportes a los que nunca jugaron), o se dedican a jugar a las cartas todas las tardes, o a darles la lata a amigas y vecinas con los logros de los hijos, o a hacer interminables bufandas de lana como regalos de Navidad para ellos (que nunca les hicieron cuando las necesitaban de verdad), o a cocinar los platos preferidos de sus retoños una y otra vez (cosa que no hacían cuando los tenían en casa)... O peor, a aprender flamenco, por Dios, ¡con sus edades! ¡Usted se limita a hacer quince o veinte tartas rojas, por todos los santos! ¿Qué tiene eso de raro? Si me dijera usted que después de hacerlas se las come, quizás me preocupara. Pero no es el caso, solo hace tartas.

Y a pintar, ya sabe... le recuerda ella.
Síiiiii. Y hablando de lo otro: ¿cuántas meninas ha pintado esta semana?
La psiquiatra pasa la hoja de su cuaderno y se apresta a tomar notas bajo el epígrafe "Meninas".
Dieciséis...
¡Bien! ¡Pero que muy bien! ¿Óleo, acrílicos, técnica mixta...?
Acrílicos...
¿Lo ve? ¿Lo ve, mujer? ¡Esto está chupado! El miércoles anterior fueron óleos, lo que me decía que usted estaba aún tratando de negar la marcha de sus hijas mediante el cuidado y preciosismo que requiere la técnica del óleo, a más de lo que tardan en secar. Es decir, que se eternizaba en terminar la menina que tuviera en marcha, con lo que retrasaba todo el proceso de la despedida y su curación. Y mucho peor aún era la semana ante-anterior, cuando las hacía con técnica mixta; tanta tela y recortes, tanta mexcla de pintura y pegamín... la doctora no cabía en sí de gozo. Recuerde que tardaba, según tengo aquí anotado, siete semanas en hacer cuarenta meninas; todas ellas bebés, por cierto. Y vestidas de rosa.
La psiquiatra hizo unas anotaciones rápidas en su cuaderno y preguntó:
Por cierto, ¿las meninas siguen siendo bebés? Porque eso sí es importante...
No... otra vez enrojece. Esta vez fue distinto...
¿Y bien? ¿Cuál era el tema de las últimas dieciséis?
Uuuummmm... -ella duda un momento-. Bien, el caso es que todas van vestidas con un corpiño de cuero rojo y medias de rejilla negras. Con costura. Llevan botas y... un látigo.
¿Las botas son altas o son botines? ¿Las costuras de las medias salen derechas o torcidas?
Eh... Botas altas, claro. Hasta la rodilla. De charol.
Pero... pero... ¡eso es excepcional! exclama emocionada la doctora. ¡Ha liberado su sexualidad a la par que ha dejado marchar a sus hijas! Jamás, y estoy siendo literal, jamás de los jamases he tenido una paciente que se haya curado simultáneamente de una psicosis tártara a la vez que de un síndrome meninero. Se lo juro. Es algo absolutamente histórico en el mundo de la psiquiatría, señora Valdés. La felicito por la perseverancia y empeño en su curación. Eso no lo veo todos los días. La gente es muy dejada con respecto a sus problemas mentales; se cierran en banda y piensan que ya se curarán solos. Usted, en cambio, pasa a la acción...¡Ja, y de qué modo!
Pero estuve dos días pintando sin parar; ¡dormí solo tres horas de las cuarenta y ocho que tardé en pintar las dieciséis...!
¡Bahhh! ¿Y quién necesita dormir? Ya dormirá cuando se muera. Se hartará de descansar, créame... Está usted cada día mejor, ¡esto marcha de maravilla!

Y  Y  Y
¿Qué te ha dicho la doctora? 

La llamada de cada tarde de su amiga Cari era lo único que le quedaba de su antigua vida.
Que estoy estupenda. La semana que viene estaré ya curada.
¿Así, de repente, la semana que viene curada?
No de repente, que llevo cuatro semanas de tratamiento.
Lo dices como si llevases años de terapia... ¿Cuántas tartas hiciste el martes?
Solo once contesta a la defensiva.
Ya. ¿Y eso le parece a la doctora normal?
No. Le parece ex-cep-cio-nal.
A mí también, pero no me parece un síntoma de curación inmediata. Si hubieras bajado a dos, o incluso a tres...
Dice que lo importante es la enormidad de los escalones que bajo.
Ya. ¿Y no vas a pedir una segunda opinión médica?
¿Para qué?
Por si quieres quedarte más tranquila respecto al diágnostico y al tratamiento...
Estoy tranquila: no tengo cáncer, ni leucemia ni me han cortado las piernas por diabetes 3...
Bueno, llevas razón, pero aún así...
Cari, es que no te lo he dicho todo: también he liberado mi sexualidad.
¿Te has acostado con ese imbécil?

No: he pintado diceiséis meninas dominatrix. Eso es un dato contundente.
Desde luego lo es.
Bueno, te dejo que tengo prisa.
¿A dónde vas?
A hornear tres tartas verdes.
¿Y por qué verdes? ¿Y por qué tres?
Cuanto antes las hornee antes me curaré. Son ocho menos que las diecinueve anteriores y deciséis menos que la semana ante-anterior; y son verdes porque me da la gana.
Oye, ¿me tomas el pelo?
No, es que tengo prisa en curarme; quiero dejar ya la terapia. Si te digo la verdad, creo que esta doctora está como una cabra. Cuanto antes acabe con esta historia, antes me dirá que hemos terminado y correré menos riesgos de contagiarme de su locura.
Pero...
Luego te llamo.
Y colgó de camino a la cocina. Cuanto antes acabara con las tartas verdes, mejor. Estaba harta de esta mierda psico-tártara...






martes, 5 de noviembre de 2013

Cómo sobrevivir a las 7 fases del matrimonio (según las mujeres)

La mayoría de nosotras se casará.
Nadie puede prometernos que durará.
Nuestro amor puede estar en otras personas,
pero nuestra seguridad está en nosotras mismas.
Nancy Fraiday

La felicidad es genética... y contagiosa.

Según una investigación llevada a cabo por Jan-Emmanuel De Neve, de la Escuela de Ciencias Económicas y Políticas de Londres, cuyas conclusiones se publicaron el 6 de Mayo de 2011 en el Journal of Human Genetics, la gente tiende a ser más feliz si posee una más eficiente versión del gen 5-HTT, un gen que regula el transporte de la serotonina en el cerebro. Este estudio es el primero que demuestra un enlace directo entre una condición genética específica y la felicidad de la persona (medida por su satisfacción vital).


La investigación dirigida por De Neve examinó datos genéticos de más de 2.500 participantes voluntarios (conejillos de Indias humanos, para entendernos), una muestra de población representativa en los Estados Unidos. En concreto, este estudio se enfocaba en qué variante funcional del gen 5-HTT poseían estos voluntarios sometidos al estudio. Y estas variantes (la corta o la larga) tienen mucho que ver con la felicidad conyugal. 

Dicen las estadísticas (algunas de ellas son serias) que un hombre casado vive mas y mejor que un hombre solo, y que una mujer divorciada o viuda rejuvenece diez años en cuanto se despareja...

¿Jelóuuuu? ¿No es igual de bueno el matrimonio para chicos y para chicas? ¿A las chicas nos perjudica más a la larga? Si rejuvenecemos al enviudar o divorciarnos, es de lógica pensar que si no lo hacemos moriremos diez años antes de lo que lo haríamos estando sueltas... Uuummmm...

Nuestras abuelas decían que si pasabas el año séptimo del matrimonio con éxito tenías asegurada la felicidad conyugal para toda la vida y que, en realidad, en el matrimonio solo existían dos acontecimientos importantes: la boda y el funeral. Bueno, eso me parece simplificar muchísimo.

Ahora, los estudiosos del matrimonio profundizan un poquito más y dicen que no son siete los años que hay que pasar con éxito para garantizar el resto, sino que son siete los estadios (reales) del matrimonio que hay que pasar de la mejor manera posible para asegurar el éxito del mismo (y eso no garantiza nada, solo aseguran mejores posibilidades de conseguirlo). Estos estadios, además, no son consecutivos sino que están, a veces,  muy desordenados... Veamos cuáles son y cómo sobrevivir a ellos:

La fase ¡Ni siquiera conozco a mi marido! Según dice de forma concluyente el estudio de De Neve, nuestros genes determinan en parte nuestra futura felicidad conyugal. Las personas con una variante más corta del gen 5-HTTLPR, también denominado el gen de la felicidad, tienden a pensar que su matrimonio se parece mucho a la montaña rusa: cuando hay demostraciones de afecto y mucho humor, se sienten felices; cuando aparece el malhumor o el estrés, su satisfacción conyugal se viene abajo. Tiene cierto sentido estar menos satisfechos cuando vemos todo lo negativo de nuestra pareja (¿habremos elegido mal?). En cambio, las personas con la versión más larga de esta variante genética siempre ven la cara más brillante de su estado conyugal y se sienten menos influenciados y preocupados por las subidas y bajadas emocionales de su pareja. Puede resultar violento pedir un estudio genético que revele la longitud de las patitas del 5-HTT de nuestro amado, pero deberíamos hacerlo. ¡Nos jugamos mucho! Pero no lo haremos...
¿Qué hacer? Pues tenemos que alargar las patitas de ese gen nuestro por cualquier medio que podamos. Hay investigaciones que han demostrado sobradamente que podemos alterar tanto nuestro ADN como nuestro ritmo cerebral mediante la relajación. Las ondas alfa, un recuerdo positivo de lo que te enamoró de él, meditación a tu gusto (oriental, occidental, paseando, escuchando música, bailando flamenco, dando un pasito atrás en las situaciones de estrés, etc.) y una firme disposición a no perder la paz de espíritu, harán menos probable que te sientas personalmente aludida por los estados de ánimo de tu cónyuge. Recuerda que él desea lo mismo de la vida que tú: ser feliz y evitar el sufrimiento (aunque algunos hombres lo hacen por caminos que parecen los de Dios: inexcrutables).

La fase ¡Esto es mejor que el chocolate! No necesitas dormir, adelgazas sin tener que ponerte a dieta, o tu amiga estrella tu coche y le dices que no se preocupe que, en realidad, no necesitas un coche para nada. Mientras el resto del mundo se queja, tú sonries y pareces tonta. Tus pensamientos, por otra parte, están completa y perpetuamente enfocados en el objeto de tu amor: tu cónyuge. Otra falsa alarma, porque este estadio no dura para siempre una vez que llega. Así es la vida...
¿Qué hacer? Disfruta la dulzura del momento... pero sé cabal. Este estadio dura un tiempo más bien corto. Practica buenas costumbres conversacionales (que necesitarás pronto): expresa tus opiniones y deseos amablemente y con claridad. Sé asertiva. Mantente firme. No te disperses y saca lo mejor de tu pareja.

La fase No sabía que podías ser tan "lo peor". Esta es la fase en la que entras al principio de la convivencia cuando, de repente, descubres todos esos hábitos de tu contrario que él había conseguido esconderte durante la fase del "salimos juntos" en la que se incluyen fines de semana y vacaciones cortas pasando las 24 horas en mutua compañía.
¿Qué hacer? Te conviene encontrar el equilibrio entre el perdón (sí, sí, como lo oyes), la paciencia y las exigencias amables pero firmes de un cambio en esos indeseables hábitos. No te desgastes criticando cosas sin importancia y céntrate en conversaciones acerca de los asuntos importantes. Considera estas charlas como una experiencia de apredizaje más que como un castigo y ejercítalas con deportividad (sin rendirte). Las volverás a necesitar pronto.

La fase El matrimonio es una bendición de Dios. Según un estudio reciente llevado a cabo con más de dos mil parejas casadas, el tercer año del matrimonio se alzó como el más feliz. Algunas parejas experimentan esta bendición antes, algunos después y algunos dicen que esta fase bendita dura más de un año (¡guauuu!). Esta es la fase en la que las discusiones sobre cómo decorar la casa o qué hacer con la tapa del wc dan paso a una rutina confortable para ambos cónyuges.
¿Qué hacer? No dejes de afinar tus hábitos de comunicación. Aunque el peligro parezca haber pasado, estas habilidades conversacionales te van a hacer falta muy, muy pronto. Aprende a pedir lo que quieres con claridad, sin emitir juicios y con tono afectuoso. Practica también el arte de escuchar.

La fase Pero ¿en qué estaría yo pensando cuando me casé? En ese mismo estudio en el que el año 3 se alzó con la copa de la felicidad marital, el año 5 ganó por goleada como el más difícil y complicado (sobre todo si había por medio bebés o exigencias laborales que causasen fatiga, cansancio y/o estrés).
¿Qué hacer? Aprende a distinguir entre el malhumor del otro debido a la fatiga y al estrés y la irritación dirigida específicamente a tu excelsa persona. Para el primer caso, deberás tomar medidas para ayudar a tu cónyuge a superar el estrés (quizás se impone una cita en el dormitorio) y aprender a decir con absoluta falta de emoción algo como "Vaya, ese comentario pincha. ¿Estás enfadado conmigo?". En cuanto al segundo caso, que la irritación sea contigo directamente, no escondas las cosas bajo la alfombra: suelen salir más adelante cuando peor te viene. Habla acerca del tema abiertamente y utiliza tu enorme creatividad para solucionar el problema.

La fase ¡Ahí te quedas contreras! Esta es la fase en la que, según con qué hombre te hayas emparejado, contemplas el lesbianismo como una alternativa razonable y para nada loca. Tus fantasías acerca de las bondades del divorcio se disparan y te recreas en ellas varias veces al día. Piensas mucho en lo mejor que era todo cuando... Pero muchas mujeres afirman que si logras atravesar esta fase y ver el otro lado del siniestro, acabas con una larga y afectuosa relación de compañerismo que puede durar el resto de tu vida. Yo no tuve la paciencia necesaria ni la perseverancia que requiere atravesar esta fase, así que no sé si es verdad por experiencia propia, solo por lo que me cuentan las mujeres que siguen casadas... :-)
¿Qué hacer? Las mujeres que lo han conseguido dicen que el simple hecho de leer cuanto libro pilles acerca de la mejora en las relaciones maritales ayuda y funciona. Algunas afirman que esa única estrategia salvó sus matrimonios. Tienes que tener en cuenta que tu cónyuge puede ser de esos hombres que consideran los consejeros matrimoniales o los psicólogos especializados en relaciones como fraudes vivos, y puede no estar muy dispuesto a las sesiones semanales para oír que otro le diga lo que tiene que hacer...

La fase ¡Qué tranquilidad! ¿Será cierto?  Nunca experimenté esta fase, así que hablo únicamente por expriencias ajenas. Al parecer, este estadio puede durar de varios meses a muchos años pues tu matrimonio ha mejorado enormemente pero... tú aún te sientes algo susceptible y con dudas acerca de si al final lo conseguiréis.
¿Qué hacer? La nueva psicología americana de la felicidad y del pensamiento positivo aconseja llevar un diario y documentar los momentos felices y las razones por las que aprecias a tu cónyuge así como otras evidencias de que tu matrimonio va mejor de lo que crees. Este archivo diario te ayudará, al parecer, a ver la continua mejora que ambos estáis llevando a cabo de manera que te sentirás menos dispuesta a siniestralizar en los momentos en que alguno de los dos meta la pata (cosa que haréis, ni lo dudes).

Y si al final no lo conseguís, tendrás la satisfacción de que has luchado por lo que creías que era bueno para ti, pero la vida te tenía reservada otra cosa: una vida larga y fructífera de la que desaparecen tubos de pasta de dientes despachurrados, tapas de wc levantadas (y manchadas), calzoncillos tirados justo a diez centímetros de la cesta de ropa sucia, domingos de fútbol, explicaciones y ruegos con negociación acerca de las cortinas del salón, el color de las paredes del aseo de cortesía. Y lo mejor de todo, el sueño de Virginia Woolf: una habitación propia. Y tus hijos, si decidiste tenerlos.

Que todo tiene su lado positivo y hay que buscarlo.