sábado, 31 de enero de 2015

Decir sí o negarnos...

Un átomo puede cuidar de sí mismo pero los átomos son un poco como animales domésticos; uniéndose a la familia biológica del cuerpo, de alguna manera se convierten en gatos y perros amigables bajo el dominio de su amo, y acaban copiando las características
y los comportamientos de su dueño.

Jane Roberts, La naturaleza de la realidad personal


Muchos de nosotros no tenemos empacho en decir sí a los demás, sea lo que sea que nos pidan o esperen de nosotros. Pero a la hora de decirnos sí a nosotros mismos y a la vida que llevamos, afirmando así nuestra propia individualidad como personas únicas, es otro cantar. A pesar de que esta afirmación de nosotros mismos es uno de nuestros puntos más fuertes, pues con ella declaramos que nuestra vida es nuestra sea como sea que decidamos cada uno vivirla.

Por supuesto que es apropiado y conveniente decir no a ciertas experiencias, personas, temas y sucesos que nos causan profundo disgusto. Afirmar nuestra propia vida no es una aceptación pasiva de todo lo que se cruce en nuestro camino, ni mucho menos. Tampoco significa que nos crucemos de brazos pensando que no podemos hacer nada al respecto, que todo está en manos del destino (o de Dios, o del Universo, o de lo que sea que nos libere de nuestra responsabilidad hacia nosotros mismos) y que lo que tenga que ser, será.

Dice Jane Roberts que la afirmación de nosotros mismos debe basarse en la comprensión de que ninguna otra conciencia, ningún otro ser, es igual a nosotros; que nuestras aptitudes son únicas y diferentes de las de cualquier otro; ni mejores ni peores, sino las nuestras. Es la aceptación de nuestra individualidad como personas físicas, básicamente una necesidad espiritual, psicológica y biológica y que representa nuestra apreciación de la propia y singular integridad de cada uno.

Biológicamente, afirmación significa salud y eso a veces significa decir sí y otras significa decir no.

Hay gente, mucha, que aún cree que la carne es lo contrario a la espiritualidad y que, de alguna manera, por tener cuerpo debemos pagar penitencias cada X tiempo por algún pecado original que, aún siendo nuestro por especie, nunca cometimos personalmente y que, de mil maneras distintas, nos hace sentir culpables y separados, no solo de los otros sino también de nosotros mismos. Pero todo está conectado aunque nos empeñemos en lo contrario.

Como ya ha demostrado la ciencia, cada célula, cada átomo de nuestro ser físico tiene su propio nivel de conciencia individual y colectiva (como nosotros pero sin culpa) y tiende, por defecto, al bienestar... si los dejamos. Afirmando la rectitud de nuestro cuerpo ayudamos a las células y los órganos del mismo y, así, el cuerpo los tratará amablemente.

Pero ¿cómo hacer algo tan misterioso y tan difícil si ni siquiera somos conscientes de cuando un arrebato de ira o un ataque de pánico se nos va de las manos ante un suceso del que diez días después nos reímos o arrepentimos? Parece algo imposible además de alienígena. Un auténtico reto

Y hoy lo dejo aquí porque me acabo de rebanar un dedo cortando jengibre y no para de sangrar. Confiaré en la tendencia natural de mi cuerpo y sus más menudos componentes y no iré corriendo a Urgencias; me da más miedo que me cosan que cortarme.

Mientras me aprieto --y mantengo por encima de mi cabeza-- la yema de mi índice izquierdo reflexionaré sobre este asunto un poco más. Me resulta aún misterioso y chocante el estar tan directa e íntimamente relacionada con cada componente de mi body en lugar de con el "todo" al que siempre le quiero rebanar un par de kilos...

¡Feliz y saludable semana!


domingo, 18 de enero de 2015

Empezar de cero

Cuando tengamos resuelta la Teoría de Todo conoceremos la mente de Dios
Stephen Hawking


Veinte años después del revolucionario trabajo de Einstein acerca de la relatividad, el físico Niels Bohr y su protegé Werner Heisenberg dieron con otro estrafalario descubrimiento: el pensamiento afecta la materia. Definitivamente, la física clásica y elegantísima de Newton quedaba fuera de onda.

Borh y Heisenberg estudiaban las partículas subatómicas denominadas quantum (el verdadero corazón del átomo) y su comportamiento, en apariencia desconcertante, cuando se percataron de que estas partículas indivisibles no eran el pequeño y ordenado sistema de bolas de billar que todo el mundo creía sino que eran algo mucho más complicado (o simple, según se mire): estas partículas eran pequeños paquetes de posibilidad. Descubrieron, en resumen, que cada partícula subatómica, cada quantum, parecía existir no como algo sólido y estable sino como el potencial de cualquiera de sus infinitas y variadas posibilidades.

El Principio de Incertidumbre de Heisenberg estableció que no es posible calcular todas las propiedades del quantum al mismo tiempo. Por ejemplo, si registras la información acerca de dónde está un protón no puedes establecer su velocidad o trayectoria; si aciertas en el cálculo de su trayectoria, su localización exacta se te escapa. Así que, en resumen, Bohr y Heisenberg descubrieron que, ¡oh, sorpresa!, la materia física no es nada concreto todavía.


Así pues, a la luz de este nuevo punto de vista científico, resultó que la realidad estaba hecha de campos de potencialidad en lugar de sustancia sólida como se creía hasta entonces; era más una serie de bocetos o ideas sobre algo que ese algo en sí. Una partícula toma el carácter específico de una "cosa" material únicamente cuando es observada o medida. Y éste fue el verdadero meollo de este descubrimiento: que el hecho de observarlas influencia el comportamiento de la partícula. Cada vez que los científicos buscaban un electrón, éste aparecía justo donde se esperaba encontrarlo. Y no importaba si la observación o búsqueda era llevada a cabo por un científico o por un taxista; el electrón aparecía... Vaya, de repente la subjetividad se había convertido en un componente esencial en la mismísima naturaleza de la realidad.


Y la cosa no quedó ahí. La comunidad científica prosiguió con sus indagaciones a estas escalas subatómicas para encontrarse algo más adelante con que se enfrentaban a algo realmente confuso: a escalas infinitesimales existía una fuerza no se sabía de qué tipo que permanecía presente incluso a la temperatura de cero absoluto. (Por si no os impresiona lo bastante, aclaro que la temperatura de cero absoluto no es la temperatura ideal ni frío ni calor sino que es la temperatura a la que toda forma de energía conocida se esfuma.)

Así que haciendo gala de la increíble creatividad imaginativa científica llamaron a eso el campo de punto cero :-D (oficialmente, ZPF, zero-point field). En castellano también lo llaman el campo de punto nulo.

Aquí, más allá del nivel de la propia energía, existe un nivel aún más básico. A este nivel, el campo ya no sigue siendo exactamente "energía" y tampoco es un espacio vacío. Los físicos lo describieron como mejor pudieron: un campo de información. En resumen: el indiferenciado océano del que toda energía conocida parece provenir es un mar de conciencia pura del que la materia emerge apiñándose aquí y allá. Resultó que la conciencia es de lo que está hecho el universo, y que la materia y la energía son solo dos de las formas que toma la conciencia. Así, pues, resulta que de ese campo cero es de donde sale todo, pero solo saldrá lo que observemos (¿dándolo por hecho?). De ahí han salido las pirámides de Egipto, la torre Eiffel, el Empire State, el Acueducto de Segovia, el trabajo de tu vida, la casa de tus sueños, el medicamento que está curando tu artritis, la idea de tu nueva novela o pieza musical, tu pastel de limón sin gluten o el hombre de tu vida... ¿Está todo conectado? ¿Es el campo cero la mente de Dios?

Anda que si está ahí debajo todo lo que soñamos
esperando a que lo saquemos...
¿Nos está diciendo Heisenberg con su incertidumbre que tenemos acceso a ese campo cero, a ese océano de pensamiento activo y creativo que no es solo una fantasía científica, teórica e incomprobable? ¿Y si fuera verdad? ¿Y si desde ahí, desde esa incertidumbe, pudiéramos crear la vida que queremos, observándola? ¿Y si estamos utilizando el campo cero sin saberlo? Porque quizás también de ahí sale tu alegría y tu impotencia, y podrías elegir con cuál de las dos posibilidades te quedas... ¿Es el campo cero la mente de Dios... a nuestra disposición?

La física cuántica ha cambiado profundamente la perspectiva de la física clásica y está cambiando, también, nuestro concepto y visión de nosotros mismos y del mundo. Hace solo unos siglos pensábamos que la Tierra era plana, ¿no? Y ese pensamiento resultó ser un disparate.

Me encanta la idea de imaginar un campo cero (tenga el aspecto que tenga, me lo pienso inventar a mi gusto) y sacar de ahí, uno a uno, todos los asuntos y cosas que quiero ver en mi realidad física. Voy a probar.

Empezaré de cero; aprovechando que el año también está empezando me parece un buen simbolismo. A pesar de que todo esto parece difícil de aceptar, como en su día pareció todo lo que predicaba Galileo, voy a probar.

Anda que si resulta que el campo cero me vale también para ser más feliz...







sábado, 10 de enero de 2015

Felicidad nocturna: dormir bien, despertar mejor.


Pocas cosas hay que estropeen más un día que no haber pegado ojo la noche anterior...

No dormir bien o lo suficiente te hace infeliz: produce estrés, malhumor, bajo rendimiento mental y físico, agitación y ansiedad. Por mencionar solo unas cuantas.

Aunque los expertos aseguran que hay que dormir un mínimo de ocho horas seguidas, en mi caso eso no funciona. No recuerdo si alguna vez he dormido tanto del tirón pero desde que me recuerdo adulta, nunca. Y cada vez menos. Pero lo que duermo, lo descanso y no tengo problema en cuanto a energía o humor. Para mí, cinco o seis horas por la noche y veinte o treinta minutos por la tarde son suficientes horas de sueño. A veces también me quedo dormida a la hora justa de perderme el final de Velvet. Y con eso voy que chuto.

No me importa tanto el número de horas de sueño como el dormirlas bien, en profundidad. Solo así mi organismo se regenera, mi mente se calma, mis tejidos descansan y yo me renuevo entera (y rejuvenezco, juas). El dormitorio, por ello, es una importantísima pieza en nuestra vida.

La regla básica del Feng-shui del dormitorio es que la cama tenga la cabecera orientada al norte aunque en mi caso concreto esto es físicamente imposible, por lo que me he tenido que buscar otras alternativas que compensen este terrible pecado. 

Un dormitorio confortable siempre requiere de ciertos elementos que faciliten el descanso y propicien un sueño apacible y reparador. Para mí son imprescindibles: 

Una alfombra del tamaño justo para apoyar los pies descalzos al levantarme o al acostarme (no me gustan las alfombras grandes). Nada me arruina una mañana feliz o convierte en peor una mala como levantarme y, oh, sorpresa, pongo los pies en un suelo frío y duro. El primer paso del día debería ser siempre sobre una superficie amigable para nuestra piel. Nada arruina una mañana feliz -o hace peor una mala- como posar los pies al salir de la cama en un suelo duro y frío. Elije una que sea de tu gusto y del gusto de tus pies.

Un gran colchón (en todos los sentidos). Aunque tuvieras todo lo demás, si te falta esto tu dormitorio será un asco. Y, además, estará incompleto. Es la pieza fundamental, aunque no la única, para garantizarte un buen descanso. Lo que debes perseguir en un buen colchón es que te mantenga cómodo y ofrezca un fantástico apoyo a tu espalda. Sería bueno elegirlo en función de tu altura y corpulencia. Un buen colchón durará 10-15 años, y si estás pensando en ratear en su precio que sepas que un colchón barato te durará la mitad de tiempo.

La cantidad justa de almohadas y cojines. ¿Y cómo saber cuál es la ideal? Estéticamente, dicen los grandes interioristas, debería haber las suficientes como para que la cama te parezca suntuosa e invitadora cuando esté hecha... pero no tantas como para que meterte en la cama cada noche sea un problema de logística. Personalmente sólo tengo las dos almohadas gemelas con que cuenta toda cama que se precie y que uso para dormir (delgadas y firmes, nada de plumas) y una extra de látex, pequeñísima, que viaja conmigo por todo el colchón y allá donde yo viaje fuera de él. Mi cama no parece suntuosa; personalmente me desvela el hecho de pasar 10 minutos recolocando piezas antes de dormir. Según los expertos, el número ideal de piezas, entre almohadas y almohadones, es de 1-6 dependiendo del tamaño de la cama.

No Tech In Sight, como dicen los americanos. O sea, fuera aparatos de todo tipo. El dormitorio es para dormir, y no necesitas en él la Blackberry ni el portátil. Y eso también sirve para la televisión: aunque sea pequeñita la televisión te mantiene despierto hasta más tarde de lo necesario y, en consecuencia, te mantiene más tiempo en la cama por la mañana fantaseando con la idea de no levantarte para ir a trabajar. Es complicado en estos tiempos, pero te garantizo que tu tiempo de descanso mejorará en un 100 por 100 si decides seguir esta idea a rajatabla. Por experiencia te aseguro que si dejas tus i-Todos fuera del dormitorio serás más feliz.

Un lugar donde sentarse que no sea la cama. Un buen punto de asiento servirá tanto cuando no puedas permitirte caer dormido mientras lees algo, o necesites tener una conversación con tu churri que es mejor no tener en la cama. También será un buen sitio donde sentarte para calzarte o descalzarte esas botas o abrocharte las sandalias.

Una mesilla de noche bien aprovisionada. Una mesilla de noche con todo lo que necesitas es muy estética para la vista. Pero esa no es la única razón: la combinación de una botella bonita de agua, un buen libro, una planta o unas flores y una lámpara es, esencialmente, un kit de confortabilidad para los momentos posteriores o anteriores a dormir, incluso para los períodos de insomnio. Así que cuando formes tu kit-confort hazlo tuyo de verdad, no te preocupes de que parezca perfecto o elegante. Cuanto más "tú" sea ese kit mejor funcionará en su cometido: hacerte sentir cómodo.

El color de las paredes y de la ropa de cama. Neutros o claros, ligeros, los colores que evocan calma y sentimientos placenteros son los más aconsejables. En caso de papeles pintados o pintura decorativa, asegúrate de que sean motivos y colores no demasiado contrastantes entre sí. Si quieres poner energía en tu vida hazlo en otras habitaciones de la casa pero no en tu dormitorio (aunque yo desoigo esta regla y mi dormitorio está pintado del mismo color que el resto de la casa: el tono exacto de la cáscara de las mandarinas fresquísimas. El color naranja y yo tenemos una relación muy especial :-D).

Estas normas básicas te garantizarán un buen descanso cuando toque duermas las horas que duermas y, por lo tanto, aumentará tu índice de felicidad cotidiana de forma drástica.

¡Felices sueños!

lunes, 5 de enero de 2015

Listas y listas...

Curiosamente, sin embargo, las listas dan seguridad.  Somos conscientes de ello cuando escrupulosamente seguimos una receta que, en esencia, es una lista de ingredientes y acciones. Pero si le damos a esta lista demasiada importancia no dejamos espacio para la imaginación.
Jean-Claude Ellena, perfumista.


Me siento muy atraída por cualquier tipo de lista, en particular las listas de "pendiente de hacer". Pueden ser muy liberadoras pero también muy limitantes... como tantas otras cosas, dice Gretchen Rubin en su libro Happier at Home.

Y tú, ¿tienes ya preparada tu lista de Reyes para esta noche? ¿Cómo te has portado? ¿Te lo traerán todo?



De cualquier manera recuerda que, sea lo que sea, siempre podemos remadiarlo y hacerlo de otra manera la próxima vez. Tenemos una año entero para ello :-D.  Ains, qué nervios...

¡Feliz noche de Reyes!

domingo, 28 de diciembre de 2014

Año Nuevo, propósitos buenos...

No te rindas, por favor no cedas aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento, aún hay fuego en tu alma, 
aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo.
Porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento.
Mario Benedetti


Cada año viejo estamos dispuestos a hacer del nuevo año algo mucho mejor. Decidimos, al final de cada Diciembre, que el año que está a la vuelta de la esquina será distinto.

Revisamos nuestros buenos propósitos y redactamos mentalmente nuestra nueva lista de deseos; yo incluso la escribo. Parecen dos cosas desiguales, pero… ¿lo son?

Si las repasamos bien veremos que ambas están entrelazadas; juntas casi forman un nudo. Y además ¿casualmente? se parecen mucho –ohhhhh...– a las del año anterior.

Y así cada año de dios.

En realidad nuestros buenos propósitos se basan siempre en nuestra lista de deseos a corto y medio plazo. Por ejemplo, ese propósito anual de medio planeta de dejar de fumar –y del 1 de enero no pasa– esconde el deseo de llevar una vida más sana: evitar un enfisema o una embolia pulmonar, o dejar de ser un paria social, ése único miembro del grupo que todavía fuma y se va a la cocina en medio de la más interesante de las conversaciones. O ese otro tan popular de empezar a hacer ejercicio (más vida sana): correr, nadar o ir al gym, como llaman ahora al polideportivo del barrio.

Si nos fijamos bien, los buenos propósitos y los deseos de nuestra lista son intercambiables y reversibles, y con frecuencia son los mismos año tras año. Porque los humanos pedimos, una y otra vez, año tras año, dejar de fumar, poner orden en nuestra casa (y a ser posible en nuestra vida), escuchar más atentamente a nuestra pareja (si se decide a hablar; con suerte, ese será su propósito de este fin de año), ir en junio sin excusas a la función del niño, meditar y/o establecer media hora al día para nosotros mismos, perder esos ocho kilitos de más, salir un poco antes del despacho, cenar en familia a diario, una cita mensual a solas con nuestro cónyuge, hacernos un corte de pelo decente, divorciarnos o casarnos (de este año no pasa), aceptar lo que no podemos cambiar (y procesar de la mejor manera posible el hecho de que no podemos cambiarlo), llamar con más frecuencia a nuestros padres y hermanos, etc.

Algo no funciona y, año tras año, los buenos propósitos se quedan en propósitos y los deseos se quedan sin cumplir. ¿Qué será, será?

La razón es muy sencilla, creo: nos planteamos una idea romántica de nuestra nueva vida maravillosa... en la que pensamos sólo de vez en cuando y de forma muy vaga, sin concretar nada.

Y esa visión bucólica de nuestra vida por venir no la haremos realidad solo con pensamientos y ensoñaciones espasmódicos con los que disfrutamos un rato cada fin de semana pensando: "¿No sería maravilloso si....?", pero sin hacer nada real al respecto. No tomamos la acción necesaria porque no sabemos por dónde empezar a caminar desde donde estamos hasta esa escena maravillosa en la que sería estupendo estar, por ejemplo, pasado mañana. He descubierto que no es que no sepamos cómo llegar a donde queremos sino que no sabemos cómo hacerlo en dos días (que es lo que nos gustaría).

Creo, también, que no sabemos por dónde empezar porque no tenemos una visión clara y rotunda, casi obsesiva, de esa nueva vida feliz. Pensamos que sería maravilloso pero en realidad no nos lo creemos y, en consecuencia, no hacemos nada al respecto (o hacemos todo lo contrario a lo que aconseja el sentido común como comer o beber más o comprar mucho bonito y barato), volviendo a la "realidad" y desechando nuestra visión por imposible.

Pues hay buenas noticias: esas visiones personales no son ninguna tontería imposible sino que son reales, posibles y, cuando perseveramos, se cumplen. George Washington soñó con una Norteamérica unida, Marting Luther King con la igualdad entre blancos y negros, Mandela con una Sudáfrica libre del apartheid y Bill Gates con instalar un ordenador en cada casa del planeta... Unos han tardado más que otros en cumplirse, pero todos esos deseos y grandiosas visiones personales se cumplieron, respaldados por la confianza, la fe en sus soñadores y el trabajo de los mismos en pos de su visión.

¿No podríamos perseverar en la nuestra que, con seguridad, será más humilde que las de arriba pero no por ello menos valiosa? (al menos para nosotros, sino para el mundo entero, eh?). ¿No traerá a nuestra vida más felicidad una idea clara y firme de nuestra relación de pareja satisfactoria, los ojos brillantes de nuestros hijos al vernos entre los espectadores de su función, un cuerpo más ágil y sano, una jornada laboral menos estresante o la alegría de nuestros padres al oír nuestra voz al teléfono cuando lo que espera es publicidad de móviles? ¡Al menos tenemos garantizados los buenos ratos que pasaremos visionando esos resultados!

A los que nos cuesta perseverar, sea por descreímiento o pereza, nos hacen falta algunas ayudas extras, y es importante que las busquemos. Una de las más satisfactorias y divertidas que yo he encontrado es hacer un tablero que represente nuestra visión personal, lo que queremos que entre en nuestras vidas (sea lo que sea, es posible). Los americanos lo llaman vision board.

Es importante, al empezar, que basemos nuestras elecciones en lo que nos haga sentir más felices y más "sueltos" (¡libres?) y no en cómo pensamos que debería ser o parecer una vida ideal general. Hay que concretar y jugar a recortables nos ayuda a ver con más claridad e ir decidiendo lo que de verdad deseamos.

El método es muy sencillo:

Cárgate de revistas y folletos que tengas por casa, o mira imágenes por internet; necesitarás también unas tijeras, un pliego grande de papel (de embalar, por ejemplo) y una barra de pegamento. Pega o pincha el enorme pliego de papel en la pared, en un lugar en el que lo veas bien y a menudo (¿enfrente de tu escritorio?) porque ese es el tablero donde pegarás todos tus deseos y sueños, a todo color. En el centro de tu tablero, pega una foto tuya en la que se te vea con claridad (si estás sonriente, mejor). Cada tanto, cuando te apetezca, dedica un rato a tu tablero.

Según vayas hojeando las revista o folletos, ve recortando de ellos "estampas" de lo que represente una parte o el todo de esa visión (de momento, futura) que tienes, y ve pegándolas alrededor de tu excelsa figura en el papel de embalar, colocándolas a tu gusto, más cerca o más lejos dependiendo de la prisa que tengas por hacer realidad esa área concreta de tu visión (¿el masseratti antes que la moto, el nuevo trabajo que te apasiona antes que la casa de tus sueños, tu larga melena brillante antes que tus estilizadas caderas, o al revés?).

Si esta receta dispara tu incredulidad y tu cinismo, sepas que te entiendo perfectamente. A mí me pasó exactamente eso la primera vez que lo leí. Pero le di una oportunidad. Y resultó que funcionaba. Y aunque estoy aún algo lejos de haber cumplido todas mis visiones también es cierto que muchas de ellas se cumplieron ya.

Además, lo paso rebién eligiendo cuidadosamente las estampas (con la costumbre, te vas haciendo más selectivo) que recorto (son tantas que ya no las pego, las meto en una caja grande y las miro una y otra vez). He acabado por aceptar que algunos de esos deseos tardarán más de un mes en cumplirse y otros me sorprenden cumpliéndose en cuestión de horas. Pero antes o después, si persevero, todos llegan :-D 

Esta estrategia funciona no porque tu tablero visionario impacte por sí mismo tu realidad y tu futuro, sino porque impactan tu cerebro al seleccionar las imágenes las cuales, a su vez, quedan grabadas en tu subconsciente y lo llevarán a guiarte hacia las acciones que más ayuden a hacer realidad esa visión tuya. En resumen: este tablero visionario te ayuda a enfocarte en tu deseo, lo hace cada vez más fuerte y más posible a tus ojos (te familiarizas con él y finalmente no lo consideras algo tan lejano o imposible), casi te obsesionas con él y acabas dando por hecho que lo conseguirás. Y así será.

Mientra jugamos al visionario es importante que tengamos en cuenta: 
  • Todos tus deseos son honorables y dignos de tu atención aunque por lógica algunos querrás cumplirlos antes que otros.
  • Hay que dejar marchar lo que no funciona: no te aferres a hábitos, personas o cosas que debilitan tu visión.
  • No temas al fracaso ni te preocupes por los errores que puedas cometer (los cometerás). De esa forma te paralizarás y no harás nada en tu beneficio, todo seguirá igual y tu lista del año que viene se parecerá horrorosamente a la de éste. El éxito está construido de esos pequeños o grandes errores y si te relajas al respecto pronto aprenderás a "hacer las cosas bien". Pero bien o mal, ¡hazlo!
  • Presta atención y prioridad absolutas a lo que de verdad sea importante para ti. No tengas en cuenta las prioridades de otros a la hora de tomar decisiones sobre lo que quieres en tu vida. Relájate porque al principio puede que te cueste hacerlo así; pronto descubrirás que si perseveras en vivir tu propia vida los otros no tendrán más remedio que hacer lo propio con las suyas, y todos tan contentos.

Y con todo esto te deseo una larga lista de deseos, cumplidos y por cumplir, para 2015.

¡Felices y prósperos propósitos nuevos!

domingo, 21 de diciembre de 2014

Piedras que ponemos en nuestro camino

Las grandes decisiones de la vida tienen mucho más que ver con los instintos y otros misteriosos factores inconscientes que con la voluntad consciente y el sentido de razonabilidad. (Carl Jung)

A veces por pudor, otras por un falso sentido del deber; a veces por sentimientos de culpa y otras por inseguridad ponemos en nuestro propio camino piedras que, en apariencia, no son grandes pero nos impiden caminar hacia el lugar donde queremos ir desviándonos, a cada paso, de nuestra finalidad verdadera.

Ninguna de ellas merece nuestra preocupación; ni siquiera merecen nuestra atención. Pero hemos de ser conscientes y saber cuáles son las que más pupa nos hacen en los pies con objeto de evitarlas o darles una buena patada y apartarlas, de una vez por todas, de ese camino que queremos recorrer. Solo deshaciéndonos de ellas de forma consciente y premeditada, con la decisión y la intención de no permitir que nos entorpezca el paseo, podemos eliminarlas de forma eficaz y para siempre (o casi, que ya es mucho).

Las de apariencia insignificante y carácter tímido y modesto, son tremendamente peligrosas; para mí, las peores. Y no son muchas, pero son definitivas. Por ejemplo:

MANTENERTE apegado exclusivamente a lo que ya sabes. Cuando dejas de aprender dejas de vivir una vida con significado. Está bien jugar con ideas nuevas sin aceptarlas al cien por cien; hacerlo nos ayuda a crecer. La riqueza de la vida no viene manteniéndose en todo momento en territorio conocido, hay que poner el pie también cuando es necesario en territorio comanche. Es cuando sacas tu pie de la zona de confort y lo pones en tierra ignota cuando nos hacemos más fuertes y capaces. Tenemos que mantenernos aferrados con firmeza a nuestros valores básicos mientras que, al mismo tiempo, abrimos nuestro corazón y nuestra mente a nuevas ideas, sentimientos y experiencias. Tu perspectiva personal se hará más fuerte cuando mires desde distintas perspectivas. Encuentra formas de desafiar de forma saludable tu actual punto de vista sobre la vida, y descubrirás y experimentarás en mucha mayor medida la magia que ya contiene.

PRESTAR tu atención a la historia de los otros en vez de a la tuya propia. No te contentes con escuchar la historia de los éxitos de otros hasta el punto de que olvides tu propia historia de éxitos. Desarrolla tu propio guión y dale vida. Eres y tienes todo lo necesario para convertirte en lo que eres capaz de llegar a ser. Cuando decides tomar el control de tu historia (no la de otros, no puedes hacer eso) ocurren cosas increíbles y se dan grandes cambios para tu beneficio. Consumirás menos y crearás más. Tomar el control significa dejar de permitir que otros se ocupen de decididr lo que piensas, hablas, haces y deberías ser  Significa aprender a respetar y aplicar tus propias ideas y utilizar tu instinto para escribir tu propia historia. Si deseas que la historia de tu vida alcance nuevas cotas de satisfacción en 2015 tendrás que limpiar un camino, el tuyo propio, reducir las cargas que te aplastan y te chupan la energía y quedarte únicamente con las cosas que te proporcionan alas. Mantén tus sueños más grandes y tus mejores deseos cerca de tu corazón y dedícales tiempo cada día.

TOLERAR los mismos descontentos diarios una y otra vez. No vivas con la desilusión, vive más allá de ella. No puedes evitar lo que ya ha ocurrido pero puedes decidir que lo que ha ocurrido te haga más fuerte y tu determinación sea más firme. El viaje a la madurez emocional y espiritual requiere que revises los acontecimientos  de tu vida para encontrar la sabiduría y el propósito que contienen. Llega un momento en tu vida en que, finalmente, "lo pillas": un dïa te hartas de miedos y viejas herias y gritas basta, hasa aquí he llegado. Ese momento de "hartura" es el punto de partida hacia tu felicidad y éxito en tus propósitos. Ahora que nos acercamos al Año Nuevo, ciérrale la puerta a tu pasado y abre la de tu furuto, respira hondo, da un paso adelante y empieza a escribir un nuevo capítulo en el libro de tu vida. Escena a escena, párrafo a párrafo; cuidando la sintaxis pero sin obsesionarte con la ortografía.

MANTENERTE aferrado a esas personas que continuamente te hacen daño. En ocasiones tienes que dejar atrás a ciertas personas no porque no te importen sino porque a ellas no les importas tú. Cuando alguien te hiere una y otra vez acepta el hecho de que les importas un pimiento (aunque sea un pimiento disfrazado de buena intención).  Es un trago muy amargo de beber pero necesario. No te esfuerces por impresionarles; deja de luchar por ello ahora mismo. No malgaste ni un segundo más de tu tiempo tratando de demostrarles nada. No hay nada que tenga que ser demostrado. No actúes pensando en ellos; no les dediques ni un solo minuto en tu futuro inmediato. Crea espacio para ti mismo y dedica tu tiempo y energía en redescubrir TU salud y tu felicidad. Y mantente firme en tus objetivos y tus sueños sin dejar que otro (sea quien sea) juzque o decida si son válidos o no.

Y recuerda --si te encuentras en aprietos con cualquiera de estos asuntos-- que no estás solo. Muchos de nosotros estamos, hemos estado y estaremos alguna otra vez donde tú estás ahora: trabajando duro para sentirnos mejor, pensar con más claridad y vivir una vida libre de dolores de cabeza y de corazón...

Feliz Nochebuena y Feliz Día de Navidad. Disfruta; por el momento, eso es suficiente. Ya pensaremos más allá dentro de unos días.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Felicidad y estadística II: Los jóvenes a examen

Si los jóvenes supieran y los viejos pudieran...


Los llaman la generación del milenio. También los llaman la Generación Y; en España tenemos ocho millones de ellos  y tienen ahora entre 16 y 30 años. Son hijos de papás de la generación Baby Boom pero no tienen sus prioridades. No ambicionan las hipotecas, no persiguen un trabajo bien pagado si no les gusta,  y no se esfuerzan en lo que no les interesa de verdad. ¿Qué quieren entonces nuestros jóvenes?

Quieren vivir la vida. Y, tanto si lo desean como no, cambiarán el mundo, y lo saben. Ya están en ello. Pero lo hacen y lo harán a su manera, no a la nuestra. Están inventando nuevas formas de trabajar, producir y consumir.

Muchos viven aún con sus padres, otros han tenido que salir de su país a buscarse la vida, otros enfocan sus miras en sus verdaderos intereses mientras se mantienen con trabajos esporádicos que no les importa cambiar cuantas veces haga falta mientras perfeccionan las habilidades que les permitirá vivir de sus auténticas pasiones e intereses. Todos ellos habitan en el universo digital y tienen una verdadera familia en él: los que les comprenden. El 70% de los jóvenes comprueba su móvil al menos una vez cada hora.

Se les acusa de haberlo tenido todo hecho, de haber nacido en tiempos de bonanza, de no haber tenido que esforzarse para nada y de rebelarse contra todo. Como si ellos tuvieran la culpa y como si nos hubieran puesto a los padres una pistola en el pecho para que nos matáramos a trabajar por y para ellos; como si no hubiera sido nuestra voluntad y nuestro sueño que ellos vivieran bien. Como si fueran ellos responsables de nuestro sentimiento de culpa por el poco tiempo pasado con ellos (de calidad, eso sí) mientras nosotros, sus padres, salíamos fuera a por ese nuestro sueño de una vida para nuestros hijos (y para nosotros, no lo olvidemos) en la que no faltase de nada material.

Generación mimada, parecen apolíticos pero no lo son, no son materialistas a ultranza, están muy informados en cualquier tema que haga saltar su curiosidad o inspiración, muchos parecen perezosos y capaces únicamente de mantener la atención en aquello que de verdad les interesa, sea aquéllo lo que sea, pero luego te sorprenden. Su trabajo es, principalmente, mental: piensan más que la mayoría de nosotros, y muchos de ellos también piensan mejor. Viajan más porque no necesitan hoteles de cuatro estrellas ni billetes de primera para sentir que han estado en París: avioncitos low-cost y se quedan en casa de amigos o compañeros de estudios que, por el motivo que sea, viven de momento allí. En vacaciones, esos amigos, y otros muchos de variadas procedencias, vendrán a sus casas. Con una mochila y un móvil de última generación con el que se mantienen conectados al resto de su mundo (y, a veces, con sus padres) comen perritos calientes por la calle, se beben una cerveza o una coca-cola light en buena compañía, visitan los alrededores o el castillo de la ciudad a la que viajan y suben fotos a sus cuentas de las redes sociales. Y, a la vuelta, saben que han estado en París; que lo han vivido y lo han sentido.

Muchos estudian y otros aprenden un oficio; otros muchos se especializan, sin intención previa, en trabajos como relaciones públicas de discotecas o marcas de moda, community managers (¡sea eso lo que sea!), camareros o diseñadores de lo que sea mientras encuentran la manera de dedicarse a lo que de verdad les inspire. Utilizan mil habilidades que nosotros dejamos morir por vivir con orejeras y se empeñan sin pudor en ser reconocidos y en que se les escuche.

Un estudio sobre la felicidad en la juventud española refleja el predominio de creencias positivas de nuestros chicos y chicas millenials respecto a tres cosas básicas para el bienestar: la vida en general, el mundo cercano y el yo. En relación con las creencias sobre el sentido, la coherencia y la justicia del mundo, y aunque la mayoría de los jóvenes no tenían una visión del mundo como básicamente justo, el 88% de los jóvenes encuestados opinaba que su vida estaba llena de sentido, lo cual denota altas puntuaciones en propósito vital. En cifras concretas: la media de control personal en el caso de nuestros jóvenes es de 7,5  sobre 10 en el estudio de Páez y Javaloy. Y sin olvidar que la media de satisfacción consigo mismo está muy por encima de la media teórica estos resultados engloban, al parecer, el mantenimiento de unas creencias positivas acerca de sí mismos. Lo cual es muy bueno. Todos andamos buscando la autoestima, y ellos ya la tienen. ¿Qué hay de malo en ello, por qué los llamamos chulos y prepotentes cuando envidiamos su convencimiento y su seguridad?

La visión del mundo social global (Javalaoy, Páez, Cornejo, Basabe, Rodríguez y Espelt, 2007) y de que el mundo sea justo puede no ser para los jóvenes muy positiva, pero su visión del entorno cercano y del yo es muy positiva. Esta visión positiva de las relaciones con las personas cercanas se asocian, ineludiblemente, a su felicidad.

Si sumamos a eso que los humanos, en general, tienen mayor experiencia de epiosdios emocionales positivos que negativos, los jóvenes no son una excepción y, por números, matemática pura, tienen más recuerdos positivos acumulados que negativos (aunque también es cierto que se recuerdan más los episodios más extremos o poco usuales, ya sean hechos negativos o positivos, contrarios a las expectativas). Dado que se recuerdan más los hechos extremos y hay más positivos que negativos, tendemos más --y los jóvenes también-- a recordar hechos positivos del pasado.

En fin, que parezca lo que parezca, nuestros jóvenes son felices, son listos y saben lo que quieren. Como padres deberíamos estar contentos con estas noticias, pero ¿lo estamos? ¿O nos importa más sostener que nuestros valores, ideales e ideas valen más que los suyos? ¿Nuestra experiencia les sirve de algo?

Podemos reflexionar sobre ello recordando cuándo y cómo desechamos los valores y prioridades de nuestros propios padres (porque lo hicimos también) con los que no queríamos vivir. Y pensar que nuestro miedo a que fracasen, o se estrellen, o lleven al mundo a su fin, o acaben metidos en el peor sitio donde se te ocurra fantasear no les ayudará. Presionados, no solo dejarán de escucharnos; también dejarán de hablar con nosotros, que es peor. Cuando la realidad es que estamos viviendo en una época de lo más interesante que establecerá nuevos modelos en casi todo porque nuestros jóvenes quieren que la cosa sea así.

No reniego de mi generación, ni mucho menos; mi mundo era otro, y por eso eran otras mis ideas. Pero estos chicos tienen muchísimo que enseñarnos, por lo menos a mí. De hecho, mis veinteañeras hijas ya me han enseñado una cuantas cosas de las importantes.

Y eso no significa que una buena bofetada a tiempo o una semana sin móvil haya dejado de ser útil para según qué casos. Faltaría más.




domingo, 30 de noviembre de 2014

Felicidad y estadística: los países a examen.

Dinamarca y Butan, entre el cielo y la tierra...

La felicidad media del planeta está ahora mismo en un 5.1 puntos sobre 10. Aprobado peladillo para el mundo. Aunque es buen síntoma que se debata sin pudor a nivel oficial sobre la felicidad de los terrícolas, el mundo progresa adecuada pero lentamente y necesita con urgencia mejorar.

A finales del año 2013, la ONU publicaba su segundo Informe sobre la Felicidad Mundial, uno de los más importantes y, al parecer, fiables de los que se publican en este asunto que cada vez más ocupa y preocupa a todos. Un 5.1 sobre 10 no es para tirar cohetes pero, al menos, no estamos suspensos... ¿todavía?

Cuando nuestros hijos traen esas “notas” a casa no podemos darles una bofetada por “no hacer nada” pero sí podemos despacharnos con un buen discurso disuasorio y amenazar con tomar medidas. No debemos, pero lo hacemos cuando estamos muy decepcionados, compararlos con sus primos o compañeros que han tenido notables altos y alguna que otra matrícula. “No es bueno para su autoestima”, dicen los psicólogos.

Pues en cuestión de países me importan una M la autoestima y los psicólogos, y nos comparo con otros países que teniendo menos son más felices. A ver si aprendemos.

Islas Feroe, Dinamarca.

El informe feliz de la ONU tiene en cuenta a 156 naciones de todo el planeta Tierra y quiere servir de guía a las políticas gubernamentales de esos y otros países.  Al elaborar este informe que luego hace público para advertencia de muchos, la Organización de Naciones Unidas tiene en cuenta seis parámetros: el PIB per cápita del país, las posibilidades reales de sus ciudadanos de llevar una vida saludable, el respaldo social con el que cuentan, la libertad personal de los ciudadanos de esas naciones para tomar decisiones vitales, la ausencia de corrupción de sus gobiernos nacionales y locales y la generosidad de sus gentes.

Dinamarca es la estrella de este informe último: ostenta el puesto número 1. España carga con el puesto número 38 en esa escala de 156. Entre ambos, muchas sorpresas.

A pesar de nuestra siesta, nuestros chistes, nuestra alegría de vivir, el flamenco y la cantidad de bares per cápita de nuestro amado y soleado país, en cuestión de felicidad nos ganan por goleada (en este orden): Noruega y Suiza (que completan el trío campeón),  seguidos por Holanda, Suecia, Canadá, Finlandia, Austria, Islandia y Australia, casi todos ellos países heladores… Los 10 países más felices del mundo son, en su gran mayoría, países con el clima y la geografía en contra.

A partir del puesto número 11, que es Israel, sigue la lista: Costa Rica, Nueva Zelanda, Emiratos Árabes, Panamá, México, Estados Unidos (que ascendió del puesto 23 al 17 en un solo año), Irlanda, Luxemburgo y Venezuela en el puesto número 20 del ranking feliz.

Estamos en el tercio favorecido del ránking, pero no somos tan felices como cabría esperar y lo somos un poco menos que en el anterior informe. Al igual que en Portugal, Italia y Grecia, en nuestro país ha disminuido sensiblemente nuestro índice de felicidad. Los cuatro países hemos sido objeto de un rescate bancario al menos, sufrimos el tipo de corrupción y derroche por parte de mandos altos (y de medio pelo) que antes achacábamos solo a “países sudacas y caribeños” y llevamos mucho tiempo ya sometidos a gobiernos bipolares y/o esquizofrénicos que niegan la realidad una y otra vez.

¿Tendrá esto algo que ver?

Por otro lado, el estudio de la ONU nos informa de que seis de los 17 países miembros de la Unión Europea han aumentado de forma sensibilísima (y sensata) su índice de felicidad y todos ellos son del norte y del centro de Europa, con un frío que pela y casi sin ver el sol. ¡Qué envidia! Muchos de ellos veranean en Marbella, Capri o el Algarve, echándose aquí la siesta dos semanas al año, sí, pero… Viven y trabajan en y para su propio país sin echarse siestas a diario.

¿Lo estamos haciendo nosotros al revés?

Los últimos puestos en el ranking feliz son, en este orden, para Togo (a la cola total), Benin y República Centroafricana, Burundi, Ruanda, Tanzania, Guinea, Comoras, Siria y Senegal. Estos países también tienen mucho sol, incluso más que nosotros.

¿Y a quién se le ocurrió esta feliz idea de los informes?

Pues fue iniciativa del primer ministro de Bután, Lyonpo Jigme Thinley, que animó a los países miembros de la organización a medir la felicidad de sus habitantes. Esta iniciativa butanesa fue aprobada durante una Asamblea General en julio de 2011 (¿se habrán arrepentido ya los otros países miembros de haber aprobado el que se saquen sus vergüenzas a la luz?).

¿Y por qué se le ocurriría a este hombre una idea así?

Timbhu, capital de Butan

En los años 60 llegó el teléfono a Bután junto con su propia moneda, en 1999 llegaron la televisión e internet (con censura, eso sí) y la democracia se estrenó ya entradito este siglo en el que estamos y no existen semáforos ni siquiera en la capital de ese feliz país, Timbhu. La sociedad butanesa es en su mayor parte matriarcal, permitiéndose a las mujeres la poligamia. ¿Tendrá eso algo que ver también con el índice de felicidad de uno y otro sexo?

Para encontrar el equilibrio entre su tradicional hermetismo al exterior y la ya inevitable apertura, se creó el concepto de Felicidad Interior Bruta --que suena muchísimo mejor que nuestro PIB-- en base a la filosofía budista. Este concepto de sociedad con el derecho básico y primario a la felicidad persigue intensificar el bienestar humano, garantizando al butanés ciertos derechos y parámetros sociales sin promover a lo bestia la persecución de bienes materiales. Al margen de las listas de la ONU, se considera a Bután el país más feliz del mundo. Desde mucho antes de que la felicidad se pusiera de moda.


El turismo a este abruptísimo país (el tramo más recto de carretera tiene menos de medio kilómetro) está restringido y solo se puede viajar a él en grupos organizados; nada de ir por tu cuenta a recorrerlo. Puedes fumar allí, pero si te pillan dándole o vendiéndole un cigarrillo a un oriundo te la cargas por contrabandista. Nada menos.

¿Nos ayudará la benemérita globalización a copiar y emular estos modelos hasta hacerlos nuestros?

jueves, 27 de noviembre de 2014

Verdades Absolutas: la receta de la felicidad

Dar el paso puede que no traiga la felicidad; no hacer nada al respecto no la traerá.
William James


Hace unos meses escribí sobre mi fórmula de la felicidad, que descubrí a lo largo de años y con esfuerzo. Son verdades para mí absolutas que me ayudan a no perder pie y que me empujan a actuar en mi beneficio cuando mi alegría está por debajo de ese nivel mínimo que requiero y necesito.
Las repito aquí por si algunas de ellas te sirven para algo:
  • La vida no trata de sentarse a esperar que pase la tormenta; de lo que trata la vida es de aprender a salir ahí fuera a pesar de la lluvia, esperando que el agua me ofrezca mejores peras y más flores. La felicidad no es la ausencia de problemas sino mi actitud: la habilidad para manejar los problemas que se me presenten. Ahora sé que hubiera podido disfrutar de muchos más maravillosos momentos si no hubiera permitido que mi mente se dedicara con tantísima energía a luchar contra mi intuición y mis inclinaciones naturales al bienestar.
  • No volveré a permitir que un mal día me haga pensar o sentir que tengo una mala vida. Un día es un día y una vida es algo mucho más serio... y más largo.
  • El resentimiento es una pérdida de tiempo feliz. Si lo permito, mi pasado puede robarme el presente. Si me dejo llevar puedo pasarme días, semanas, meses y años sentada a solas en un cuarto oscuro analizando una y otra vez algo que ya ocurrió tratando de hacer encajar las piezas e intentando justificar qué podría o debería haber pasado en lugar de lo que pasó. O puedo levantarme dejando todas las piezas desparramadas por el suelo y salir a tomar el sol. Esto último es lo más sensato.
  • Hay alguien por ahí, posiblemente muy cerca, que es feliz con muchísimo menos de lo que yo tengo. Me conviene recordarlo e imitar esa actitud hasta hacerla mía.
  • No debo olvidar ni desestimar el discreto poder del alivio: Me resulta imposible dar un salto cuántico desde el pozo negro del dolor a la alegría desenfrenada pero, en todo momento, tengo libertad absoluta para hacer algo que me haga sentir un poco mejor. Puedo ver Love Actually con mis hijas, cocinar, leer Sin noticias de Gurb, escribir, jugar al Candy Crush, escuchar a mi Elvis, o pintar meninas. O... puedo seguir sintiéndome un trapo. 
  • Si no te gusta algo, cámbialo; si no puedes cambiarlo, tíralo; si no puedes tirarlo, cambia la forma en que piensas acerca de ello. Esta es la que más me cuesta; debe ser porque no es mía :)) pero es muy sensata, así que la adopté. No tienes que amarlo como a ti mismo pero no necesitas en absoluto perder tiempo y energía pensando en cuánto lo odias. Ignóralo. De corazón. Y sigue a tus cosas.
  • A veces es mejor hacerlo solo lo mejor que pueda y dejar la perfección para otro momento. No siempre puedo ser tan dura conmigo misma; hacer lo mejor que puedo con lo que tengo en este instante es suficiente castigo ya. La satisfacción de ese pequeño esfuerzo es suficiente premio.
  • Por el hecho de que no haya durado toda la vida no significa que no haya valido la pena. Lo que está muy entrelazado con mi siguiente verdad absoluta:
  • Algunas personas y algunas cosas no estarán en mi vida para siempre. Hay cosas que no quiero perder a las que puede que tenga que renunciar; hay personas sin las que creía no poder vivir y, por mi bien o por el suyo, tuve que dejar marchar. Y aquí estoy, viva y coleando. Es posible que haya circunstancias y personas que llegaron a mi vida sólo para hacerme más fuerte y aprender a pasar página sin necesidad de perder por ello mi felicidad básica, y mucho menos la vida. También sé sin ninguna duda, el beneficio fue mutuo y en esa relación yo aporté, al menos, la misma cantidad de aprecio o desprecio que aportó el otro. Tablas.
  • Hablar de mis bienes más que de mis males aleja a estos últimos a la velocidad del rayo. "No muere el hombre por lo que entra en su boca sino por lo que de ella sale. Porque lo que de su boca sale de su corazón procede". Ahí queda eso (tampoco es mía).
  • Cuando mejor aspecto tengo es cuando sonrío. No hay belleza más esplendorosa que la que sale de dentro.
  • Cuanto más confío en mis propias decisiones menos necesito que otros lo hagan.
  • Una actitud negativa es como una rueda pinchada: no llegaré muy lejos hasta que cambie esa rueda.
  • La mejor forma de librarte de una fuerte tentación es, a veces, caer en ella: ¡cómete esa tarta!

Y mi favorita absoluta:

Aférrate a lo que amas y te ama, agradece debidamente cualquier regalo o cumplido que te haga la Vida y confía en tus pasiones y tu intuición. El resto no es importante :-D

Hace tiempo una amiga que se considera muy infeliz --y de la que yo pienso que tiene una vida estupenda-- me lanzó un reto: Pero ¿la felicidad no debería tener una fórmula matemática como todo? Como que sumar dos y dos dan cuatro o algo así...

Después de darle muchas vueltas a ese guante lanzado a mi amor propio, creo que la saqué:

Actitud + Intención + Confianza = Felicidad


Desde Altea, con amor :))

jueves, 20 de noviembre de 2014

Vulnerabilidad: Vivir a todo corazón


--Y tú, Rosa, que no dices nada, ¿tienes el mismo problema con la hora de acostarlas?

Tacháaaaaaan.

Todo empieza en el patio del colegio, charlando con otras madres de niños que, como los tuyos, a los tres años tienen sus propias opiniones respecto a todo lo que les concierne, especialmente horas de comer, tipo de comida, horas de acostarse y cómo acostarse, cuándo bañarse y con cuántos patitos bañarse. Ains, qué mal rato al principio, diosssssss. Han pasado veinte años y aún lo recuerdo. Pero descubrí el secreto de reciclar ese rato en un momento de paz.

Barajé posibilidades, tengo que confesarlo. Podría a) decir que sí, y hermanarme con las desgraciadas mintiendo; o b) decir la verdad, la vergonzosa verdad verdadera que hace que mis hijas se vayan a la cama sin mayor problema: permito que mis hijas se metan en la cama disfrazadas y con los zapatos puestos.

Temía que la gente pensara que soy una madre horrible, descuidada y antihigiénica, por no hablar de locura, si me atrevo a confesar. Pero, aún así, decido: "mira, lo digo y me lo quito de encima; cuanto antes se enteren de quién soy en realidad, mejor".

Así que miro a los ojos a las otras madres, tomo una respiración profunda y elijo la segunda variante.

--Se acuestan disfrazadas de gitanas, de princesas, de pollito o de hadas. A ellas les gusta y a mí no me importa. Estoy agotada siempre a esa hora y he decidido luchar solo las guerras importantes --me precipito a justificar mi debilidad, hablando muy deprisa.

Para mi pasmo, una de ellas me sonríe, me abraza y me dice que me ama locamente. También se ha educado como madre con el libro de Libby Purves, "Cómo no ser una madre perfecta", pero sólo de pensamiento. Somos prácticamente iguales, solo nos diferencia un detallito: ella no se atreve a poner casi nada de la Purves en práctica y yo sigo a rajatabla sus sugerencias e, incluso, voy más allá. Estoy demasiado cansada todo el día como para andarme con pijadas y perfeccionismos.

Sin ninguna duda, unos años antes habría mentido como bellaca y habría dado consejos inútiles por lo irreales y poco prácticos; habría mantenido el tipo mostrando una película de niñas repeinadas, recién bañadas, bien cenadas y encantadoras que, a la orden de irse a la cama, mutaban en monstruosos gremlins de malas ideas propias, cuando la realidad era que mutaban en hadas, pordioseras agitanadas, bailarinas o chulapas sonrientes. Por suerte, el agotamiento de la crianza, mi sentimiento de culpa por no jugar con ellas a tiendas y mi pereza genética me hizo mucho más práctica y dejé de ser vulnerable al qué dirán, precisamente porque no me importaba mostrarme vulnerable en los más vergonzosos temas.

Tras el positivísimo feedback  de la otra madre imperfecta, me vino a la mente que quizás debería dejar que mis imperfecciones salieran a la superficie más a menudo también en asuntos no maternales...

Para la mayoría de los humanos, sin embargo, mostrar nuestros fallos y flaquezas o confesar algo de lo que nos avergonzamos (como dejar que mis hijas se acostaran vestidas de Cleopatra con pendientes de gitana y zapatillas de cuadros), es arriesgado. O así lo percibimos al menos. Según Brené Brown, cada vez que bajas la guardia estás creando una oportunidad para tí mismo (de amistad, de conocimiento, de aventura o de lo que sea), aunque por supuesto con excepciones sensatas. Me coloqué en esa posición de forma consciente hace ya muchos años, aunque sin por ello perder de vista que hay situaciones en las que mostrarte vulnerable es poco sensato (cuando tu jefe está buscando un/a cabeza de turco, durante las primeras citas de lo que sea --romántica, de trabajo o primer encuentro con los que serán tus suegros un día-- o en situaciones físicamente peligrosas (si te sientes en peligro ante alguien, sal de ahí rápido).

Brené Brown es una investigadora social que ha dedicado más de doce años de estudio a la vulnerabilidad, la vergüenza y el desmerecimiento con resultados cuando menos curiosos (para mí impactantes) que nos cuenta en su libro Daring Greatly (algo así como un juego de palabras entre Atrévete a lo grande y Es de importancia vital que te atrevas).

Mi más sobresaliente descubrimiento en este asunto es que la vulnerabilidad (nuestra idea de ella) está ligada a lo que pensamos que son nuestras sombras más oscuras: vergüenza, imperfecciones, debilidades de carácter... En fin, toda esa clase de cosas que nos aterra que otros descubran que son parte de nuestro verdadera yo y que pensamos que los otros no tienen. Igual que nunca nos mostraríamos en público con la bata de guatiné, nos resistimos a mostrar lo que pensamos que son nuestras flaquezas, cuando en realidad el otro también está deseando quitarse la faja. ¡Qué alivio!

¿Qué piensas de esto?

¿Crees que mostrarte vulnerable hará tu vida más fácil, menos encorsetada? ¿Debemos evitar a toda costa que otros descubran nuestros miedos y flaquezas? ¿Tus vergüenzas son reales? ¿O tus temores? ¿Tus imperfecciones son únicas en el mundo en el peor sentido? ¿Vale la pena vivir con el corazón escondido o es mejor vivir a pecho descubierto? Ains, qué dilema...

Ayer mismo Almu Sanchís me dió un consejo inteligentísimo: "Tú a lo tuyo que es escribir cada vez mejor y déjate de pensar en qué dirán los otros". Joeeeeee, consejazo.

Seamos lo que seamos o lo que pensemos que somos, está bien así. Posiblemente, cada día lo haremos mejor, pero si un día damos un paso atrás, también está bien. De este modo evitaremos espantar a nuestra felicidad a cada paso que demos y cogerá más confianza, acercándose cada día un poquito más a nosotros.

We are enough yet, como dicen los americanos.

Y llevan más razón que un santo.