domingo, 25 de mayo de 2014

Infelicidad I: Culpa y placer, un equilibrio insano

Lo único que lamento es que nunca tendré tiempo
para leer todos los libros que quiero leer
Françoise Sagan


Por encima de casi todas las demás cosas amo leer.

Lo amo desde niña, desde siempre, desde antes de nacer, desde antes de morirme en otra vida, creo. Lo amo lujuriosamente, con gula, con pasión, con regodeo y ansiedad anticipatoria. Me proporciona felicidad extrema, me da la vida y nunca me decepciona (aunque al final los protagonistas no se casen o el asesino resulte ser mi personaje favorito de la historia :-D). Casualmente, es un placer solitario, al menos en mi caso.

Mujer leyendo (Fernando Botero)
No solo amo leer por las historias que me cuentan los libros y por cómo me las cuentan, sino también por la excitación que me produce descubrir cómo otros juntan magistralmente palabras o por la posibilidad de encontrar otro dios en esas incursiones de 24 ó 48 horas aferrada a un libro que me encantaría haber escrito yo. (Recuerdo aún con carne de pollo —como decían mis hijas cuando eran micos— mi descubrimiento de Joyce Carol Oates hace muchos años o de Amélie Nothomb no hace tantos.)

Pero hasta hace unos años necesitaba excusas para ello…  Ains.

Hay algo mágico en las lluvias torrenciales y las grandes nevadas. Te atrapan detrás de los cristales y te ves obligado a renunciar a cualquier actividad que requiera salir a la calle. Deja en suspenso la rutina diaria y no necesito excusa para quedarme acurrucada en el sofá con un buen libro, una manta de cuadros y un tazón de chocolate caliente. Me liberan de mi agenda y de mis planes. Y sobre todo que,  al ser fuerzas de la Naturaleza que nadie puede controlar las causantes de mi encierro, es la mejor excusa para evitar la culpa que se me echaba encima con cada maratón solitario de lectura apasionada.

Porque hasta hace unos años lo amaba con culpa y placer a partes casi iguales.

*   *   *   *   *

En ocasiones, el no hacer nada especial y, sencillamente, tumbarte a leer un libro que deseas con lujuria y pasión desde hace días, o por el simple deseo de pasar un día así, a algunos nos crea una vaga inquietud que acabé por identificar, hace ya años, como culpa.

¿Qué se supone que debería estar haciendo en lugar de disfrutar a lo bestia algo que amo por encima de casi cualquier cosa? ¿Es obligatorio estar siempre haciendo algo, sea lo que sea, diferente a lo que te da tanto placer? ¿O es que el placer solitario es más pecaminoso que el grupal aunque el grado de placer sea el mismo? ¿De dónde sale esa creencia?  ¿Por qué tanta felicidad queda algo empañada por una callada culpa sin identificar?

Otros grandes placeres míos no me producían ese sentimiento vago de no sé qué pero algo estoy haciendo mal por mucho que los disfrutara. Por ejemplo, cuando cocinaba para quince invitados; o mis hijas y yo leíamos por turnos  Manolito Gafotas —en voz alta— y nos reíamos tanto que casi me caía del columpio del jardín; o pintaba una menina dominatrix con medias de rejilla y látigo en ristre… ¿Por qué sólo leyendo? ¿Por qué, por qué?

Cuando en esos momentos me ganaba la culpa y, para compensar, decidía ir contra mi deseo y me ponía a hacer algo “útil” —como escribir, poner orden en casa (mi eterno reto), cocinar, hacer esa llamada al carpintero que llevo semanas retrasando por pereza, pintar ese cuadro que me han encargado y no remato— esa vaga inquietud se iba. Y ahora, meditado desde la distancia en el tiempo, todavía me subleva. ¿Por qué me fustigaba por pasar un rato, el que sea, con lo que más placer me producía? ¿Por qué tenía esa tendencia a equilibrar lo extremadamente placentero con algo de culpa o temor?

Decía Oscar Wilde que la ilusión es el primero de los placeres; otros dicen que es al revés, que el placer es la primera de todas la ilusiones. Me temo que ambas afirmaciones tienen sentido.
Al parecer, el placer verdadero y extremo es siempre solitario y promiscuo, y es precisamente su promiscuidad lo que lo hace más atractivo. La calidad de algo y las sensaciones que nos produce ese algo no se correlacionan obligatoriamente de forma objetiva (de hecho, casi nunca lo hacen).

Yo entro en éxtasis con un libro concreto, y mi amiga Luisa no puede entenderlo (le aburre leer cualquier cosa que no la instruya sobre nuevas tecnologías). A Carmen le apasiona Vermeer, y a mí me parece que La Joven de la Perla es muy mona (cuadro que conozco no por mis estudios de Arte sino porque me leí una novela sobre cómo se pintó para la discusión mensual de mi taller de lectura). ¿Deja de tener una calidad extrema la técnica de Vermeer porque a mí solo me parezca mono lo que pintó? Y a mi amiga Carmen, ¿le apasiona de verdad la técnica de Vermeer y el efecto de los pigmentos naturales mezclados con aceites de linaza, o le apasiona porque su obra se estudia en todas las facultades de Bellas Artes del mundo y sus cuadros habitan en grandes museos? ¿Amaría del mismo modo Carmen La Joven de la Perla si estuviese colgado en mi sala de estar y lo hubiera firmado yo? Tengo que preguntarle…

A veces, muy a menudo de hecho, el mundo (o un cuadro) no nos importa por la forma en que el mundo (o el cuadro) impacta nuestros sentidos sino por lo que pensamos que el mundo (o un cuadro) es. Para mí, los libros son el mundo todo, la razón de la existencia, seres animados (tienen su propia ánima, vida tan verdadera como la mía) y creo que quien no lee no tiene vida…

Según Paul Bloom (Descartes’ Baby) “un esencialismo siempre presente condiciona el placer”.  Ese esencialismo es la creencia generalizada de que todo tiene una realidad o naturaleza verdadera que no podemos observar directamente; y que es esa realidad escondida la que realmente importa. ¿Por qué lo que más nos atrae siempre es lo supuestamente inalcanzable?

De un cuadro importa quién lo pintó; de una historia importa si es real o ficticia; de un filete importa a qué animal se lo han quitado; si del sexo se trata, nos afecta enormemente quién pensamos que es realmente nuestro compañero de juegos… Parece obvio pero a menudo no somos conscientes de que, con frecuencia, le adjudicamos un enorme valor al placer —o se lo quitamos de un plumazo— basándonos únicamente en elementos extrínsecos. Y parece que de ahí la promiscuidad del placer. ¿Será que le achaco yo a los libros una vida que no tienen?

Todos los animales, humanos y no humanos, compartimos los mismos placeres: la comida, el agua y el sexo;  necesitamos descansar cuando estamos agotados y el afecto nos calma. Además, estos placeres básicos resultan ser también necesidades fundamentales para la supervivencia y la propagación de las especies. Todos estos placeres provienen de la selección natural y de otros procesos biológicos de evolución, necesarios para que los seres prosperen. A todos los animales nos gusta lo que la biología nos dice que debería gustarnos por nuestro bien.

En cuanto al resto de los placeres, compartimos pocos unas especies y otras. Por ejemplo, cuando nuestro perro obedece nuestras órdenes no le leemos un cuento a la hora de dormir o lo llevamos a la ópera;  en su lugar, le damos premios darwinianos: galletas de perros o un paseo extra y muchas palmaditas en el lomo.

Pero los humanos —y dicen que alguna otra especie— amamos también el placer de la lectura, la música, la pintura, los recuerdos sentimentales y la religión o espiritualidad. Al parecer, en el caso de los humanos los placeres no solo provienen de las necesidades biológicas sino que son producto de nuestra cultura. Estos placeres son solo humanos porque solo los humanos tienen culturas y éstas, sin duda, pueden formar nuestros placeres (cocinas típicas regionales, formas folklóricas de expresión propias, rituales sexuales concretos, etc.) nos diferencian a unos de otros aun siendo genéticamente iguales. (Tengo que hablar de esto con Encarna Nouvilas.)

¿Qué es entonces el placer y cuándo es supuestamente lícito? ¿Siempre, nunca, en compañía, en solitario? No conseguí una respuesta clara a estas preguntas nunca, así que me arremangué y valientemente tomé una decisión: no seguiría sintiéndome culpable por el hecho de pasar un día entero abrazada a un libro y a un tazón de chocolate caliente bajo una manta de cuadros, aunque el sol calentase ahí fuera y el carpintero esperase mi llamada. No, no me sentiría culpable solo porque ésa no fuera una necesidad básica para que mi especie se propague. ¿A ti te gusta la música y quieres pasarte tres días abrazado a un CD con tus 1.500 canciones favoritas? Hazlo sin empacho (siempre que eso no deje sin comer a tus hijos o a tu perro :-D).

Si la felicidad depende en gran medida de mi número de horas de lectura o de tu número de horas de música, y si lo que busco es mi felicidad, y si la felicidad es un camino y no una meta, dejaría que mi especie se propagase de otra forma y por otra vía. No criticaría cómo la propagan otros pero yo la propagaría como me diera la gana.

Cada uno a su manera lidia con sus demonios como puede, y yo los eliminé así de mi vida esta. Quizás tenga que pagar mi decisión en la próxima, pero ¿no dicen que la felicidad verdadera es vivir a tope el ahora, que el presente es el verdadero regalo de esta vida?


Pues ya veré cómo lidio con culpas y temores en la próxima.  Pasito a pasito se hace el caminito.

viernes, 16 de mayo de 2014

Felicidad conyugal (II): Apuntes de una madre moderna y muy práctica

Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer a la que no ame
Oscar Wilde

Cariño, ¡qué alegría la noticia de tu boda! Te escribo deprisa porque nos bajamos a la playa, esto de Bali es una maravilla. El azul del mar, espectacular, las vistas hermosísimas y la inversión que he hecho aquí es la mejor de mi vida. Por no entrar en detalles acerca de las pedazo de tiendas que tiene el hotel LuJin.

No me enrollaré mucho, solo unos apuntes rápidos que no pretenden desanimarte sino únicamente abrirte los ojos. Con ellos abiertos, tienes muchas más probabilidades de ser feliz, y sabes que esa es mi aspiración última para ti. Los hombres piensan que los creó Dios en un acto único de inteligencia superior y eso los hace bastante peculiares, así que te diré un par de cosas.

Dicen (ellos) que son simples en su línea de pensamiento; que nosotras lo complicamos todo. Yo no lo veo así, pero antes muerta que admitirlo ante tu padre. Pero ten en cuenta que los hombres piensan en:

  • Sexo (siempre)
  • Fútbol (muy a menudo)
  • Política (a veces)

Sus certezas absolutas:

  • Siempre llevan razón
  • Las instrucciones que dan para solucionar los (tus) problemas  son infalibles.
  • Son el sexo fuerte (signifique eso lo que signifique).
  • Su mejor amigo siempre mide 20 cm, aunque  en realidad eso no signifique nada, pues "20 cm" es la medida de longitud más cambiante del universo.
  • Tú eres una de sus costillas que mutó, por expresa voluntad divina, en semi-humano con el único fin de la mayor gloria de tu marido.
Y la realidad es que les apasiona el sexo y para "tener ganas" solo necesitan una cualidad: la de estar vivos.

Aman el fútbol porque es la vía que casi todos utilizan para expresar las dos emociones básicas que están dispuestos a reconocer ante sí mismos: el triunfo glorioso y la frustración perra, según gane o pierda su equipo.

De política entienden mucho más que ministros y presidentes: casi todos poseen la virtud de poder y saber llevar a su país al lugar que le corresponde por decreto divino: primera potencia mundial (y desde luego en ese casi todos no están los políticos en activo).

Ocurre pocas veces, pero cuando caen enfermos en cama se sienten morir y actúan en consecuencia, y no te digo nada si esa enfermedad requiere hospitalización; habrás de armarte de paciencia.

Si das con un depresivo crónico mayor de 30 años (¿qué edad tiene Pepe?), lo mejor que puedes hacer es divorciarte cuanto antes, pues a esa edad ya han decidido que el mundo está al revés y que, como no cambie el mundo, el asunto no tiene remedio. El tiempo y el dinero que te costaría sacarlo adelante (no lo conseguirás después de esa edad) empléalo en una ONG de mujeres maltratadas; es mucho más práctico ser corporativista que romántica, sobre todo cuando eres joven.

El "Contigo pan y cebolla" es mentira, y les trae muchos quebraderos de cabeza.

Si no quieres saber la verdad, no le preguntes nada acerca de tu vestuario.  Si estás gorda y le preguntas si lo estás, te dirá que sí; y si no lo estás y le preguntas que si lo estás, te dirá que "estás bien". A menos que vayas vestida como una puta para una cena a solas con él, cosa que le encantará, siempre te verá "bien" si no te empeñas en pedirle detalles.

Cuando tienen un hijo es cuando, de repente, más te necesitan y se convierten en el adolescente celoso y posesivo (otra vez) que todas las madres tememos parir algún día. Intentará por todos los medios que abandones a su suerte al bebé recién nacido. Eso sí, no se atreverá a ponerlo en la calle... todavía; bastará con que dejes a la criatura en la buhardilla hasta que acabe la carrera y pueda darle al fin alguna satisfacción a su sufrido padre. Entonces, y solo entonces, tu hijo pasará de ser "tu hijo" o "ese niño" a ser "mi hijo" y querrá llevarlo al fútbol. En ningún momento coinciden el tiempo y el espacio en que pueda considerarse la absurda idea de "nuestro hijo". A priori nunca se plantean la posibilidad de que sea niña.

Aunque ellos odien a su madre, tu suegra es intocable; si es una bruja critícala con tus amigas en todo detalle pero nunca delante de él. Cuando estés a solas con ella, aprovecha para poner los límites; cuando estéis todos juntos, sé educada y amable. De esa forma, nunca podrá convencer a su hijo de que la bruja eres tú. Por supuesto, él se creerá en el derecho de criticarme todo lo que quiera; deja que lo haga, lo tendrás de tu lado para siempre jamás.

Cuando se jubilan algunos adquieren de forma espontánea un gen de inteligencia ingenieril por el que tu vida da un giro radical a una situación desconocida: sabe más que tú acerca de formas eficaces de cargar el friegaplatos, cómo debería combinarse la verdura con la proteína y la lactosa en porcentajes exactos, cómo se pone apropiadamente la mesa para una cena informal de seis a ocho personas (un horror de diseño arquitectónico plano con mantel blanco liso) y qué sueldo exacto hay que pagarle a la asistenta (siempre el mínimo y si es posible menos).

Para algunas cosas son muy literales. De la infinita y deliciosa gama de colores sólo reconocen el blanco, el negro, el amarillo, el azul, el verde y el rojo. Y eso si no son daltónicos porque entonces desaparece parte de su escala cromática. Desde luego, olvídate de que nombren apropiadamente el maravilloso fucsia (para ellos, rojo), el elegante berenjena (para este no tienen palabras) o el travieso turquesa (azul o verde dependiendo del grado de su daltonismo). El verde caqui y el verde militar son siempre "marrón" una vez que consiguen asociar ese vocablo a la mezcla de dos o más colores primarios que resulten en algo oscuro e indefinido.

Puede que, si no tiene aficiones y fanatismos propios, tú te conviertas en lo más importante de su vida; entonces tendrás un armario antiguo atravesado en el pasillo en lugar de un marido. Tu padre, por fortuna, se entretiene solo mucho tiempo con el golf, el bricolaje y la caza, bendito sea; todo ese tiempo yo lo empleo sensatamente en viajar y comprar. Por suerte, a él le dan miedo los aviones y le sobra el dinero.

Todos sueñan con una rubia despampanante que siempre espera desnuda en la cama y les dice a todo que sí. No te ofendas, en realidad esa rubia amenazante es una aliada de las esposas e impide que la busquen en el mundo real (yo creo que les da miedo encontrarla en este plano y la mantienen en el de los sueños casi todos). A veces puede que tu marido te pida que te disfraces de ella. Hazlo.

Por lo que he oído y leído, hay ahora hombres sensibles que parecerán escucharte y te abrazarán sin pensar en el sexo peliculero que (al parecer) debería seguir de forma natural a cualquier abrazo, pero son la excepción, estoy segura. Ojalá tu Pepe sea de esos, cariño, no sabes cómo tienen que facilitar la vida esos seres excepcionales.

Y recuerda que no van en serio hasta que te hayan puesto un pedrusco en el dedo; eso fué, es y será siempre así. Una vez tengas el anillo en el dedo, puedes estar segura de que, por el motivo que sea, han decidido que renuncian (de momento al menos) al resto de las mujeres de este universo.

Ay, cómo pasa el tiempo, hija, parece que fué ayer cuando te compraba vestiditos que se parecieran a los míos y te hacía el tíovivo... En fin. 

Cariño, me voy ya, que me están esperando las chicas. A mi vuelta empezamos con todo el lío del vestido y del banquete. En cuanto a la iglesia, tienen que ser los Jerónimos, no admito discusión en ese asunto.

Muchos besos, hija. Te quiere, Mamá.

P.S. No estarás pensando en una boda sencilla, ¿verdad? Sea eso lo que sea suena horrible y no pienso permitirlo.




jueves, 8 de mayo de 2014

Felicidad Conyugal (I): Advertencias de un padre anticuado



Todas las familias felices se parecen entre sí;
las desgraciadas son infelices a su propia manera  (
León Tolstoi)

Hijo, me dice tu madre que te casas...
No quiero preocuparte pero sí advertirte que lo pienses bien (con la cabeza). Las mujeres son especímenes únicos en todo el Universo, al parecer creadas con el fin único de poner a prueba al hombre. Antes de poner fecha y comprar el anillo reflexiona sobre la felicidad conyugal a la que te condenas.
Pronto comprobarás que esa mujer tiene un potencial único para volverte loco. Y ese potencial lo hará efectivo solo una cosa: tú. No consideres estas palabras alegremente; no las descartes de inmediato. Cuando una mujer se casa cae en la cuenta de que, sorprendentemente, tendrá que convivir con su marido, y ese es el factor que desencadenará tu desgracia. Al día siguiente de la boda tu  mujer se mostrará tal como es en todo su esplendor: un ente agresivo-muypasivo-depresivo-compulsivo-obsesivo-soñador. Tú no lo sabes pero has provocado ese despliegue de personalidad múltiple porque le estás creando a tu mujer un complejo de inferioridad. Y ella, desde luego, cree que lo haces para humillarla.

Hijo, la naturaleza decidió por nosotros y, por el motivo que sea, nuestros bíceps son más fuertes, nuestra zancada es más larga, nuestra fuerza física es enorme y corremos más rápido que las mujeres. Además, nuestros colmillos están más afilados, podemos contener el aliento bajo el agua más tiempo que ellas y colgarnos con un solo brazo de una rama a la que la mujer ni siquiera puede trepar. En lugar de sentirse segura y protegida a nuestro lado —y agradecida— ella le da la vuelta a este asunto (lo hará con muchos otros también) y lo convierte en una amenaza; por lo que a partir de ahora, y en lo que respecta a ti, vivirá cada minuto en estado de alerta defensiva.
A pesar de todo, por esa cualidad inigualada en el mundo natural por otro ser, a esto también le dará la vuelta en su misterioso cerebro (nadie ha descubierto aún cómo funciona) y verá todas estas cualidades varoniles como una sorprendente semejanza entre su marido y los primates. Esto le confirmará lo que siempre sospechó: que en la escala de la evolución humana ella supera de forma considerable al hombre —recuerda que ella cree que desciende de las rosas en flor.
Se defenderá de tus supuestos asaltos con sus armas de mujer: brazos, piernas, codos, rodillas, uñas y dientes que, en una fémina, están pensados únicamente para protegerse de ti. También cuentan con sus cuerdas vocales, muy diferentes de las nuestras. Las suyas no solo pueden hablar, también gritan, chillan, sisean, gimen, gruñen, susurran palabras que inventan sobre la marcha, braman y plañen de forma sorprendente (y sorpresiva). También son lanzadoras efectivas si bien su puntería es poco certera. Pero su habilidad para lanzar platos de la mejor porcelana, jarrones carísimos, ajedreces de marquetería, taburetes de marfil y gatos persas de concurso —y destrozarlo todo en un segundo— es insuperable.
Cuando tu mujer esté en la misma habitación que tu madre su estado de alerta defensiva pasará al de estado de alerta máxima (y tu madre también). Lo pagarás (de forma inmediata) cuando volváis a estar solos. Solo encontará tregua a su estado de sufrimiento infinito en compañía de su peluquero y/o su amiga Lola (quizás también con Maribel).
En su inexcrutable cerebro —más pequeño pero más complejo que el nuestro— hay zonas que producen excusas para todo; envían mensajes que solo entienden diversas partes de su cuerpo (apretar el acelerador a fondo cuando quieren frenar, por ejemplo); existen células de memoria únicas que la ayudan a olvidar casi todo lo que tienen que hacer, y su unidad especial más misteriosa es de tipo policial: conjeturar acertadamente dónde estuviste anoche y con quién.
Ante un problema, tú lo defines, lo solucionas y punto pelota. Pero tu mujer es mucho más cuidadosa con los detalles: se preguntará que si lo podrá conseguir a  mitad de precio, si sus amigas lo aprobarían, si debería dejar que tú creyeras que la idea fue tuya; se preguntará también si eso es cosa de mujeres y qué pensará Marisa de ello; o Maribel. A mitad del proceso de solución se dará cuenta de que hace un día estupendo y se preguntará si está de humor para ponerse sombrero o turbante; no sabe aún si debe cardarse el moño y se cuestionará —centrándose por un segundo— cuál era exactamente el problema para, de inmediato, pensar que está envejeciendo. Luego mirará a la monada que le está haciendo la manicura y sabrá que sus pestañas no son naturales, se preguntará qué pensará su madre de su nuevo corte de pelo y concluirá que es mejor consultar todo este asunto tan feo con Rudolf,  su peluquero —y no te hagas ilusiones: nunca te abandonará por él—. Finalmente, llena de energía renovada, dejará en manos de ese peluquero la solución definitiva del problema. Aunque, ¿cuál era el problema? Bueno, ya se acordará cuando Rudolf de con la solución.
Tu mujer espera que le demuestres afecto, tiene derecho a ello, al menos de vez en cuando: cuando vayáis andando por la calle, cuando estés leyendo el periódico o te dispones a ir al fútbol con tus amigos, cuando estáis en el cine, cuando estáis delante de una mujer más guapa que ella o cuando vais en el ascensor con otras quinientas personas. Obtendrás más puntos positivos si las muestras de afecto y dedicación las haces en público; por lo general, y por  motivos que desconozco, las muestras de afecto en privado son rechazadas con frecuencia. Una vez casada, también espera que la escuches atentamente sin darle instrucciones y le des abrazos sin sexo. A veces, sobre todo al principio, te preguntarás si ella te ama. Sí, ella se casó contigo por amor y ama todo lo tuyo: tu Rolls, tu casa en París, tu piscina olímpica, tu gordísima cuenta bancaria (y todas las posibilidades de ésta)…
Nosotros soñamos con una rubia despampanante que nos dice a todo que sí y con que gane el Madrid la copa.
La mujer sueña con cosas mucho más elaboradas: ser amante del peletero o del joyero más famoso de España; ser la viuda del hombre más rico del mundo; que la metas en El Corte Inglés por sorpresa —o mejor, en Harrod´s— y le digas compra lo que quieras, cariño, no hay límite; sueña con ser la única mujer en un bote salvavidas lleno hasta los topes o con que el Scientific Institute of Oklahoma le ponga su nombre a una estrella supernova recién descubierta —o mejor, a un planeta en el que hay vida humana—; también sueña con que ha contratado una limpiadora, una cocinera, dos niñeras, chófer y mayordomo que tú pagas encantado felicitándola por su buen tino al hacerlo; o peor: que tú te haces cargo del cincuenta por ciento de las tareas domésticas. Con frecuencia sueña que, utilizando todos los medios de comunicación masiva del país de forma simultánea, declaras públicamente que no hay en el mundo otra esposa como ella y agradeces cada día haberla conquistado. A veces, aunque pocas, sueñan con salir ahí afuera y ganar el Premio Nobel de Química; total si la Curie pudo… Y no consideran un obstáculo en absoluto el hecho de estar estudiando la carrera de Historia (que dejará a medias cuando se quede embarazada).
Si cumples sus sueños —y no vale con el empeño, tienes que hacerlos realidad— tienes asegurado un buen sexo y paz en casa. No puede pedirse más; tardé más de treinta años en descubrirlo.

Piénsalo bien, hijo.
Te quiere, papá.

lunes, 21 de abril de 2014

La ley de Atracción: ¡Qué emoción! (y II)

Busca siempre el pensamiento que te haga sentir mejor.
Abraham-Hicks


El aparatito con pantalla que llevamos en el coche y al que cariñosamente llamamos "el Tonto" es un buen amigo que nos ayuda a llegar a nuestro destino sin incidencias a lamentar. A pesar de su inocente apariencia "mini-televisiva", nuestro tonto es un potente receptor de señales de satélite (de estrella, estelar; de polo, polar... ¿de satélite, satelitar?). 

Hasta hace unos años, cada vez que salía en coche tenía miedo de perderme y no ser capaz de volver a encontrar nunca más mi casa. Y entonces descubrí el GPS y me compré uno. Nunca más me ha asustado perderme. Es una guía insustituible para los que no salimos de fábrica con el gen de la orientación incorporado (mi caso y el de muchos más), y mis viajes ahora son un placer en vez de un tormento. Además, tardo mucho menos en llegar a cualquier sitio porque no tengo que pararme en cada gasolinera del camino a preguntar si voy bien... :-D

Global Positioning System

El Global Positioning System (lo que de forma habitual denominamos por sus siglas, “el GPS” ) es un sistema de navegación basado en una red de 24 satélites propiedad de y puestos en órbita por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos de América. Fue creado con fines militares pero en los años 80 el Gobierno norteamericano puso generosamente este sistema a disposición de la población civil del mundo todo. El sistema de posicionamiento global trabaja en cualesquiera condiciones metereológicas, en cualquier lugar del mundo, 24 horas al día, 365 días al año. No hay tasas de suscripción o precio de enganche, mantenimiento de línea ni cargos por desgaste de los satélites. ¡Gracias, USA! :-D

Esta red de 24 satélites dan la vuelta a la Tierra dos veces al día en una órbita precisa y concreta, y transmiten señales de información a nuestro planeta. Los receptores del sistema cogen esta información y la triangulan (sea eso lo que sea) para calcular la localización exacta del usuario (sean los marines USA, los radicales ucranianos pro-rusos o yo) que lleve encima un receptor GPS. Nuestro receptor debe estar sujeto a señales de al menos tres de esos 24 satélites triangulantes para calcular una posición en 2D (latitud y longitud) y rastrear el movimiento. Si tiene la suerte de coger la señal de 4 o más satélites, tu GPS (y el de cualquiera) puede determinar tu posición en 3D (latitud, longitud y altitud) sin necesidad de gafas especiales.

Haciendo corto el cuento largo, un aparato receptor de este sistema de navegación compara la hora a la que fue transmitida la señal por satélite con la hora a la que esa señal llegó a su destino (tu receptor). La diferencia entre una y otra horas le dice al sistema cuán lejos está el satélite en ese momento (eso no nos importa nada, pero es un dato fundamental para que nuestro tonto se ponga a trabajar con eficacia). Y con los cálculos de distancia de algunos satélites más, el receptor de la señal puede determinar la posición del usuario y mostrarla en la pantalla electrónica de nuestro GPS.

Tu receptor de GPS. Tú estás
donde ves la flecha naranja.
Una vez que la posición del usuario ha sido determinada, la unidad GPS que llevas en el coche puede calcular otras informaciones, tales como velocidad, rumbo, ruta, duración del viaje,  distancia a destino, hora de amanecer , de anochecer y más, una vez que le hayamos introducido la dirección exacta de a dónde queremos ir. Y con toda esa información, te llevará a tu destino de forma segura (si le obedeces) sin necesidad de preguntar en cada gasolinera que encuentres.

Tener un GPS es bueno para tus nervios, porque con este sistema sabrás que si quieres ir a Toledo y sigues sus indicaciones llegarás a Toledo con toda seguridad. No cabe preocupación alguna respecto a si acabarás en Córdoba o Guadalajara; si obedeces, puedes disfrutar con tranquilidad del viaje. Y no solo eso: como los cálculos son ininterrumpidos, si te equivocas de salida en la autovía, no importa: tu GPS recalculará otra ruta –la más conveniente- para que vuelvas al camino correcto. Siempre. Hasta que le cambies el punto de destino, machaconamente te indicará cómo ir a Toledo desde donde estés.

*     *     *     *     *

Desde la perspectiva de la Ley de Atracción, nuestras emociones son ese GPS seguro y fiable que nos va diciendo, también momento a momento, en qué punto estamos del camino hacia el “a donde quiero llegar”. Si tus emociones son positivas, estás en el buen camino; si tus emociones son negativas, te has salido de la ruta y tienes que recalcular y volver al camino marcado. No pasa nada, porque tus emociones seguirán diciéndote, machaconamente, que no has cogido el camino correcto y te lo recordará hasta que vuelvas al redil y te sientas bien.

Como seres físicos estamos rodeados de potenciales influencias que, en muchísimas ocasiones, no nos benefician o no coinciden para nada con nuestro propósito. Algunas personas nos dicen, e insisten, en que digamos o hagamos esto o aquéllo pensando que eso será bueno para nosotros. Estamos rodeados de leyes, normas y expectativas impuestas por otros, y todos ellos parecen saber mejor que nosotros mismos cómo deberíamos comportarnos.

Pero, amigo, si nos dejamos conducir por estas influencias externas no nos será posible mantenernos en la ruta adecuada que nos lleve a donde realmente queremos estar.

Debido a ello, a menudo nos alejamos de nuestro camino personal con el afán de complacer a esos otros incontables (padres, cónyuges, hijos, jefes), solo para descubrir que no importa lo mucho que hagamos para lograrlo, nunca conseguimos complacer a todos. Y desde luego no nos complacemos a nosotros mismos ni un poco. Como vamos en tantas direcciones distintas nos extraviamos de nuestro camino en ese proceso de [intentar] complacer a tanto ser querido y bienintencionado. ¿Resultado? Ese destino al que deseábamos llegar y habíamos planificado con tanta ilusión se desdibuja cada vez más y acaba por desaparecer de nuestro horizonte... Mala pata, qué rabia. Sobre todo porque no solemos escarmentar a la primera ni aunque tengamos el tino de caer en algún momento en el hecho de que hemos estado zigzagueando sin ningún sentido (que muchas veces, ni caemos).

Abraham-Hicks nos recuerda, machaconamente, que nuestra felicidad no depende de lo que hagan los otros (¡aunque no te lo puedas creer!) sino de nuestro propio equilibrio vibratorio (o sea, nuestra actitud y decisión con respecto a ese nuestro punto de destino). Y más increíble todavía: la felicidad de los otros tampoco depende de lo que hagamos o digamos nosotros sino de su propio equilibrio vibratorio (¡guauuuuu!). Porque lo que cada uno sentimos en cualquier momento es tan solo nuestra propia mezcla de energías: actitud, grado de decisión y perseverancia, ilusión y convencimiento acerca de a donde queremos ir. Y en este asunto no existe la clonación. Que la Ley de Atracción ya se encarga de que estemos juntos, sí, pero no revueltos.

Nuestras emociones no son ni más ni menos que el reflejo psico-fisiológico de nuestro punto de equilibrio, de esa vibración electromagnética que estamos ofreciendo. Si esas emociones son positivas, la vibración que ofrecemos es similar a la vibración de nuestro deseo y por la ley insobornable de los iguales, ¡pumba!, ambos se atraen, se juntan y se hacen uno materializando ese nuestro deseo. ¿Cuántas veces has deseado algo a lo bestia y no has visto ninguna pega en el camino y se ha cumplido milagrosamente? Eso es porque no metiste duda en la ecuación; no esperabas que nada fuese mal; y la certeza de llegar a Toledo a la hora planeada era absoluta... :-D

En cambio, cuando nuestras emociones respecto a un deseo son negativas o contradictorias (ahora sí, ahora no; seguro que sí, eso es imposible) tenemos un problema. Porque ya sabemos que los polos opuestos no se atraen como suponíamos. En el mejor de los casos, las cosas no cambiarán y te sentirás atascado; en el peor de los casos, las cosas irán de mal a refatal.

Por eso es tan importante (en realidad, esencial) quenos hagamos conscientes de nuestras emociones y confiemos ciegamente en lo que nos están diciendo, ya que son nuestro gps energético. Igual que no discutes con el tonto que llevas en tu coche (bueno, yo a veces lo hago), con nuestra emociones tampoco debemos hacerlo. El método a seguir es el mismo en los dos casos: escucha y haz lo que te dicen.

Ni nuestro GPS electrónico ni nuestro gps emocional nos preguntan jamás que dónde nos habíamos metido ni por qué hemos tardado tanto en llegar; no les interesa. Ambos están interesados únicamente en llevarte a Toledo y se limitarán a señalarte una y otra vez que Toledo está por allí… Son guías insobornables y, como tales, es difícil conversar con ellas si tratamos de cambiar de tema.

La relación pensamiento-sentimiento es de las que se muerden la cola y si no cortamos por lo sano el círculo la cosa queda pensamiento-sentimiento-pensamiento-sentimiento ad infinitum. Un rollo, vamos.

Como es muy difícil controlar al estilo policial cada uno de nuestros pensamientos, si no nos gusta lo que pasa por nuestra cabeza lo mejor que podemos hacer para llegar felizmente a nuestro destino (conseguir lo que deseamos y alcanzar el nivel de felicidad que soñamos) es prestar atención a lo que estamos sintiendo en cada momento. Es mucho más sencillo porque en cuanto tus emociones te digan que no vas en la dirección adecuada podrás, tranquilamente, meter la tercera y buscar la forma de sentirte mejor (maneras simples de ponerte en camino de nuevo: escuchar tu música favorita, dar un paseo, acariciar a tu  perro (o a tu novio), meditar, trabajar en tu jardín o tus macetas, leer algo que te interese de verdad, que tus hijas te lean Manolito Gafotas en voz alta…).

El quid del asunto aquí es apartar tu atención de lo que te está haciendo sentir fatal y enfocarte en algo que con seguridad te hace sentir bien. O, al menos, mejor; el simple alivio de cualquier emoción negativa que estés sintiendo también cuenta como punto energético positivo a la hora de trabajar con la Ley de Atracción.

De la misma forma en que no anestesias tus dedos para desensibilizarlos al calor cuando haces una barbacoa --por si acaso te quemas-- ni pones una pegatina de carita feliz tapando el marcador de gasolina para no ver que estás en reserva, tampoco quieres (o no debes quererlo) enmascarar tus emociones pretendiendo que no estás sintiendo lo que estás sintiendo; eso no cambia tu vibración. Y hacerlo sería como apagar el GPS del coche a medio camino: dejas de saber dónde estás y cómo llegar a donde estabas yendo. Claro que si te gustan las aventuras extremas, puedes taparlo todo y pretender llegar a Toledo a ciegas. Esteeee... ¿¿¿guauuu???

Lo más fácil en estos casos es ser consciente de lo que estás sintiendo (aunque jorobe) y, una vez que sabes dónde estás, hacer lo necesario para recomponer la ruta (en este caso, dirigir tu atención a algo que te haga sentir cada vez mejor).


Todo esto parece pesado y una trabajera sin fin, pero dicen los expertos a la vista de los resultados: cuanto más lo haces, mejor lo haces y más lo quieres hacer. Satisfacción garantizada, emocional y físicamente hablando, pues el sentirte bien crea adicción y mejora de forma drástica tu relación con el entorno en todos los sentidos: tu relación con tu cuerpo, contigo mismo, con tus prójimos, con el gato e incluso con tus hijos adolescentes. ¿Quién no querría eso, por diossss? Y de propina, las cosas empiezan a salir rebien. ;-)

Y ahora una cosa muy chula que he encontrado...

Dice Abraham en su libro The Vortex dictado a Esther Hicks que:

Psique abriendo la puerta
del jardín de Cupido
Desde "arriba", utilizando vuestro lenguaje de tiempo y espacio, se os ve a un lado de una puerta cerrada y del otro lado de la puerta vemos recostadas contra el quicio todas las cosas que siempre habéis deseado, a la espera de que abráis esa puerta. Todas esas cosas están ahí desde el primer día que las pedísteis: vuestros amores, vuestros cuerpos perfectos, vuestros trabajos y vuestras pasiones, todo el dinero que siempre habéis querido tener; cosas grandes y pequeñas, importantes y poco significativas; todo lo que habéis identificado como deseos vuestros están esperando a que abráis la puerta. Y en el momento en que la abráis todas esas cosas fluirán hacia vosotros... Y entonces tendremos que dar un seminario sobre Cómo lidiar con los deseos cumplidos en avalancha.

:-D :-D :-D


lunes, 7 de abril de 2014

La insobornable Ley de Atracción I... Dios los cría y ellos se juntan.

No hay nada que no puedas ser, hacer o tener
Abraham-Hicks, The Vortex

Bueno, bueno.... Me he quedado sorprendida de la cantidad de personas que hay interesadas en "estos temas". Casi nunca me escriben los lectores, creo que esta lectora anónima que me pedía hablar de la Ley de Atracción y similares era la cuarta o la quinta que lo hacía en un año y cinco mil lectores que llevamos con el blog. En esta semana última he recibido, sin embargo, 73 e-mails animándome, de forma directa o indirecta, a ahondar  "un poco más" en este asunto de la felicidad por la vía metafísica. Yo ahondo encantada un poco más en el camino mágico; me ha resultado interesantísimo el punto de vista de metafísicos, herméticos, magos, filósofos acerca de la felicidad que, al fin y al cabo, no es más que perseguir con éxito ese sentimiento de alegría y satisfacción personal que tiene apariencia engañosa de meta pero que en realidad es un camino sin fin. ¿Qué más da el camino que sigamos, si sentimos que es el nuestro? :-D

Y, ahora, vamos a ese camino peculiar...

¿Cómo se entera cierta gente de esos misterios secretísimos que se nos escapan a los comunes? ¿Cómo pueden ellos saber tanto de algo que está oculto -o lo parece- para el resto de los mortales? ¿Y cómo nos lo dan ellos luego a conocer? Y lo más curioso de todo, ¿cómo es posible que no se contradigan ni por equivocación? (y no estoy hablando de los videntes de a 100 euros la hora).

La canalización (channelling) es el proceso por el que un individuo (el "canal" o medium, como también los conocemos) recibe amplia y variada información por parte de energías no físicas (entes) acerca de temas de los que nadie sabe nada y en los que muy pocos creen; es decir, acerca de cuestiones espirituales prácticas, el más allá y la vida después -o antes- de esta vida que todos conocemos (el más acá, lo llamo yo).

Por otro lado, ¿por qué no iba a existir esa comunicación directa entre lo divino y lo humano? Al fin y al cabo, mantenemos conversaciones de tú a tú con nuestro padre terrenal (al menos, la mayoría de nosotros :-D).

Por lo general, estos individuos han sido siempre tomados por charlatanes, sacacuartos que se aprovechan de los pobres humanos incultos y esperanzados. Es cierto que hay charlatanes en este mundo de lo desconocido y lo oculto, lo hermético, como en todas partes. Pero es también cierto que otros canales o médiums han sido y son individuos normales que han dedicado sus vidas a dar a conocer el mensaje que les ha sido revelado por medio de la inspiración consciente directa, la escritura automática, los estados alterados de conciencia, etc., venga el mensaje de donde sea que venga.

Famosos "creyentes" y practicantes sin empacho de estas actividades paranormales o metafísicas fueron Sir Arthur Connan Doyle e Isaac Newton, por ejemplo. Y todos sabemos quién era Edgar Cayce, uno de los pocos psíquicos tomados en serio en su época (y supongo que eso se debía únicamente a que Cayce dignosticaba correctamente y acertaba con el tratamiento médico más adecuado a cada caso que "leía" energéticamente, y eso no lo podía negar nadie).

Pero ¿quién recibe este tipo de información y por qué tú o yo no la recibimos?

Pues, al parecer, no tiene nada que ver con ser muy religioso o espiritual o dedicarte a tiempo completo a la vida contemplativa, haber estudiado metafísica o haber jugueteado con la Ouija. Te toca, y te toca. Aunque sin duda tendrá una causa concreta, no la sabemos con certeza pero lo que tienen todos ellos en común, por lo que he leído en sus historiales, es que son de carácter relajado, o están muy desesperados, no están apegados a creencias inalterables y no se consideran dueños absolutos de la verdad ni mucho menos; casi todos ellos están con frecuencia --mientras se dedican a sus quehaceres habituales-- en ese estado de nervios aplacados, envidiable, en el que el resto de los humanos entramos muy de vez en cuando y permanecemos menos y nada. Una especie de "todo es posible, ¿por qué no?" andantes.

El libro Un Curso de Milagros fué "dictado" a la doctora Helen Schucman entre los años 1965 y 1972 por una voz interior que ella identificó como la de Jesucristo. No era cristiana. Psicóloga e investigadora clínica, y catedrática de psicología médica en la Universidad de Columbia (Nueva York), esta científica de religión judía escribió este libro junto a su colega de profesión William Thetford. Su identidad como "autora" física del libro no se dió a conocer hasta después de su muerte en 1981.

El Material de Seth fué "recibido" por la autora norteamericana Jane Roberts durante innumerables sesiones diarias  en estado de trance (entre 1963 y 1973), sentada en su mecedora favorita. Poeta (me suena fatal poetisa), novelista, psíquica e investigadora, Jane Roberts fué una de las figuras más representativas de todo el mundo en temas de actividad paranormal (fué a través de ella que a Richard Bach se le indicó que escribiera Juan Salvador Gaviota, idea que, al ocurrírsele por primera vez, a Bach le pareció una auténtica locura). Mientras una energía llamada Seth hablaba a través de ella --y con ella-- su esposo, el artista comercial Robert F. Butts, tomaba notas a mano que luego mecanografiaba, clasificaba y archivaba hasta su publicación. La biblioteca de la Universidad de Yale guarda manuscritos, diarios, poemas y refelexiones de la autora bajo el nombre genérico de Jane Roberts Papers.

Neal Donald Walsh le escribió una carta a Dios con un montón de preguntas acerca de todo lo que no sabía ni entendía y elevando innumerables quejas de todo lo que le parecía injusto o malvado. Para su sorpresa (y la nuestra), Dios le contestó punto por punto... por escrito. Su experiencia está recogida en el libro Conversaciones con Dios.

Las enseñanzas de Abraham son más actuales; de hecho, están ocurriendo ahora mismo todavía, y desde hace más de tres décadas. En sus seminarios mensuales que da por todo Estados Unidos cada año, Esther Hicks "traduce" a palabras en vivo y en directo (y por escrito en forma de libros) estas enseñanzas, que recibe en forma de bloques de información en su mente por parte de un grupo de personalidades no físicas llamado "Abraham". Hablan en primera persona del plural, tienen un gran sentido del humor y demuestran una gran sabiduría práctica sin incoherencias. Ha sido un auténtico descubrimiento y, sea o no sea verdad (¿y por qué no lo va a ser?), es un auténtico placer leer lo que tienen que decir. Abraham-Hicks, como Esther Hicks denomina esta "asociación" de trabajo, ha sido el mayor precursor de la famosa Ley de Atracción. Un "hijo" de esta asociación y su puesta en práctica es El Secreto, libro y DVD que dieron la vuelta al mundo hace unos años convirtiéndose en un bestseller sin parangón -eso sí, en las estanterías de Autoayuda, no en las de Filosofía  :-D.

Todas estas disciplinas "mágicas" o enseñanzas canalizadas, o como queramos llamarlas, existen sin excepción en función de la existencia de un ser supremo. Unos lo llaman Dios, otros lo llaman Fuente, otros Ser Superior, otros Energía Vital... Pero para todos ellos es un Ser omnipotente y benévolo, inteligencia y consciencia puras, creador del universo entero... y de las leyes inmutables que lo rigen.

Y todas ellas, también, abogan por nuestro valor intrínseco (pensemos nosotros lo que pensemos, poseemos un valor incalculable para el Universo), la alegría de crear nuestra propia vida y, así, expandirnos (una vez se nos pase el susto de semejante responsabilidad, supongo), nuestra pertenencia a Todo-Lo-Que-Es y nuestra esencia divina: somos genéticamente hijos de Dios y legal y prácticamente herederos de su Reino. Ains, como diría mi amiga Rakel.

*     *     *     *

Es muy difícil resumir todo lo que hay a disposición del público común sobre la Ley de Atracción, pero he intentado hacerlo de todos modos y creo que no me he comido nada de lo importante de lo mucho que me he leído -y disfrutado- estos días acerca del tema. Es un tema apasionante de verdad, y me encantaría que fuera cierto. Se arreglarían todos los problemas de mundo, especialmente del mío que es, al fin y al cabo, el que más me importa... :-D


De todas las que he leído, releído y revisado, la explicación de esta teoría que más me ha gustado ha sido la que nos ofrece Abraham-Hicks; y no porque digan cosas distintas a otras explicaciones de esta ley insobornable, sino porque lo dicen de otra manera. Ágil, en forma de conversación la mayoría de las veces, con un sentido del humor entre inglés y español, leerlos es mucho más fácil que leer a cualquier otro (algunos de esos otros son más formales en su manera de "hablar" y un poco pomposos, lo que hace de su lectura algo más denso y pesado -en el sentido de "ladrillo"- aunque también interesantísimo).

En contra del pensamiento popular "los polos opuestos se atraen", resulta que quien llevaba razón era el refrán español que habla de cría y juntamientos...

La Ley de Atracción es el alfa y el omega de todo lo que ocurre en cualquier rincón de la creación. Esta ley universal que todo lo maneja y dispone, es clara y muy escueta:


Todo aquello que es similar se atrae.
Aunque esto puede parecer
una declaración muy simple, define
la más poderosa de las Leyes del Universo,
una Ley que afecta a todas las cosas
en todo momento.
Nada existe que no sea afectado por esta Ley.

Y de ésta, al parecer, se derivan otras dos: 
  • La llamada de la Creación Deliberada, que dice: todo aquello que pienso, creo o espero, ES. En pocas palabras: obtenemos lo que pensamos, sea algo deseado o no. La aplicación deliberada del pensamiento es de lo que realmente se trata esta ley, porque al parecer si no entendemos estas leyes y las aplicamos deliberadamente, entonces podríamos estar creando de forma inconsciente, y... ¿quién quiere que su vida esté fuera de su control? Yo no, desde luego. Aunque veo que eso es lo que hacemos casi todos de forma casi constante; pensamiento esperanzado por aquí, pensamiento negativo por allá, otro pensamiento de no me lo creo pero sería genial que... Que nos falta perseverancia  y consistencia en nuestros deseos, vaya.
  • La llamada ley del Arte de Permitir, que dice: soy lo que soy y estoy dispuesto a permitir que los demás sean lo que son. Ayyyyy, que muy poquitos de nosotros estamos dispuestos a permitir eso... Según estas leyes, cuando estamos dispuestos a permitir que los demás sean como son --incluso si los otros no permiten que seamos lo que somos nosotros-- nos convertimos en "permitidores". Aunque dice Abraham que es poco probable que alcancemos este punto hasta que no lleguemos a comprender cómo obtenemos lo que llega a nuestras vidas. Solamente cuando comprendamos que ninguna persona o circunstancia puede ser parte de nuestra experiencia a menos que la invitemos a ello --mediante nuestros pensamientos o prestándole la suficiente atención-- , y solo entonces, nos convertiremos en el permitidor que deseábamos ser cuando vinimos aquí.

Comprender y aplicar estas poderosas leyes universales de forma deliberada nos guiaría hacia la libertad gozosa de ser capaces de crear nuestras propias vidas exactamnete como las deseamos. Una vez que comprendiéramos que invitamos a todas las personas, circunstancias y eventos de nuestras vidas a través de nuestros pensamientos, comenzaríamosa llevar la vida que habríamos decidido llevar cuando tomamos la decisión de manifestarnos en este cuerpo físico. Una vida, en última instancia, de libertad sin paralelo y alegría infinita y sostenida.

Y a partir de ahí, empieza la feria (muy sorprendente e interesantísima, por cierto).

El libro de Abraham-Hicks da explicaciones prácticas a casi cualquier pregunta que se te ocurre formular después de enterarte de todo lo de arriba (y te surgen muchas, ya verás).

En primer lugar, establece que somos seres vibratorios; es decir, nuestra base, nuestra estructura real esencial es energía electromagnética pura, y eso ya lo ha demostrado la física cuántica. Somos imanes, en pocas palabras. Y siguiendo la línea de la Ley de Atracción, nada aparece porque sí en nuestra vida. Lo atraemos todo, sin excepciones, ya que esta Ley está respondiendo a los pensamientos que tenemos a cada instante. Así que es correcto decir que nosotros creamos nuestra propia realidad. Que ya lo dice la Biblia: "Sois como dioses" (no recuerdo libro concreto, capítulo ni versículo).

La imaginación y las emociones son las formas de energía creativa más poderosas que poseemos como criaturas físicas. Cualquier emoción fuerte ("buena" o "mala") lleva consigo mucha más energía que la necesaria, por ejemplo, para enviar un cohete a la luna (¡qué bestiada! Con esto me he quedado sin palabras porque me lo he creído al pie de la letra, desde luego, que soy muy literal). En resumen: no hay nada en nuestra experiencia exterior que no se haya originado en nuestro interior [con esto queda eliminada de la ecuación toda posibilidad de echarle la culpa a otro de nuestra mala suerte en cualquier circunstancia :-(].

Y digo yo: ¿en qué momento se manifiestan todas esas creaciones deseadas e indeseadas? ¿Dentro de media hora, un mes, diez años...?

Por fortuna, en nuestra realidad física de tiempo y espacio (conceptos inexistentes en otros planos) las cosas no se manifiestan en nuestra experiencia de forma instantánea, sino que hay un lapso de tiempo entre que comenzamos a pensar en algo y el momento en que aparece en nuestra vida (por suerte; aunque siempre lo quiero todo ya, después de haber leído tanto sobre la Ley de Atracción, y pensando en todas las posibilidades, casi que me siento agradecida por ese intermedio :-D).

Ese lapso de tiempo nos da la oportunidad de redirigir nuestra atención más y más hacia las cosas que en verdad deseamos que se manifiesten en nuestra experiencia. Y en cuanto pensamos en ellas, mucho antes de que se manifiesten, podemos saber si eso que supuestamente deseamos es algo que realmente deseamos o no por la manera en que nos sentimos cuando pensamos en ello. Si seguimos prestándole atención a ese asunto, ya sea algo que deseamos o no deseamos, se manifestará en nuestra vida. Así que, ojito con los pensamientos repetitivos. Obtenemos siempre la esencia de lo que pensamos, ya sea algo que deseemos o no.

¿Y cómo es eso posible? Si no lo quiero porque lo odio y no hago más que tacharlo de mi lista y criticarlo y ponerlo verde porque no es perfecto y no lo quiero no lo quiero... ¿Cómo es que se me viene encima?

Esta es otra pregunta interesante con respuesta impactante:

Resulta que en el Universo no existe el NO. Tampoco existe en nuestra mente inconsciente, ni en la mente universal ni en el inconsciente colectivo. No existe el NO más que en nuestra cabeza machacona empeñada en controlar sin saber hacerlo.

El Universo y todo lo que contiene es de naturaleza expansiva e inclusiva y no rechaza nada. Si tú estás pensando con rencor, por ejemplo: "No me gusta mi casa no me gusta mi casa no me gusta mi casa", tu inconsciente, siguiendo la Ley de atracción y otras leyes del universo, dejará la frase así: "No me gusta mi casa no me gusta mi casa no me gusta mi casa", y puedes estar seguro de que tendrás esa casa para rato. El asunto importante, pues, no es aquí que te guste o no tu casa, sino que no haces más que pensar en tu casa, sea cual sea el sentimiento que ésta te provoque (en este caso incómodo) y el universo te da más de lo mismo y oye a su manera (que es la que cuenta, por otra parte).

Por lo que he entendido de la Ley de Atracción, sería mucho más productivo para nosotros pensar, o intentar hacerlo, de forma algo menos ¿rencorosa, violenta? respecto a esa casa. Algo así como "Agradezco tener una casa pero me encantaría cambiar la cocina. ¡Sería tan cómodo tener algo más de espacio para amasar! Quitaría los armarios de la derecha y pondría una buena encimera con estantes debajo; una encimera de mármol para que cuando amase hojaldre éste se mantuviera fresco y elástico. Sería tan fácil hacer unas buenas palmeritas en un mármol blanco... Ains, qué maravilla, una encimera de mármol. Y ya que estoy, también cambiaría el gas por vitrocerámica; o mejor, por inducción, mucho más seguro para los niños cuando entran a enseñarme sus dibujos... ¡Qué maravilla de cocina! Me encanta cocinar, la verdad...". Perseverando en esa idea y recreándote el tiempo suficiente en ella, entonces es seguro que conseguirás esa cocina... dentro de esa otra casa nueva que sí te gustaría (incluída esa maravillosa encimera de mármol para las palmeritas de hojaldre). El trabajo real que tenemos que hacer es mental, no físico. Es lo que me ha parecido entender, y creo que he entendido bien.

Porque sea lo que sea que estemos proyectando, sin importar la fuente del estímulo de ese pensamiento, en cuanto lo consideramos un poco en serio (al parecer, enfocarte en un pensamiento concreto durante 17 segundos es suficiente para desencadenar la ley de atracción), la Ley insobornable entra en acción y comienza a ofrecernos otros pensamientos, conversaciones y experiencias de naturaleza superior. Creo que vale la pena intentar elegir deliberadamente en qué pensamos y a qué le damos nuestra energía. Por si acaso...

Hay otros dos asuntos importantes en cuanto al tema este de la Ley de Atracción, y ambas se refieren a nuestras emociones: qué son y qué nos dicen, y cómo las manejamos. Así que, esto continuará...

Mientras tanto... ¡piensa, piensa!

*    *     *    *    *


Pequeño resumen de este asunto de la Ley de Atracción: ¿Nuestra mejor herramienta para diseñar nuestra vida? Nuestros pensamientos;  enfocados en lo que deseamos, sin distracciones ni dudas, la Ley de Atracción nos obedece. Al igual que un arquitecto diseña los planos antes de construir un edificio, nosotros tenemos que diseñar mentalmente y con claridad las experiencias que deseamos tener antes de que se manifiesten en nuestra vida en todo su esplendor. En menos palabras aún: Ocúpate de tus asuntos y deja que los otros se ocupen de los suyos. (Si es que todos dicen lo mismo.)



Y un pequeño ejercicio muy práctico: ¿Cómo dirigir nuestros pensamientos deliberadamente hacia lo que deseamos si no tenemos ese hábito? Muy sencillo: cada vez que te "pilles" pensando en lo que no te gusta, no quieres o temes que ocurra, ¡date el alto! Y di (si es necesario, en voz alta): Ya sé lo que no quiero. Lo que realmente quiero es.... (y rellenas el hueco con lo contrario de lo que estabas pensando). ¡Funciona para dejar de pensar en lo que no quieres! :-D