martes, 5 de noviembre de 2013

Cómo sobrevivir a las 7 fases del matrimonio (según las mujeres)

La mayoría de nosotras se casará.
Nadie puede prometernos que durará.
Nuestro amor puede estar en otras personas,
pero nuestra seguridad está en nosotras mismas.
Nancy Fraiday

La felicidad es genética... y contagiosa.

Según una investigación llevada a cabo por Jan-Emmanuel De Neve, de la Escuela de Ciencias Económicas y Políticas de Londres, cuyas conclusiones se publicaron el 6 de Mayo de 2011 en el Journal of Human Genetics, la gente tiende a ser más feliz si posee una más eficiente versión del gen 5-HTT, un gen que regula el transporte de la serotonina en el cerebro. Este estudio es el primero que demuestra un enlace directo entre una condición genética específica y la felicidad de la persona (medida por su satisfacción vital).


La investigación dirigida por De Neve examinó datos genéticos de más de 2.500 participantes voluntarios (conejillos de Indias humanos, para entendernos), una muestra de población representativa en los Estados Unidos. En concreto, este estudio se enfocaba en qué variante funcional del gen 5-HTT poseían estos voluntarios sometidos al estudio. Y estas variantes (la corta o la larga) tienen mucho que ver con la felicidad conyugal. 

Dicen las estadísticas (algunas de ellas son serias) que un hombre casado vive mas y mejor que un hombre solo, y que una mujer divorciada o viuda rejuvenece diez años en cuanto se despareja...

¿Jelóuuuu? ¿No es igual de bueno el matrimonio para chicos y para chicas? ¿A las chicas nos perjudica más a la larga? Si rejuvenecemos al enviudar o divorciarnos, es de lógica pensar que si no lo hacemos moriremos diez años antes de lo que lo haríamos estando sueltas... Uuummmm...

Nuestras abuelas decían que si pasabas el año séptimo del matrimonio con éxito tenías asegurada la felicidad conyugal para toda la vida y que, en realidad, en el matrimonio solo existían dos acontecimientos importantes: la boda y el funeral. Bueno, eso me parece simplificar muchísimo.

Ahora, los estudiosos del matrimonio profundizan un poquito más y dicen que no son siete los años que hay que pasar con éxito para garantizar el resto, sino que son siete los estadios (reales) del matrimonio que hay que pasar de la mejor manera posible para asegurar el éxito del mismo (y eso no garantiza nada, solo aseguran mejores posibilidades de conseguirlo). Estos estadios, además, no son consecutivos sino que están, a veces,  muy desordenados... Veamos cuáles son y cómo sobrevivir a ellos:

La fase ¡Ni siquiera conozco a mi marido! Según dice de forma concluyente el estudio de De Neve, nuestros genes determinan en parte nuestra futura felicidad conyugal. Las personas con una variante más corta del gen 5-HTTLPR, también denominado el gen de la felicidad, tienden a pensar que su matrimonio se parece mucho a la montaña rusa: cuando hay demostraciones de afecto y mucho humor, se sienten felices; cuando aparece el malhumor o el estrés, su satisfacción conyugal se viene abajo. Tiene cierto sentido estar menos satisfechos cuando vemos todo lo negativo de nuestra pareja (¿habremos elegido mal?). En cambio, las personas con la versión más larga de esta variante genética siempre ven la cara más brillante de su estado conyugal y se sienten menos influenciados y preocupados por las subidas y bajadas emocionales de su pareja. Puede resultar violento pedir un estudio genético que revele la longitud de las patitas del 5-HTT de nuestro amado, pero deberíamos hacerlo. ¡Nos jugamos mucho! Pero no lo haremos...
¿Qué hacer? Pues tenemos que alargar las patitas de ese gen nuestro por cualquier medio que podamos. Hay investigaciones que han demostrado sobradamente que podemos alterar tanto nuestro ADN como nuestro ritmo cerebral mediante la relajación. Las ondas alfa, un recuerdo positivo de lo que te enamoró de él, meditación a tu gusto (oriental, occidental, paseando, escuchando música, bailando flamenco, dando un pasito atrás en las situaciones de estrés, etc.) y una firme disposición a no perder la paz de espíritu, harán menos probable que te sientas personalmente aludida por los estados de ánimo de tu cónyuge. Recuerda que él desea lo mismo de la vida que tú: ser feliz y evitar el sufrimiento (aunque algunos hombres lo hacen por caminos que parecen los de Dios: inexcrutables).

La fase ¡Esto es mejor que el chocolate! No necesitas dormir, adelgazas sin tener que ponerte a dieta, o tu amiga estrella tu coche y le dices que no se preocupe que, en realidad, no necesitas un coche para nada. Mientras el resto del mundo se queja, tú sonries y pareces tonta. Tus pensamientos, por otra parte, están completa y perpetuamente enfocados en el objeto de tu amor: tu cónyuge. Otra falsa alarma, porque este estadio no dura para siempre una vez que llega. Así es la vida...
¿Qué hacer? Disfruta la dulzura del momento... pero sé cabal. Este estadio dura un tiempo más bien corto. Practica buenas costumbres conversacionales (que necesitarás pronto): expresa tus opiniones y deseos amablemente y con claridad. Sé asertiva. Mantente firme. No te disperses y saca lo mejor de tu pareja.

La fase No sabía que podías ser tan "lo peor". Esta es la fase en la que entras al principio de la convivencia cuando, de repente, descubres todos esos hábitos de tu contrario que él había conseguido esconderte durante la fase del "salimos juntos" en la que se incluyen fines de semana y vacaciones cortas pasando las 24 horas en mutua compañía.
¿Qué hacer? Te conviene encontrar el equilibrio entre el perdón (sí, sí, como lo oyes), la paciencia y las exigencias amables pero firmes de un cambio en esos indeseables hábitos. No te desgastes criticando cosas sin importancia y céntrate en conversaciones acerca de los asuntos importantes. Considera estas charlas como una experiencia de apredizaje más que como un castigo y ejercítalas con deportividad (sin rendirte). Las volverás a necesitar pronto.

La fase El matrimonio es una bendición de Dios. Según un estudio reciente llevado a cabo con más de dos mil parejas casadas, el tercer año del matrimonio se alzó como el más feliz. Algunas parejas experimentan esta bendición antes, algunos después y algunos dicen que esta fase bendita dura más de un año (¡guauuu!). Esta es la fase en la que las discusiones sobre cómo decorar la casa o qué hacer con la tapa del wc dan paso a una rutina confortable para ambos cónyuges.
¿Qué hacer? No dejes de afinar tus hábitos de comunicación. Aunque el peligro parezca haber pasado, estas habilidades conversacionales te van a hacer falta muy, muy pronto. Aprende a pedir lo que quieres con claridad, sin emitir juicios y con tono afectuoso. Practica también el arte de escuchar.

La fase Pero ¿en qué estaría yo pensando cuando me casé? En ese mismo estudio en el que el año 3 se alzó con la copa de la felicidad marital, el año 5 ganó por goleada como el más difícil y complicado (sobre todo si había por medio bebés o exigencias laborales que causasen fatiga, cansancio y/o estrés).
¿Qué hacer? Aprende a distinguir entre el malhumor del otro debido a la fatiga y al estrés y la irritación dirigida específicamente a tu excelsa persona. Para el primer caso, deberás tomar medidas para ayudar a tu cónyuge a superar el estrés (quizás se impone una cita en el dormitorio) y aprender a decir con absoluta falta de emoción algo como "Vaya, ese comentario pincha. ¿Estás enfadado conmigo?". En cuanto al segundo caso, que la irritación sea contigo directamente, no escondas las cosas bajo la alfombra: suelen salir más adelante cuando peor te viene. Habla acerca del tema abiertamente y utiliza tu enorme creatividad para solucionar el problema.

La fase ¡Ahí te quedas contreras! Esta es la fase en la que, según con qué hombre te hayas emparejado, contemplas el lesbianismo como una alternativa razonable y para nada loca. Tus fantasías acerca de las bondades del divorcio se disparan y te recreas en ellas varias veces al día. Piensas mucho en lo mejor que era todo cuando... Pero muchas mujeres afirman que si logras atravesar esta fase y ver el otro lado del siniestro, acabas con una larga y afectuosa relación de compañerismo que puede durar el resto de tu vida. Yo no tuve la paciencia necesaria ni la perseverancia que requiere atravesar esta fase, así que no sé si es verdad por experiencia propia, solo por lo que me cuentan las mujeres que siguen casadas... :-)
¿Qué hacer? Las mujeres que lo han conseguido dicen que el simple hecho de leer cuanto libro pilles acerca de la mejora en las relaciones maritales ayuda y funciona. Algunas afirman que esa única estrategia salvó sus matrimonios. Tienes que tener en cuenta que tu cónyuge puede ser de esos hombres que consideran los consejeros matrimoniales o los psicólogos especializados en relaciones como fraudes vivos, y puede no estar muy dispuesto a las sesiones semanales para oír que otro le diga lo que tiene que hacer...

La fase ¡Qué tranquilidad! ¿Será cierto?  Nunca experimenté esta fase, así que hablo únicamente por expriencias ajenas. Al parecer, este estadio puede durar de varios meses a muchos años pues tu matrimonio ha mejorado enormemente pero... tú aún te sientes algo susceptible y con dudas acerca de si al final lo conseguiréis.
¿Qué hacer? La nueva psicología americana de la felicidad y del pensamiento positivo aconseja llevar un diario y documentar los momentos felices y las razones por las que aprecias a tu cónyuge así como otras evidencias de que tu matrimonio va mejor de lo que crees. Este archivo diario te ayudará, al parecer, a ver la continua mejora que ambos estáis llevando a cabo de manera que te sentirás menos dispuesta a siniestralizar en los momentos en que alguno de los dos meta la pata (cosa que haréis, ni lo dudes).

Y si al final no lo conseguís, tendrás la satisfacción de que has luchado por lo que creías que era bueno para ti, pero la vida te tenía reservada otra cosa: una vida larga y fructífera de la que desaparecen tubos de pasta de dientes despachurrados, tapas de wc levantadas (y manchadas), calzoncillos tirados justo a diez centímetros de la cesta de ropa sucia, domingos de fútbol, explicaciones y ruegos con negociación acerca de las cortinas del salón, el color de las paredes del aseo de cortesía. Y lo mejor de todo, el sueño de Virginia Woolf: una habitación propia. Y tus hijos, si decidiste tenerlos.

Que todo tiene su lado positivo y hay que buscarlo.



lunes, 14 de octubre de 2013

Otros Kereres: Cuando una hija tuya se enamora... y te lo cuenta.


Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida, deseosa de si misma. 

No vienen de ti sino a través de ti 
y aunque estén contigo no te pertenecen.
Puedes darles tu amor pero no tus pensamientos,
ellos tienen sus propios pensamientos. 


El Profeta, de Khalil Gibran




Siempre me apresuro a señalarles a mis hijas, punto por punto, todos los defectos que veo en sus novios. Entendedme, hasta ahora todos los pretendientes de mis niñas de los que he tenido noticia me han caído bien sin excepción. Pero como yo no estoy enamorada de ellos y no llevo venda en los ojos, soy absolutamente objetiva. 
El que expongan a tu niña a las incle-
mencias del tiempo ya dice todo...

Además, como soy justa  les señalo también las cualidades de sus chicos (todos tienen algunas, es cierto). No sé por qué, pero siempre salen ganando los que ya no están; eso nunca falla. Mis hijas dicen que es porque ya no los considero una amenaza real a su felicidad y a los actuales sí; pero yo creo que no es eso; yo creo que ellas se ciegan con el presente y no son tan objetivas como yo. En fin...

Entre sus muchas cualidades, mis hijas son muy valientes: no solo tienen que pasar el mal trago de conocer a suegros potenciales y salir exitosas del examen, sino que tienen que pasar por "la conversación" conmigo:

-Quiero deciros que tengo novio- la reunión es en la cocina, y una de mis hijas nos ha convocado a su tía, a su hermana y a mí.
-Pues a mí me gusta más Pietro- digo de inmediato.
-Pues a mi me gustaba más Pietro- dice de inmediato su tía.
-Yo creo que Prieto era perfecto para ti- dice su hermana.
-¡Pero si no sabéis todavía ni quién es mi novio!- exclama la enamorada dolida e indignada.
-Ya, pero me gusta más Pietro- me mantengo firme porque acabo de decidir que quiero a Pietro de nuero, y a ningún otro.
-Ya, pero a mí me gusta más Tom...- ahora la que se mantiene firme es ella.
-¡Ah, un exranjero?- pregunto irónica
-Mamá, Pietro tampoco es español...
-Ya, pero es distinto. Pietro es Pietro- y eso tiene una lógica aplastante-. ¿Y de dónde es exactamente el doncel?
-Pues vive en Brasil pero...
-¿Brasil? ¿Has perdido la cabeza? Que sepas que ningún juez ni loco ni atado te dejará sacar a los niños del país cuando te separes. Vamos, que ni se plantearán separarlos del padre; y allí te quedas atada, sola con tus hijos, sin nadie que te eche una mano cuando necesites a tu familia. ¿Y qué hacemos entonces? ¿Eh? Porque son cosas que pasan todos los días. Mira la hermana de mi amigo Pablo, destrozada y sola con los niños. Y ella está en Suiza, que no son quince horas de viaje como Brasil... ¡Y eso viviendo en la capital!
-Tranquilízate, mamá- me dice mi otra hija templando gaitas.

¡Claro como no es su hija la que pretende irse al fin del mundo y separarse del marido a quince horas de distancia de ella! Parece mentira que se ponga de parte de su hermana y un completo desconocido, que a saber qué quiere de mi hija, porque esa es otra. Anda que no habrá novias en Brasil para él... Seguro que es un tarado y no ha encontrado algo más cerca.

-Bueno, mamá- dice la enamorada, sonriendo-, no sé si me voy a casar, y no sé si voy a tener hijos, ni si los voy a tener con él. Es un poco pronto para decirlo, ¿no?
-No, esas cosas hay que pensarlas bien. No te puedes ir a Brasil a vivir con él, y menos hacerlo oficial firmando papeles. Pero ¿tú te das cuenta de en lo que te estás metiendo?

Mi terror aumenta por momentos. ¿Qué va a ser de mi hija y de sus hijos, criaturitas, cuando el matrimonio se vaya a pique?

Ella se mantiene firme en su gusto por Tom. Ahora que lo recuerdo, ni siquiera le he preguntado que qué había visto en él ni dónde se han conocido ni si gana lo suficiente para mantenerla como una reina que es como ella se merece... Pobre.

-En cualquier sitio de Europa donde vivas estamos a dos horas de avión, pero en cualquier otro continente es una locura- le digo. (Empiezo a aflojar; ahora, con Tom por medio, hasta Laponia me parece razonable).

Pero tengo otra estrategia -también muy buena- que he usado con insistencia con mi otra hija, con el mismo fin: su felicidad, de la que sé yo más que ella misma. No ha funcionado, pero hubiera sido genial que lo hiciera:

-Mamá, esta noche salgo... -me dice con más frecuencia de la que me gusta.
-¿Con quién?
-Con todos.
-¿Vuelves tarde? -tarde es mucho después de las cuatro de la mañana pero antes de que abran el puto metro.
-Sí, pero no te preocupes que me acompaña Josito -me dice encantada de poder tranquilizarme.
-Ah, entonces ¡fenomenal!

¿Cómo explicar lo que es un Josito para una madre? El ideal total de la muerte para la felicidad segura de tu hija: gracioso, divertido, espabilado, bien educado, agadabilísimo trato, trabajador, sensato, cuidador nato de sus amigas, ha sentado cabeza después de su época de punto justo de gamberrismo, puedes hablar con él de lo que quieras, vive cerca de casa, quiere a mi hija a rabiar y está sisempre vigilante de con quién sale... En fin, el ideal.

-Me encanta Josito- le digo, tanteando.
-Sí, ¿verdad?-. Y sonríe. Una llamita de esperanza se enciende en mi barriga, pellizcándola.
-¡Qué gracia si al final acabáseis siendo novios! Es taaaannn divertido....- digo envalentonada.
-Sí, su madre dice lo mismo; le encantaría que fuésemos novios- contesta ella.

Ains, qué poco habla esta niña... Al final no aguanto y entro a matar:

-¿Y?
-Pero, qué dices, mamá, ¡si es mi mejor amigo! -y así se cierra el tema.

Pero, ¿por qué no se darán cuenta los hijos de que las madres sabemos mejor lo que es para ellos en el terreno amoroso?

Es verdad que tu mejor amigo no es tu novio ideal cuando eres joven (por qué no? I wonder). Dice Erica Jong que tu mejor amigo es tu mejor marido potencial... después de los cincuenta. ¡Lástima!

Aunque si la madre de Josito y yo estamos de acuerdo incluso sin conocernos personalmente (es decir, que pasaríamos por casi cualquier cosa con tal de que nuestros niños se ennovien), quizás haya aún posibilidades... Digo.

En contra de lo que piensa el maravilloso artista libanés afincado en los USA -que en paz descanse- mis hijas son mías. ¿Que no puedo darles mis pensamientos? ¡Ja! Y no se hable más.

Aunque otra cosa es que ellos los cojan...







jueves, 10 de octubre de 2013

Kereres Verdaderos: ¡Al fin solos?

El matrimonio es una ciencia que nadie estudia.
Sofía Arnould

Pensamos que el matrimonio se sostendrá con el enamoramiento por siempre jamás, o por la gracia de Dios, aún sin saber:


1) en qué se basa nuestro enamoramiento;
2) que el enamoramiento propiamente dicho dura de 18 a 36 meses;
3) que es, básicamente, química desprendida por el cerebro para evitar la extinción de la especie; y
4) que puede armarse un buen lío porque en muchísimas ocasiones confundimos enamoramiento con amor.


Pero, y si no son lo mismo, ¿qué es el enamoramiento? Pues es algo muy simple; desde luego, un concepto mucho más simple que los de amor y matrimonio... (con matrimonio siempre me refiero a pareja más o menos estable, con papeles o sin ellos). 
Johnny y June Cash,  ¿en la cuerda floja?


*     *     *


El enamoramiento es, ni más ni menos, un proceso bioquímico que se origina -de forma repentina, o casi- en el córtex cerebral y continúa su camino por el sistema endocrino, donde finalmente se convierte en respuestas fisiológicas nada fiables  y en ocasiones muy peligrosas (aunque de mucho valor para la propagación de la especie, a qué engañarnos).


Las respuestas fisiológicas no son fiables porque en este estado primario de enamoramiento no conocemos -o conocemos muy malamente- las cualidades y los aspectos de personalidad del otro pero nos convencemos de que hemos encontrado al hombre/la mujer de nuestra vida, nuestra alma gemela. O peor... nuestra media naranja. Nos esforzamos por ver en el contrario a alguien que desea -y tiene la capacidad cognitiva y emocional necesaria para- entendernos, retribuir el afecto y el cuidado que le ofrecemos, compartir nuestro día a día y comer perdices con nosotros por siempre jamás. Es tal el estado de alegría y embelesamiento que nos invade ante esta maravillosa perspectiva que  no es de extrañar que lo confundamos con el amor.


Esa atracción física y ese embelesamiento (los dos juntos = enamoramiento) son inconscientes y, desde luego, inexplicables a los ojos de quien los vive (y de las madres de ellos).  En realidad son únicamente una serie de señales sensoriales -principalmente olfativas y visuales- las responsables de esa necesidad imperiosa de acercarse a ese otro que, un segundo antes, era un extraño (y no te engañes: lo sigue siendo). ¡Peligro!


Y es peligroso, porque la Naturaleza nos dió esa capacidad de embelesamiento para, precisamente, mantener al humano sobre el planeta Tierra. Al margen de nuestras creencias religiosas, sociales, de interés personal u obediencia al clan, creo que para ella (la Naturaleza) sería suficiente con que folláramos alegremente, engendráramos hijos y los pariéramos, cuidando luego de mantenerlos vivos y saludables para que, pasado el tiempo necesario, ellos follaran alegremente, engendraran hijos y los parieran... y etc.

No creo en ningún caso que la Naturaleza se preocupe de que sigamos juntos para siempre jamás con nuestro primer compañero de cama (ya que siempre podríamos engendrar y parir hijos con otros/otras y fuera el peligro de extinción). Tampoco creo que Dios haya impuesto la tarifa amorosa única y deje sin acceso al paraíso a mormones, musulmanes y quién sabe cuántos creyentes distintos a nosotros más.

Pero nosotros nos empeñamos en creer -durante ese primer período, que luego se nos cae la venda a los que estábamos equivocados- que sí, que sí, que sí, que ese es el verdadero, el único amor, el creado exclusivamente para nos. Es muy posible que tanto Dios como la Naturaleza se alegren por nosotros si resulta que es como lo habíamos soñado, pero no creo que pierdan ni un minuto de paz si no es así al final. Con la mano en el corazón, creo que les importa un pito que sigamos con la misma persona hasta el final de los tiempos o cambiemos de pareja nunca o cada tanto. Sinceramente, si yo fuera la naturaleza o Dios, me importaría más que mis chicos estuviesen felices que casados.

Por lo tanto, es fundamental que el enamoramiento sea algo ciego para crear la situación ideal para la multiplicación de los humanos en este planeta. Además, eso le da romanticismo al asunto, que a los humanos nos importa mucho. Pero, como para algo desarrollamos conciencia y sentido (or something like that), no deberíamos empeñarnos en cerrar los ojos del todo. Es muy posible que saliéramos corriendo si viésemos todas las cualidades del objeto de nuestro embeleso de golpe y porrazo durante el primer minuto del encuentro, así que está bien que imaginemos algunas, pero siempre conscientes de que hay mucho por descubrir y que puede que no sea oro todo lo que reluce en ese momento.

En definitiva, el enamoramiento en su fase álgida no debería ser ciego sino tuerto. De esa forma nos serían revelados, poco a poco, misterios importantes que, al serlo, nos ahorrarían a la larga roturas de corazón y no pocos quebraderos de cabeza.

Y entonces, ¿qué hay del amor?

Bueno, eso es algo mucho más serio. Creo que el verdadero amor de pareja es un ejercicio de voluntad diario, como la felicidad, la fe, la educación de los hijos, la práctica de nuestra espiritualidad, la forja de nuestra vida profesional (sea ésta la que sea) y todas las otras cuestiones importantes de la vida. Como en todo lo demás, en el amor la suerte no existe; te la haces a base de razón, corazón y pasión. Y esas tres cosas tienen que estar muy equilibradas (no es mi caso, pero es lo que debería ser).

Por lo que he hablado con parejas excepcionales que tengo la suerte de conocer y en su día envidié, he sacado mis propias conclusiones basándome en las coincidencias de estas parejas de pro: el asunto pasa por varias condiciones imprescindibles para ser exitoso a la larga. Si estás lo suficientemente seguro de que esa persona es la que eliges para el resto de tu vida (y puedes cambiar de idea en cuanto te parezca oportuno), ten en cuenta estos aspectos:

  1. Si tú no estás contento contigo y con tu vida, nadie va a cambiar eso (bueno, puede convertirse en algo peor, pero nunca mejor). Es cierto que durante el enamoramiento ciego lo parece siempre; pero desengáñate, no es así. Nadie es responsable de tu felicidad ni tú eres responsable de la de nadie (por suerte). Si ya eres feliz, un buen matrimonio aumentará considerablemente esa felicidad tuya, es indudable; pero si no lo eres, ese mismo matrimonio puede convertir tu vida en un infierno.
  2. Recuerda que  no es obligatorio que te cases con tu primer novio (de hecho, casi nadie lo hace), ni con el segundo solo porque estén los primeros de la fila.
  3. Tú eres tú y el otro es el otro pero queréis estar juntos. No hay medias naranjas, todos somos naranjas enteras. Y lo de ser almas gemelas no pasa por abandonar tu vida para vivir la de tu cónyuge o cónyuja (¿?). Es divertido tener aficiones comunes, pero lo sano es que también haya aficiones no comunes; es satisfactorio y necesario pasar tiempo juntos, pero es sano pasar tiempo a solas y con otras personas (ya sabes, los partidos de fútbol de chicos y las noches de amigas; clases de cocina o de macramé; tiempo de ferreterías; irte de viaje con tu madre o con tus hermanas, etc.). Si no te invita a que le acompañes a Leroy Merlin es que quiere ir solo. Si no te invita a la cena del 40 cumple de Paula, es que quiere ir sola. No es nada personal, de veras.
  4. Cuando aparecen los defectillos pasado el enamoramiento, y si te queda la seguridad de que esa es la persona con la que quieres estar a pesar de sus legañas matutinas o de que no habla recién levantado/a, recuerda por qué te enamoraste de él/ella. Cuestión de actitud. Ahora es el momento de taparse los ojos con una venda siempre que los defectillos no pasen por faltas de respeto, maltrato psicológico o físico, ninguneo, etc. Si es así, desde luego no es el amor de tu vida, ni mucho menos (y si lo es, tienes un problema serio).
  5. Lo que te quita la paz no es de Dios. Aunque tu pareja sea también hijo de Dios (que no dudamos de que es así), si te quita de forma consistente la paz el hecho de convivir con ese otro hijo de Dios, lo que no es de Dios es esa relación. Vamos, que no tienes obligación de sufrir a menos que te la impongas tú mismo.
  6. Un proyecto de vida en común y la paciencia y sabiduría necesarias (que las tenemos, aunque no las ejerzamos siempre) para llevarlo a cabo más o menos de acuerdo. Comunicación, negociación y relativización son tres ingredientes básicos para tener éxito en esta empresa (y si no, ya me lo contarás cuando vengan los hijos o ante un revés económico desestabilizante).
  7. Empéñate en crecer y deja que el otro crezca. A lo largo de los años, si seguís juntos, surgirán nuevos intereses en la vida de ambos que puede requerir de parte de ambos buena voluntad y mucha paciencia. Cambios de profesión, de religión o de país de uno o de ambos cónyuges son grandes cambios de vida que pueden generar estrés o ser motivos de alegría y aventura. Depende de la actitud. Sé flexible con el otro y exige que el otro también lo sea contigo; siempre existe una salida beneficiosa para ambos. No hay nada peor que la sensación de arrastrar dos vidas en esos tiempos en que bastante tienes con arrastrar una (la tuya)...
  8. Echadle sentido del humor. Siempre es posible y le quita mucho hierro a todos los asuntos "graves" de la vida.
  9. Tiempo a solas, citas románticas. No importa el tiempo que llevéis juntos, no dejéis que la familia haga desaparecer la pareja. Dejad los niños con amigos o canguros y salid a cenar, a bailar o al cine solos. Haced el tonto juntos y a solas de vez en cuando. 
Y no pongo más puntos porque doy por sentado la lealtad hacia el contrario (poneos de acuerdo en lo que significa eso para ambos :-D), el respeto mutuo, la voluntad de divertiros, el amor incondicional a los hijos, eliminar cualquier lucha de poder en la pareja, y cientos de cosas más que seguro que son importantes pero como hace mucho que no estoy casada se me han olvidado. Pero te digo desde ya que a mí esos amores locos de pasiones y odios, ni contigo ni sin ti, no me van nada. Los amores bipolares me parecen peligrosos y poco sensatos, aunque en el cine parecen muy entretenidos, eso sí es verdad...
 
Claro que la lista de lo que tienen que tener los que se quieran casar con mis hijas es larga como de aquí a Lima, y no se me olvida ni un punto de eso. Pero la carne de tu carne y la sangre de tu sangre es una cosa, y un cónyuge, por mucho que sea el tuyo, es otra... Aunque todo es compatible, y ahí están esas parejas excepcionales para demostrárnoslo. Mis felicitaciones a ellas por su voluntad, humor, pasión y ¿por qué no?, algún que otro sacrificio.









  



lunes, 30 de septiembre de 2013

Hombres III: Pero nunca te olvidaré...

Pueden pasar tres mil años; puedes besar otros labios...
Pero nunca te olvidaré.

Nació en Londres en 1947, esstudió en Londres, Francia y Suiza, como corresponde a cualquier joven lady inglesa.

Tiene, y practica, grandes pasiones típicamente inglesas: la vida del campo, la caza, la pesca (¿del salmón?), la horticultura y la jardinería, el polo, los perros y dar largos paseos bajo la lluvia.

No es una gran belleza, ni mucho menos; y aún así ha protagonizado una de las más improbables historias de amor de la historia contemporánea. Ha sido, por ello, protagonista también de incontables páginas -incluyendo portadas- de la prensa del corazón británica (bueno, y del mundo entero).

A causa de esta gran pasión amorosa (a la que los periodistas no se han privado de echarle sal y pimientas de todos los colores) ha pasado por bruja, puta, adúltera y amante real.

Después de las declaraciones que, en 1995, hizo públicas en televisión una llorosa aunque digna Diana de Gales (R.I.P.), a la entonces Camilla Parker-Bowles le arrojaron bollos en un supermercado y tuvieron que ponerle escolta de seguridad a causa de las amenazas que recibía de los fans de la princesa del pueblo.

La gente la odiaba, la criticaba, su hoy suegra no quería ni oír hablar de ella y la culpaba de todos los males que aquejaban al convencional y estrictísimo trono británico. Pero, pero, pero... ¿es que no había sido suficiente con lo que habían padecido ya, durante tanto tiempo, con la traviesa princesa Margarita?

Cuando más calentitas estaban las cosas, y por si faltaba la guinda del pastel, Diana -ya divorciada del príncipe heredero- tuvo su última actuación estelar muriendo de forma glamurosa: volviendo de una cena (¿o yendo hacia una?), morena y en París, del brazo del multimillonario árabe, Dodi Al-Fayed (al  parecer ya su prometido oficial), heredero del emblemático Harrod´s londinense.

Después de un día de sol y risas, los amantes mixtos, ex futuro matrimonio globalizador, se mataron a 200 kilómetros por hora en un flamante Mercedes de la flota Al-Fayed bajo un puente parisino. 

La amada de Teresa de Calculta, aquella estrella a la que Elton john escribió su canción más sentida, la princesa del pueblo idolatrada en el mundo entero, dulce, tierna y rubia, cálida y muy joven, remató su venganza muriendo en un aparatoso accidente que, aún hoy, nadie se atreve a jurar que está claro.

Ese modelo de mujer dejaba dos hijos muy pequeños, un futuro suegro indignado, un hermano conde que se dió a conocer en esos momentos decidiendo, de forma tajante e inapelable, enterrar a la que fué durante unos años futura reina de Inglaterra, en el panteón familiar. También dejó un trono tambaleante a sus espaldas y consiguió, por primera y única vez en la historia, que Isabel II reconociera públicamente que había sido un año horrible para ella.

También dejaba atrás varias preguntas del millón sin responder: ¿Por qué ella? (y no Carlos o Camila). ¿Por qué ahora? (y no después de haber disfrutado de una merecida felicidad conyugal con su Dodi?). 

La venganza, supongo, fué del destino. Supongo que Diana no lo hizo aposta. Aunque dicen que una mujer despechada es capaz de cualquier cosa por venganza -y me lo creo- me cuesta creer que un especímen de mi género llegue a ser tan tonto. Ni por amor ni por desamor.

El caso es que ese día, casi el de Santa Rosa de Lima, de agosto de 1997 murió santa Diana y nació (o renació) Demon Camilla. De forma irreversible.... aunque no tanto, al parecer.

*    *    *

¿Qué tiene Camilla que de diablo ha pasado, en menos de quince años, a ser querida, popular y aceptada como miembro de pleno derecho de la familia real británica? ¿Qué tiene que le ha hecho pasar de amante principesca a esposa legal del heredero al trono? ¿Qué tiene que ha conseguido que el pueblo la vitoree en lugar de tirarle donuts a la cabeza cuando la ve?

Los que la conocen bien destacan siempre, y en primer lugar, su sentido del humor que al decir de algunos es sublime (literal, según aparece en el número cinco de la revista Vanity Fair). También destacan su cercanía, encanto personal, campechanería sin perder la dignidad ni el porte, y su interés por cualquiera con el que esté hablando en ese momento ("es como si solo tú existieras en el mundo para ella", dice un rendido y anciano admirador, compañero de armas de su padre).

En 1995 Camilla y Andrew Parker Bowles se divorciaron, al parecer por la presión mediática que las declaraciones de Diana en la tele acerca de "este asunto" provocaron en el matrimonio, amén de la publicación por The Sun de conversaciones teléfonicas íntimas de los amantes.

¿Qué tiene Camilla que no tenía la bella y dulce Diana, y que hizo que Carlos perseverara en su amor incondicional por ella durante 33 años, hasta que el 9 de abril de 2005 la hiciera, finalmente, su esposa (legal)?

Y sobre todo, ¿qué tiene Carlos (por diossss) para que Camila, 33 años después de su primer encuentro, dijera sí quiero?

¡Qué gran amor verdadero! :)  Vivieron 33 años separados haciendo cada uno su vida, y entre los dos sumaron dos bodas y cuatro hijos con otro, dos divorcios de otros, cotilleos, habladurías, amenazas reales de desherede, la muerte estrepitosa y mediática de uno de ellos cuatro, la adoración del mundo entero de la "mayor y más activa enemiga" de esa gran pasión...

Nada de lo que hizo Diana con intención de conquistar a su  marido, ¡y mira que hizo cosas!, consiguió que su príncipe azul desviara sus ojos de corderito de la campestre Camilla...

¿Cuántos tenemos la ocasión de (o la pasión suficiente para) vivir un amor de esas dimensiones? ¿O es que esas dimensiones se las hemos dado los espectadores de su historia? ¿Ejercemos más pasión y romanticismo en los amores ajenos que en los nuestros propios? ¿Tenemos menos interés y perseverancia en nuestra vida amorosa de la que tienen Camilla y Carlos en la suya? ¿Es por pereza, o porque no han sabido conquistarnos como lo supo hacer con Camilla el príncipe? Evidentemente, aunque por motivos que todavía nos esforzamos las mujeres por entender, Carlos de Inglaterra tiene el tono de azul adecuado que requería -y sigue requiriendo- su princesa.

Pero, ¿qué es ese ingrediente que hace durar y durar un amor a través de los años? ¿Qué es lo que hace que no te olvides de alguien, o de que alguien no pueda olvidarte jamás?

Por frívolo que parezca, he llegado a la conclusión de que ese ingrediente es el sentido del humor. Lo que todos destacan de Camilla es eso, precisamente (y nadie habló jamás del sentido del humor de Diana). Carlos, aunque no lo parezca por su timidez, debe de tenerlo también porque una mujer con esa cualidad no encaja con un señor que no lo tenga o que, al menos, no sepa apreciarlo. Y para apreciar el sentido del humor, también hay que tenerlo, ya lo sabemos. Y algo más tendrá el chico cuando Camilla dijo en una reunión de amigos que amar a Carlos "era más fácil que caerse de una silla".

Total, que al final los kereres también tratan de eso: la actitud (por ambas partes, claro). La actitud es la vida misma. Saber ver las cosas (y mira que han sido gordas las que les han pasado a estos dos) desde un punto de vista.... distinto. Saber reírse de lo que supuestamente te tiene el destino preparado y darle esquinazo para hacerlo a tu manera. No dejar que un patinazo, por grande y trágico que sea en apariencia, se convierta en una tragedia real que cambie tu vida a peor. 

Caerse es muy fácil, y todos sabemos hacerlo con más o menos cuidado de que no se nos vean las bragas. Pero lo que hay que saber hacer, lo importante de verdad, es levantarse (cada vez que sea necesario). Como se pueda, no importa la forma ni la elegancia de la postura. Y perseverar. Aunque sea necesario esperar tres mil años :) 

Claro que el sentido del humor no es el único ingrediente necesario para una relación de amor novelesco... 


lunes, 23 de septiembre de 2013

Hombressss (II)

Dulce madre, que no puedo en verdad tejer esta labor:
el deseo de un joven me tiene dominada
por culpa de Afrodita la sutil.
Safo, Poema 52

Conocí a Luci Collantes cuando ésta, a través de un conocido común, me contactó y me pidió ayuda para que su libro, Sex Mode: Mujeres en modo conquista, saliera a la luz con una edición y maquetación decentes (palabras suyas). Decir que su presencia me impactó es poco. Con el pelo rosa y una espesa sombra turquesa sobre sus ojos verdes, ella era todo lo que mi sentido de la estética me dice que no hay que ser. Si le añadimos el rabillo de eye liner negro trazado á la ancienne -de casi medio centímetro de grueso- rematamos la faena. El resto del maquillaje era, como dice mi amigo Antoine, un centímetro de mierda entre la piel y el exterior. No me acuerdo de lo que llevaba puesto, pero su look personal dejó en mí grabada para siempre la idea de que mi necesidad de llamar la atención era nula comparada con la suya. O eso creí entonces.

El hecho es que, según avanzaba la conversación con la moderna, me percaté de que ella estaba comodísima con su maquillaje, con sus pelos y con toda su persona en general. Se gusta de cualquier modo, y punto.

A mi pesar, me fue contagiando su excitación por el proyecto del libro y, en la segunda reunión (esta vez la sombra de ojos era morada) acepté sin reservas prestarle la ayuda que decía precisar (cobrando, claro). El tema era "chicos y chicas", pero desde una perspectiva que nunca me había planteado: juguetona, divertida y fundamentalmente práctica, que se centra -¡sorpresa!- en uno mismo en lugar de en el contrario. :-D 


Portada del libro de Luci Collantes
Sex Mode: Mujeres en modo conquista es un ameno y práctico manual de seducción y/o conquista que expone un nuevo y revolucionario concepto del tan traído y llevado tema “hombres”. 

El arte de la seducción, en apariencia tan misterioso y desconocido, en manos de Luci Collantes se desprende de sus siete velos y se queda en bolas. En el libro su autora convierte este arte sofisticado -y en apariencia tan lleno de secretos- en un juego divertido, eficaz y enormemente satisfactorio para ambas partes. Según ella, cuando hayamos recordado y apre-hendido sus sencillas reglas, los hombres comerán de nuestra mano y vivirán a nuestros pies. ¡Qué notición!

*   *   *

Aunque suene muy poco romántico, parece que las últimas conclusiones científicas destacan las presiones biológicas, evolutivas y sociales que existen en el tema del emparejamiento. Se llegó a estas conclusiones después de siglos de estudiar el tema (Ovidio ya publicó su Ars Amandi en el siglo VIII d.C.) desde el punto de vista paleontológico, etológico (mix de biología y psicología del comportamiento) y etnológico (Fisher, 1992).

En concreto, se apunta a que para asegurar y maximizar la probabilidad de transmitir información genética de una generación a la siguiente es necesario que los individuos estén biológica y socialmente motivados, lo que se consigue a través de la puesta en marcha de estos dos elementos fundamentalísimos: los impulsos sexuales básicos y los vínculos afectivos primarios. En el caso del ser humano, éstos serían dos factores primitivos sobre los cuales han actuado las constricciones sociales y culturales que han ido desarrollando los humanos.
En concreto, se ha puesto de manifiesto que, a medida que nos acercamos a la especie humana, aspectos como las manifestaciones sexuales y la duración y expresión del vínculo afectivo son regulados casi de forma automática por normas socioculturales concretas (dando lugar incluso a conductas que parecen específicas de nuestra especie, como es la represión de la sexualidad :-D).
Debido a que estos impulsos sexuales y vínculos primarios los desencadenan estímulos concretos, las conductas de cortejo o seducción intentan activarlos con la finalidad de atraer física y sexualmente a parejas potenciales. En los seres humanos, las pautas de seducción entre ambos tienen un fuerte impacto sobre el atractivo físico que se siente hacia la otra persona. Estas pautas, según los etólogos, podrían ser comportamientos evolucionados (¿?) a partir del ritual de elección de pareja o cortejo de atracción típico de los mamíferos. Ni más ni menos.
Son muy variados los aspectos que parecen influir en la disposición a iniciar o no las pautas de seducción hacia alguien que nos atrae físicamente. Estos elementos son:
1) Incertidumbre sobre la reciprocidad de la atracción (ya que en caso de que ésta sea obvia no habrá seducción sino interacción íntima directa -pa qué perder el tiempo-, y en caso de que la atracción sea inexistente, se ahorrarán esfuerzos y decepciones).
2) Sospechas positivas sobre dicha reciprocidad (ya sea por la percepción del lenguaje corporal en el objeto de nuestro deseo o por comentarios de terceros). Y
3) Confianza en las propias habilidades de seducción.
Hoy día hay numerosas comunidades de "seductores profesionales" varones (que se autodenominan "científicos") dedicados a estudiar las diferentes formas y maneras de ligar para llevarse a una chica a la cama; al parecer estos sujetos tienen que estudiar para follar pero no lo creen necesario para formar una pareja estable, ya sea con papeles o sin ellos. Quizás es que ya saben estar casados pero no funcionan aceptablemente en el camino a la cama, y son conscientes de ello :-D

Y así la cosa, Luci Collantes decidió estudiarla al revés. ¿Cómo conquistar al chico de tus sueños? Y más importante todavía: ¿cómo saber si ese príncipe tiene realmente el tono de azul adecuado?
Otro concepto nuevo, o al menos no contemplado hasta ahora por otros autores expertos en el tema, es el de que todas las mujeres nacemos con esa sabiduría ya incorporada a nuestro equipo genético básico. ¿Quién lo diría? ¡Menuda sorpresa, chicas! Resulta que la biología está de nuestra parte.

Cuando me enfrento a este artículo sobre chicos reales, pienso en ella de inmediato y la llamo. Me dice que está fuera pero que podemos vernos en tres días, y así quedamos. Me alegra que no sea de inmediato, así puedo preparar mis dudas y preguntas con tranquilidad...

*   *   *

Quedo con Luci Collantes el pasado sábado en el Retiro, donde paseamos bajo un sol espléndido, y luego comemos en mi casa. Y lo que más hacemos, por supuesto, durante todo el rato es hablar de chicos, un tema que nos interesa a las dos, a ella porque le apasiona y a mí porque... tengo que escribir sobre la felicidad y las relaciones amorosas. Que sepas que, según Luci, si no eres feliz tú, no hay personaje en el mundo que pueda hacer que lo seas. Ese es un adelanto de sus teorías sobre el amor y la pareja.

*   *   *

Abro una botella de buen Ribera del Duero tinto (Crianza, sea eso lo que sea) que ha traído ella y una de agua con gas (que aporto yo a la reunión). Como en mi entrevista con Encarna Nouvilas, todo lo que pongo para comer no necesita más que  de tenedor. Para evitar distracciones :-D

Sonriente, me confiesa que se divirtió mucho investigando y escribiendo este libro, me recuerda lo bien que quedó gracias a mí y me desarma, a pesar de su pelo -ahora naranja- y sus pantalones de campana estampados con viñetas de Roy Lichtenstein (¿de dónde los habrá sacado, ahora que lo que se lleva es Missoni?).

Como veo que me da pie, enciendo la grabadora...


Rosa H. Mula: Luci, sorprende mucho enterarse de que todas las mujeres somos seductoras de nacimiento.
Luci Collantes: Pues es así. A cada uno de los sexos se nos adjudicó una serie de cualidades y habilidades, que son las que complementan lo que un día será la pareja ideal.
Rosa: Y una de las nuestras es ésa...
Luci: En efecto. Alguno de los dos géneros tenía que tener la gracia natural, y nos tocó a nosotras. Los chicos vienen de fábrica con una mayor fuerza física, por ejemplo. Ambas cualidades son una forma del poder de convicción. Ellos convencen con su fuerza (poder físico y amenaza) y nosotras mediante la seducción o el flirteo (amabilidad y empatía). Las dos armas son poderosas, pero la nuestra es mucho más sexy. ¿No te parece?
Rosa: ¡Sin duda! Luci, ¿y por qué no sabemos que nacemos con ese arte?
Luci: Lo sabemos, pero lo olvidamos pronto. Cuando de pequeña o jovencita te comportas de forma seductora o coqueta te llaman fresca (en el mejor de los casos) o puta (en el peor). Si un chico se comporta de forma violenta o amenazadora, es “muy hombre”. Son generalizaciones absurdas, pero hasta hace muy poco era así. Conozco chicos que son cero sexy y cero hombres a pesar de ser altos y fuertes. Y al contrario.
Rosa: Nunca lo había pensado desde ese punto de vista...
Luci: Pues piénsalo. Cuando somos pequeñas no tenemos más remedio que olvidarlo, ¡no queremos pasar a la posteridad como putas! Porque nos llaman putas como si eso fuera algo malo. Y ninguna queremos que nos llamen algo “malo” mientras crecemos.
Rosa: Luci, ¿existe la pareja ideal?
Luci: ¡Por supuesto!
Rosa: ¿Tú la has encontrado ya?
Luci: Pues claro, ¡cuatro o cinco veces!
Silencio absoluto por mi parte. Me recompongo como puedo ante esta respuesta.
Rosa: ¿Cuatro o cinco veces, nada menos?
Luci: Sí, cuatro o cinco veces. No todo el mundo sirve para estar con la misma persona para siempre. Hay parejas excepcionales que crecen juntos, se comunican a la perfección durante todo el camino, tienen un proyecto común y no les importan las legañas de su churri por las mañanas. Y hay otras parejas que son excepcionales solo durante una parte de sus vidas. Siguen caminos separados, crecen en distintas direcciones y no se comunican de corazón a corazón jamás. O sencillamente, los intereses de uno o de ambos cambian con el tiempo. Y ya no coinciden. ¿Tienes por ello que renunciar a estar con una pareja que puede ser magnífica durante un espacio de tiempo no infinito? ¡Pues vaya castigo! Casi tan bestia como el de quedarte con la pareja a la que ya no deseas seguir unida.
Rosa: ¿Y no pierdes la ilusión? No sé… ¿no se te quitan las ganas? ¿Se puede uno enamorar cuatro o cinco veces? ¿No se escarmienta?
Luci: Mira, yo creo que como del primero, allá por los diecisés o diecisiete años, no te vuelves a enamorar, sobre todo si no te correspondió. Lo cual es una suerte, porque son amores a los que ponemos tanta fantasía que es inútil lo que haga tu novio real, nunca conseguirá igualarlo. Es como la mítica rubia despampanante de los chicos: no paran de soñar con ella, pero siempre estará ahí, en el reino de los sueños.
Rosa: ¿No quieren convertirla en realidad? ¡No me lo creo!
Luci: Pues claro que quieren, pero no pueden. Esa rubia es perfecta porque siempre sonríe, nunca contradice, siempre está dispuesta al sexo, usa tacones y vestido ajustado con escote veinticuatro horas, nunca tiene dolor de cabeza, ni legañas, ni malhumor, ni la regla, ni… Y NO EXISTE. Y eso es lo que las mujeres no terminamos de creer: que no existe y, por lo tanto, no es competencia a tener en cuenta. Y te puedo asegurar una cosa: en sus sueños nunca aparece la escena en la que él y la rubia van por la nave central de Los Jerónimos a que les echen la bendición en el altar mayor. A eso van contigo, conmigo, con Pepa...
Rosa: Pues yo sí me veo en esa escenita con mi (nuestro) Malkovich…
Luci: ¡Seguro que no!
Rosa: Ahora de nuevo en serio, ¿no es mucho de todo –trabajo para encontrarlo, trabajo para mantenerlo, trabajo y sufrimiento para terminarlo- tener cuatro o cinco grandes amores?
Luci: Bueno, depende de si estás muy motivada o no para ello. Y el sufrimiento dura poco: cuando decides cortar es por un buen motivo, y llevarlo a cabo es un alivio tremendo, así que el sufrimiento es menos. No lo considero un dato importante a tener en cuenta a la hora de decidir formar pareja con alguien. ¡No me digas que eres previsora?
Rosa: Para nada, solo curiosidad…
Luci: Mira, hay un libro autobiográfico muy bueno de Luis Racionero que se titula Sobrevivir a un gran amor, seis veces. Habla de este tema.
Rosa: A mí Racionero me parece un poco sufridor…
Luci: Sí, pero tiene un sentido del humor genial. Sin él no hubiera sobrevivido.
Rosa: Luci, ¿por qué el tono ligero y divertido de tu libro? El amor es un asunto serio, ¿no?
Luci: ¿Hay alguna otra forma de tratar este tema sin meterle más hierro todavía? Está escrito de forma seria, por supuesto, y todo lo que digo es cierto. Pero escribirlo en tono solemne resultaría pomposo. Un auténtico tostón. Para manuales tostón ya están las instrucciones del vídeo.
Rosa: ¿Que nos aporta tu libro a las mujeres, Luci?
Luci: Recordar lo que somos, re-aprender lo que ya sabemos y cambiar el concepto desesperado y desesperante de “armas de mujer” por el de juego y diversión sin límites. En resumen, aligerar el temor que sienten muchísimas mujeres ante el asunto de encontrar una pareja (o muchas). Un placer más, Rosa.
Rosa: Pues tal y como lo vemos ahora muchas mujeres, lo cierto es que más que un placer supone un suplicio, un objetivo casi imposible de conseguir.
Luci: Pues no es ni una cosa ni la otra. En realidad, este es uno de los juegos más placenteros y satisfactorios que existen.
Rosa: Luci, ¿los maridos son un estado de ánimo, como dice Ángeles Mastretta?
Luci: Y un dolor de cabeza, y una alegría, y una pesadez, y un regalo… Como nosotras, supongo. (y se ríe)
Rosa: ¿Cuál es el ingrediente indispensable, la condición sine qua non de una pareja feliz?
Luci: Comunicación, comunicación, y  más comunicación. A todos los niveles. Los miembros de las parejas felizmente casadas que conozco saben en todo momento qué siente el otro, qué quiere el otro, cuál es la pasión del otro, cuáles son los odios del otro, qué hace feliz al otro… Hay intercambio de información constante, ¡aunque a veces se haga de malos modos! Y si quieres cargarte una relación, guarda silencio, no des pistas, no facilites información al contrario.
Rosa: ¿A qué le tenemos más miedo en el campo de la conquista?
Luci: Al rechazo. Nos lo tomamos como algo personal en lugar de verlo como una cuestión de gustos. Nosotras tampoco iniciamos una relación con todos los hombres que nos entran, ¿no? Y eso no quiere decir que no nos gusten los hombres.
Rosa: ¿Ellos también temen el rechazo?
Luci: Absolutamente. Y por eso hay también ahora mismo millones de ellos estudiando la forma de conquistarnos.
Rosa: Luci, danos una pista... ¿Por dónde hay que empezar?
Luci: Por estar interesada en ti misma y en tu vida, en crearte una vida que te satisfaga y te motive; en levantarte por la mañana encantada contigo misma y mantenerte así el resto del día. Pasión, Rosa; se necesita pasión por la propia vida. Hay que fomentarla como sea. Y luego, cuando lo has conseguido, igual descubres que no estás buscando el hombre de tu vida…
Rosa: No me he explicado bien. Me refiero al tema hombres…
Luci: ¡Te he entendido perfectamente! Para conquistar a cualquier hombre, mujer, perro o gato que quieras conquistar, tienes que empezar por seducirte a ti misma. Lo cierto es que todo empieza y acaba ahí; es un círculo que se cierra de forma perfecta.
Rosa: —¡Guauuuu!
Luci: —Exacto.

(Si quieres leer de forma gratuita un capítulo del libro de Luci Collantes, pincha aquí. Si luego quieres comprarlo, pincha aquí

Pues ya sabemos algo más acerca de cómo enfocar el tema de la conquista. Aunque las teorías de Luci Collantes me han dejado loca, la verdad es que se la ve muy segura de lo que dice...

Y, una vez pasada esa fase, llega la convivencia… ¡Mucho más complicada aún!