lunes, 2 de diciembre de 2013

Comer, comer, comer...

Hay tanto placer en preparar y compartir una buena comida...
Ard Bia Cookbook

Como he decidido llegar a Navidad con un par de kilos menos para no salir de ella con cuatro kilos más, no dejo de pensar en la comida.
Ard Bia at Nimmo´s

Desde que hace unos días, durante mi estancia en Altea y Cartagena, tomé la decisión de bajar esos kilitos, he hecho tres cursos de cocina (ninguno light), no paro de leer y releer mis amadísimos libros sobre el asunto de los comeres y cocino de forma furibunda y entusiasta cosas llenas de mantequilla, nata (light, eso sí), harina, rellenos variados, fritos y rebozados...

No sé si os pasa lo mismo pero es empezar a sopesar la idea de ponerme a dieta y me aparece de inmediato un letrero -luminoso- en la mente que dice: COMER, COMER, COMER.

Así que es posible que durante un tiempo parlotee sobre uno de los mayores placeres de la vida, uno de esos que me producen contento de verdad: cocinar.

*     *     *

Hasta donde alcanza mi memoria, siempre me ha gustado cocinar. A excepción de esa temporada en que los hijos solo quieren macarrones con tomate y filetes empanados, que para mi fué de frustración y desgana, siempre he disfrutado entre los fogones.

Para inspirarme, empiezo por repasar mis libros de recetas. Tengo una buena colección de ellos pero mi absoluto favorito desde mi último cumple el pasado enero es el que me regaló mi hija mayor con motivo de tan importante evento: Ard Bia Cookbook: Morning, Lunchtime, Afternoon, Evening, After Dinner & Pantry, reza el título.

Desde hace tres años, mi hija mayor vive en Galway, una preciosa ciudad costera irlandesa, donde imparte clases en el máster de interpretación de la Universidad Nacional de Irlanda. Ard Bia at Nimmos es uno de sus restaurantes favoritos. Es una encantadora mezcla de pub irlandés y restaurante, pegado al Spanish Arch al borde urbano del Atlántico. Allí me llevó un día mi hija a desayunar y me enamoré también del sitio. (Y de su roibos con miel, aunque no me gusta la miel).

Y el Ard Bia Cookbook es su libro de recetas. En él encuentro todo lo que tienen en su carta, cualquier receta de sus desayunos, su platos fuertes, las salsas y siropes con que riegan o acompañan sus panes o sus ensaladas, sus Patrick´s potatos (ñam, ñam) y una información detallada sobre especias conocidas y no tan conocidas que es una delicia repasar y en la que me entretengo más de la cuenta.

Total, que cada vez que voy a buscar una receta, me repaso el libro entero porque entre las fotos, la información que da sobre alguno de los ingredientes, el comentario personal de la autora sobre la receta o la pequeña historia que te cuenta para convertirte a la bonanza de la ecología en la alimentación, te dan las dos de la tarde y al final tienes que hacer deprisa y corriendo lo de siempre...

Como hoy que, después de haber descubierto que el cardamomo es un arbusto de hasta 4 metros, que su mayor productor mundial actual es Guatemala, que es digestivo, carminativo y templador de nervios, tengo que ponerme a hacer los filetes rebozados de mi suegra. Desde que los probé hace ya muuuuuchos años, jamás he vuelto a empanar un filete.


FILETES REBOZADOS DE ROSARIO:

-Filetes finos (de ternera, cinta de lomo o pollo)
-Harina fina de trigo
-1 ó 2 Huevos batidos con (o sin) perejil picado.
-Aceite, sal, pimienta

  1. Salpimentar los filetes (poca pimienta). 
  2. Pasarlos por harina, y sacudir el exceso.
  3. Pasarlos por el huevo y freír en aceite bien caliente (que no humee, un poco menos), dorando por los dos lados.


Servir con ensalada y patatas fritas.
Chuparte los dedos y querer repetir. (Pero no quedan)

Después de probar los filetes rebozados de Rosario, nunca volví a empanar una carne. Rebozados salen jugosos y muchos más tiernos que envueltos en pan. La próxima vez querrás hacer más de los necesarios: dejarás los que sobren en la encimera de la cocina y, a lo largo de la tarde, irán desapareciendo -miseriosamente- por trozos. Cuando vayas a picar tú un trocito, ya no habrá. Tienes que espabilar.

Un consejo útil: La próxima vez que los hagas, deja unas tijeras de cocina en la bandeja de los filetes que sobraron; los cortarán en lugar de arancarles trozos, con lo que el aspecto de las sobras será menos horrible. Y acuérdate de guardar uno de los filetes sobrantes en tu armario. Bajo llave. ¡Seguro que ahí no los encontrarán!




sábado, 9 de noviembre de 2013

Un tratamiento eficaz

Si el loco persistiese en su locura se volvería sabio.
William Blake

Cuando terminó de rellenarla de nata montada y cubrirla sin orden ni concierto con unos ramitos de grosellas rojas y muchas fresas laminadas, colocó la tarta en la encimera y la observó. Era perfecta. Otra vez. Acto seguido la metió en la nevera, con cuidado, al lado de la tarta de cerezas caramelizadas. Cerró la puerta y observcó a través del cristal su obra: 11 tartas. Todas rojas. Como la sangre de su corazón destrozado.

Se sentó y se puso a llorar desconsolada. 

Y  Y  Y

¿Cuántas tartas ha hecho este martes?
Once... contesta avergonzada e incómoda.
Pero... ¡eso está muy bien! exclama alegremente la psiquiatra. Por lo que veo en mis notas, la semana pasada hizo diecinueve. Y la anterior, veintitsiete... Avanza usted muy bien. Ocho tartas menos cada semana.
Pero, doctora, ¿quién se va a comer tanta tarta? La residencia de ancianos a donde enviaba mis excesos resposteros ya me ha comunicado que los viejos están empezando a sufrir de sobrepeso y niveles elevados de azúcar, y los geriatras están preocupados...
No importa; si sigue a este ritmo, la semana que viene estará usted curada... ¡curada! El sobrepeso y el azúcar de los viejos de la residencia a usted plin. la doctora parecía eufórica con la marcha de los acontecimientos. ¡Que espabilen sus geriatras!
Pero... tamaña falta de empatía de la doctora le inquietaba.

No hay peros. Hágame caso: yo soy la médico, ¿no? El próximo miércoles habrá hecho solo tres tartas y estará curada. Tres es un número de tartas razonable. Y, entonces, ¡se acabó!

Bueno, es que hay algo nuevo que no le he comentado...
¿Y es...? la psiquiatra tomaba notas con frenesí.
Este martes, todas las tartas han sido rojas...
¿Y?
Bueno, ¿no le parece raro?
¿Se lo parece a usted?
Pues sí. Parece otro síntoma de mi enfermedad, ¿no?
¿Es la primera vez que ocurre? Quiero decir, ¿las tartas de la semana pasada eran todas azules o verdes? ¿Y las de la semana anterior amarillas?
No, señora. Eran variadas en tamaño, forma y color...
Y esta semana han salido todas rojas... ¿correcto?
Sí. Del mismo color, tamaño y forma. Y eso me preocupa, sinceramente.
De qué forma son las de esta semana, redondas, cuadradas...? -seguía escribiendo aprisa, sin levantar la vista del cuaderno.
Tienen forma de corazón  eplicó ella enrojeciendo. 
La doctora pega un bote en la silla. Esta vez deja de escribir y mira a su paciente con pasmo maravillado.
Pero... ¡eso es fantástico!. Es ab-so-lu-ta-men-te maravilloso, ¿no se da usted cuenta del significado? 
Creo que no...
Corazón, rojo sangre... ¿No lo ve? Está sacando toda su pena por la marcha de sus hijas de casa (que al parecer es lo natural, aunque usted y yo sabemos que no lo es). Pero ¿no lo ve? Ahora todo son corazones rojos en su cocina, ahora todo está bien. Me reitero en lo dicho: ¡la semana que viene estará curada!
Bien, si usted lo dice....
Lo digo. Otras madres, ante la marcha de casa de los hijos, pierden la cabeza de verdad: se apuntan al club de tenis o de golf (deportes a los que nunca jugaron), o se dedican a jugar a las cartas todas las tardes, o a darles la lata a amigas y vecinas con los logros de los hijos, o a hacer interminables bufandas de lana como regalos de Navidad para ellos (que nunca les hicieron cuando las necesitaban de verdad), o a cocinar los platos preferidos de sus retoños una y otra vez (cosa que no hacían cuando los tenían en casa)... O peor, a aprender flamenco, por Dios, ¡con sus edades! ¡Usted se limita a hacer quince o veinte tartas rojas, por todos los santos! ¿Qué tiene eso de raro? Si me dijera usted que después de hacerlas se las come, quizás me preocupara. Pero no es el caso, solo hace tartas.

Y a pintar, ya sabe... le recuerda ella.
Síiiiii. Y hablando de lo otro: ¿cuántas meninas ha pintado esta semana?
La psiquiatra pasa la hoja de su cuaderno y se apresta a tomar notas bajo el epígrafe "Meninas".
Dieciséis...
¡Bien! ¡Pero que muy bien! ¿Óleo, acrílicos, técnica mixta...?
Acrílicos...
¿Lo ve? ¿Lo ve, mujer? ¡Esto está chupado! El miércoles anterior fueron óleos, lo que me decía que usted estaba aún tratando de negar la marcha de sus hijas mediante el cuidado y preciosismo que requiere la técnica del óleo, a más de lo que tardan en secar. Es decir, que se eternizaba en terminar la menina que tuviera en marcha, con lo que retrasaba todo el proceso de la despedida y su curación. Y mucho peor aún era la semana ante-anterior, cuando las hacía con técnica mixta; tanta tela y recortes, tanta mexcla de pintura y pegamín... la doctora no cabía en sí de gozo. Recuerde que tardaba, según tengo aquí anotado, siete semanas en hacer cuarenta meninas; todas ellas bebés, por cierto. Y vestidas de rosa.
La psiquiatra hizo unas anotaciones rápidas en su cuaderno y preguntó:
Por cierto, ¿las meninas siguen siendo bebés? Porque eso sí es importante...
No... otra vez enrojece. Esta vez fue distinto...
¿Y bien? ¿Cuál era el tema de las últimas dieciséis?
Uuuummmm... -ella duda un momento-. Bien, el caso es que todas van vestidas con un corpiño de cuero rojo y medias de rejilla negras. Con costura. Llevan botas y... un látigo.
¿Las botas son altas o son botines? ¿Las costuras de las medias salen derechas o torcidas?
Eh... Botas altas, claro. Hasta la rodilla. De charol.
Pero... pero... ¡eso es excepcional! exclama emocionada la doctora. ¡Ha liberado su sexualidad a la par que ha dejado marchar a sus hijas! Jamás, y estoy siendo literal, jamás de los jamases he tenido una paciente que se haya curado simultáneamente de una psicosis tártara a la vez que de un síndrome meninero. Se lo juro. Es algo absolutamente histórico en el mundo de la psiquiatría, señora Valdés. La felicito por la perseverancia y empeño en su curación. Eso no lo veo todos los días. La gente es muy dejada con respecto a sus problemas mentales; se cierran en banda y piensan que ya se curarán solos. Usted, en cambio, pasa a la acción...¡Ja, y de qué modo!
Pero estuve dos días pintando sin parar; ¡dormí solo tres horas de las cuarenta y ocho que tardé en pintar las dieciséis...!
¡Bahhh! ¿Y quién necesita dormir? Ya dormirá cuando se muera. Se hartará de descansar, créame... Está usted cada día mejor, ¡esto marcha de maravilla!

Y  Y  Y
¿Qué te ha dicho la doctora? 

La llamada de cada tarde de su amiga Cari era lo único que le quedaba de su antigua vida.
Que estoy estupenda. La semana que viene estaré ya curada.
¿Así, de repente, la semana que viene curada?
No de repente, que llevo cuatro semanas de tratamiento.
Lo dices como si llevases años de terapia... ¿Cuántas tartas hiciste el martes?
Solo once contesta a la defensiva.
Ya. ¿Y eso le parece a la doctora normal?
No. Le parece ex-cep-cio-nal.
A mí también, pero no me parece un síntoma de curación inmediata. Si hubieras bajado a dos, o incluso a tres...
Dice que lo importante es la enormidad de los escalones que bajo.
Ya. ¿Y no vas a pedir una segunda opinión médica?
¿Para qué?
Por si quieres quedarte más tranquila respecto al diágnostico y al tratamiento...
Estoy tranquila: no tengo cáncer, ni leucemia ni me han cortado las piernas por diabetes 3...
Bueno, llevas razón, pero aún así...
Cari, es que no te lo he dicho todo: también he liberado mi sexualidad.
¿Te has acostado con ese imbécil?

No: he pintado diceiséis meninas dominatrix. Eso es un dato contundente.
Desde luego lo es.
Bueno, te dejo que tengo prisa.
¿A dónde vas?
A hornear tres tartas verdes.
¿Y por qué verdes? ¿Y por qué tres?
Cuanto antes las hornee antes me curaré. Son ocho menos que las diecinueve anteriores y deciséis menos que la semana ante-anterior; y son verdes porque me da la gana.
Oye, ¿me tomas el pelo?
No, es que tengo prisa en curarme; quiero dejar ya la terapia. Si te digo la verdad, creo que esta doctora está como una cabra. Cuanto antes acabe con esta historia, antes me dirá que hemos terminado y correré menos riesgos de contagiarme de su locura.
Pero...
Luego te llamo.
Y colgó de camino a la cocina. Cuanto antes acabara con las tartas verdes, mejor. Estaba harta de esta mierda psico-tártara...






martes, 5 de noviembre de 2013

Cómo sobrevivir a las 7 fases del matrimonio (según las mujeres)

La mayoría de nosotras se casará.
Nadie puede prometernos que durará.
Nuestro amor puede estar en otras personas,
pero nuestra seguridad está en nosotras mismas.
Nancy Fraiday

La felicidad es genética... y contagiosa.

Según una investigación llevada a cabo por Jan-Emmanuel De Neve, de la Escuela de Ciencias Económicas y Políticas de Londres, cuyas conclusiones se publicaron el 6 de Mayo de 2011 en el Journal of Human Genetics, la gente tiende a ser más feliz si posee una más eficiente versión del gen 5-HTT, un gen que regula el transporte de la serotonina en el cerebro. Este estudio es el primero que demuestra un enlace directo entre una condición genética específica y la felicidad de la persona (medida por su satisfacción vital).


La investigación dirigida por De Neve examinó datos genéticos de más de 2.500 participantes voluntarios (conejillos de Indias humanos, para entendernos), una muestra de población representativa en los Estados Unidos. En concreto, este estudio se enfocaba en qué variante funcional del gen 5-HTT poseían estos voluntarios sometidos al estudio. Y estas variantes (la corta o la larga) tienen mucho que ver con la felicidad conyugal. 

Dicen las estadísticas (algunas de ellas son serias) que un hombre casado vive mas y mejor que un hombre solo, y que una mujer divorciada o viuda rejuvenece diez años en cuanto se despareja...

¿Jelóuuuu? ¿No es igual de bueno el matrimonio para chicos y para chicas? ¿A las chicas nos perjudica más a la larga? Si rejuvenecemos al enviudar o divorciarnos, es de lógica pensar que si no lo hacemos moriremos diez años antes de lo que lo haríamos estando sueltas... Uuummmm...

Nuestras abuelas decían que si pasabas el año séptimo del matrimonio con éxito tenías asegurada la felicidad conyugal para toda la vida y que, en realidad, en el matrimonio solo existían dos acontecimientos importantes: la boda y el funeral. Bueno, eso me parece simplificar muchísimo.

Ahora, los estudiosos del matrimonio profundizan un poquito más y dicen que no son siete los años que hay que pasar con éxito para garantizar el resto, sino que son siete los estadios (reales) del matrimonio que hay que pasar de la mejor manera posible para asegurar el éxito del mismo (y eso no garantiza nada, solo aseguran mejores posibilidades de conseguirlo). Estos estadios, además, no son consecutivos sino que están, a veces,  muy desordenados... Veamos cuáles son y cómo sobrevivir a ellos:

La fase ¡Ni siquiera conozco a mi marido! Según dice de forma concluyente el estudio de De Neve, nuestros genes determinan en parte nuestra futura felicidad conyugal. Las personas con una variante más corta del gen 5-HTTLPR, también denominado el gen de la felicidad, tienden a pensar que su matrimonio se parece mucho a la montaña rusa: cuando hay demostraciones de afecto y mucho humor, se sienten felices; cuando aparece el malhumor o el estrés, su satisfacción conyugal se viene abajo. Tiene cierto sentido estar menos satisfechos cuando vemos todo lo negativo de nuestra pareja (¿habremos elegido mal?). En cambio, las personas con la versión más larga de esta variante genética siempre ven la cara más brillante de su estado conyugal y se sienten menos influenciados y preocupados por las subidas y bajadas emocionales de su pareja. Puede resultar violento pedir un estudio genético que revele la longitud de las patitas del 5-HTT de nuestro amado, pero deberíamos hacerlo. ¡Nos jugamos mucho! Pero no lo haremos...
¿Qué hacer? Pues tenemos que alargar las patitas de ese gen nuestro por cualquier medio que podamos. Hay investigaciones que han demostrado sobradamente que podemos alterar tanto nuestro ADN como nuestro ritmo cerebral mediante la relajación. Las ondas alfa, un recuerdo positivo de lo que te enamoró de él, meditación a tu gusto (oriental, occidental, paseando, escuchando música, bailando flamenco, dando un pasito atrás en las situaciones de estrés, etc.) y una firme disposición a no perder la paz de espíritu, harán menos probable que te sientas personalmente aludida por los estados de ánimo de tu cónyuge. Recuerda que él desea lo mismo de la vida que tú: ser feliz y evitar el sufrimiento (aunque algunos hombres lo hacen por caminos que parecen los de Dios: inexcrutables).

La fase ¡Esto es mejor que el chocolate! No necesitas dormir, adelgazas sin tener que ponerte a dieta, o tu amiga estrella tu coche y le dices que no se preocupe que, en realidad, no necesitas un coche para nada. Mientras el resto del mundo se queja, tú sonries y pareces tonta. Tus pensamientos, por otra parte, están completa y perpetuamente enfocados en el objeto de tu amor: tu cónyuge. Otra falsa alarma, porque este estadio no dura para siempre una vez que llega. Así es la vida...
¿Qué hacer? Disfruta la dulzura del momento... pero sé cabal. Este estadio dura un tiempo más bien corto. Practica buenas costumbres conversacionales (que necesitarás pronto): expresa tus opiniones y deseos amablemente y con claridad. Sé asertiva. Mantente firme. No te disperses y saca lo mejor de tu pareja.

La fase No sabía que podías ser tan "lo peor". Esta es la fase en la que entras al principio de la convivencia cuando, de repente, descubres todos esos hábitos de tu contrario que él había conseguido esconderte durante la fase del "salimos juntos" en la que se incluyen fines de semana y vacaciones cortas pasando las 24 horas en mutua compañía.
¿Qué hacer? Te conviene encontrar el equilibrio entre el perdón (sí, sí, como lo oyes), la paciencia y las exigencias amables pero firmes de un cambio en esos indeseables hábitos. No te desgastes criticando cosas sin importancia y céntrate en conversaciones acerca de los asuntos importantes. Considera estas charlas como una experiencia de apredizaje más que como un castigo y ejercítalas con deportividad (sin rendirte). Las volverás a necesitar pronto.

La fase El matrimonio es una bendición de Dios. Según un estudio reciente llevado a cabo con más de dos mil parejas casadas, el tercer año del matrimonio se alzó como el más feliz. Algunas parejas experimentan esta bendición antes, algunos después y algunos dicen que esta fase bendita dura más de un año (¡guauuu!). Esta es la fase en la que las discusiones sobre cómo decorar la casa o qué hacer con la tapa del wc dan paso a una rutina confortable para ambos cónyuges.
¿Qué hacer? No dejes de afinar tus hábitos de comunicación. Aunque el peligro parezca haber pasado, estas habilidades conversacionales te van a hacer falta muy, muy pronto. Aprende a pedir lo que quieres con claridad, sin emitir juicios y con tono afectuoso. Practica también el arte de escuchar.

La fase Pero ¿en qué estaría yo pensando cuando me casé? En ese mismo estudio en el que el año 3 se alzó con la copa de la felicidad marital, el año 5 ganó por goleada como el más difícil y complicado (sobre todo si había por medio bebés o exigencias laborales que causasen fatiga, cansancio y/o estrés).
¿Qué hacer? Aprende a distinguir entre el malhumor del otro debido a la fatiga y al estrés y la irritación dirigida específicamente a tu excelsa persona. Para el primer caso, deberás tomar medidas para ayudar a tu cónyuge a superar el estrés (quizás se impone una cita en el dormitorio) y aprender a decir con absoluta falta de emoción algo como "Vaya, ese comentario pincha. ¿Estás enfadado conmigo?". En cuanto al segundo caso, que la irritación sea contigo directamente, no escondas las cosas bajo la alfombra: suelen salir más adelante cuando peor te viene. Habla acerca del tema abiertamente y utiliza tu enorme creatividad para solucionar el problema.

La fase ¡Ahí te quedas contreras! Esta es la fase en la que, según con qué hombre te hayas emparejado, contemplas el lesbianismo como una alternativa razonable y para nada loca. Tus fantasías acerca de las bondades del divorcio se disparan y te recreas en ellas varias veces al día. Piensas mucho en lo mejor que era todo cuando... Pero muchas mujeres afirman que si logras atravesar esta fase y ver el otro lado del siniestro, acabas con una larga y afectuosa relación de compañerismo que puede durar el resto de tu vida. Yo no tuve la paciencia necesaria ni la perseverancia que requiere atravesar esta fase, así que no sé si es verdad por experiencia propia, solo por lo que me cuentan las mujeres que siguen casadas... :-)
¿Qué hacer? Las mujeres que lo han conseguido dicen que el simple hecho de leer cuanto libro pilles acerca de la mejora en las relaciones maritales ayuda y funciona. Algunas afirman que esa única estrategia salvó sus matrimonios. Tienes que tener en cuenta que tu cónyuge puede ser de esos hombres que consideran los consejeros matrimoniales o los psicólogos especializados en relaciones como fraudes vivos, y puede no estar muy dispuesto a las sesiones semanales para oír que otro le diga lo que tiene que hacer...

La fase ¡Qué tranquilidad! ¿Será cierto?  Nunca experimenté esta fase, así que hablo únicamente por expriencias ajenas. Al parecer, este estadio puede durar de varios meses a muchos años pues tu matrimonio ha mejorado enormemente pero... tú aún te sientes algo susceptible y con dudas acerca de si al final lo conseguiréis.
¿Qué hacer? La nueva psicología americana de la felicidad y del pensamiento positivo aconseja llevar un diario y documentar los momentos felices y las razones por las que aprecias a tu cónyuge así como otras evidencias de que tu matrimonio va mejor de lo que crees. Este archivo diario te ayudará, al parecer, a ver la continua mejora que ambos estáis llevando a cabo de manera que te sentirás menos dispuesta a siniestralizar en los momentos en que alguno de los dos meta la pata (cosa que haréis, ni lo dudes).

Y si al final no lo conseguís, tendrás la satisfacción de que has luchado por lo que creías que era bueno para ti, pero la vida te tenía reservada otra cosa: una vida larga y fructífera de la que desaparecen tubos de pasta de dientes despachurrados, tapas de wc levantadas (y manchadas), calzoncillos tirados justo a diez centímetros de la cesta de ropa sucia, domingos de fútbol, explicaciones y ruegos con negociación acerca de las cortinas del salón, el color de las paredes del aseo de cortesía. Y lo mejor de todo, el sueño de Virginia Woolf: una habitación propia. Y tus hijos, si decidiste tenerlos.

Que todo tiene su lado positivo y hay que buscarlo.



lunes, 14 de octubre de 2013

Otros Kereres: Cuando una hija tuya se enamora... y te lo cuenta.


Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida, deseosa de si misma. 

No vienen de ti sino a través de ti 
y aunque estén contigo no te pertenecen.
Puedes darles tu amor pero no tus pensamientos,
ellos tienen sus propios pensamientos. 


El Profeta, de Khalil Gibran




Siempre me apresuro a señalarles a mis hijas, punto por punto, todos los defectos que veo en sus novios. Entendedme, hasta ahora todos los pretendientes de mis niñas de los que he tenido noticia me han caído bien sin excepción. Pero como yo no estoy enamorada de ellos y no llevo venda en los ojos, soy absolutamente objetiva. 
El que expongan a tu niña a las incle-
mencias del tiempo ya dice todo...

Además, como soy justa  les señalo también las cualidades de sus chicos (todos tienen algunas, es cierto). No sé por qué, pero siempre salen ganando los que ya no están; eso nunca falla. Mis hijas dicen que es porque ya no los considero una amenaza real a su felicidad y a los actuales sí; pero yo creo que no es eso; yo creo que ellas se ciegan con el presente y no son tan objetivas como yo. En fin...

Entre sus muchas cualidades, mis hijas son muy valientes: no solo tienen que pasar el mal trago de conocer a suegros potenciales y salir exitosas del examen, sino que tienen que pasar por "la conversación" conmigo:

-Quiero deciros que tengo novio- la reunión es en la cocina, y una de mis hijas nos ha convocado a su tía, a su hermana y a mí.
-Pues a mí me gusta más Pietro- digo de inmediato.
-Pues a mi me gustaba más Pietro- dice de inmediato su tía.
-Yo creo que Prieto era perfecto para ti- dice su hermana.
-¡Pero si no sabéis todavía ni quién es mi novio!- exclama la enamorada dolida e indignada.
-Ya, pero me gusta más Pietro- me mantengo firme porque acabo de decidir que quiero a Pietro de nuero, y a ningún otro.
-Ya, pero a mí me gusta más Tom...- ahora la que se mantiene firme es ella.
-¡Ah, un exranjero?- pregunto irónica
-Mamá, Pietro tampoco es español...
-Ya, pero es distinto. Pietro es Pietro- y eso tiene una lógica aplastante-. ¿Y de dónde es exactamente el doncel?
-Pues vive en Brasil pero...
-¿Brasil? ¿Has perdido la cabeza? Que sepas que ningún juez ni loco ni atado te dejará sacar a los niños del país cuando te separes. Vamos, que ni se plantearán separarlos del padre; y allí te quedas atada, sola con tus hijos, sin nadie que te eche una mano cuando necesites a tu familia. ¿Y qué hacemos entonces? ¿Eh? Porque son cosas que pasan todos los días. Mira la hermana de mi amigo Pablo, destrozada y sola con los niños. Y ella está en Suiza, que no son quince horas de viaje como Brasil... ¡Y eso viviendo en la capital!
-Tranquilízate, mamá- me dice mi otra hija templando gaitas.

¡Claro como no es su hija la que pretende irse al fin del mundo y separarse del marido a quince horas de distancia de ella! Parece mentira que se ponga de parte de su hermana y un completo desconocido, que a saber qué quiere de mi hija, porque esa es otra. Anda que no habrá novias en Brasil para él... Seguro que es un tarado y no ha encontrado algo más cerca.

-Bueno, mamá- dice la enamorada, sonriendo-, no sé si me voy a casar, y no sé si voy a tener hijos, ni si los voy a tener con él. Es un poco pronto para decirlo, ¿no?
-No, esas cosas hay que pensarlas bien. No te puedes ir a Brasil a vivir con él, y menos hacerlo oficial firmando papeles. Pero ¿tú te das cuenta de en lo que te estás metiendo?

Mi terror aumenta por momentos. ¿Qué va a ser de mi hija y de sus hijos, criaturitas, cuando el matrimonio se vaya a pique?

Ella se mantiene firme en su gusto por Tom. Ahora que lo recuerdo, ni siquiera le he preguntado que qué había visto en él ni dónde se han conocido ni si gana lo suficiente para mantenerla como una reina que es como ella se merece... Pobre.

-En cualquier sitio de Europa donde vivas estamos a dos horas de avión, pero en cualquier otro continente es una locura- le digo. (Empiezo a aflojar; ahora, con Tom por medio, hasta Laponia me parece razonable).

Pero tengo otra estrategia -también muy buena- que he usado con insistencia con mi otra hija, con el mismo fin: su felicidad, de la que sé yo más que ella misma. No ha funcionado, pero hubiera sido genial que lo hiciera:

-Mamá, esta noche salgo... -me dice con más frecuencia de la que me gusta.
-¿Con quién?
-Con todos.
-¿Vuelves tarde? -tarde es mucho después de las cuatro de la mañana pero antes de que abran el puto metro.
-Sí, pero no te preocupes que me acompaña Josito -me dice encantada de poder tranquilizarme.
-Ah, entonces ¡fenomenal!

¿Cómo explicar lo que es un Josito para una madre? El ideal total de la muerte para la felicidad segura de tu hija: gracioso, divertido, espabilado, bien educado, agadabilísimo trato, trabajador, sensato, cuidador nato de sus amigas, ha sentado cabeza después de su época de punto justo de gamberrismo, puedes hablar con él de lo que quieras, vive cerca de casa, quiere a mi hija a rabiar y está sisempre vigilante de con quién sale... En fin, el ideal.

-Me encanta Josito- le digo, tanteando.
-Sí, ¿verdad?-. Y sonríe. Una llamita de esperanza se enciende en mi barriga, pellizcándola.
-¡Qué gracia si al final acabáseis siendo novios! Es taaaannn divertido....- digo envalentonada.
-Sí, su madre dice lo mismo; le encantaría que fuésemos novios- contesta ella.

Ains, qué poco habla esta niña... Al final no aguanto y entro a matar:

-¿Y?
-Pero, qué dices, mamá, ¡si es mi mejor amigo! -y así se cierra el tema.

Pero, ¿por qué no se darán cuenta los hijos de que las madres sabemos mejor lo que es para ellos en el terreno amoroso?

Es verdad que tu mejor amigo no es tu novio ideal cuando eres joven (por qué no? I wonder). Dice Erica Jong que tu mejor amigo es tu mejor marido potencial... después de los cincuenta. ¡Lástima!

Aunque si la madre de Josito y yo estamos de acuerdo incluso sin conocernos personalmente (es decir, que pasaríamos por casi cualquier cosa con tal de que nuestros niños se ennovien), quizás haya aún posibilidades... Digo.

En contra de lo que piensa el maravilloso artista libanés afincado en los USA -que en paz descanse- mis hijas son mías. ¿Que no puedo darles mis pensamientos? ¡Ja! Y no se hable más.

Aunque otra cosa es que ellos los cojan...







jueves, 10 de octubre de 2013

Kereres Verdaderos: ¡Al fin solos?

El matrimonio es una ciencia que nadie estudia.
Sofía Arnould

Pensamos que el matrimonio se sostendrá con el enamoramiento por siempre jamás, o por la gracia de Dios, aún sin saber:


1) en qué se basa nuestro enamoramiento;
2) que el enamoramiento propiamente dicho dura de 18 a 36 meses;
3) que es, básicamente, química desprendida por el cerebro para evitar la extinción de la especie; y
4) que puede armarse un buen lío porque en muchísimas ocasiones confundimos enamoramiento con amor.


Pero, y si no son lo mismo, ¿qué es el enamoramiento? Pues es algo muy simple; desde luego, un concepto mucho más simple que los de amor y matrimonio... (con matrimonio siempre me refiero a pareja más o menos estable, con papeles o sin ellos). 
Johnny y June Cash,  ¿en la cuerda floja?


*     *     *


El enamoramiento es, ni más ni menos, un proceso bioquímico que se origina -de forma repentina, o casi- en el córtex cerebral y continúa su camino por el sistema endocrino, donde finalmente se convierte en respuestas fisiológicas nada fiables  y en ocasiones muy peligrosas (aunque de mucho valor para la propagación de la especie, a qué engañarnos).


Las respuestas fisiológicas no son fiables porque en este estado primario de enamoramiento no conocemos -o conocemos muy malamente- las cualidades y los aspectos de personalidad del otro pero nos convencemos de que hemos encontrado al hombre/la mujer de nuestra vida, nuestra alma gemela. O peor... nuestra media naranja. Nos esforzamos por ver en el contrario a alguien que desea -y tiene la capacidad cognitiva y emocional necesaria para- entendernos, retribuir el afecto y el cuidado que le ofrecemos, compartir nuestro día a día y comer perdices con nosotros por siempre jamás. Es tal el estado de alegría y embelesamiento que nos invade ante esta maravillosa perspectiva que  no es de extrañar que lo confundamos con el amor.


Esa atracción física y ese embelesamiento (los dos juntos = enamoramiento) son inconscientes y, desde luego, inexplicables a los ojos de quien los vive (y de las madres de ellos).  En realidad son únicamente una serie de señales sensoriales -principalmente olfativas y visuales- las responsables de esa necesidad imperiosa de acercarse a ese otro que, un segundo antes, era un extraño (y no te engañes: lo sigue siendo). ¡Peligro!


Y es peligroso, porque la Naturaleza nos dió esa capacidad de embelesamiento para, precisamente, mantener al humano sobre el planeta Tierra. Al margen de nuestras creencias religiosas, sociales, de interés personal u obediencia al clan, creo que para ella (la Naturaleza) sería suficiente con que folláramos alegremente, engendráramos hijos y los pariéramos, cuidando luego de mantenerlos vivos y saludables para que, pasado el tiempo necesario, ellos follaran alegremente, engendraran hijos y los parieran... y etc.

No creo en ningún caso que la Naturaleza se preocupe de que sigamos juntos para siempre jamás con nuestro primer compañero de cama (ya que siempre podríamos engendrar y parir hijos con otros/otras y fuera el peligro de extinción). Tampoco creo que Dios haya impuesto la tarifa amorosa única y deje sin acceso al paraíso a mormones, musulmanes y quién sabe cuántos creyentes distintos a nosotros más.

Pero nosotros nos empeñamos en creer -durante ese primer período, que luego se nos cae la venda a los que estábamos equivocados- que sí, que sí, que sí, que ese es el verdadero, el único amor, el creado exclusivamente para nos. Es muy posible que tanto Dios como la Naturaleza se alegren por nosotros si resulta que es como lo habíamos soñado, pero no creo que pierdan ni un minuto de paz si no es así al final. Con la mano en el corazón, creo que les importa un pito que sigamos con la misma persona hasta el final de los tiempos o cambiemos de pareja nunca o cada tanto. Sinceramente, si yo fuera la naturaleza o Dios, me importaría más que mis chicos estuviesen felices que casados.

Por lo tanto, es fundamental que el enamoramiento sea algo ciego para crear la situación ideal para la multiplicación de los humanos en este planeta. Además, eso le da romanticismo al asunto, que a los humanos nos importa mucho. Pero, como para algo desarrollamos conciencia y sentido (or something like that), no deberíamos empeñarnos en cerrar los ojos del todo. Es muy posible que saliéramos corriendo si viésemos todas las cualidades del objeto de nuestro embeleso de golpe y porrazo durante el primer minuto del encuentro, así que está bien que imaginemos algunas, pero siempre conscientes de que hay mucho por descubrir y que puede que no sea oro todo lo que reluce en ese momento.

En definitiva, el enamoramiento en su fase álgida no debería ser ciego sino tuerto. De esa forma nos serían revelados, poco a poco, misterios importantes que, al serlo, nos ahorrarían a la larga roturas de corazón y no pocos quebraderos de cabeza.

Y entonces, ¿qué hay del amor?

Bueno, eso es algo mucho más serio. Creo que el verdadero amor de pareja es un ejercicio de voluntad diario, como la felicidad, la fe, la educación de los hijos, la práctica de nuestra espiritualidad, la forja de nuestra vida profesional (sea ésta la que sea) y todas las otras cuestiones importantes de la vida. Como en todo lo demás, en el amor la suerte no existe; te la haces a base de razón, corazón y pasión. Y esas tres cosas tienen que estar muy equilibradas (no es mi caso, pero es lo que debería ser).

Por lo que he hablado con parejas excepcionales que tengo la suerte de conocer y en su día envidié, he sacado mis propias conclusiones basándome en las coincidencias de estas parejas de pro: el asunto pasa por varias condiciones imprescindibles para ser exitoso a la larga. Si estás lo suficientemente seguro de que esa persona es la que eliges para el resto de tu vida (y puedes cambiar de idea en cuanto te parezca oportuno), ten en cuenta estos aspectos:

  1. Si tú no estás contento contigo y con tu vida, nadie va a cambiar eso (bueno, puede convertirse en algo peor, pero nunca mejor). Es cierto que durante el enamoramiento ciego lo parece siempre; pero desengáñate, no es así. Nadie es responsable de tu felicidad ni tú eres responsable de la de nadie (por suerte). Si ya eres feliz, un buen matrimonio aumentará considerablemente esa felicidad tuya, es indudable; pero si no lo eres, ese mismo matrimonio puede convertir tu vida en un infierno.
  2. Recuerda que  no es obligatorio que te cases con tu primer novio (de hecho, casi nadie lo hace), ni con el segundo solo porque estén los primeros de la fila.
  3. Tú eres tú y el otro es el otro pero queréis estar juntos. No hay medias naranjas, todos somos naranjas enteras. Y lo de ser almas gemelas no pasa por abandonar tu vida para vivir la de tu cónyuge o cónyuja (¿?). Es divertido tener aficiones comunes, pero lo sano es que también haya aficiones no comunes; es satisfactorio y necesario pasar tiempo juntos, pero es sano pasar tiempo a solas y con otras personas (ya sabes, los partidos de fútbol de chicos y las noches de amigas; clases de cocina o de macramé; tiempo de ferreterías; irte de viaje con tu madre o con tus hermanas, etc.). Si no te invita a que le acompañes a Leroy Merlin es que quiere ir solo. Si no te invita a la cena del 40 cumple de Paula, es que quiere ir sola. No es nada personal, de veras.
  4. Cuando aparecen los defectillos pasado el enamoramiento, y si te queda la seguridad de que esa es la persona con la que quieres estar a pesar de sus legañas matutinas o de que no habla recién levantado/a, recuerda por qué te enamoraste de él/ella. Cuestión de actitud. Ahora es el momento de taparse los ojos con una venda siempre que los defectillos no pasen por faltas de respeto, maltrato psicológico o físico, ninguneo, etc. Si es así, desde luego no es el amor de tu vida, ni mucho menos (y si lo es, tienes un problema serio).
  5. Lo que te quita la paz no es de Dios. Aunque tu pareja sea también hijo de Dios (que no dudamos de que es así), si te quita de forma consistente la paz el hecho de convivir con ese otro hijo de Dios, lo que no es de Dios es esa relación. Vamos, que no tienes obligación de sufrir a menos que te la impongas tú mismo.
  6. Un proyecto de vida en común y la paciencia y sabiduría necesarias (que las tenemos, aunque no las ejerzamos siempre) para llevarlo a cabo más o menos de acuerdo. Comunicación, negociación y relativización son tres ingredientes básicos para tener éxito en esta empresa (y si no, ya me lo contarás cuando vengan los hijos o ante un revés económico desestabilizante).
  7. Empéñate en crecer y deja que el otro crezca. A lo largo de los años, si seguís juntos, surgirán nuevos intereses en la vida de ambos que puede requerir de parte de ambos buena voluntad y mucha paciencia. Cambios de profesión, de religión o de país de uno o de ambos cónyuges son grandes cambios de vida que pueden generar estrés o ser motivos de alegría y aventura. Depende de la actitud. Sé flexible con el otro y exige que el otro también lo sea contigo; siempre existe una salida beneficiosa para ambos. No hay nada peor que la sensación de arrastrar dos vidas en esos tiempos en que bastante tienes con arrastrar una (la tuya)...
  8. Echadle sentido del humor. Siempre es posible y le quita mucho hierro a todos los asuntos "graves" de la vida.
  9. Tiempo a solas, citas románticas. No importa el tiempo que llevéis juntos, no dejéis que la familia haga desaparecer la pareja. Dejad los niños con amigos o canguros y salid a cenar, a bailar o al cine solos. Haced el tonto juntos y a solas de vez en cuando. 
Y no pongo más puntos porque doy por sentado la lealtad hacia el contrario (poneos de acuerdo en lo que significa eso para ambos :-D), el respeto mutuo, la voluntad de divertiros, el amor incondicional a los hijos, eliminar cualquier lucha de poder en la pareja, y cientos de cosas más que seguro que son importantes pero como hace mucho que no estoy casada se me han olvidado. Pero te digo desde ya que a mí esos amores locos de pasiones y odios, ni contigo ni sin ti, no me van nada. Los amores bipolares me parecen peligrosos y poco sensatos, aunque en el cine parecen muy entretenidos, eso sí es verdad...
 
Claro que la lista de lo que tienen que tener los que se quieran casar con mis hijas es larga como de aquí a Lima, y no se me olvida ni un punto de eso. Pero la carne de tu carne y la sangre de tu sangre es una cosa, y un cónyuge, por mucho que sea el tuyo, es otra... Aunque todo es compatible, y ahí están esas parejas excepcionales para demostrárnoslo. Mis felicitaciones a ellas por su voluntad, humor, pasión y ¿por qué no?, algún que otro sacrificio.